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GRAN SUR: ARTE CONTEMPORÁNEO CHILENO EN LA COLECCIÓN ENGEL

Pocas veces, el arte contemporáneo de Chile ha contado con vitrinas de exposición fuera del país que lo sitúen en el panorama artístico internacional bajo una lectura integral en relación con su propio contexto, y en conversación con otras culturas. Bienales como la de Venecia y, en menor medida, las de Mercosur, São Paulo o Berlín, han cumplido esa función. También es cierto que algunas galerías chilenas participan en ferias de arte en Madrid y otras ciudades en América Latina, pero estas presentaciones relámpago en un entorno febril de mercado difícilmente invitan a una aproximación y estudio detenidos de los procesos e ideas que hay detrás de la producción artística.

Es por eso que la presentación de la Colección Engel en Madrid reviste una oportuna significancia, sobre todo ahora que Chile se ha manifestado ante el mundo y que su institucionalidad –también la cultural- se ha puesto en entredicho. Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel abre hoy en la Sala Alcalá 31 y lo hace en el marco de la feria ARCOmadrid, la misma a la que Chile rechazó ser el país invitado en su edición del 2021. Es la primera vez en décadas que se ve en España una muestra tan importante de obras de artistas chilenos de finales del siglo XX y principios del XXI.

Fernando Prats, Gran Sur, 2011. Tubo de neón, estructura de madera, cable, aluminio y generador de energía. Cortesía del artista. Foto: Guillermo Gumiel
Fernando Prats, Gran Sur, 2011. Tubo de neón, estructura de madera, cable, aluminio y generador de energía. Cortesía del artista. Foto: Guillermo Gumiel

UN LABORATORIO PARA EL ARTE GLOBAL

Curada por el comisario y crítico de arte chileno Christian Viveros-Fauné, la exposición presenta una parte del acervo del empresario y coleccionista chileno Claudio Engel, integrado por más de 400 obras en múltiples medios, lo que la posiciona como una de las mayores colecciones de arte contemporáneo privadas de América del Sur.

La muestra reúne 89 obras de 37 artistas, como Juan Downey, Alfredo Jaar, Paz Errázuriz, CADA, Patrick Hamilton, Fernando Prats, Voluspa Jarpa, Pilar Quinteros y Enrique Ramírez, a fin de ofrecer un panorama tanto de las producciones “canónicas -establecidas o valorizadas- como las más jóvenes”, según explica el curador. “Como en toda selección, no están todos los que son ni son todos los que están; considerando la gran revuelta social que comenzó a mediados de octubre de 2019, Gran Sur presenta una historia de Chile y un relato del arte chileno que están lejos de ser finalizados”, explica.

Realizadas por trece mujeres, veintiún hombres y tres colectivos en ciudades como Santiago, Londres, Madrid, Barcelona, Nueva York y Los Ángeles, las obras que conforman Gran Sur demuestran, según el curador, “un fuerte compromiso tanto con la experimentación formal como con los principales temas de nuestro tiempo”, además de vehicular “uno de los rasgos más característicos del arte chileno: una alteridad tan excéntrica como privilegiada”.

