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LOS DIBUJOS RAROS DE TARSILA DO AMARAL

[VERSÃO EM PORTUGUÊS ABAIXO]

Tarsila do Amaral (Brasil, 1886-1973), la pintora más representativa del movimiento modernista brasileño, tenía el hábito de cargar consigo cuadernos de anotaciones para dibujar. Con un lápiz sobre un pedazo de papel, inmortalizó en dibujos los paisajes que recorrió. Los bocetos y estudios le ayudaron en la formación de su pensamiento artístico y, en ocasiones, sirvieron de base para su obra pictórica, su vertiente más conocida y por la que es aclamada.

Un raro conjunto compuesto por 203 de estos dibujos se exhiben en la exposición Estudos e Anotações [Estudios y Anotaciones], en la Fábrica de Arte Marcos Amaro – Museo FAMA, institución con sede en Itu, en la vecina ciudad de Capivari, donde se nació la artista.

Los dibujos, archivados en una colección privada y sin haber sido expuestos públicamente durante cinco décadas, se han mostrado una sola vez, en 1969, en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, en una exposición organizada por la crítica e historiadora del arte Aracy Amaral, quien ahora también está a cargo de la curaduría de esta exposición junto a la investigadora Regina Teixeira de Barros.

Al llegar a la colección FAMA, con los daños ocasionados por el tiempo y la falta de cuidados museológicos, las obras fueron sometidas a un minucioso proceso de restauración. “Esta colección, prácticamente desconocida, tiene un valor inestimable para la memoria de la cultura brasileña y contribuye, eficaz y juiciosamente, como una herramienta pedagógica de la institución para la formación de niños y jóvenes estudiantes que, en un futuro próximo, serán público del arte”, dice Ricardo Resende, curador del museo.

“No estamos hablando de cualquier artista”, agrega. “Autora de algunas de las obras más importantes de la historia del arte brasileño, Tarsila do Amaral fue una de las principales pintoras de la primera mitad del siglo XX. Con una obra revolucionaria, contagiosa y universal, representa vigorosamente a Brasil en el mundo. Su genialidad puede compararse con la de la mexicana Frida Kahlo (1907-1954) y con la estadounidense Georgia O’Keeffe (1887-1986)”.

Vista de la exposición “Estudos e Anotações”, de Tarsila do Amaral, en Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museu, Brasil, 2020-2021. Foto: Filipe Berndt

Producidas entre 1910 y 1940, las obras registran las diversas fases de la artista y presentan los temas recurrentes en su lenguaje, como las vistas de viajes que realizó por Brasil, desde las bucólicas ciudades históricamente mineras, hasta sus viajes por Europa y su paso por el desierto de Egipto.

“El conjunto nos comunica no solo las distintas etapas de la obra de Tarsila, sino también las innumerables actividades con las que se relacionan sus dibujos: estudios, academias, bocetos de obras futuras, paisajes urbanos o rurales, registros de viajes, proyectos de vestuario de ballet, bocetos ilustraciones para libros, o escenas de interiores posteriores a los años cuarenta”, explica Aracy Amaral.

Se trata de obras realizadas con la habilidad y el rigor que la artista absorbió de las clases con Pedro Alexandrino (1856-1952), pintor académico, formado con el esmero de la escuela francesa, que consideraba el dibujo la base fundamental de la buena pintura. Fue con él, también, que Tarsila adquirió la costumbre de llevar cuadernos de anotaciones y conservar el trazo de las pinturas a través de calcas. “La costumbre de llevar cuadernos de bolsillo coincidía con las recomendaciones de la academia, que sugería que los aprendices tuviesen siempre uno a la mano para anotar, de forma ligera y sintética, las escenas y objetos que llamasen su atención”, dice Regina Teixeira de Barros.

Tras la iniciación sistemática en São Paulo con Alexandrino, Tarsila se traslada a París, donde vivió de 1920 a 1922. En la capital francesa, estudió en la reconocida Académie Julian, donde continuó sus estudios académicos y, más tarde, con el pintor Emile Renard, desarrollando bocetos más sueltos y vigorosos.

