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IGNACIO DEL RÍO: VESTIGIOS

La muestra Vestigios del artista chileno Ignacio del Río, instalada desde marzo pasado en OMA Art Gallery, se inicia específicamente en el momento de interacción entre el individuo y el objeto. Este objeto encontrado es consecuencia de la vida moderna donde se consumen diariamente productos desechables. La recolección y selección de estos objetos determina una estética y lógica que rescata lo precario y accidentado dentro de un contexto urbano, en este caso, Santiago de Chile, ciudad que representa una constante lucha entre el paisaje cordillerano y la construcción de una ciudad que parece no tener límites.

“A partir de esta estética, genero sistemas alternativos de construcción con materiales como el hormigón el fierro y el poliuretano expandido. Estos sistemas me permiten resignificar los objetos hallados para así crear nuevos. En el proceso de creación de nuevas piezas mantengo como premisa el azar y la imposibilidad de controlar el resultado, por lo tanto, se producen piezas escultóricas que son únicas e irrepetibles. Al igual que en el contexto urbano, estos volúmenes demuestran una dualidad constante en su forma, el encuentro de los opuestos en un mismo cuerpo”, cuenta el artista.

Ignacio del Río, Sistemas alternativos de construcción (detalle), 2020. Hormigón vaciado en molde de plumavit, dispuesto sobre plataforma de MDF pintada con esmalte al agua, 150 x 200 x 200 cm. Vista de la exposición en OMA Art Gallery, Santiago de Chile. Cortesía del artista.

IGNACIO DEL RÍO: VESTIGIOS

Por Abigail Valenzuela

Como un despertar, Santiago comienza a crecer exponencialmente al finalizar el siglo XIX. El inevitable movimiento migratorio campo-ciudad impulsó reformas que contribuyeron al cambio no solo de su fisonomía, sino también en una renovación de las identidades de los protagonistas de esta experiencia y la forma en cómo se hacen parte de ella. En unos pocos años surge un nuevo espacio público, el Gran Santiago, que cautiva miradas y es inspiración para pensar la floreciente modernidad. Aún la urbe no se ha desbordado lo suficiente para nublar la vista de los grandes cordones montañosos y cualquiera, sin alejarse demasiado, puede dejarse sorprender por el bello paisaje que se dibuja en el contraste entre el campo y la ciudad. Desde ahí, al retirarse de la modernización imperante, la pregunta por el futuro es obsesionante.

Ignacio del Río, Vestigios, 2019. Hormigón vaciado en molde de plumavit, sobre cilindro de hormigón, dimensiones variables. Foto: Pía Bahamondes
Ignacio del Río, Vestigios, 2019. Hormigón vaciado en molde de plumavit, sobre cilindro de hormigón, dimensiones variables. Foto: Pía Bahamondes
Ignacio del Río, Vestigios, 2019. Hormigón vaciado en molde de plumavit, sobre cilindro de hormigón, dimensiones variables. Foto: Pía Bahamondes

Un poco más de cien años más tarde, en el ajetreado ritmo del mismo Santiago, que sigue su curso tanto vertical como horizontalmente, el hombre de multitud ya no dirige su mirada al encanto del entorno. Los grandes rascacielos, que se han propuesto competir con las alturas de los Andes, no despiertan ni la más mínima novedad en él. Por el contrario, en su deambular errante, son los objetos perdidos insertos en el paseo público los que llaman su atención. Estos, descontextualizados y accidentados, guardan en sus cuerpos la huella de la masa, del movimiento, la rapidez y el desborde. Hablan como testigos inertes, en esencia y superficie, pues en estas late la memoria de un imaginario social. Pero como objetos de la cultura citan en ellos una ausencia: ¿Hasta dónde llegan hoy los límites de la ciudad? ¿Por qué ya no es posible retirarse de la urbe? Es esta escritura muda de lo encontrado y de lo no presente la que deslumbra y al mismo tiempo concierne al transeúnte. Inundado por este sentimiento, y dictado por lo orgánico de las formas que saturan su vista, se propone retratar la narrativa de la naturaleza del paisaje que habita.

Ignacio del Río, Extrusión, 2020. Plancha de fierro con corte láser, objeto anclado al muro, 20 x 70 cm. Cortesía del artista.

La muestra permaneció abierta durante una semana en marzo, y tuvo que ser clausurada debido a las medidas de emergencia sanitarias implementadas tras el COVID-19. Se reabrirá al público en cuanto las condiciones lo permitan. OMA Art Gallery está ubicada en Triana 853, Centro Leñería, Santiago de Chile.

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