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DERIVAS AMAZÓNICAS EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por Nelly Richard

El impacto de esta pandemia a escala planetaria ha trastornado los parámetros de comprensión y experiencia de la realidad y sus códigos de interrelación social.  Nos encontramos en medio de la desorientación y la incerteza. Ciertas disciplinas insisten, pese a todo, en querer aplicar sus métodos de conocimiento para dotar a esta crisis mundial de un sentido: sea el que indica la agonía del modelo capitalista debido al colapso de sus engranajes de producción y consumo sea, por el contrario, el que señala la exacerbación neoliberal de ese modelo garantizado por un nuevo control biopolítico y necropolítico de todas las formas de existencia.

Mientras tanto, el arte prefiere hacer chocar los sentidos (estímulos perceptivos, materias y conceptos, disparos imaginativos, tumultos corporales, vuelos de metáforas) para testimoniar de la perturbación causada por esta conmoción universal que nos sumergió en el extravío.    

La detención opresiva y represiva de los ritmos vitales (las cuarentenas como secuestro del tiempo y clausura del espacio que paralizan el movimiento y frenan    las ganas) obliga el arte a rediagramar sus formatos de exhibición para que, en situación de pandemia, renovadas formas de intercambio comunicativo compensen la ausencia de traslado físico y la falta de contacto material con las obras.

Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Captura de pantalla de recorrido en VR

La puesta en escena virtual de la exposición Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias (fotografía/video/instalación/performance), de Francisco Casas y Julio Urbina, simula una “visita guiada” que se activa a distancia desde el computador. El “ingreso a la muestra” marca una puerta que dice “Casa de Pancho Casas”,  evocando así  un atravesamiento entre lo público y lo privado que hace mutar de funciones al domicilio personal del artista, en sincronía con las múltiples reconversiones forzadas del hogar (domésticas, familiares, laborales, educativas, recreativas) que el confinamiento le impuso a la población.

El afuera de la casa-galería, recreado en una toma computarizada con su panorámica de 360 grados, recorre una fracción de barrio más bien desierta, algo fantasmal, inmovilizada en sus escasos tránsitos por el congelamiento de la vista y la lentitud de la mirada que se desliza gradualmente por la pantalla. Es como si la virtualidad tecnológica de esta visita guiada a una exposición-simulacro supiera de antemano que la tardanza o la dilación, el retraso, son las modalidades del tiempo lento que el arte debe oponer al frenesí capitalista de la velocidad que hiper-aceleró  la expansión de los mercados en desatada competencia económico-financiera.

Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Captura de pantalla de recorrido en VR

Luego se ingresa a través de la página web de la exposición Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias a espacios interiores llamados “jardín” y “sala principal”, cuyas geometrías escaneadas son tan irreales como lo que le aconteció al planeta que se llenó de extrañeza con la llegada de lo desconocido. Un ajustado recuadro en la pantalla del computador marca una opción que dice “vista sin deformación”, advirtiéndonos que este recorrido ficticio por la exposición de Francisco Casas y Julio Urbina contiene una trampa dimensional que le da el pase a otros recursos anti-naturalistas que se complacen en el engaño y la falsificación de las apariencias, siguiendo el gusto travesti que sobreactúa una femineidad trucada.

Mientras el exterior urbano de la casa de Pancho Casas está suspendido en una tensa calma (teñido de indefinición como si la ciudad en pausa oscilara entre el estupor, la resignación o la desesperanza), los interiores del “jardín” y de la “sala principal” derrochan vibraciones cromáticas que se vengan de la neutralidad grisácea del día a día atrapado en las rutinas del encierro. La fluorescencia de los neones, los brillos de los acrílicos, las texturas sintéticas, la iridiscencia de las aguas y las lentejuelas, la exuberancia de una iconografía neobarroca-kitsch, los camuflajes de la jungla llevan lo artificial y sus desmesuras a cobrar una revancha lumínica-salvática en contra de las restrictivas ordenanzas policiales que nos aprisionan en un cotidiano sin escapes.  

Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Captura de pantalla de recorrido en VR

Los apuntes que auto-comentan esta muestra trans-medial nos cuentan que las fotografías expuestas documentan un viaje realizado por Francisco Casas y Julio Urbina a modo de excursión antropológica y deriva erótica: un viaje a bordo de un carguero que navega por los ríos de la Amazonia peruana. Los archivos de este viaje que retienen el eco de los rituales chamánicos, entre otros sonidos estrafalarios, giran en torno a Yakuruna, un ser mitológico de los ríos. En un guiño irónico que invierte-pervierte la jerarquía Norte-Sur de las modas académicas de lo queer y sus teorías metropolitanas sobre la fluidez de los géneros, la muestra de Francisco Casas y Julio Urbina rescata la sexualidad primitiva de Yakuruna como figura ambivalente que no es “ni masculina ni femenina… ya que depende de la pretensión y el acuerdo al que se llegue con la deidad”. Yakuruna hace que la connotación sexual del género sea enteramente transitoria al hacerla depender de la intencionalidad del deseo y de la movilidad de su posicionamiento táctico.

