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CHILEAN CONEXIÓN: ZOOM EN OCTUBRE

Chilean Conexión, la presente edición del festival de artistas chilenxs residentes en Berlín, ha sido especial. Mientras en Chile se aprobaba en las urnas por una mayoría aplastante la redacción de una nueva Constitución, mientras se conmemoraba un año del estallido social, en Alemania, afrontando una pandemia mundial, un grupo de artistxs mostraba obras que dialogan con las revueltas del 2019.

En diversos espacios públicos y en dos exposiciones simultáneas en espacios culturales de la capital alemana, Litehaus y KSTN Studio, se exhiben hasta el 31 de octubre obras como Banderas (2019), de Amalia Valdés, que recrea un nuevo estandarte para el país; Telar (2020), de Andrea Breinbauer, que relee en clave latinoamericana la vasta tradición de la tapicería, conjugando el simbolismo de los textiles coloniales andinos, las arpilleras de Violeta Parra y los bordados de Isla Negra; Protesta (2020), de Felipe Cusicanqui, construida a modo de pancarta callejera para aludir a la estética de las protestas y demostraciones populares; Coronación (2020), de Muriel Gallardo, que toma la película homónima de Silvio Caiozzi (2000) basada en la novela de José Donoso para remitir a la historia de Chile; El Carajo. Mitos de una herencia (2016), de José Caerols (Yisa), una pieza audiovisual que, al igual que una historia de conventillo, se transforma mediante el relato no lineal al ejercicio de mímesis en mito; o + Futuro (2020), de José Délano, una invitación a la aprobación de la nueva Constitución hecha de pigmento azul y blanco, palos y piedras encontrados.

El festival también incluye muestras de cortometrajes y películas, performances de artes escénicas, música y webinars en formato online. Uno de los eventos de la programación que tuvo lugar vía streaming fue el conversatorio Zoom to October, al que fui invitado a hablar con cuatro de las artistas participantes: Valentina Berthelon, Nicolás Rupcich, María Luisa Portuondo, y Magdalena Isaacson & Luis Navarro. Conversamos de las propuestas de cada una, de conexiones con obras pasadas, y del sentido y el compromiso del artista con lo político y lo social. Este es un repaso fragmentado de lo hablado durante la sesión.

+ Futuro (2020), de José Délano. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio
Valentina Berthelon, La energía incontrolable. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio

Valentina Berthelon presenta La energía incontrolable, una instalación sonora generada con sonidos captados durante las marchas, acompañada de una pantalla LED que recoge algunas de las frases utilizadas por Delight Lab en sus proyecciones lumínicas durante el estallido. Su acercamiento al 18-O fue, según ella “muy visceral”. Durante el estallido, recibió cientos de videos que testimoniaban abusos policiales. “Muchas veces tenía que cerrar los ojos frente a lo que estaba mirando, por lo que estaba pasando. Eran imágenes fuertes, sangrientas, muy crudas. Pero eso me hizo descubrir un montón de capas escondidas, de detalles. Encontré que era quizás más eficaz para que la gente se conectara de una forma más sutil trabajar solo con el audio”.

Su edición de los audios generó una sola pista compuesta por una multitud de voces, buscando “conectarse con la parte emocional del estallido, con la memoria oculta, más que con la furia”. Berthelon captó así “el latido del estallido a través del ritmo de las caceroladas, las consignas, las canciones populares que en muchos casos vienen de la dictadura”. Uno de los factores que la motivó a procesar de esa manera los sonidos fue el hecho de que el movimiento no tuviera un vocero oficial. “Fue una revolución sin centro. Todos se querían apropiar de ello; hasta Piñera en un momento”.

Una opinión que comparte María Luisa Portuondo, quien desde Estados Unidos establecía una comparativa. “Aquí en Estados Unidos sí hay voceros. Tú vas en una marcha y siempre hay alguien que habla y la gente le escucha, alguien que tiene millones de followers y está proponiendo algo específico. En Chile no existió eso, y me parece muy lindo”.

María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista
María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista
María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista
María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista
María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista
María Luisa Portuondo, Demanda Pública, 2019-2020. Foto cortesía de la artista

El proyecto de Portuondo, Demanda Pública, que se puede consultar desde el sitio web del Museo de la Memoria, se inició en la multitudinaria marcha del 25 de octubre de 2019 con la instalación de una serie de cuadernos en blanco para que las y los manifestantes pudieran escribir. Durante cuatro meses, los cuadernos recorrieron distintas zonas de protesta de la capital, logrando archivar un total de 1.809 demandas escritas a mano y firmadas por sus autores y autoras con su huella dactilar. La primera parte del proyecto concluyó el pasado 15 de septiembre, cuando Portuondo cumplió con el compromiso tomado con las y los participantes de la acción y entregó un libro con la totalidad de las demandas en Palacio La Moneda.

