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TODO TERRITORIO ES UNA MANCHA. SOBRE GEOMETRÍA EMOCIONAL DE JUAN CASTILLO

A este mundo le falta de todo, salvo información suplementaria

Michel Houellebecq

«El arte no ofrece respuestas sino sólo preguntas en medio de la nada», afirma Juan Castillo, artista chileno crecido en Antofagasta y radicado en Suecia desde los años 80, que expone actualmente Geometría emocional en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Quinta Normal, bajo la curaduría de Andrea Pacheco. Esta exposición tiene que ver precisamente con el lugar de origen y su dislocación, cuestión transversal en la obra de Juan Castillo.

Las razones se desprenden necesariamente de vaivenes y turbulencias biográficas: en su trabajo aflora una abstracción poética de experiencias vitales densas y emotivas difíciles de abarcar y traducir. El artista, sin embargo, va al encuentro de su complejidad para extraer de ellas el máximo potencial simbólico y sensible, que proyecta como la sombra inmanente de una lejanía casi irrepresentable. En cada gesto, fragmento, frase o acción sugiere la posibilidad de un rumbo misterioso a las raíces de historias ocluidas que subyacen al presente de una geografía humana concebida como país o la ausencia de este. 

Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather
Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather

En Geometría emocional es fácil reconocer el repertorio visual que caracteriza a Juan Castillo. Uno iniciado a finales de los años 70 —donde se traman las coordenadas de una concepción renovada del arte dentro del contexto chileno—, que no deja de entrelazarse con el presente, tejido obstinadamente sobre un mismo punto que tensiona la temporalidad que lo circunda, a través de la iteración de signos forjados por vínculos materiales y performáticos. Estos se repiten como estilemas: rostros, voces, paisajes, textos manuscritos, muros intervenidos y fuego, emergiendo de forma excesivamente directa, como los escritos que serpentean y se abren paso por grietas y bordes interiores del MAC, o bien a través imágenes construidas en capas y planos complejos, gestados por un proceso creativo trashumante que tiene como última ribera los sustratos visuales que ingresan al espacio de exhibición como piezas codificadas de carácter pictórico, instalativo y videográfico.

La obra de Juan Castillo es un extenso desandar a través de los hilos trazados por el laberinto de su propia historia, ligada a diferentes regiones, nacionalidades y fronteras políticas (en esa historia se hacen presentes relatos visuales y testimoniales fundamentales, emanados de figuras como Violeta Parra, Paula Urbano, Pablo Burchard, Alejandro Montero, Lotty Rosenfeld, Patrik Castillo Grönlund, Paloma Rodríguez, Paloma Madrid, entre otros).

La actual exposición del artista resuena como un eco de sus más de cuarenta años de trayectoria: en ella se revela el afán de retorno como una de sus inquietudes más persistentes. Como sabemos, la pregunta por el origen, la pertenencia o lo que nos identifica es una pregunta definitoria por aquello que somos. Así entendida, la universalidad de esta interrogante implica necesariamente una reformulación continua. Esta, para volverse actual, debe ser ensayada desde una aproximación versátil e inusitada —en el mejor de los casos, debe suponer un riesgo importante—. Las condiciones del arte nunca están completamente definidas, y debido a una necesidad primigenia de inventar lenguajes que arrojen sentidos en un mundo en transformación, los artistas siempre tendrán algo que añadir. 

Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather
Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather
Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather

En su juventud Juan Castillo abandonó el territorio de origen, la pampa del norte de Chile, para trasladarse a Valparaíso y luego a Santiago. En este periodo de estudios universitarios interrumpidos, vivió bajo el clima opresivo de la dictadura militar, que lo obligó en un punto a desplazarse al sur de Chile. Algunos años más tarde, tras su participación en el hoy insigne Colectivo Acciones de Arte (CADA), Castillo vivió un nuevo periplo en Europa, a partir de su participación en la Bienal de París de 1982. Gracias a la ayuda de amigos y conocidos logró asentarse cuatro años más tarde en Suecia, país que lo acogió y que se convirtió en ese hogar en vilo sobre el cual reflexiona Geometría emocional. La actual exposición del artista aborda la diáspora chilena en Suecia —una de las más importantes en nuestra historia—, la que es descrita por la curaduría de Andrea Pacheco, revelando los procesos políticos y los episodios fundamentales del éxodo chileno a la Suecia del primer ministro Olof Palme.

