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NO PRESENTE, A VIDA (É) POLÍTICA

Por Diego Matos

“Posibilidad es contenido, potencia es energía y poder es forma. Llamamos posibilidad a un contenido inscrito en la constitución de un mundo presente, inmanencia de lo posible”. ¹

Revisar las evidencias materiales del pasado, cuestionándolas; resignificar símbolos, normas y tradiciones, dando visibilidad a los cuerpos y haceres que están al margen; desalinear las prácticas cotidianas, buscando espacios de activación colectiva; recualificar la noción de trabajo como experiencia emancipadora, batallando contra la precarización y la hiperconexión controlada; cuestionar las formas de poder opresoras, respondiendo también a los deseos del otro; evidenciar sujeto y cuerpo involucrados en lo cotidiano, contribuyendo a una reestructuración del cuerpo social y, en fin, retomar el carácter público del arte. Estas son posibilidades de acción que se hacen presentes en la producción de diez artistas reunidos en la muestra colectiva No presente, a vida (é) política [En el presente, la vida (es) política].

En ella, el arte es el protagonista de los temas de emergencia de la vida democrática, así como un dispositivo calificador de las implicaciones del cuerpo y del individuo en el tejido social. Existe la idea de que la obra de arte es un agente de cambio que lucha por la desaprobación del lenguaje y los afectos, que puede ayudarnos a aclarar los impasses del momento e incluso a imaginar nuevos entendimientos para el futuro que se avecina.

Diez artistas –Bruno Baptistelli, Clarice Lima, Dora Smék, Fernanda Gassen, Fernanda Pessoa, Gabriela Mureb, Gustavo Torrezan, Marília Furman, Paul Setúbal y Rafael Pagatini– confabulan pesquisas, estrategias, ensayos, enunciados, registros y formas de acción conscientes en el presente, reflexionando permanentemente sobre la posibilidad de una vida politizada, colectiva y libidinosa, que no se deja acallar y que no espera por el futuro prometido de las narrativas de la religión purificadora, de la bonanza económica neoliberal y de la creencia velada en las formas limitantes de operar la política democrática y liberal. Por tanto, se entiende que el arte es un camino para vincular la vida con su cualidad esencial de política.

Vista de la exposición «No presente, a vida (é) política», en Central Galeria, São Paulo, 2020. Foto: Daniela Ometto.
Vista de la exposición «No presente, a vida (é) política», en Central Galeria, São Paulo, 2020. Foto: Daniela Ometto.
Rafael Pagatini, Protocolo (São Paulo), 2017-2020, grabado sobre pared, dimensiones variables, Ed. 1/3. Foto: Daniela Ometto.
Rafael Pagatini, Protocolo (São Paulo), 2017-2020, grabado sobre pared, dimensiones variables, Ed. 1/3. Foto: Daniela Ometto.

Tal percepción nace de las provocaciones derivadas de reflexiones contemporáneas, especialmente de la potente escritura de Franco Berardi. En su texto, al hablar de nuestra época como un momento posterior al futuro soñado por las construcciones utópicas del siglo pasado, nos trae el concepto de futurabilidad: “la multidimensionalidad del futuro, la pluralidad de futuros inscritos en el presente y, también, la composición mutable de la intención colectiva”². En cierto modo, las 24 obras expuestas en la galería se basan en experiencias pensadas por medio de la reinvención continua de la convivencia y la supervivencia en la actualidad. Por tanto, son especulaciones para una futurabilidad, enseñando constantemente la inminencia de lo posible.

Si estamos viviendo las catastróficas consecuencias de la aceleración del Antropoceno -la pandemia puede ser un ejemplo de ello-, puede ser por los desafíos del pensamiento y la práctica artística que conseguiremos destituir el sentido de impotencia ante la crisis permanente en la que vivimos inmersos. Los mecanismos del arte pueden, incluso, reavivar conflictos, disensos y antagonismos necesarios para la esfera pública, algo muy bien apuntado por Chantal Mouffe al traer al debate público una percepción agonística de la democracia³.

De hecho, la producción de arte contemporáneo puede y debe ser el lugar para la construcción de experiencias incómodas para los consensos políticos. Y es en este malestar en el que se basan en cierta medida los trabajos presentados.

Es importante señalar que la exposición toma forma en el ya histórico edificio de la esquina del Instituto de Arquitectos de Brasil – Departamento de São Paulo (IAB-SP), un lugar que guarda importantes recuerdos de un lastre cultural de resistencia e innovación en la ciudad. Ocupando el subsuelo y la mezzanina del edificio, contaminando las áreas comunes y apuntando hacia la calle, algunas obras acaban relacionándose física y simbólicamente con el lugar; otras, a su vez, ganan potencia por el contexto o promueven fricciones con la historia política y cultural que de allí emana.