En su adaptación para Chilean Conexión, la demanda se abre al público de Berlín, estableciendo la posibilidad de empatía con el estallido chileno y su conexión con los conflictos y cuestionamientos del status quo en otros puntos del mundo. Como afirma Portuondo, “aunque cada revuelta tiene sus diferencias culturales, uno básicamente demanda lo mismo, da igual en que país resida”.

Proyección de Delight Lab, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Ramón Vásquez
Proyección de Delight Lab, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Ramón Vásquez
Proyección de Nicolás Rupcich, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Ramón Vásquez
Proyección de Nicolás Rupcich, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Ramón Vásquez

Nicolás Rupcich participa por partida doble, mostrando una obra del 2013, EDF, y con proyecciones en el espacio público. Con sus propuestas hacemos un zoom out del estallido, aunque sin alejarnos del todo. Con EDF, video en el que un gran muro negro cubre el paisaje del Parque Nacional Torres del Paine, Rupcich realiza un “gesto iconoclasta en relación a la imagen exportable de la identidad de Chile ya que, como decía Parra, no somos país, somos paisaje”. El artista no sigue una traducción ilustrativa de una problemática, sino que plantea “una abstracción de un problema propio de la imagen”.

Si bien la referencia en este trabajo es más sutil con respecto al estallido, Rupcich ha estado colaborando en videos de corte documental durante el 2019: Chile en llamas y Chile en revuelta, que tenían la función de transmitir lo que estaba pasando en Chile en el extranjero. “La experiencia de ver imágenes del estallido desde la distancia genera un nivel de ansiedad muy grande. Todas estas iniciativas son para mi un catalizador para liberar esa ansiedad”.

Para Chilean Conexión colabora con la proyección de “un listado de imágenes imposibles de representar”. Una era “imágenes en desintegración”, otra “imagen exhausta”, referencias a la visualidad pero que también apelaban a lo acontecido en Chile. Para el artista reflejan además la insuficiencia de lo visual a la hora de encarnar la realidad, una suerte de imagen espejismo. “Es cómo se ve la realidad desde otros países. La idea que tienen en otros países de Chile es muchas veces una ficción”.

Magdalena Isaacson y Luis Navarro, E.C.O. Cortesía de las artistas

Para ayudarnos a entender un hecho no vivido en primera persona nada mejor que tocarlo con las manos. Es la propuesta de Magdalena Isaacson y Luis Navarro en E.C.O, unas mochilas itinerantes que portan diversos elementos: una edición de 24 libros diseñados para interactuar en diferentes países, ciudades y comunidades simultáneamente, proponiendo un ejercicio de reflexión en torno a los derechos humanos y demandas universales; objetos recogidos durante el estallido en la Plaza de la Dignidad; cuadernillos con ejercicios; y una baraja inspirada en el conflicto social.

Estas encomiendas son enviadas en cadena a personas/custodixs de diferentes territorios en Chile y el extranjero, y son ellxs lxs que determinan una acción directa con la obra y su contexto. Una vez terminada la acción, lxs custodixs destinan la encomienda a otra persona para continuar con el tejido de la obra. El interés de los artistas es conocer “cómo se relaciona nuestro estallido con otros estallidos”. Durante el conversatorio mostraron uno de los objetos: una pieza metálica de fundición de barricadas, con forma de corazón, encontrada en las calles Portugal con Alameda, en Santiago. Para ellas, “los objetos tienen el valor de resignificar nuestra memoria y nuestra identidad”, y esa activación del objeto, gracias a su custodia por otra persona, en otra nación, genera, en su opinión, “un acto de resistencia”.

En la charla se establecieron ciertas comparaciones históricas con obras de otros creadores. Para Nicolás Rupcich, “hay un paralelo entre las obras que se están haciendo ahora y el arte realizado durante la dictadura. Hay una referencia visual muy directa, el mismo principio a nivel de obra en gestos de los 70 y 80. Por ejemplo, los objetos y la encomienda de E.C.O. y la obra de Eugenio Dittborn, o Delight Lab en paralelo a C.A.D.A. Me parece interesante que se rescaten trabajos de ese periodo que habían caído en el olvido, y que en los últimos años se estaban recuperando por otros motivos, como el coleccionismo, que no tienen nada que ver con el objetivo principal que tenían esas obras”.

Izq: Banderas (2019), de Amalia Valdés. Der: Telar (2020), de Andrea Breinbauer. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio
Detalle de  Telar (2020), de Andrea Breinbauer. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio
Detalle de Telar (2020), de Andrea Breinbauer. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio

Recordé otros lazos posibles, como entre la acción inquisitiva de María Luisa Portuondo y las acciones callejeras de Elías Adasme, Hernán Parada, o el ¿Es usted feliz? de Alfredo Jaar. Pero, a la vez, poniéndolo en crisis. Pregunté si hay artistas que, de forma hipócrita, se están ahora subiendo al carro del arte del estallido cuando nunca antes habían hecho obras de ese corte. Y lo hice citando el caso de Fernando Prats en la feria ARCO 2019, analizado por Paula Solimano en este texto. Estas fueron sus reflexiones:

Valentina Berthelen: Este estallido da la posibilidad de que todos hagamos algo. La pregunta es qué vamos a hacer de aquí en adelante. Evidentemente, profitar en este caso es como cuando las marcas se agarran al estallido. Eso no está bien. Pero todos estamos intentando cambiar el sistema desde el mismo sistema. Estamos en desacuerdo con lo que está pasando, pero todos utilizamos las mismas herramientas del sistema. Y somos parte de él. Somos combustible de él. ¿Cómo salir de esa red?

