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INSISTIR HASTA EL ÚLTIMO RESPIRO. LA POLÍTICA DE LA CUERPA EN LA OBRA DE EUGENIA VARGAS-PEREIRA

El cuerpo -la cuerpa-, la naturaleza, la mujer, son temas cíclicos e interdependientes en la obra de Eugenia Vargas-Pereira (Chillán, Chile, 1949). Una tríada de entidades vitales que vibran en su propio espacio y tiempo no lineal, y en la que ha venido insistiendo desde los años 70, cuando comenzó a poner su cuerpa al centro de performances con un enfoque feminista, para luego registrarlos en fotografía, el medio en que se formó.

Estas imágenes las vemos hoy reunidas en su exposición Incardinadas que, bajo la curaduría de Mane Adaro, repasan su trayectoria desde 1977 al 2013. Presentada hasta el 5 de marzo en el Centro de la Imagen de la Ciudad de México -ciudad donde la artista vivió y comenzó a exponer-, la muestra fue parte del Festival Internacional de Fotografía 2022, que tuvo a Chile como país invitado.

En esta entrevista, la artista subraya la trama latente entre la subordinación de las mujeres, del reino animal y de nuestro ecosistema como un todo en un mundo cosificado. Su visión adelantada del ecofeminismo se observa en obras que reflexionan sobre cómo el sistema imperante, neoliberal y patriarcal, ha implementado una serie de estrategias de control y extractivismo que atentan contra la sustentabilidad y los derechos de todo lo vivo.

Eugenia nos cuenta aquí, en definitiva, por qué va a insistir en estos asuntos hasta su último respiro.

Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen

Alejandra Villasmil: A lo largo de tu producción artística, has abordado el cuerpo como territorio y como extensión de memorias y vivencias personales y colectivas. ¿Cómo has ido reelaborando estas enunciaciones en tu obra, desde que comenzaste a trabajar como artista hasta el día de hoy, sobre todo, teniendo como contexto las recientes reivindicaciones de los feminismos y las transformaciones radicales de nuestra propia Tierra?

Eugenia Vargas-Pereira: Más que reelaborar enunciaciones, sigo persistiendo y comentando críticamente con la idea de la cuerpa como territorio. Creo que las cosas no han cambiado tanto para las mujeres, entonces hay que seguir resistiendo e insistiendo.  Desde que ganamos el derecho a voto y a la educación, no hemos logrado mucho sobre todo en igualdad salarial. En las labores domésticas compartidas se ve de vez en cuando, y si bien en Chile el derecho al aborto existe en tres causales, esto no significa que será a largo plazo, pues todo depende de quiénes se encuentren a cargo de las políticas públicas, ya que hay grupos que no creen en los derechos humanos ni menos en los derechos de las mujeres.

Globalmente, la cuerpa de las mujeres sigue siendo un territorio que no nos pertenece y se nos trata como si fuéramos menores de edad. El derecho a decidir sobre nuestra propia corporalidad corre el riesgo de desaparecer. Esto ya lo hemos visto en Estados Unidos con el caso Roe v. Wade. La Corte Suprema decidió, con los votos de los jueces conservadores, que no existe el derecho constitucional al aborto, dejando la decisión de permitir o no la interrupción del embarazo a los estados que conforman el país.

Ahora bien, en cuanto a los feminismos, la tierra y sus transformaciones negativas son temas que siempre me han quitado el sueño. Desgraciadamente, hoy vemos más que nunca el impacto y la devastación de las prácticas depredadoras y extractivistas, vemos cómo la actividad humana sigue siendo una amenaza para la biodiversidad del planeta y, según como yo lo veo, nuestras nuevas generaciones no tienen un buen futuro. Sin embargo, creo que los feminismos -siempre críticos de la explotación patriarcal- han ido creando, junto a otro tipo de comunidades, un espacio de esperanza. Mi producción artística en este sentido seguirá persistiendo e insistiendo hasta mi último respiro.

Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen

Como mujer observo que en nuestra sociedad hay una relación directa entre la explotación y depredación de la tierra y la violencia hacia las mujeres.


