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HACIA EL MUSEO SITUADO. ENTREVISTA CON AMANDA DE LA GARZA

Repensar la figura del museo y su lugar dentro del circuito del arte contemporáneo en México y América Latina es uno de los ejes que guiará la gestión de Amanda de la Garza (1981) como nueva Directora del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) -donde se había desempeñado como curadora desde 2012- y como Directora de Artes Visuales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entidad que engloba al MUAC y los museos El Eco y MUCA-Roma.

Amanda de la Garza es licenciada en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con una especialidad en Antropología de la Cultura por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM Iztapalapa).

Entre sus proyectos curatoriales más destacados se encuentran la XVII Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen – La espesa savia. Ensayos equidistantes sobre zonas intertropicales (Casa del Lago-UNAM, Fundación Alzate, Colombia); A los artistas del mundo… El Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Chile 1971-1977 (MSSA, Santiago de Chile; MUAC), así como muestras individuales de Isaac Julien, Vicente Rojo, Harun Farocki e Hito Steyerl, entre otras.

Su labor es prometedora, en tanto que se trata de una de las curadoras y gestoras más jóvenes y socialmente comprometidas de México, cuya visión puede trazar rutas claves y necesarias para la concepción y desarrollo del museo como un espacio expandido.

Esta entrevista se realizó el mes previo al inicio del confinamiento que atraviesa México por el COVID-19. Con el ánimo de responder al contexto actual, se añade una última pregunta relacionada contestada recientemente por Amanda de la Garza vía llamada telefónica.


Qué significa ser un museo institucional con una conversación cosmopolita pero situada en el sur global. Ese es un punto de partida muy importante que establece las directrices de nuestra programación, de las exposiciones, de cómo trabajamos con las instituciones a nivel internacional. Es decir, somos un museo global pero no colonial ni colonizado


Andrea Cuevas: ¿Cuál es el perfil que busca asumir el museo a partir de tu gestión?

Amanda de la Garza: Lo que define al MUAC es que es un museo universitario que recoge lo mejor del espíritu de la UNAM: ser un espacio crítico, de reflexión, de libertad de expresión y pensamiento. Para mí, es muy importante mantener esa identidad que es intrínseca al MUAC y que define muchas de las cosas que hacemos no solo en términos de exposiciones.

Si bien es un museo universitario atípico dentro de los museos universitarios por su escala, tipo de programación y proyectos, también se diferencia por completo de otros museos públicos. Lo que el MUAC ha logrado en estos diez años es consolidar una estructura institucional, lo cual es una tarea titánica sobre todo bajo las condiciones de inestabilidad institucional, política y recortes presupuestales bajo las que se encuentra México.

En este sentido, lo que a mí me gustaría hacer en los próximos años es definir una agenda que empate con el tiempo que estamos viviendo: el tema de género es primordial dentro de mi programa de trabajo. No es una conversación nueva para el museo, pero es muy importante que tenga una mayor proyección y que plantee una postura frente a la necesidad de abrir aún más esta conversación y de tomar decisiones en relación a las problemáticas de género. Esto se traduce en coleccionar obras de artistas mujeres, hacer exposiciones relevantes y dar una mayor proyección al trabajo de artistas mujeres, ahondar en temas del feminismo contemporáneo y hacerlo tanto desde las exposiciones como desde nuestros programas públicos.

Por otro lado, repensar qué tipo de museo debemos ser. Pienso mucho en la noción de museo situado, algo que ha planteado Manolo Borja-Villel, del Museo Reina Sofía, como un museo capaz de dialogar con el contexto sociopolítico y el momento histórico en el que está enclavado. Entiendo que el MUAC es un museo en México, en América Latina, y es importante pensar cuál es nuestro posicionamiento. Es decir, qué significa ser un museo institucional con una conversación cosmopolita pero situada en el sur global. Ese es un punto de partida muy importante que establece las directrices de nuestra programación, de las exposiciones, de cómo trabajamos con las instituciones a nivel internacional. Es decir, somos un museo global pero no colonial ni colonizado.

AC: Más allá de involucrar a los universitarios, ¿cómo se concibe un museo universitario en este contexto?

AdG: Una de las características del museo tiene que ver con la capacidad de vincularse académicamente con otras instancias de la UNAM y otras universidades a nivel internacional. Por ejemplo, nuestros programas de Campus Expandido o las Cátedras Extraordinarias, enfocadas a diferentes campos o temáticas, también colocan al museo como un espacio de producción de conocimiento que no parte únicamente del ámbito de las exposiciones o de la relación con el público, sino que se concibe como un entorno en el que se genera pensamiento, a partir de relaciones con otros proyectos y agentes, para reflexionar sobre temas relacionados con la cultura visual, la historia del arte o el encuentro entre arte y política, entre otros.