Así como sucede con otras localidades y comunidades dentro del itinerario de Juan Castillo, la actual muestra se centra en aquel lugar donde él y muchos otros compatriotas exiliados empezaron una nueva vida. Se trata de una historia desgarrada, sin núcleo, a la deriva, que el artista se esfuerza por reconstruir, no desde una clave historicista, sino desde el sentir de quienes formaron parte de este proceso: consiste en una condensación que integra las distintas formas de ingresar al tema. Así, las cinco salas que abarca la exposición enarbolan testimonios, desplazan paisajes, recuperan obras producidas hace décadas e intervienen el espacio museal, incluido el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDDHH), con la pulsión simbólica de frases desgranadas por los agentes protagonistas de esta diáspora.

Vista de la instalación «Geometría emocional», de Juan Castillo, en la explanada del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago, 2021. Foto cortesía del MMDDHH
Vista de la instalación «Geometría emocional», de Juan Castillo, en la explanada del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago, 2021. Foto cortesía del MMDDHH

Pese a vivir durante dos años como inmigrante ilegal en Europa, Juan Castillo admite que el único lugar donde se sintió realmente segregado fue en Santiago de Chile, después de su estadía en el litoral central como estudiante de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso. Fue en Santiago, no obstante, donde comenzó su travesía como artista visual, interviniendo el Parque Forestal con fotografías de vagabundos junto a Lotty Rosenfeld, distribuyendo bolsas de leche estampadas con el ½ Litro de la Unidad Popular entre pobladores de La Granja junto al CADA (Para no morir de hambre en el arte, 1979), o cubriendo los muros de sitios eriazos de la capital con reproducciones de intervenciones realizadas en la carretera que conecta Chile de norte a sur (Te devuelvo tu imagen, 1981), entre otros casos. Estos primeros gestos disruptivos, a contracorriente de la institucionalidad cultural controlada por el régimen militar, retornan en Juan Castillo como el único pilar tangible y a la vez imaginario entre incontables paisajes incinerados por la memoria.

Al poco tiempo de llegar a Estocolmo, comenzó a vincularse con la vida artística del lugar. Su primera exposición individual en el país fue Cruz del sur en el Kulturhuset, que data de 1986-1987. Hoy reside en un pueblo llamado Svedje y desde 1997 visita Chile con regularidad. Los polos de su desplazamiento migratorio lo han ubicado en antípodas geográficas, desde el árido desierto de Atacama hasta el gélido espesor del norte europeo. En Geometría emocional el artista se hace cargo de la dimensión humana y subjetiva anclada al exilio chileno en Suecia, desde una perspectiva que incluye generaciones flageladas por la dictadura militar hasta las nacidas producto de este éxodo, que conciben una idea más bien idílica del país, completamente opuesta a la de sus padres, a partir de una pregunta inicial: “¿Qué es lo que piensan cuando piensan en Chile?”.

Más allá de las expresiones de rechazo al régimen militar y sus formas organizadas de protesta por migrantes en Suecia, faceta que establecía una continuidad histórica-política con Chile, esta muestra indaga en aquella parte privada, íntima y afectiva de quienes experimentaron la alteridad propia de un destierro forzado. Como afirma Andrea Pacheco, «solo en la esfera privada es posible encontrar imágenes de esos cuerpos extranjeros, de esas “cabezas negras” habitando las calles y parajes noreuropeos, trabajando rutinariamente, criando a sus hijos, socializando con sus vecinos». El constante retorno de Juan Castillo a Chile ha sido prolífico en términos de obra y vínculos artísticos. Y tal como da cuenta Geometría emocional, la idea de comunidad, paisaje y memoria tienen un lugar protagónico en su trabajo. Sin embargo, su producción artística no solo se encarga de recuperar estos relatos humanos y subjetivos que permanecen en suspenso, sino de confrontarlos con sus propios límites: ¿Cuánto hay de país en una imagen? Si la memoria es nuestro único país, parafraseando a Alejandra Pizarnik, entonces debemos cerrar los ojos y evocar necesariamente un paisaje.

Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather
Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather
Vista de la exposición ‘Geometría Emocional’, de Juan Castillo, en el MAC Santiago, 2021. Foto: Jethro Mather

Geometría Emocional, de Juan Castillo, permanecerá abierta hasta el 22 de enero de 2022 en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Quinta Normal.

Diego Maureira

Santiago de Chile, 1989. Licenciado y magíster en Historia del Arte por la Universidad de Chile. Ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas, además de entrevistas y artículos sobre arte contemporáneo. Es curador y parte del equipo del Departamento de Estudio de los Medios (DEM).

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