AV: La ecodependencia humana es insoslayable. Las luchas por frenar los ecocidios en cadena y la agencia de la mujer en ello y en conflictos de urgencia a nivel político, social y cultural integraron movilizaciones y discursos de vital trascendencia en los años 70 y 80. ¿Cómo proponías tu obra en aquellas décadas y cómo se ha venido transfigurando e insertando dentro de los ecofeminismos actuales?

EVP: Propuse mi cuerpo como centro de investigación, y que el mismo se entienda como un laboratorio de experimentación y creación, donde se procesan ideas, afectaciones y compromisos políticos. En mi obra, el cuerpo en tanto yo “mujer”, y el territorio, tienen un papel protagónico, pues han sido y son un soporte fundamental de mi producción. Tal vez uno de los aspectos de los ecofeminismos actuales se inserten en mi obra, pues hay una reciprocidad de pensamiento no solo de los ecofeminismos, sino también de otros feminismos con conciencia ecologista, ya que las más perjudicadas con el cambio climático seremos las mujeres y las niñas. Como mujer observo que en nuestra sociedad hay una relación directa entre la explotación y depredación de la tierra y la violencia hacia las mujeres.

AV: Tu exposición en el Centro de la Imagen se titula y llama Incardinaciones a las autorrepresentaciones de tu cuerpo en contextos naturales y otros espacios. ¿Cómo podríamos entender esta conceptualización?

EVP: Como curadora de la muestra, Mane Adaro propone abordar el cuerpo como territorio y bajo la idea de incardinaciones. Ella lo sugiere a partir de las escrituras y teorías de la filósofa feminista Rosi Braiddotti. Es Mane, quien gusta mucho de esta teórica, quien plantea un acercamiento al conjunto de obras expuestas con la idea de lo incardinado, con la idea de múltiples memorias y el cuerpo de un sujeto político y situado. Un cuerpo-feminismo-territorio no fundado en fronteras y totalmente insubordinado ante el conocimiento y cultura patriarcal.

Me encantó la sugerencia, ya que personalmente entendía este concepto más ligado a lo religioso. Sin embargo, en mi obra he tenido una mirada bastante crítica hacia la institución de la iglesia, y estos conceptos han permitido que pueda abordar el tema desde mi experiencia personal para reflexionar sobre el catolicismo, conjugado, además, con las perspectivas feministas.

Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen

No hay que olvidar que para la iglesia y para una época específica, el cuerpo de las mujeres, como de los animales, era o sigue siendo, desgraciadamente, una abstracción de seres salvajes, sin alma y cosificados.


AV: Respecto a esto que mencionas sobre tu crítica al catolicismo y a la institución Iglesia, en una sección de la muestra se incluye una serie de pequeños altares que remiten a la tradición de la religión católica. En ellos, pareciera que se establece una relación entre el cuerpo de las mujeres y de los animales como carne pecadora y de consumo. Como dice la curadora Mane Adaro, “estos cuerpos fueron considerados alteridad: salvajes, sin razón y sin alma”. ¿Cómo nos invitas a leer estas correspondencias planteadas desde lo ritual/espiritual/religioso, en su relación con los discursos feministas?

EVP: Procuro que mi producción de imágenes sea abierta e invite a acercarse, y que cualquier lectura que el espectador le pueda dar a la obra sea desde su propia historia y experiencia. Aunque, obviamente, esta serie de altares es una mirada crítica a la institución de la iglesia, puesto que en un plano de lectura aborda el tema desde mi relación con el catolicismo por la educación religiosa recibida de monjas en mi infancia.

Busco aquí evidenciar las distancias de mi vida con esa primera etapa de mi desarrollo como individua. Lo fuerte que como niña significó que mujeres me inculcaran, mediante la moral y el miedo, el rechazo a mi propio cuerpo, poniendo como centro el amor a Dios y alejándome de mí misma bajo disciplinamientos de higiene corporal, por ejemplo, que establecían distancias del descubrimiento del sexo, y el encuentro con la sexualidad. Una voz que resuena al proyectar en mí el miedo desde acciones autoritarias, controlar el cuerpo desde la infancia y regirse como guía de esa moral sexual como única palabra, basado en la culpa, y que recae exclusivamente sobre las mujeres.