Si bien este ha sido uno de los ejes que ha definido el programa del museo desde sus inicios, y de una manera mucho más evidente desde que Cuauhtémoc Medina es Curador en jefe, también es cierto que, a 10 años de la fundación del MUAC, las preguntas planteadas por los artistas se han transformado. Hay una serie de temáticas sobre medio ambiente, género, Antropoceno, etc., que atraviesan las producciones artísticas de los últimos años y que son a las que tiene que mirar el museo.

Una de las tareas principales del MUAC está centrada en el coleccionismo público y en la defensa de una cultura pública. En otras instancias del ámbito cultural público en México hay colecciones, pero la del MUAC se pensó como una razonada, con líneas de proyección, una lógica interna que, desde mi perspectiva, se va a convertir con los años en un repositorio de memoria. Lo mismo pasa con los archivos del museo: el centro de documentación Arkheia es uno de los proyectos más importantes en términos de políticas de la memoria que existen en México. El MUAC debe seguir liderando su vertiente respecto a las colecciones públicas de arte contemporáneo y acervos documentales.


A veces pienso el museo como la maleta verde de Duchamp, como un microespacio que no tiene solo una gestión, sino también una operación conceptual. En ese sentido, pienso en un museo que es capaz de colapsar y edificarse de diferentes maneras. Las instituciones hoy en día, y más un museo, tienen la obligación de revisarse todo el tiempo, internamente y hacia afuera.


AC: Respecto a la colección del MUAC, ¿qué problemáticas se debe plantear la colección de un museo como público?

AdG: Una de las primeras tareas es coleccionar obras de artistas mujeres de diferentes periodos, porque es una de las principales deficiencias de muchas instituciones públicas, no sólo del MUAC.

En términos de los archivos, además de conservar acervos de artistas, gestores, críticos, etc., una tarea clave es cómo el archivo ha logrado sacar del margen y revisar críticamente la historia del arte en México. Esta labor de historiografía crítica significa hablar de aquello que ha estado en el margen, a partir de archivos que son capaces de transformar la historiografía del arte y, al mismo tiempo, traer a cuenta la memoria de una comunidad y de una escena artística.

AC: Quizás esta sea una pregunta muy abierta y general, pero ¿cómo debe ser el museo de hoy en día? Específicamente hablando de museos de arte contemporáneo.

AdG: A veces pienso el museo como la maleta verde de Duchamp, como un microespacio que no tiene solo una gestión, sino también una operación conceptual. En ese sentido, pienso en un museo que es capaz de colapsar y edificarse de diferentes maneras. Las instituciones hoy en día, y más un museo, tienen la obligación de revisarse todo el tiempo, internamente y hacia afuera.

También es un museo milhojas, de múltiples capas que operan transversalmente en un territorio y en diferentes esquemas o niveles de profundidad. A qué me refiero con esto: al mismo tiempo que tenemos un público vinculado con la escena internacional del arte, porque participamos de ella, también tenemos un vínculo con la comunidad local, con la universidad, y que no es necesariamente la visión de tener un público sino de generar relaciones. Nuestras redes de negociación e interacción ocurren en múltiples niveles. Por ejemplo, hemos colaborado con la Escuela Zapatista, que es un centro cultural autónomo de la comunidad de Santo Domingo [en la Ciudad de México]; o el programa MUAC en tu casa, que lleva las colecciones del museo a los barrios donde viven los estudiantes de preparatorias y de los CCH [Colegios de Ciencias y Humanidades, de educación media superior, adheridos a la UNAM].

Pienso un museo que es de ida y vuelta, no sólo que es capaz de transformar a aquellos que lo visitan —en términos de experiencia estética o intelectual—. No es una escuela, en ese sentido. Es un lugar para debatir no solo la agenda artística, sino la agenda cultural nacional. También un espacio público, pero no al que la gente viene sólo a visitar, sino como uno cuyas relaciones le permiten transformar la manera en cómo pensamos la posibilidad de un museo hacia afuera y que no sólo se está mirando a sí mismo.

AC: Tomando en cuenta la historia y las transformaciones del museo como institución, ¿quiénes crees que son los protagonistas del museo hoy en día?

