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SYLVIA FERNÁNDEZ: “LA PINTURA ES COMO UNA CONVERSACIÓN CON UN AMIGO QUE TE CONOCE MÁS QUE NADIE”

Borrando los límites instituidos entre la mente y el cuerpo y su relación con la naturaleza, Sylvia Fernández (Lima, 1978) nos invita a sumergirnos en los ‘campos’ de su pintura, aquellos donde el mundo animal y vegetal se mimetizan con el cuerpo humano, donde se manifiesta la sinuosidad de líquidos que, como mares y ríos, también componen nuestra biología.

Sus recientes trabajos, expuestos hasta el 18 de septiembre en la Galería del Paseo, en Lima, nacen de la intuición y de una obstinada búsqueda de su yo interior y su relación con el mundo natural en medio de una pandemia. Consciente de que nuestra percepción del tiempo ha sido trastocada por un virus, Sylvia, en su encierro, ha contemplado sus manos, primero, y los confines de su cuerpo, después, como espacios de exploración íntima y, a la vez, como fronteras tangibles en el actual contexto de distanciamiento social.

De esta experiencia derivan imágenes en las que el cuerpo femenino se confunde y funde en vastas extensiones de vegetación, para así entregarnos una mirada holística que justifica nuestro paso por la Tierra, hablar de deseos y fantasías, y de la vulnerabilidad frente al dolor, al placer y al exterminio -lento pero seguro- del entorno natural, provocado por nosotros mismos.

Con el título de Volvamos, Sylvia Fernández parece invitarnos a un reencuentro posible más allá de las pantallas, a un ‘volver’ con el otro, con lo otro, y con nosotros mismos. Con estas inquietudes en mente, iniciamos una breve conversación en la que nos cuenta sobre el acto mismo de pintar y cómo ese ejercicio, en medio de crisis personales y colectivas, puede conducir a un necesario estado de quietud, contemplación y momento presente.

Sylvia Fernández, Mareas altas, óleo sobre papel, 52 x 50 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Tú y yo, óleo sobre tela, 60 x 50 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

Alejandra Villasmil: Lo primero que me llamó la atención al ver tu obra por primera vez es cómo desafía la demarcación entre lo real/figurativo y lo abstracto/sugerido. Hay una fluidez que pone en evidencia un modo de trabajar la pintura que es intuitivo, sincronizado con aquello que suponemos es el inconsciente: imágenes que aparecen y se desvanecen al ritmo de un relámpago, formas inestables de la imaginación y de la memoria que luego se sostienen en el plano pictórico. Como escribe Jorge Villacorta en un texto sobre tu obra, tus narrativas son “libres y elásticas”. ¿Cuál sería el o los puntos de partida de las imágenes a las que nos convoca tu obra?

Sylvia Fernández: Mi obra se gesta dentro de un proceso intuitivo, donde muchos hilos se tejen a la vez, como si fuesen muchos afluentes formando un río. Parto de un imaginario interno donde el recuerdo de lo vivido o sentido ocupan un lugar, es decir, una huella en la memoria, con una necesidad inquietante de ser explorado. Es ahí donde se inicia la conversación con la pintura.

Para mí la pintura no es tan solo una herramienta o medio para llevar a cabo una idea, sino también un camino de exploración constante. La pintura transita por diferentes niveles de profundidad: puede suspenderse por momentos en una imagen real que claramente reconocemos y otras veces entrar en un lugar desconocido donde solo sentimos. Entrar y salir de estos lugares o momentos en la pintura y generar un diálogo a través de un tejido invisible entre ellos, me resulta fascinante; como la vida misma, como el día a día, como la mente o la memoria.

El proceso es mi obra. Los puntos de partida son pequeños, como chispazos de luz en la oscuridad y, conforme avanzo, crecen, toman forma, ocupan un espacio y existen.

Sylvia Fernández, Sendero, óleo sobre papel, 40 x 30 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Entrega, óleo sobre tela, 65 x 55 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

AV: Eso que dices de ‘entrar en un lugar desconocido donde solo sentimos’, ¿sería algo así como trasponer la representación en la pintura por una experiencia sensorial? Pienso en lo que las sensaciones que pueden provocar las imágenes. En ese sentido, lo abyecto y perturbador es palpable en tus obras, no solo por los motivos que pintas, sino también por cómo trabajas la línea. Algunos trazos se juntan y forman una suerte de descarga eléctrica, otorgándole a las figuras cierto movimiento…

SF: Podríamos decir que ese lugar desconocido equivale a un lugar donde la representación de la pintura pierde importancia y entramos a reconocer a través del sentir. Conformamos en la mente un mundo suspendido, un limbo donde un nuevo lenguaje se inicia.

Estoy de acuerdo con cómo lo percibes, porque lo que ves finalmente en las piezas, más allá de la temática que termina siendo una revelación en el proceso, pictóricamente responde a una conversación con la materia en el acto mismo de pintar. No existen bocetos previos, solo la idea de una imagen o un sentir en mi cabeza, y ahí se inicia. Nunca sé cómo va a terminar, solo dejo que suceda. Existe un universo maravilloso en ese instante y eso es lo que exploro. Me encanta que sientas descargas eléctricas, porque existe un tiempo muy corto en la ejecución de la obra.