“Parte del argumento que hago en esta exposición es que el arte chileno, desde mediados de los años 70, ha actuado como una especie de laboratorio social, digamos, para el arte global. Ha sido así en términos económicos y sociales y, por ende, culturales. Esto se ve reflejado en la literatura chilena, en el cine chileno y, por supuesto, también, en las artes visuales. Laboratorio en términos de la producción de arte visual que ha habido en Chile desde el año 1975 hasta el día de hoy. Ocurre que los conceptualistas del norte global, de Europa y Estados Unidos, en esas épocas (a finales de los 70 y comienzos de los 80) solían ser poco políticos. Pero en Chile, y en Latinoamérica en general, los artistas estaban tremendamente comprometidos. Sienten una obligación con la contingencia social y política de su momento. Y eso es una especie de avanzada, una alteridad que es excéntrica en su momento, pero que llega a ser casi central una o dos décadas más tarde. Es, en este momento, casi la receta convencional, por decirlo así, para el arte conceptual en Nueva York o en Londres, por ejemplo. Es hacerlo como lo hizo CADA. CADA básicamente es un avance de lo que hoy se llama Socially Engaged Art. Y en su momento, cuando CADA estaba haciendo esta obra, eran unos tremendos desconocidos. Es decir, hasta el día de hoy, nombres del arte chileno que están en grandes colecciones, como las del MoMA, la Tate y el Reina Sofía, se les conoce poco. Son canónicos, pero a la vez no son de primera plana, cuando evidentemente lo deberían ser. Chile, siendo el país que somos, al final del mundo, de alguna u otra forma terminamos estando en el eje de la atención mundial. Y, por ende, a veces transitamos momentos en los cuales, quizás, nos adelantamos, sino con los sucesos mismos, con las reacciones que producimos, tanto socioeconómicas como culturales, a lo que pasa en el resto del mundo”, explica el curador.

Vista de la exposición «Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel», en la Sala Alcalá 31, Madrid. Foto: Guillermo Gumiel
Vista de la exposición "Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel", en la Sala Alcalá 31, Madrid. Foto: Guillermo Gumiel
Vista de la exposición «Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel», en la Sala Alcalá 31, Madrid. Foto: Guillermo Gumiel

Se incluyen en la exposición desde el legendario The Laughing Alligator, video que Juan Downey filmó en la Amazonía venezolana en 1979, hasta cáusticas piezas políticas de producción más reciente. La obra que da título a la exposición, Gran Sur, es el enorme neón que Fernando Prats exhibió en la Bienal de Venecia de 2011, y que se hace eco de una publicidad divulgada en 1911 por el explorador polar Ernest Shackleton para su fallida expedición a la Antártida: “Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, regreso a salvo dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito”.

“Fuera del país, son contadas las veces que se han hecho muestras de arte contemporáneo chileno. (El coleccionista chileno) Juan Yarur hizo algo en Londres. No recuerdo exactamente bien, pero creo que fue hace una década o algo así”, relata Viveros-Fauné, refiriéndose a Tectonic Shift: Contemporary Art from Chile, una muestra con obras de la Colección Yarur que se realizó en la Phillips de Pury y Saatchi Gallery, en Londres, en el 2011. Al año siguiente, también en Londres, en la EB&Flow Gallery, se celebraba 33 Degrees South: Contemporary Art from Chile, organizada por la galerista chilena Cecilia Brunson (Cecilia Brunson Projects, Londres), quien trabajó con Yarur en la creación de lo que es hoy la Fundación AMA.

Claudio Engel en "Gran Sur", Sala Alcalá 31, Madrid, 2020. Foto: Guillermo Gumiel
Claudio Engel en «Gran Sur», Sala Alcalá 31, Madrid, 2020. Foto: Guillermo Gumiel

UNA COLECCIÓN PRIVADA QUE TENDRÁ SU PROPIO MUSEO

El interés del empresario Claudio Engel por las artes es heredado de su familia, donde reinaba la idea de que la cultura era clave para el desarrollo integral de las personas. Desde hace unos seis años, dedica su tiempo a una pasión que comenzó como un hobby: crear una colección de arte chileno contemporáneo. “Creemos que una obra de arte no es sólo una creación material, sino una manifestación del contexto donde se originó. Cada obra de la Colección Engel narra, desde una visión particular, la historia del artista y nuestra historia chilena”, dice Engel. “Tenemos un Chile convulsionado y dividido desde el 18 de octubre y queremos tratar de que el arte pueda volver a unir a un país para que sea transversal en sus ideas, como todo arte debe ser”.

Engel concibe su colección como el medio o la vía que facilite el acceso a la cultura, abriendo al público su colección en tanto patrimonio artístico de Chile y exhibiendo internacionalmente a los artistas visuales chilenos que le mueven. Tan es así, que actualmente, la Fundación Engel -una iniciativa de Claudio Engel y sus hijos Lucas, Nicolás, Benjamín y Francisca- trabaja en la creación de un museo de arte contemporáneo en Santiago de Chile, a partir de la colección de arte.