“Hay una pausa ahí, aunque, en 1922, tuvo su primera presencia en el Salon des Artistes Français de París. Regresó a São Paulo en ese efervescente año de 1922, y en ese período, conoció a artistas modernistas que ya se reunían para discutir sobre arte”, relata Amaral.

Tarsila do Amaral, Estudo de A Negra, 1923, tinta sobre papel, 255 x 184 cm. Cortesía: FAMA Museu
Tarsila do Amaral, Estudo de A Negra, 1923, tinta sobre papel, 255 x 184 cm. Cortesía: FAMA Museu

Tarsila, que ya conocía a Anita Malfatti, es presentada a artistas, escritores e intelectuales que habían participado en la Semana del Arte Moderno, como Mário de Andrade (1893-1945), Menotti Del Picchia (1892-1988) y Oswald de Andrade (1890-1954). El contacto con los jóvenes modernistas impulsa a la artista a buscar nuevos horizontes para su obra y, al regresar a París, entre 1922 y 1923, a fin de ampliar y modernizar su repertorio plástico, busca la orientación de maestros cubistas como André Lhote (1885- 1962), Albert Gleizes (1881-1953) y Fernand Léger (1881-1955).

Con Lhote, Tarsila siguió ejercitando el dibujo de desnudos, pero esta vez geometrizando el contorno de las figuras. Con Gleizes, cambia el cuerpo humano por formas rectangulares y desarrolla una serie de composiciones que, según Aracy Amaral, constituían una gimnástica de depuración, equilibrio, construcción y simplificación.

De Léger, absorbe la teoría de los contrastes plásticos, que consistía en agrupar valores contrarios, como superficies planas frente a superficies modeladas, personajes en volúmenes en oposición a las fachadas planas de las casas, humo en volúmenes modelados versus superficies arquitectónicas vivas, tonos puros planos frente a tonos grises modelados, o a la inversa. La exposición incluye algunos de estos estudios y bocetos, como Mulher de máscara [Mujeres de máscara] (1925), Saci e três estudos de bichos [Saci y tres estudios de bichos] (1925), y Beatriz lendo IV [Beatriz leyendo IV] (1945).

Vista de la exposición “Estudos e Anotações”, de Tarsila do Amaral, en Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museu, Brasil, 2020-2021. Foto: Filipe Berndt

OS RAROS DESENHOS DE TARSILA DO AMARAL

Tarsila do Amaral (1886-1973) tinha o hábito de carregar consigo cadernos de anotações para desenhar. Com o lápis sobre um pedaço de papel, eternizava em desenhos as paisagens por quais passava. Os esboços e estudos ajudavam na formação de seu pensamento artístico e, por vezes, serviam de base para sua obra pictórica, vertente mais conhecida e pela qual é aclamada. Um conjunto raro composto por 203 destes desenhos é exibido na mostra Estudos e Anotações, na Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museu, instituição sediada em Itu, cidade vizinha de Capivari, onde nasceu a artista.

Longe da vista do público há mais de cinco décadas, engavetados em uma coleção privada, os desenhos foram exibidos uma única vez, em 1969, no Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, em exposição organizada pela crítica e historiadora de arte Aracy Amaral, que agora assina a curadoria da atual mostra ao lado da pesquisadora Regina Teixeira de Barros.

Ao chegarem ao acervo da FAMA, com danos ocasionados pelo tempo e pela falta de cuidados museológicos, as obras foram submetidas a um minucioso processo de restauração. “Essa coleção, praticamente desconhecida, tem um valor inestimável para memória da cultura brasileira e vem contribuir, de forma efetiva e criteriosa, como ferramenta pedagógica da instituição para a formação de crianças e jovens estudantes que serão, no futuro próximo, o público de arte”, diz Ricardo Resende, curador do museu.

“Não estamos falando de qualquer artista. Autora de algumas das obras mais importantes da história da arte brasileira, Tarsila do Amaral foi uma das principais pintoras da primeira metade do século XX. Com uma obra revolucionária, contagiante e universal, ela representa vigorosamente o Brasil no mundo. Sua genialidade pode ser comparada à da mexicana Frida Kahlo (1907-1954) e à da americana Georgia O’Keeffe (1887-1986)”.