Nicolás Rupcich: Me parece fatal el ejemplo de Prats, a quien encuentro muy buen artista, pero lo que pasó en ARCO es terrible. Como dice Valentina, todos queremos hacer cosas, pero el problema es cómo se invierten los símbolos en determinados contextos. En referencia a cómo escapar del sistema hay muchos ejemplos; el clásico es el de Cildo Meireles y sus Inserciones en circuitos ideológicos. Los gestos de esa categoría pueden tener un impacto súper fuerte.

María Luisa Portuondo: Yo soy mas hippy en mi pensamiento; todo es bienvenido en la medida en la que alguien lo infecte. Cuanto más se esparza la expresión artística por el mundo, más posibilidades tenemos de que la gente reflexione. Después las cosas caen por su propio peso. La gente tiene la capacidad suficiente de discernir lo falso de lo honesto.

Magdalena Isaacson y Luis Navarro: Creemos en la invitación que siempre han tenido las artes a repensar las cosas desde otro punto de vista. Que los circuitos de galerías o de ferias sigan trabajando como quieran hacerlo; la consigna o la movilización de pensar las cosas de forma distinta o de abrir surcos nuevos es un nuevo sistema. El arte tiene mucho que decir en este momento crítico, y todos tenemos el derecho de hacerlo.

Pink Valley en Monopol, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio
Pink Valley en Monopol, Berlín. Chilean Conexión 2020. Foto: Pablo Hassmann ©Magma Studio

Chilean Conexión es un festival anual, sin fines de lucro, creado con el objeto de ayudar a la difusión e integración de los artistas chilenos en Berlín y Alemania. El evento de 2020 contó con la participación de más de 50 artistas residentes en Berlín, y algunos invitados desde Chile y otros países: Amalia Valdés / Fede Taus / Melanie Garland & Camilo Correa / Andrea Breinbauer / Nay Jiménez / Juan Nazar / Rommy González / Muriel Gallardo Weinstein / Kira Piriz / Stevens Vaughn / Ángela Bravo / María Oltra Thennet / Joaquín Margülis / Felipe Cusicanqui / Ciro Beltrán / Paula Valenzuela / Paula Anguita / Nicolás Rupcich / Marjorie Chau / Lautaro Bianchi / José Caerols (Yisa) / Gonzalo Miralles / Piño / Colectivo CEIS8 / Ignacio Acosta / Magdalena Isaacson & Luis Navarro / María Luisa Portuondo / José Délano / Paula Vidal / Maraña / Paula Riquelme / Ignacio Rivas, Mathias Klenner & Eloise Maltby Maland / Daniela Durand & Hugo Peña / Badecima / Catalina Tello & Josefina Valdovinos / Las Brumas / Delight Lab / MilM2 / Colectivo Inexistente / Pink Valley / Felipe Fizkal / Danilo Sepúlveda / Bernardita Villarroel / Francisco Martínez / Jelle De Wit / Tom Mayer / Recent Arts / Valentina Berthelon / Tobias Freund / Barbie Williams / Chica Paula / Marcos Meza / Argenis Brito / F600 / Fantasna / Vruno / Ghost / Dj Rafael / Alisú / Danieto / Cristian Recabarren / Subhira / Badecima / Lite-Ruiz / Ricardo Montt / Marianne Zahn / Felipe Ríos / Josefina Valdovinos / Elias Dehnen / Juan Francisco Riumalló / Luis Bahamondes

Chilean Conexión se realiza gracias al apoyo de Lite-Haus Galerie, Kastanien Projektraum, Hafnia Foundation, Monopol Berlin, Kulturförderpunkt, Touring Artists, Karne Kunst, Lak Berlin, B-Ware Laden Kino y Crack Bellmer.

El festival cierra mañana con el evento Sociologías Lejanas (Distant Sociologies)

@chileanconexion

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Juan José Santos

Valladolid, España, 1980. Crítico de arte y curador independiente. Autor del libro "Curaduría de Latinoamérica" (Cendeac, 2018) y "Juicio al postjuicio. ¿Para qué sirve hoy la crítica de arte?" (Ministerio de Cultura y Deportes de España, 2019). Actualmente es editor-colaborador de Momus y colaborador de El País y su suplemento Babelia, además de las revistas Berlin Art Link, ArtNexus, A*Desk y Dardo Magazine, entre otras. Desde 2004 ha publicado críticas de arte en medios como Arte! Brasileiros, Arte al Día, Lápiz, Hyperallergic, Input, Artishock y El Diario.

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