La iglesia oprime el cuerpo para más tarde evitar que estas mismas niñas convertidas en mujeres no puedan decidir sobre su propio cuerpo. Entonces, la curaduría propone lo que te comentaba anteriormente, pues Mane Adaro une imágenes y sentidos vinculados al cuerpo femenino y al cuerpo animal, que se encuentra igualmente en una de las fotografías de los altares. Ella retoma estos cruces que fui elaborando en torno a las ideas del sacrificio, pues no hay que olvidar que para la iglesia y para una época específica, el cuerpo de las mujeres, como de los animales, era o sigue siendo, desgraciadamente, una abstracción de seres salvajes, sin alma y cosificados.

AV: Entre 1986 y 1993 creaste varias de estas obras que refieren al cuerpo animal y al cuerpo femenino. Se trata de piezas con estética sacrificial y religiosa. En la exposición hay una sala dedicada a estos trabajos tuyos. ¿Qué tipo de imágenes podemos encontrar aquí? ¿Cómo poner en evidencia la explotación económica y la cosificación cultural de mujeres y animales?

EVP: La serie animal es una serie de fotografías que se articula a partir de mis encuentros con cuerpos… Cuerpos de otros animales desposeídos de atención por los contextos antropocéntricos que tenemos que vivir. Y lo que gatilló en mí fue la necesidad de comentar y hacer preguntas a través de esta serie. Para esto utilicé vísceras y extremidades de animales, junto al cuerpo desnudo de una mujer. Es decir, mi cuerpo, situando en el devenir una referencia que nos permita abrir un encuentro de pluralidades y metáforas dentro de un contexto masculino y hegemónico. Este sistema me produce sospechas al situar ciertas corporalidades por sobre otras, las que intenta perpetuar en sus lógicas de opresiones: ¿Dónde comienza la mujer aquí? ¿Dónde continúa el animal? ¿Dónde comienza el animal aquí? ¿Dónde continúa la mujer?

Buscando acercarme a estas preguntas con la intención contextual y lo que conviene advertir, me pregunté: ¿Dónde han sido arrojados los cuerpos de las mujeres? ¿Dónde está eso que entendemos como femenino? Una cuestión estaba ocurriendo y tenía que ver con establecer conciencia de cómo la alimentación no está excluida de una idea antropocéntrica.

Esta serie, Sin título, es una reflexión crítica sobre nuestra compleja relación con los animales y el poder. Tiene que ver con la crueldad que ejercemos sobre ellos para asegurar nuestra supervivencia. No hay líneas tan distantes entre una opresión y otra, ya que el sistema patriarcal actúa con el mismo nivel de crueldad entre las diferentes corporalidades para continuar reproduciendo su hegemonía.

Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen

Confundida con las ideas del cristianismo, tratando de entender y encontrar el sentido espiritual de la vida, investigo en otras historias y prácticas. Prácticas que busquen la armonía con la madre tierra. Esos conceptos los encuentro en nuestras culturas ancestrales de las Américas en su visión de tierra y cosmos.


AV: Tu trabajo con el cuerpo está mediado por el performance y su registro fotográfico. En estos encuentros y comuniones con la tierra y sus recursos, emerge lo afectivo, lo místico, lo sensorial y lo corporal. ¿Qué implica para ti el hacerse uno/a con la tierra, mientras te sumerges en estas acciones de arte? ¿Cómo nuestro cuerpo puede llegar a convivir hoy con todo lo vivo?