El NUMU (Nuevo Museo de Santiago) se plantea como un espacio para explorar el arte en todas sus expresiones y medios, donde la creatividad y la diversidad cultural, artística, social y política sean bienvenidas. A través de las exposiciones temporales y permanentes, así como de todo el programa de mediación del museo, se buscará construir un lugar dinámico, abierto a todos, de experimentación, inspiración, reflexión y promoción del conocimiento.

“La Colección Engel es una institución de vida, con todas la de la ley. Va a ser un museo de aquí a cinco años más. En Chile falta institucionalidad, y por eso lo que está haciendo Claudio junto a su familia es súper importante y, por lo demás, lo están haciendo muy bien”, dice Viveros-Fauné.

Vista de la exposición "Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel", en la Sala Alcalá 31, Madrid. Foto: Guillermo Gumiel
Vista de la exposición «Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel», en la Sala Alcalá 31, Madrid. Foto: Guillermo Gumiel

CHILE. ENTRE LEYENDA Y REALIDAD

La Fundación ARCO ha reconocido a la Colección Engel otorgándole el Premio “A” al Coleccionismo, que este año ha recaído también en otras cinco colecciones más, y cuya gala de entrega se celebra esta misma noche en el Casino de Madrid. En parte, esta es una de las razones por las que Gran Sur se instala en la capital española. Desde el 2017, la Sala Alcalá 31 acoge muestras vinculadas a colecciones sobre arte latinoamericano que inauguran cada año durante la celebración de ARCOmadrid: Latinoamérica en las colecciones CA2M y Fundación ARCO (2019), curada por Manuel Segade; Campo a través. Arte colombiano en la colección del Banco de la República (2018) [Comisaria: Estrella de Diego]; y Próxima parada: artistas peruanos en la Colección Hochschild (2017), con Octavio Zaya como comisario.

Todos estos antecedentes sitúan a Gran Sur como una exposición estratégica, no solo para la Colección Engel, en términos de visibilidad filantrópica, sino para mediatizar una cierta imagen país sacudida por la revuelta social que estalló el pasado 18 de octubre. La muestra habría representado también un testeo de aguas, una suerte de proyecto piloto que tomaría la temperatura del empuje público-privado necesario para que Chile acudiera como país invitado a ARCOmadrid 2021

“Las muestras de colecciones que se presentan en Alcalá 31 en varias ocasiones se han dado como una oportunidad, como un abrir de puertas, para que el próximo año el país de la colección que es invitada a hacer la muestra allí, sea parte de ARCO como país invitado”, explica Viveros-Fauné. “Nosotros estábamos muy al tanto de esto y tratamos, desde el principio, de ser agentes para que esto ocurriera, para que se diera esa instancia. Incluso, me atrevo a decir que nosotros efectivamente somos los primeros comunicadores, en Chile, a los distintos actores culturales, y también al Ministerio (de las Culturas, las Artes y el Patrimonio), para que entendieran y dimensionaran las posibilidades de lo que se presentaba como reto, como opción. Pero, desafortunadamente, no ocurrió. Entiendo, en lo personal, lo que significa la situación de fuerza mayor. Pero, por otro lado, creo que hay una responsabilidad compartida aquí, que no sólo recae en el gobierno, sino que recae también en los agentes culturales que fueron los que supuestamente tenían que hacer entender al gobierno y a los poderes relevantes de que esto se tenía que hacer sí o sí. Para mí, francamente, no hicieron bien la labor. Para mí, esto es un tema de fuerza mayor, pero más que eso, de una falta de implicancia importante de parte de aquellos actores culturales. Y me parece más que una oportunidad perdida. Estas son oportunidades que realmente son transversales hasta decir basta, y que son capaces de poner el foco internacional en una escena nacional como pocas otras. Esto fue más que una posibilidad de una exposición. Esto es más que una pena, es realmente… llega a ser casi patético. Y como te digo, yo en lo personal pienso que las culpas son muy compartidas. La responsabilidad principal recae en el gobierno, está claro. Pero no solo de él es la responsabilidad”, comenta.