Dora Smék, Silenciadores, 2019/2020, bronce y grava, dimensiones variables. Cortesía: Central Galeria
Dora Smék, Silenciadores, 2019/2020, bronce y grava, dimensiones variables. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria
Dora Smék, Silenciadores, 2019/2020, bronce y grava, dimensiones variables. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria
Dora Smék, Silenciadores, 2019/2020, bronce y grava, dimensiones variables. Foto: Maya Messina. Cortesía: Central Galeria
Dora Smék, Variaciones sobre el caos (serie), 2017, bronce. (puños de resistencia modelados a partir de la mano de la artista). Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria
Dora Smék y Paul Setúbal, Nós sabemos, 2020, cadenas de acero, bronce, ganchos y manillas, dimensiones variables. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria

Algunas obras en exhibición

En el trabajo de Dora Smék (Brasil, 1987) se observa la constante del tratamiento del tema del cuerpo. El cuerpo se coloca en primer plano, sin embargo, está destrozado, fragmentado. Nunca entero.

Silenciadores (2019-2020) es una instalación compuesta por 14 dedos índices, fundidos en bronce y soldados sobre varillas que se asemejan a silenciadores, accesorios cilíndricos utilizados en las armas de fuego para amortiguar el sonido de los disparos. Los dedos fueron copiados de 14 personas diferentes de entre 7 y 93 años, siendo la altura de cada asta igual a la altura de la boca de cada persona cuyo dedo fue copiado. La disposición de las astas en el espacio expositivo debe tener una separación mínima de 1 metro, permitiendo al público transitar entre cada Silenciador. Los 14 silenciadores están expuestos dentro de un área circular de aproximadamente 6 metros de diámetro revestida de grava. A medida que el público se mueve y camina sobre la grava, el sonido del roce de las piedras hace “shhh”, sonido que emitimos cuando colocamos nuestro dedo índice a la altura de la boca pidiendo silencio.

Fernanda Gassen, -46186, 2019, tinta sobre papel, 42 x 207,9 cm. Cortesía: Central Galeria

Para -46186 (2019), Fernanda Gassen (Brasil, 1982) utilizó los datos del Mapa de Violencia 2015 – Homicidio de mujeres en Brasil, de Julio Jacobo Waiselfisz, que presenta el número de feminicidios ocurridos entre 2003 y 2013. Cada nombre, elegido entre los nombres de mujeres asesinadas entre enero y marzo de 2019, representa el número total de asesinatos cometidos en cada uno de los años cubiertos por la encuesta de referencia.

O terraplanar que se finda um mundo, de Gustavo Torrezan (Brasil, 1984), es una instalación compuesta por sal y tierra. La esfera/planeta tierra lleva impresa la frase “orden y progreso”, extraída de la bandera oficial de Brasil. Remitiendo al uso de la sal como recurso utilizado para esterilizar la tierra, el trabajo comenta sobre la participación del Estado en las instancias de toma de decisiones sobre la privatización, expropiación, asentamiento o demarcación, señalando su relación de poder como mecanismo de dominio espacial. Aún así, mencionado por el título de la obra, la técnica de terraplenar, que precede a los procesos de construcción civil y agraria, se subraya aquí como el punto cero de un determinado espacio: como el momento en que abandona su condición vital y autóctona, convirtiéndose en cooptación del Estado y sus intereses.

Vista de exposición. Al frente: Gustavo Torrezan, O terraplanar que se finda um mundo, 2016, sal y tierra, 22 x 300 x 200 cm. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria
Vista de exposición. Al frente: Gustavo Torrezan, O terraplanar que se finda um mundo, 2016, sal y tierra, 22 x 300 x 200 cm. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria
Gustavo Torrezan, O terraplanar que se finda um mundo (detalle), 2016, sal y tierra, 22 x 300 x 200 cm. Foto: Daniela Ometto. Cortesía: Central Galeria

¹ Ubu Editora lanzó recientemente en Brasil dos publicaciones del filósofo, escritor, profesor y agitador cultural italiano Franco “Bifo” Berardi: Después del futuro y Asfixia: capitalismo financiero e insurrección del lenguaje. Del primero es el epígrafe: BERARDI, Franco. Después del futuro. São Paulo: Ubu Editora, 2019. p. 179.

² Ibid. p. 182.

³ Esta percepción de lo político como expresión inevitablemente antagonista, polarizada y plural aparece de forma instigadora en la publicación -traducida al portugués- de la filósofa y politóloga belga: MOUFFE, Chantal. Sobre lo político. São Paulo: WMF Martins Fontes, 2015.


NO PRESENTE, A VIDA (É) POLÍTICA

Central Galeria, Bento freitas, 306, Vila Buarque, São Paulo

Hasta el 28 de noviembre de 2020

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