EVP: Confundida con las ideas del cristianismo, tratando de entender y encontrar el sentido espiritual de la vida, investigo en otras historias y prácticas. Prácticas que busquen la armonía con la madre tierra. Esos conceptos los encuentro en nuestras culturas ancestrales de las Américas en su visión de tierra y cosmos. Existen energías de ascenso y descenso que se distribuyen a lo largo del año solar, que se renueva cada solsticio de invierno, cuando las energías llegan a su punto de equilibrio y comienza una nueva declinación. El inicio del invierno (que empieza con la noche más larga y marca la época más fría del año) indica la llegada del nuevo sol, el renacimiento de la vida, en un ciclo que parte con la lluvia purificadora y fecunda.

Estos conceptos me permiten articular visualmente y preguntar por qué y para qué estamos aquí, cuál es nuestro vínculo con la naturaleza, con nuestras raíces ancestrales, y qué es lo que nos identifica como nuestra memoria colectiva e individual. Por ejemplo, la serie de barro propone el cuerpo como una extensión de la tierra, es fuente de vida, alimento, enseñanza, y provee todo lo que necesitamos para vivir. A su vez, la tierra nos reclama, somos alimento, nos traga… se convierte en un ciclo completo.

AV: La tercera sala agrupa trabajos vinculados al fuego y al uso y contaminación del agua. En Chile, particularmente, somos testigos -y víctimas- de una crisis hídrica sin precedentes, que atenta contra la sostenibilidad de ecosistemas y pueblos que se han visto desplazados o han sido despojados del acceso a este vital recurso. ¿Cuál es tu mirada al asunto del agua, que ya vienes trabajando por más de dos décadas?

EVP: Siempre he tenido una mirada apocalíptica sobre el tema del agua… lamento ser pesimista en este tema, y sobre todo por Chile. He hecho varias obras que aluden a este precioso líquido. Para no usar agua, cambie mi práctica fotográfica en blanco y negro por el color mientras vivía en la Ciudad de México. Por ejemplo, la instalación Aguas (1991) plantea una suerte de cuarto oscuro a gran escala, donde las bandejas de agua portan vistas del rio Lerma. A medida que las fotografías se van degradando paulatinamente por la evaporación del líquido en el cuarto oscuro, estas sirven como analogía y vínculo entre lo que está ocurriendo en el río.

La obra Sin título, concebida en Miami, se refiere a lo dantesco, y es el uso desmedido del agua para llenar piscinas. En un país como Chile las piscinas son disfrute de una clase social que se puede dar ese lujo, y que además es mezquina con el recurso. Esa mezquindad se ha visto en estos días en el empresario que negó a un bombero el agua de su piscina para combatir uno de los tantos incendios forestales en el sur.

Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen
Vista de la exposición «Incardinaciones», de Eugenia Vargas-Pereira, en el Centro de la Imagen, Ciudad de México, 2022-2023. Foto: Elic Herrera. Cortesía del Centro de la Imagen

AV: La naturaleza, la tierra, la cuerpa, la mujer… así en femenino. Ir contra la mirada y la praxis patriarcal que se ha impuesto por miles de años, está al centro de tu trabajo. ¿Cómo crees que las artistas mujeres están incidiendo en dar un giro a esta normalización, a lo establecido? ¿Cómo lo persigues tú a través de tu trabajo?

EVP: Conversando con mis colegas, curadoras y amigas que también vienen desde otras disciplinas, veo que el medio ambiente, el cambio climático y los derechos de la mujer son temas y preocupaciones recurrentes, sobre todo con las nuevas generaciones de artistas visuales que se han posicionado desde los feminismos, un fenómeno que se vio claramente durante las revueltas en nuestro país y eso es muy alentador.

Desde mi trabajo, mi postura sigue siendo abierta, y por supuesto espero crecer y evolucionar como artista. Siempre hay mucho de nuevo que aprender de las y los artistas jóvenes en general. Siempre con humildad y gratitud, trataré de seguir comentando, persistiendo e insistiendo y, como dije anteriormente, hasta mi último respiro.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es directora y fundadora de Artishock, revista online especializada en arte contemporáneo. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en Hunter College, School of Visual Arts y The Art Students League, Nueva York. Es editora y traductora inglés/español de contenidos sobre arte, trabaja en campañas de difusión y escribe regularmente para publicaciones, galerías y artistas de América Latina y El Caribe.

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