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TRANSICIONES. ACERVO ARTÍSTICO MARIANO AGUILERA (1917–2019)

En los años veinte, muchos artistas latinoamericanos que vivían en Europa regresaron a sus países de origen para convertirse en protagonistas de los escenarios artísticos locales, envueltos en la batalla entre lo tradicional y «lo nuevo». El Neocriollismo de Xul Solar (Buenos Aires), la Antropofagia de Tarsila do Amaral (São Paulo), así como el Vibracionismo y el Universalismo constructivo de Rafael Barradas y Joaquín Torres-García (Montevideo), son solo algunos ejemplos de los movimientos de vanguardia que surgieron en toda América Latina. Posteriormente, artistas vinculados a los surrealismos se hicieron presentes y se destacan: Roberto Matta, Wifredo Lam, Remedios Varo, Frida Kahlo y Leonora Carrington. 

En el marco del 103° aniversario del Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera y una década después de la última exhibición retrospectiva, Mariano Retro (2010), se presenta una nueva exposición, Transiciones, que se despliega en las dos sedes históricas del Premio: el Centro Cultural Metropolitano (CCM) y el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC). En la primera sede se establece un corte histórico que comprende de 1917 a 1960, mientras que en el CAC se exhiben obras que han ingresado al acervo desde 1960 hasta el 2019, siendo así las décadas de los sesenta y setenta donde convergen obras de ambas sedes.

En Transiciones se reúne obras de más de 50 artistas, realizadas para las distintas ediciones del Salón Mariano Aguilera, que son el reflejo de los procesos de ruptura y cambios ideológicos y artísticos que tuvieron cabida durante el siglo XX e inicios del XXI en el Ecuador y en el mundo. El acervo del Salón y Premio de Arte Mariano Aguilera recoge un aproximado de 70 obras entre esculturas, pinturas, grabados e instalaciones. Estas piezas están custodiadas y preservadas en la Reserva de Arte del Museo Alberto Mena Caamaño, cuya sede es el Centro Cultural Metropolitano de Quito. Otras obras se encuentran en instituciones culturales como la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el Museo Camilo Egas, La Capilla del Hombre, entre otras.

La exhibición presenta las corrientes artísticas con mayor representación del Ecuador, como el realismo social, el indigenismo, el expresionismo, el paisajismo, el neofigurativismo, el abstraccionismo, la escultura figurativa y organicista, la escultura no figurativa y propuestas de arte contemporáneo de las últimas décadas como video, ready made e instalaciones. Transiciones propone una división en núcleos temáticos y un recorrido cronológico a través de una serie de obras que se agrupan en relación a dos grandes ámbitos: el paisaje –campo y ciudad– y el cuerpo –identidad y subjetividad–. En estos dialogan obras de diferentes períodos en una multiplicidad de formatos, como pinturas, esculturas, dibujos, grabados, videos e instalaciones.

Eduardo Kigman, Yo, el prójimo (1959). Óleo sobre tela, 97 x 85 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Araceli Gílbert, Homenaje a Antón Webern (1961). Óleo sobre lienzo, 127 x 87 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito

El planteamiento de la exhibición inicia cronológicamente, partiendo del realismo social, con obras de artistas ecuatorianos como Eduardo Kingman. Continúa con referencias a la abstracción de Araceli Gilbert, pasando por la producción neoexpresionista en la obra de Jaime Valencia y de Hugo Cifuentes (miembros del colectivo Vanguardia Artística Nacional [VAN] fundado en los años sesenta por el artista guayaquileño Enrique Tábara), agrupando movimientos artísticos como el constructivismo, surrealismo y las referencias al arte de culturas ancestrales. Estos años son momentos de revisión y apropiación de las geografías, de héroes y heroínas nacionales y de las comunidades nativas, en manos y mentes de la nueva burguesía. La invocación identitaria en este contexto resulta una estrategia modernista para afirmarse como un estilo original, propio, en el que existía, tal como subraya Trinidad Pérez, “una tensión acerca de cómo conjugar las normas, consideradas universales, con las expresiones, sentimientos y hasta temas locales” [1].  El peso de la tradición y el presente propios de Abya Yala y sus habitantes nativos fueron indispensables para legitimar y diferenciar sus obras de la escena internacional europea.

A partir de los años veinte, muchos artistas latinoamericanos investigaron los mundos de la magia y la fantasía, creando imágenes relacionadas con sus vivencias y creencias religiosas o, en algunos casos, con el movimiento surrealista que se estaba extendiendo por el mundo. A principios del siglo XX, surgieron tendencias abstractas y no figurativas que se convirtieron en parte de la historia del arte internacional. Estos movimientos rechazaron la premisa ilusionista de la pintura como una “ventana al mundo” mientras exploraban formas de liberar a las artes visuales de la representación de la realidad.