La muestra de Francisco Casas y Julio Urbina celebra así la plasticidad de lo genérico-sexual que formula identidades tan versátiles como los reflejos acuáticos en cuyas sinuosas corrientes nadan gozosamente los cuerpos desnudos que se bañan en los ríos de la Amazonia. Son estas aguas las que inundan las salas de la casa-exposición de torrentes fluviales que nos transmiten un “deseo de río o más bien de ser río”: no sólo para que nos beneficiemos del efecto sanador de este elemento natural en medio de la saturación contaminante del capitalismo depredador sino para que lo acuoso brille como significante líquido en oposición a las rígidas definiciones de género que proscribe la vacilación de las identidades flotantes. Lo mítico-ritual de la inspiración amazónica (ofrendas ancestrales, coreografías indígenas, adornos salvajes, trances místicos, plumas y máscaras ceremoniales) parecería querer redimirnos del capitalismo-basura, aunque algunos de sus restos se ven aquí transfigurados escultóricamente por una joyería de los desechos que cambia su valor y sentido otorgándole belleza y rareza a la degradación.

Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Registro de performance en PROA21, Buenos Aires, octubre de 2019. Cortesía de les artistes
Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Registro de performance en PROA21, Buenos Aires, octubre de 2019. Cortesía de les artistes

Se nos dice que algunas partes de la exposición corresponden a trabajos anteriores que fueron mostrados en Proa21, en Buenos Aires (2019), acompañados de una performance. Como siempre, la procesualidad del arte recombina sus fragmentos y edita su propia memoria para evitar el resultado definitivo de una obra-producto que le impida seguir vibrando en el trance de lo inconcluso. Entre la retrospección y la introspección, el arte anuda temporalidades no coincidentes entre sí que mezclan anticipos de futuro con reminiscencias de pasados truncos o sumergidos.

Además del pasado inmediatamente anterior de la exposición-performance en la Fundación Proa, Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias resucitan los pasados hundidos de comunidades originarias cuya sobrevivencia étnica ha debido enfrentar tanto la violencia colonial de los acosos modernizadores como las plagas civilizatorias que buscaron su exterminio, además de tener que resistir ahora el contagio pandémico que las infecta sin que la muerte de las comunidades nativas deje rastros siquiera, ya que el aislamiento que conocen desde siglos de siglos ha dejado a los habitantes de sus reservas fuera de todo recuento estadístico.

Las metáforas quebradas de Yakuruna y otras Amazonias, de Francisco Casas y Julio Urbina. Registro de performance en PROA21, Buenos Aires, octubre de 2019. Cortesía de les artistes

Por alguna misteriosa razón, el arte-hecho de contemporaneidad y desfases, de saltos y regresiones, logra calzar con la actualidad cuando algún estado de emergencia así lo requiere. La performance realizada en la Fundación Proa contenía una tumba a modo de prefiguración mortuaria: la tumba cavada por Francisco Casas y Julio Urbina en la cual hicieron el amor, como si fuese la última vez, en el cuerpo a cuerpo de un duelo de duelos. ¿Performance erótica de una pulsión sexual que se excita con la ofuscación del público de arte convencional que censura tal salvajismo, o bien ofrenda milenaria desde el fondo orgánico de la tierra como descomposición-generación de una potencia transhumana?

La tumba excavada por los artistas en el pasto de un jardín burgués durante la performance de la Fundación Proa abría un hueco en la tierra no sólo para que se fundieran en su oscuridad sin fondo los cuerpos retorcidos del deseo. También esa tumba le brindaba acogida al recuerdo espectral de los detenidos-desaparecidos de las dictaduras militares y de la violencia militar. Hoy, revisitar el hueco de esta misma tumba graficado en la casa-exposición de Pancho Casas dota simbólicamente de una sepultura amorosa a tantos cuerpos hoy privados de ritos fúnebres por la desprotección de la vida y el abandono de la muerte.  El arte como festejo de los sentidos pero, también, como reparación ética y consuelo afectivo en tiempos de cruel devastación.   

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