EDUARDO NAVARRO: OÍDO VEGETAL
Por Bárbara Rodríguez Muñoz
Un tímpano rojo y brillante se asoma encima de la vegetación densa de un bosque húmedo en Guatemala. Con la forma de una flor grande, tres pistilos amarillos actúan como antenas y contenedores de agua de lluvia para darle de tomar a los pájaros, y su tallo se enrula hacia la tierra hasta llegar a un gran capullo verde. Las flores son una tecnología extraordinaria para la comunicación inter-especie: su belleza feroz capta la intersección entre los mundos vegetales y animales, en donde la evolución y la reproducción colisionan. Estamos invitados a adentrarnos en este útero vegetal calmo y sensual, que se oscurece conforme cerramos su puerta.
Las plantas no tienen órganos, y sus funciones no están concentradas en una parte específica de su anatomía; ellas respiran, perciben, se alimentan y reproducen a lo largo de toda su extensión. Adentro de éste oído vegetal, perdemos nuestro sentido de la vista en un ejercicio de expansión del auditivo, percibiendo a lo largo de nuestros cuerpos completos. El tubo filtra gentilmente los sonidos del bosque. Aquí adentro podemos practicar la escucha profunda. Sin embargo, no hay espectáculo: es únicamente un acto de contemplación. Nos adentramos en un estado de consciencia meditativa, de consciencia vegetal plena, de total recogimiento, o de ‘samadhi’.





Al salir y caminar hacia la luz, apreciamos la forma vegetal de atender a los elementos estando junto a ellos, convirtiéndose en ellos: el sol, el aire húmedo, el calor y la tierra. Esta flor gigantesca, esta escultura pública, se convierte en una tecnología emocional para generar elasticidad, empatía y contemplación.
Al adentrarnos a este mundo vegetal expansivo nos podemos imaginar otros que son más generosos con todas las especies. Quizá en 7.000 años las flores tomarán el control de todas las infraestructuras humanas, la telecomunicación ocurrirá vía polen, los pétalos proveerán refugio y las raíces alimentarán a nuestros descendientes. ¿Podemos visionar un futuro en donde las plantas se convierten en oráculos y donde cada una de nuestras decisiones se hacen en consulta con ellas?
Hay muchas maneras de ser flor.
** Este texto, al igual que las plantas de las que se nutre, irá creciendo de manera orgánica y paulatina a lo largo de la exposición.


Oráculo vegetal es una escultura viva y dinámica que contiene en su centro una schefflera (schefflera arborícola variegada). El oráculo está hecho de hasta 100 cubos de madera intercambiables como un juego que permite que las hojas del árbol caigan al azar sobre ellos, activando dos posibles respuestas: Sí y No. Actuando como raíces, los cubos ocupan el espacio de manera impredecible y expansiva, reflexionando sobre las posibilidades y potencial lúdico del chance, y dándole agencia absoluta al componente viviente. El trabajo está abierto a que el público lo modifique, siempre y cuando no afecten el crecimiento del árbol.






En Proyectos Ultravioleta, hasta el 15 de enero de 2022.
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