A finales de los años setenta y durante los ochenta, las artes plásticas en Latinoamérica experimentaron una rápida transformación cuando el modernismo entró en crisis y el arte contemporáneo surgió como un nuevo paradigma. Previamente, críticos y artistas ya hablaron de «la muerte de la pintura» y «la muerte del arte». Con el advenimiento de una nueva era, la pintura y la escultura dejaron las cualidades estéticas y canónicas de las llamadas bellas artes y aparecieron nuevas disciplinas, medios y materiales: objetos, construcciones, performances, bricolages, conjuntos, instalaciones, intervenciones y recorridos de espacios.

“Las obras de arte ya no parecían ‘obras de arte’, es decir, estáticas y contemplativas. Los artistas comenzaron a trabajar con objetos cotidianos e industriales, materiales desechados, textos, palabras y acciones. Se embarcaron en intervenciones en los entornos urbanos o naturales y produjeron registros videográficos y fotográficos. Propusieron experiencias corporales y sensoriales. Ideas y conceptos siempre emergentes mezclados con poéticas neofigurativas, arte pop, minimalismo, neosurrealismo y tendencias geométricas. Se produjo una discusión radical sobre temas como la desmaterialización de la obra de arte y la relación entre arte y política”[2]

La escena latinoamericana desarrolló una agenda propia, evidente en una producción que (aunque a veces ligada a movimientos internacionales de Neovanguardia) siempre hacía referencia a sus propias inquietudes culturales, históricas y sociales. Los principales proponentes de estas tendencias fueron Antonio Berni, Jorge de la Vega, Antonio Dias, Fernando Botero, Nelson Leirner, Rubens Gerchman, Mira Schendel, León Ferrari, Hélio Oiticica y Lygia Clark.

Nelson Román, No tendrán que temer ni los temores de la noche, ni las flechas que vuela, durante el día, ni la peste que camina en las sombras, ni la epidemia que al mediodía le arrastra (1978). Mixta, 213,5 x 173 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Izq: Carmen Ávila, Sin título (1992). Acrílico sobre cartón, 199 x 234 cm. Der: Paulina Baca, La cuesta (1987). Soldadura/Metal, 38 x 97 x 42 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito

La última década del siglo XX y la primera del siglo XXI fueron testigos de una importante democratización del campo artístico al evitarse la noción de lo “artísticamente correcto”. Sin los modelos y conocimientos previos que en su día regularon el campo del arte, la producción artística contemporánea circulaba con mayor rapidez a medida que surgían innumerables posibilidades y los lenguajes se cruzaban y “contaminaban” entre sí. El arte conceptual había desmantelado la idea de la obra de arte como presencia material y mercancía. Materiales industriales, modelos científicos, reflexiones sobre el psicoanálisis, la lingüística, los estudios culturales… artistas como Nelson Román, Luigi Stornaiolo, Galo Galecio, Carlos Catasse, Germania Paz y Miño, Mariela García y Oscar García ejemplifican estas influencias.

A partir de principios de los años ochenta, el impacto del regreso internacional a la pintura se hizo sentir en los escenarios artísticos de la región. Gracias a la Transvanguardia italiana, la Mala Pintura estadounidense, la Neofiguración latinoamericana y la Nueva imagen en Argentina, comenzaron a circular internacionalmente grandes lienzos con imágenes que combinan los códigos del cine, el teatro, la literatura, la música, la danza, el graffiti urbano, los estudios de género, el archivo y la comunicación de masas en las artes visuales. Los actores clave para esta resurrección de la pintura son los artistas ecuatorianos Jorge Velarde, Pablo Barriga, Jenny Jaramillo y Pablo Cardozo, entre muchos otros que no forman parte del acervo, pero que sin embargo se hicieron presentes en exhibiciones, como Marcelo Aguirre y Ana Fernández.

Vista de la exposición “Transiciones. Acervo Artístico Mariano Aguilera (1917–2019)”. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Juan Pablo Toral, Regeneración Urbana (2004). Cartón, fotografía, grasa, 190 x 520 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Juan Pablo Toral, Regeneración Urbana (2004) [detalle]. Cartón, fotografía, grasa, 190 x 520 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito

En Ecuador, la idea de modernidad perduró más que en otros países de Latinoamérica. Aunque son territorios que llevan procesos históricos y culturales similares, la llegada del arte de nuevos mediosen la región no fue homogénea, como se pensaría. Para finales del siglo XX, surgieron nuevos lenguajes y prácticas artísticas radicales que relacionaban el arte, las nuevas tecnologías de la comunicación y la sociedad. La nueva forma de hacer arte exploraba la posibilidad de crear debates sobre problemáticas culturales, políticas y estéticas a través del uso de las tecnologías. Los nuevos medios irrumpieron en el contexto del arte ecuatoriano y se evidenció en el acervo del Salón Mariano Aguilera y la muestra Transiciones.

En relación al uso de tecnología, en la colección se encuentran obras como Proyecto protector de pantalla (2002), de Ulises Unda, que, a partir de secuencias audiovisuales y fotográficas en plataforma multimedia y CD como soporte, conforman una narrativa crítica sobre el proceso migratorio en el Ecuador de los años noventa y los efectos psicológicos consecuencia de las numerosas crisis que el país enfrentó en aquellas décadas. Por otro lado, la obra Capilla del hombre, el tamaño sí importa (2005), de Roberto Jaramillo, es una fotografía digital intervenida en la que (con una nota de ironía) el artista se representa como un personaje minúsculo sentado sobre una silla desproporcionada que contrasta en la vasta obra del museo -propiedad y homenaje- al artista modernista indigenista Oswaldo Guayasamín.