AdG: Me cuesta mucho trabajo pensar en la idea de un solo público, hay muchos y muy distintos. Uno de los protagonistas son los artistas y, de una manera mucho más abstracta, el arte contemporáneo; ambos como una especie de motor o impulsor de pensamiento que permiten articular otras discusiones. Por ejemplo, cuando tuvimos la exposición de Harun Farocki, él decía que la razón por la cual había empezado a exhibir sus películas como instalaciones en museos de arte contemporáneo era porque el debate crítico se había desplazado hacia esa dirección y había dejado de estar en el cine. En cierta medida es algo que es verdad; con sus limitaciones, pero de cierta forma, el arte contemporáneo permite establecer un debate crítico.

Creo que el eje articular, si lo podríamos llamar de esa manera, son las posibilidades expansivas y de articulación de debate que ha producido el arte contemporáneo.


Es muy importante pensar sobre el ahora, sobre qué significan el confinamiento, las condiciones de vida y de producción de los artistas hoy en día, las dificultades económicas no solo a las que se están enfrentando los artistas para producir arte, sino también una reflexión más a fondo del funcionamiento del sistema artístico y de la relación que hemos tenido con el público.


AC: El museo ya no es un lugar exclusivo del arte, hay otros agentes que también se ocupan de la apropiación del espacio. ¿Cómo pensar estos encuentros desde otros frentes?

AdG: El museo se pregunta a sí mismo en dónde está colocado el lugar de lo estético dentro las prácticas políticas recientes. Fue el caso del proyecto de Forensic Architecture, que planteó una pregunta sobre la visualidad, no me refiero en el sentido tan simple de la visualización de datos, sino cómo estas lógicas de investigación forman parte de los puentes y engarces del arte contemporáneo. Este tipo de prácticas investigativas también se despliegan en el ámbito de lo estético y han tenido una incidencia importante en muchas prácticas artísticas.

AC: En este contexto histórico tan particular, en medio de una pandemia que reprime el cuerpo (pensado como medio y presencia clave en las relaciones con el arte), ¿cómo puede el arte detonar una transformación social para repensar nuestras relaciones? Y en este sentido, ¿cuál es el papel del museo?

AdG: Evidentemente esta ha sido una situación que ha cimbrado a los museos en términos de modificar por completo la relación con el público. No de cancelarla, porque creo que muchos museos han hecho un gran esfuerzo por tener una programación digital. Pero, sin duda, sí modificó las condiciones en las que experimentamos el arte y la vocación de espacios de sociabilidad.

En ese sentido, el papel que tienen los museos es propiciar una reflexión más a fondo sobre cuál es su vocación y cuál su función con las preguntas que nos atañen como sociedad. En el caso del MUAC, por ejemplo, entendimos que es muy importante pensar sobre el ahora, sobre qué significan el confinamiento, las condiciones de vida y de producción de los artistas hoy en día, las dificultades económicas no solo a las que se están enfrentando los artistas para producir arte, sino también una reflexión más a fondo del funcionamiento del sistema artístico y de la relación que hemos tenido con el público.

La mayoría de los museos teníamos desatendido el espacio digital porque muchos cuentan con estrategias limitadas. El lanzarse a este terreno, también ha traído muchas reflexiones sobre qué significa existir en el espacio virtual, cuál es nuestra relación con las comunidades virtuales, qué tipo de público son; es decir, pensar al mundo virtual como distinto al de la presencia, con un lenguaje diferente que estamos en el curso de aprender.

Y, desde luego, no soslayar ese espacio porque es un territorio ganado. Sin embargo, sigo pensando que en gran medida la experiencia con el arte existe en la copresencia, frente a una obra, en la experiencia de una colectividad y en las interacciones que suceden en un museo. Hay que pensar en cómo podemos regresar o recuperar de a poco esa sociabilidad, pero reflexionando más a fondo sobre cuál es nuestra tarea y cuál nuestra relación con los públicos.

Andrea Cuevas

Andrea Cuevas

Nace en Ciudad de México, en 1986. Es editora, escritora e investigadora. Es licenciada en Teoría del Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana y estudiante de la Maestría en Historia del arte por la UNAM. Fue jefa editorial del Museo Tamayo, coordinadora editorial de la revista Código y editora de Ángulo O y Fahrenheitº. Ha escrito para diferentes medios como GasTV, Harper’s Bazaar, La Ciudad de Frente, Huffington Post, Expansión, A by Andares y Artishock.

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