Sylvia Fernández, Horizontes internos, óleo sobre tela, 100 x 70 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Dos orillas, óleo sobre tela, 50 x 40 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

AV: Veo en tus obras una especie de ejercicio de lo sintético. Es como si aquello que se puede identificar -una representación o la figuración- pasara a manifestarse en un lenguaje codificado. Así como en tu políptico Pedazos de Cielo, o incluso en Ópera y Rescatando pinceladas, donde cada pintura es una pieza de un gran rompecabezas, en estas nuevas obras también nos presentas los detalles de un todo, como si hiciéramos zoom.

SF: Sí, exacto, cada obra es parte de un todo. Ópera y Rescatando pinceladas son ejercicios de hace unos años atrás que exploran construir y deconstruir piezas buscando un nuevo lugar o contexto en la pintura, es decir, que nacen de una sola pieza para reproducirse, como dar a luz muchos hijos. En esta muestra no solo exploro el hecho de pertenecer a un todo desde la temática, sino que también involucro el proceso y la materia y cómo entramos en distintos lugares de la mente y la memoria para crear nuestro propio universo. Es volver a reconocernos desde la intimidad, reubicándonos en un todo…

Sylvia Fernández, Esperando, óleo sobre tela, 65 x 55 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Cuerpo fantasma, óleo sobre papel, 50 x 52 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

AV: En muchos trabajos representas manos que se pierden en la niebla, apuntan al cielo, acarician el agua o se sumergen en ella. El agua misma está muy presente, y su color azul. Son expresiones de fluidez, tanto de las manos como del agua. La figura femenina también está sugerida como flujo y paisaje y a través del espacio negativo en la composición. El cuerpo de la mujer se funde y confunde -con sus vellosidades- con vistas o planos de vegetación. Pienso en trabajos como Sendero, Sumergido, Tú y yo, Entrega o Mareas altas…  Cuéntanos sobre esa aliteración visual…

SF: Esta muestra nace de una serie de trabajos en papel. A manera de ejercicio, durante la pandemia, empecé a tener una relación distinta con el cuerpo, en medio de una soledad diferente con distintos límites, con una intimidad mayor. Lo primero que miré fueron mis manos, reconociéndolas de diferente manera. No podíamos tocar a nadie ni nada, no podía sentir mis manos como antes y, al mismo tiempo, las tenía tan presentes en esta extraña nueva forma de vida.

Poco a poco las manos llamaron a otras partes del cuerpo, que fui conquistando mientras las contemplaba. Ahí parte el reconocimiento del cuerpo como un nuevo espacio, un lugar en donde el contenido ya no es el mismo y los límites cambian. Y es aquí donde el paisaje cobra otra dimensión y entra al cuerpo -o el cuerpo entra en él.  A través del cuerpo se acarician distintos temas, que van desde el encierro y la reflexión conviviendo cada uno con uno mismo, con la identidad de nuestro cuerpo, la necesidad de volver a una naturaleza propia, el estar conectados y ser parte de un todo. Todo esto creado con una paleta que empezó encendida como el verano que terminaba, y continuó con un invierno que comenzaba, donde los azules y verdes llevan una capa de gris. Siempre mi trabajo respira el día a día y se traduce o traslada a la pincelada y o la paleta.

Sylvia Fernández, Conversación 14, óleo sobre tela, 55 x 50 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Respira, óleo sobre tela, 55 x 45 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

AV: Tengo curiosidad por tu proceso de trabajo, sobre la pintura de taller… ¿Dónde trabajas y cómo puedes describir el ejercicio de pintar?

SF: Trabajo en mi taller, que hace mucho tiempo lo incorporé a casa. Tengo una familia y siempre pensé en separar taller de vida pero, dado mi proceso y mi vida, lo mejor que pude hacer fue meterlo en la casa. Mi trabajo carga con todo lo que vivo: puede ser muy chiquito o insignificante como pelar una betarraga, pero si me marca puedo llevarme su color al taller e incorporarlo…

En el taller empiezo temprano porque trabajo con la luz del día; una vez que el sol se va, la pintura acaba: no hay luz artificial que me ayude a seguir igual con el color. El espacio tiene ventanas altas y me permite tener luz hasta que el sol se esconde.

La pintura es como una conversación con un amigo que te conoce más que nadie y no necesita palabras para decírtelo; como la conexión que uno tiene con los animales: no se necesitan palabras, solo se siente. La pintura para mí no solo es mi lenguaje, o una forma de expresión, sino un mundo lejos de este, donde exploro más allá de lo que comprendo.

Preparo color, preparo lienzos, pinto primeras capas y luego, al secar, estos escenarios esperan que algo suceda… entra un personaje, surge un paisaje, existe una acción, y así sucesivamente. Una imagen llama a la otra, pide algo más y poco a poco voy tejiendo. Pasan los días y me voy dando cuenta hacia dónde voy. Parte de algo que detona un inicio, después solo avanzo y conecto. El instinto es parte de la paleta.

Sylvia Fernández, Apoyamos, 2021, óleo sobre papel, 52 x 50 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo
Sylvia Fernández, Manos en la niebla, óleo sobre papel, 52 x 50 cm. Cortesía de la artista y Galería del Paseo

Volvamos, de Sylvia Fernández, está abierta desde el 17 de agosto y hasta el 18 de septiembre en Galería del Paseo/Lima, Calle Borgoño 770, Miraflores. Curaduría de Nicolás Gómez Echeverri

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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