INTERVALOS, MEMBRANAS Y ZAMBULLIDOS AL HORIZONTE
“No creo en la uniformidad, en la homogeneidad”, dice Patricio Vogel a propósito de la ciudad, los paisajes, las fachadas, las envolturas de los edificios y también del cuerpo humano: la piel. Aquella dirección e intuición recorre el corpus de obra del autor, con una decantación que hoy se presenta en la exposición Semiología del dolor en Galería OMA. Entre series antiguas, obras seleccionadas y compartimentadas y un nuevo video inédito, Vogel nos entrega un recorrido por su imaginario a lo largo del tiempo que da cuenta del interés sostenido por aquellas fisuras que parten la continuidad aparente a la vista, asentada en forma de rutina y orden, y que se ha abocado a deshilvanar a lo largo de su quehacer artístico.
Desde hace varios años, el trabajo de Patricio Vogel nos despeja la llanura de un horizonte camuflado y en silencio. Sus obras nos hacen mirar de cerca algunas quebraduras que de lejos resultan lisas e imperceptibles: desde el rastro de las grietas que se hienden en la cal y el cemento, rectificadas tras las capas de pintura superpuestas y luego depuradas temporalmente por el artista (Territorio cifrado, 2000-2001), hasta las identidades y culturas que se aplanan en el ejercicio de clasificación del migrante, según aspecto, cuerpo y raza, sin dejar espacio a todo el intervalo de realidades que perviven en dicha compresión (Tente en el aire, 2016-2017). Hoy, parte de todo eso comparece en estas salas, a lo que además se suma un video inédito. Así, el conjunto de estos trabajos aquí reunidos nos permiten mirar por su hacer, sus metodologías de trabajo y sus procesos creativos en perspectiva.



“Soy un cristal humano desapareciendo entre la lluvia mientras muevo mis manos y brazos invisibles y grito mis invisibles palabras. Estoy desapareciendo pero no lo suficientemente rápido”, escribió David Wojnarowicz en su diario en 1991, un año antes de morir. Entre la invisible agitación desesperada en la escritura y la lenta y desapercibida muerte de su cuerpo, Wojnarowicz dejó plasmada aquella angustia en una página, quizás, lo único de lo cual tenía certeza en ese momento: su propio padecimiento, inmerso en un eterno paréntesis de espera. Aquellos umbrales del dolor, que viaja y se sobrelleva en el cuerpo, que recae entre órganos y terminales nerviosas, fueron importantes catalizadores para que Patricio Vogel ideara la muestra a la que hoy asistimos.
En el video que da título a esta exposición, colgado desde el techo en plano cenital, obligándonos a mirar hacia arriba, flexionar el cuello y dejarnos envolver por el sonido del pequeño espacio donde se ubica, las hormigas deciden desplazarse por la superficie del muro. Avanzan rápido, cruzan por las fisuras y craquelaciones del cemento y continúan en grupo. Luego, el movimiento de la imagen recorre un mapa, con las fronteras demarcadas y los nombres inscritos a cada lado del límite. Una serie de rostros de mujeres, cuyas imágenes y voces se superponen entre sí, nos anuncian declaraciones relativas a la migración, como acto grupal –similar al de las hormigas del principio– pero también como deseo de un prospecto mejor y por lo mismo desconocido. Migrar, de manera forzosa, dice Vogel, es aceptar y dejarse caer en un abismo, y es justamente aquel intersticio el que se persigue en estas secuencias y testimonios, que también se despliegan en los retratos grabados en bronce más al fondo, extraídos de la serie Raras producciones.
Por último, las capturas de mujeres veladas, superpuestas con palabras extraídas del sistema de clasificación de la Pintura de Castas, nos dejan ver dos lapsos que se encuentran en la misma imagen. Bajo el entendido de que la historia no es únicamente lineal ni cronológica, fotografías como estas –que forman parte de Tente en el aire– nos restriegan los límites de ambas estructuras, separadas por más de medio siglo de distancia, pero ahora condensadas por Vogel como una nueva rendija de entrada a la suma de acontecimientos en el tiempo.
En suma, la interrupción que suscita un contraste, la diastema que se abre entre dos estructuras, la pausa entre la extensión de las figuras verticales y el paréntesis de un deseo antes del precipicio, convergen aquí, desperdigadas en las salas.
*Texto que acompaña a la muestra.


Semiología del dolor, de Patricio Vogel, se presenta en OMA Galería, Ramón Carnicer 65 (Barrio Bustamante), Santiago de Chile, hasta el 19 de noviembre de 2022.
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