Chile, como una especie de Gran Sur, está entre el mito y la leyenda y la realidad. Según Viveros-Fauné, “por un lado, somos una cuestión sin acabar el proceso, siempre. Pero, al mismo tiempo, estamos definidos por una cierta excentricidad geográfica, si no es otra cosa. El mismo hecho de tener la lejanía que tenemos del resto del mundo nos fortalece y también nos aproblema. Lo que sigue al estallido social, entrecomillas, del 18 de octubre, está en veremos. Pero lo que está claro es que la producción de arte visual chilena es muy fuerte, y seguirá de alguna forma u otra dando fe de estos cambios, como lo ha hecho hasta ahora. Y es importante considerar eso como algo positivo”.

Iván Navarro, Ocio, 2009. Luces de neon, madera y energía eléctrica. © Burke Foto: Guillermo Gumiel
Iván Navarro, Ocio, 2009. Luces de neon, madera y energía eléctrica. © Burke Foto: Guillermo Gumiel

Gran Sur: arte contemporáneo chileno en la Colección Engel, estará abierta del 25 de febrero al 26 de abril de 2020 en la Sala Alcalá 31 (Calle de Alcalá, 31, Madrid). La muestra es organizada por la Fundación Engel y la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, y ha sido curada por Christián Viveros-Fauné, con la asistencia curatorial de Paula Solimano.

Durante la inauguración, el 24 de febrero, se desarrolló a las puertas de Alcalá 31 “una bella manifestación por parte de ciudadanos chilenos, que fue apoyada del todo tanto por el curador como por la Fundación Engel”, según Viveros-Fauné.

Artistas participantes

Elías Adasme (Illapel, Chile, 1955), Francisca Aninat (Santiago de Chile, 1979), Natalia Babarovic (Santiago de Chile, 1966), Mónica Bengoa (Santiago de Chile, 1969), Francisca Benítez (Santiago de Chile, 1974), Adolfo Bimer (Santiago de Chile, 1985), Colectivo Acciones de Arte (C.A.D.A.) (1979), Cristóbal Cea (Santiago de Chile, 1981), Magdalena Correa (Santiago de Chile, 1968), Juan Downey (Santiago de Chile, 1940 – 1993), Andrés Durán (Santiago de Chile, 1974), Paz Errázuriz (Santiago de Chile, 1944), Gianfranco Foschino (Santiago de Chile, 1983), Nicolás Franco (Santiago de Chile, 1973), Catalina González (Santiago de Chile, 1979), Josefina Guilisasti (Santiago de Chile, 1963), Patrick Hamilton (Lovaina, Bélgica, 1974), Hoffmann’s House (1999), Alfredo Jaar (Santiago de Chile, 1956), Voluspa Jarpa (Santiago de Chile, 1971), Juan Pablo Langlois (Santiago de Chile, 1936 – 2019), Felipe Mujica (Santiago de Chile, 1974), Museo de Historia Natural Río Seco (2013), Iván Navarro (Santiago de Chile, 1971), Mario Navarro (Santiago de Chile, 1970), Álvaro Oyarzún (Santiago de Chile, 1960), Fernando Prats (Santiago de Chile, 1967), Alejandra Prieto (Santiago de Chile, 1980), Pilar Quinteros (Santiago de Chile, 1988), Camila Ramírez (Antofagasta, Chile, 1988), Enrique Ramírez (Santiago de Chile, 1979), Francisco Rodríguez (Santiago de Chile, 1989), Lotty Rosenfeld (Santiago de Chile, 1943), Jorge Tacla (Santiago de Chile, 1958), Rodrigo Valenzuela (Santiago de Chile, 1982), Camilo Yáñez (Santiago de Chile, 1974).

Alejandra Villasmil

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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