OSCAR MUÑOZ. THE LAST PICTURE SHOW: MARGINARIOS
Por Juan Sebastián Ramírez
La acción transcurre en un pequeño pueblo, olvidado y algo escondido, otrora un centro de actividad cultural y comercial ahora afligido por un largo declive, en donde viven tres amigos: Oscar, un artista, y Lina y Sebastián, que exhiben arte en una oficina heredada.
A lo largo de su vida, Oscar ha sido una suerte de recolector de fotografías tomadas por otros, que luego usa en su obra. Extraña encontrarse los fotocineros en los parques y los estudios fotográficos que en algún momento abundaron. Algunos de los últimos estudios que quedaban solían estar en el centro, principalmente alrededor del edificio de la Gobernación, y se dedicaban a la toma de fotografías para pasaportes de 4 x 3 cm. Desaparecieron casi todos cuando las fotos empezaron a tomarse directamente en las oficinas que expiden el documento.
Durante los últimos cinco años, Lina y Sebastián han estado recluidos en su oficina, haciendo exposiciones. Aparte de notar las oficinas vacías a su alrededor, por largo rato pasaron completamente por alto que, día tras día, el pueblo se quedaba más solo. Para ellos también ha llegado, tras considerarlo por años, el momento de partir. Ya no tienen mucho que los amarre: sus padres murieron y sus amigos se fueron antes que ellos. Lo que en algún momento fue una aventura, ahora sólo es costumbre. Planean una despedida con Oscar.
Antes de que cerraran los estudios del centro, Oscar recuperó allí los bordes de papel fotográfico que eran desechados cuando se hacía el refilado de cada una de las fotografías que luego se entregaban a los clientes. Minuciosamente reconstruyó uno por uno los recuadros, tanto como le permitían los fragmentos a su alcance, para luego fotografiarlos.
Oscar, Lina y Sebastián se reúnen una última vez en la galería para ver las fotografías ampliadas, para contemplar estos bordes. Intentan encontrar en estos márgenes algún indicio de la imagen de la persona que ocupaba el recuadro, pero es fútil: son fotografías del vacío que dejó cada una de las imágenes contenidas antes por los bordes. Buscan infructuosamente la imagen faltante como si se estuvieran mirando en un perturbador espejo que no refleja imagen alguna, pero las fotografías de Oscar solo les revelan la huella del fotógrafo anterior borrando la instantánea pasada.
Nunca importó lo que fueron previamente estas imágenes, todo se trata de la ausencia que queda cuando las partes se separan: es su despedida.
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