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ESTE MENSAJE HA SIDO ELIMINADO. LUCAS ESTÉVEZ EN GALERÍA NAC

La obra de Lucas Estévez (Chile, 1991) nos devuelve a la pintura de Kandinsky, Miró, Rothko, Pollock, Klein, Stella, entre otros. Vale decir pintura abstracta en cualquiera de sus variantes. Las grandes diferencias que definían a estos artistas, impostergables del siglo XX, son en la obra de Estévez minúsculas. El artista pone emoticones para acompañar sutiles gotas de un dripping a gran escala y retoma la paleta de Yves Klein para colorear un mensaje de voz de Whatsapp. En otras palabras, convierte la historia del abstraccionismo en materia de la emotividad digital del nuevo siglo.

La abstracción es un recurso visual que no le es propio al arte moderno, por mucho que se considere su sello, como punto límite del acto creativo. La abstracción siempre necesita un medio, y a finales del siglo XIX el arte había perdido buena parte de sus funciones, por tanto, la ecuación se dio de manera espontánea (de ahí la serie de corrientes que vio nacer el siglo pasado: expresionismo, suprematismo, concretismo, neoplasticismo, etc.). Este proceso dio protagonismo a toda práctica que desease hablar sin usar palabras. El arte moderno del siglo XX llega al abstraccionismo como vía de escape y recurso de exploración, pero toda época e individualidad humana tiene un vínculo singular con la abstracción, construido por innumerables estímulos que se encuentran dentro y fuera del mundo biológico o cultural. Cuando delimitamos lo abstracto dentro de los estatutos del arte su análisis se vuelve más sencillo, ya que se circunscribe dentro de una corta tradición, más corta aún que el concepto de arte que usamos hoy en día.

Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes

Lo interesante de la obra de Lucas Estévez es cómo asume su propio tiempo. Los lineamientos de toda corriente artística son restrictivos, coercitivos y apremiantes. La ventaja es que las preguntas formales más radicales ya fueron hechas por las vanguardias del siglo pasado. La condición del arte contemporáneo, en cambio, es expansiva. Otorga libertades formales ilimitadas, no obstante, borronea toda garantía prospectiva de valor, reconocimiento o trascendencia. Al arte contemporáneo se le ha impuesto como norma la incapacidad de transformar el mundo. Sin embargo, esto podría ser perfectamente otro mito al igual que el sinnúmero de interpretaciones que rodean al arte hoy.

La pintura como oficio es insistentemente interpelada por el presente. La respuesta de Lucas Estévez es rápida, inmediata, directa. No deja tiempo a interrogantes o titubeos. Es acelerada. En tiempos en que la novedad coincide con la obsolescencia, +56 9 es una exposición que condensa, mancha, se imprime de forma instantánea. Ocurre de manera simultánea, como una llamada telefónica y un mensaje en el buzón de entrada. El mundo rueda acelerado y por él avanzan y renacen nuevas interfaces, que unen y dividen el espacio y el tiempo, lo trastocan, separando la vida en virtud de los modos de experiencia virtual subjetiva. ¿Qué puede hacer un pintor frente a esta avalancha de estímulos?

La señal inalámbrica nos ha transportado hacia nuevas formas de convivencia e interacción. Estas están construidas por la zona franca del imaginario digital. Podemos estar conectados y unidos en cualquier parte del mundo. Nuestras experiencias sensibles están forjadas en base a avatares que revolotean sin descanso, y nuestros pensamientos se unen y separan dentro de softwares que codifican el mundo real. Diálogo y contacto directo, sensible, de igual a igual: un espejo donde somos una misma imagen. Todo se trama en el presente. Lucas Estévez no mira el reloj, la pintura es instantánea.

Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes
Vista de la exposición "+56 9", de Lucas Estévez, en Galería NAC, Santiago de Chile, 2020. Foto: Pía Bahamondes

+56 9 en Galería NAC está compuesta por piezas de diferente formato, que transitan y toman elementos del abstraccionismo geométrico, el op art, el informalismo expresionista y no expresionista y el pop y net art –si estos últimos responden de alguna manera al uso de emojis y símbolos mediales utilizados diariamente como parte de nuestro lenguaje–. Se trata de un trabajo centrado en la mirada que ofrece una interpretación o codificación del presente. Pero sobre todo una traducción de las formas de sentir, del modo de reaccionar e interactuar.

Lucas Estévez instala un universo pictórico propio para delinear una experiencia. El resultado es una serie de dispositivos que recurren a la pintura para habitarla. De ahí nace una pictografía y una paleta específica. Si las interfaces son la manera en que se dispone la información visual y simbólica, los modos en que se participa de este acto de mirar son completamente determinantes para nuestra configuración sensible. En este sentido, la pintura de Lucas Estévez es sintética en forma y contenido: reduce estructuras visuales y simbólicas de interface a la vez que reduce los propios estados emotivos de su intérprete, quien pinta. El tiempo de la obra es un tiempo gélido, frío, deshumanizado, como la pantalla de un celular, donde se cristalizan paradójicamente los sentimientos más puros de una especie en decadencia.

 


+56 9, de Lucas Estévez, se presenta en Galería NAC (Vespucio Norte 2878, Vitacura, Santiago de Chile) desde el 9 de enero al 7 de marzo de 2020.

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Diego Maureira

Nace en Santiago de Chile. Es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Se desempeña actualmente como ayudante en cátedras de arte moderno y contemporáneo, y ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas.

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