Tarsila do Amaral, Bicho barrigudo, 1925. Foto: Hugo Curti

Produzidas entre 1910 e 1940, as obras registram as várias fases da artista e apresenta temas recorrentes em sua linguagem, como as vistas de viagens que ela fez pelo Brasil afora, desde as bucólicas cidades históricas mineiras, até suas andanças pela Europa e passagem pelo deserto do Egito. “O conjunto nos comunica não só as diversas etapas do trabalho de Tarsila, mas também as inúmeras atividades às quais estão relacionados seus desenhos: estudos, academias, esboços de futuras obras, paisagens urbanas ou rurais, registros de viagens, projetos de figurinos para balé, esboços de ilustrações para livros, cenas interioranas pós-década de 1940”, explica Aracy Amaral.

São trabalhos feitos com o exímio e rigor que a artista absorveu das aulas com Pedro Alexandrino (1856-1952), pintor acadêmico, formado no esmero da escola francesa, que considerava o desenho a base fundamental da boa pintura. Foi com ele, inclusive, que Tarsila adquiriu o hábito de carregar cadernos de anotações e a preservar o traço das pinturas por meio do decalque. “O costume de levar consigo cadernos de bolso coincidia com as recomendações das academias, que sugeriam que os aprendizes tivessem sempre um deles à mão para anotar, de forma ligeira e sintética, as cenas e os objetos que chamassem atenção”, conta Regina Teixeira de Barros.

Tarsila do Amaral, Mulher de máscara, 1925. Foto: Hugo Curti

Após a iniciação sistemática em São Paulo com Alexandrino, Tarsila vai a Paris, onde residiu de 1920 a 1922.  Na capital francesa, ela estudou na renomada Académie Julian, na qual deu continuidade aos estudos de cunho acadêmico e, depois, com a pintora Emile Renard, com estudos mais soltos e vigorosos.

“Um intervalo se faz aí, embora tenha tido, ainda em 1922, uma primeira presença no Salon des Artistes Français em Paris. Voltando a São Paulo nesse efervescente ano de 1922, e nesse período, conhece modernistas que já se reuniam para discussões sobre arte”, relata Aracy Amaral.

Tarsila, que já conhecia Anita Malfatti, é apresentada aos artistas, escritores e intelectuais que haviam participado da Semana de Arte Moderna, como Mário de Andrade (1893-1945), Menotti Del Picchia (1892-1988) e Oswald de Andrade (1890-1954). O contato com os jovens modernistas impulsiona a artista a buscar novos horizontes para sua obra e, ao regressar a  Paris, entre 1922 e 1923, a fim de ampliar e modernizar seu repertório plástico, ela procura orientação de mestres cubistas como André Lhote (1885-1962), Albert Gleizes (1881-1953) e Fernand Léger (1881-1955).

Com Lhote, Tarsila continuou a exercitar o desenho de nus, mas desta vez geometrizando o contorno das figuras. Com Gleizes, troca o corpo humano por formas retangulares e desenvolve uma série de composições que, segundo Aracy Amaral, constituíram uma ginástica de depuração, equilíbrio, construção e simplificação.

De Léger, ela absorve a teoria dos contrastes plásticos, que consistia no agrupamento de valores contrários, como superfícies planas opostas a superfícies modeladas, personagens em volumes opostas às fachadas planas das casas, fumaças em volumes modelados opostas a superfícies arquitetônicas vivas, tons puros planos opostos a tons cinzas modelados ou inversamente. Na exposição, figuram alguns destes estudos e esboços, a exemplo de Mulher de máscara (1925), Saci e três estudos de bichos (1925), e Beatriz lendo IV (1945).

Vista de la exposición “Estudos e Anotações”, de Tarsila do Amaral, en Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museu, Brasil, 2020-2021. Foto: Filipe Berndt

TARSILA DO AMARAL: ESTUDOS E ANOTAÇÕES

Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museu, Rua Padre Bartolomeu Tadei 09, Vila São Francisco, Itu, São Paulo, Brasil

Hasta marzo de 2021

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