Finalmente, la obra de los artistas Kléver Vásquez, Pamela Pazmiño e Ibeth Lara, titulada Anhelando nuestra próxima humanidad en una burbuja de soledad estéril (2006), es una video instalación que presenta el uso de la tecnología conocida globalmente como videomapping, en una composición intimista de elementos de uso cotidiano como son una mesa, dos sillas, cucharas y una taza de café. La video instalación alude al espacio de lo privado, a las relaciones intergenéricas, pero también al devenir de una sociedad infértil que debe enfrentar el futuro de la humanidad enmarcada en la poética de lo incierto. En este sentido, los nuevos medios emergieron no sólo en el caso de las obras premiadas del salón, sino también de la participación de diversas obras a lo largo de las ediciones entre el 2002-2007.

Santiago Unda, Proyecto protector de pantalla (2002). Fotogramas, fotografía digital audiovisual. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Roberto Jaramillo, Capilla del hombre, el tamaño sí importa, (2005). Fotografía digital, papel plástico, madera, 199,5 x 49,3 cm. Cortesía: CAC/CCM, Quito
Kléver Vásquez, Pamela Pazmiño e Ibeth Lara, Anhelando nuestra próxima humanidad en una burbuja de soledad estéril (2006), video instalación. Cortesía: CAC/CCM, Quito

Las obras que forman parte de Transiciones cuestionan los paradigmas y conflictos históricos y actuales del Ecuador y del mundo. Provocan reflexiones sobre la relación del arte para consigo mismo, sobre su capacidad de interpelación de la realidad y reivindican la experiencia sensorial, la corporalidad, la vivencia, el territorio y la temporalidad como condiciones esenciales de la experiencia artística. Las historias que narran o visualizan los artistas del siglo XX y XXI reflejan una nueva relación con su entorno y otra forma de construir relaciones sociales; lo hacen usando nuevos materiales, soportes y lenguajes. En suma, una encrucijada de tendencias estéticas que, entendidas como un todo, representan un periodo de transformaciones.

Transiciones es una exhibición de relevancia para la historia del arte del Ecuador y para América Latina. La puesta en valor del arte moderno y contemporáneo es un compromiso permanente del Centro de Arte Contemporáneo de Quito y del Centro Cultural Metropolitano. Sin lugar a dudas, la visibilidad de las obras seleccionadas promueve, construye y divulga un nuevo conocimiento sobre el arte ecuatoriano y su genealogía. Las piezas de esta exhibición son el reflejo de los procesos de ruptura y cambios ideológicos y artísticos que tuvieron cabida en el arte en el Ecuador entre 1917 y 2019. Así también, la exhibición permite ensamblar nuevas formas de presentar y establecer diálogos entre las diferentes corrientes artísticas del arte de vanguardias, moderno y contemporáneo en el contexto local y situado. Desde su propuesta curatorial, la exhibición representa una parte de la memoria histórica cultural y se configura como un potente repertorio artístico e identitario, por su trascendencia y su capacidad de interactuar con el presente y con los públicos.


[1] Trinidad Pérez Arias, “La construcción del campo moderno del arte en el Ecuador, 1860-1925: geopolíticas del arte y eurocentrismo”, tesis doctoral, Universidad Andina Simón Bolívar, Estudios Culturales Latinoamericanos, Quito, 2012, p.90

[2] Latin American Art 20th. Century, Malba – Fundación Constantini.

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Eduardo Carrera

Quito, 1987. Curador, escritor y gestor cultural. Es Licenciado en Artes Visuales por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y Master en Gestión Cultural por la Universitat Internacional de Catalunya. Actualmente cursa el Programa de Estudios independientes del MACBA, Barcelona (PEI 2019-2020). Se desempeñó como curador en Jefe del Centro de Arte Contemporáneo de Quito (2017-2019). En el pasado fue co-director de No Lugar – Arte Contemporáneo. Entre los años 2011 y 2017 ha sido Asesor del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador, colaborador en proyectos con el Instituto Metropolitano de Patrimonio de Quito y Jefe de Investigación y Patrimonio de la Fundación Museos de la Ciudad. Sus exposiciones recientes incluyen “Un viaje de mil millas” (CAC 2019), “ARCHIVXS LGBTIQ+” (CAC, 2019); “Horizontes Errantes” (CAC, 2018); “Utopías (CAC, 2018). Ha sido coordinador y curador de Premio Brasil en sus tres ediciones. Desde el 2013 es organizador y curador de las exposiciones en el marco del mes del Orgullo LGBTIQ+. Ha realizado residencias de investigación curatorial en Matadero Madrid, FelipaManuela y Queer City São Paulo. Es Alumni de Independent Curators International – ICI, New York. Sus textos han sido publicados en Artpress, Artishock, ArtsEverywhere y Terremoto. Vive y trabaja entre Barcelona y Quito.

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