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CECILIA VICUÑA GANA PREMIO HERB ALPERT EN LAS ARTES

La artista visual y poeta chilena Cecilia Vicuña (1947) es la ganadora del Herb Alpert Award in the Arts 2019, en la categoría Artes Visuales, una distinción que reconoce a artistas que trabajan en los campos de las artes visuales, el cine y el video, la música, el teatro y la danza. Los otros ganadores son la puertorriqueña Beatriz Santiago Muñoz (1972), en la categoría Cine y Video; Pam Tanowitz (Estados Unidos, 1969), en Danza; Meshell Ndegeocello (Alemania, 1968), en Música; y Lloyd Suh (Corea/EEUU), en Teatro.

El Premio Herb Alpert en las Artes lo entregan la Fundación Herb Alpert y el California Institute of the Arts (CalArts) para “apoyar a artistas respetados por su creatividad, ingenio y cuerpo de trabajo, en un momento de sus vidas en el que están listos para impulsar su obra en direcciones nuevas e impredecibles”. Asimismo, “reconoce a los experimentadores que están haciendo algo que importa dentro y fuera de su campo”.

Algunos artistas visuales que han recibido este premio son Simone Leigh (2016); Tania Bruguera (2015); Emily Jacir (2011); Walid Raad (2007); Christian Marclay (2002); Shirin Neshat (2000); Roni Horn (1998); Kerry James Marshall (1997); y Carrie Mae Weems (1996).

El premio consta de una dotación de 75.000 dólares y una residencia de una semana en CalArts, una de las instituciones más respetadas y de mayor trayectoria en su campo a nivel mundial. Los premios fueron entregados el pasado lunes 13 de mayo en una ceremonia organizada por la Fundación Herb Alpert en Nueva York.

Respecto al reconocimiento a Vicuña, la directora de los Premios, Irene Borger, dijo que “parte de la belleza radical de su trabajo es cómo navega, vincula y destierra el tiempo y el espacio. Es mutable, efímero y va más allá de las categorías”.

Cecilia Vicuña crea canciones, performances, instalaciones, pinturas, filmes, obras escritas, libros, conferencias y esculturas. Profundamente influida por los tiempos de Allende e impactada por la dictadura de Pinochet y décadas en el exilio, Vicuña “crea una obra siempre atenta a la ética, la tierra y la historia”.

Entre sus obras más conocidas están los «precarios», pequeños objetos compuestos de materiales frágiles (palos, plumas, hojas, piedras, huesos) que desaparecen para regenerar una fuerza vital, así como instalaciones a gran escala de «quipus», hechas de lana y fibras teñida e inspiradas en el complejo sistema andino de registro con cuerdas anudadas, que “se transforman en poemas en el espacio, en representaciones táctiles de la interconexión entre los reinos cosmológico, natural y humano”.

«El gran laboratorio de mi arte es la improvisación, el performance participativo generalmente asociado a una instalación site-specific, que puede tener lugar durante varias iteraciones de la ‘misma’ pieza, en varios lugares. Los performances en el paisaje, las calles o los museos pueden involucrar grupos de personas medianos o grandes. Estos encuentros enfatizan la naturaleza colectiva de la creatividad, la necesidad de unirse a otros en la búsqueda de la transformación del mundo, la justicia, el equilibrio y la sostenibilidad», señala Vicuña. “Hoy, la conmovedora tragedia de la guerra, el desplazamiento y la destrucción de la vida nos piden un nuevo compromiso, de actuar y responder, creando formas de arte que hablan de un sueño, de la continuidad de la vida para las generaciones futuras. Esta búsqueda me ha llevado a profundizar en mis raíces indígenas, a reinventar el lenguaje del quipu como una metáfora de la unión de todos, un cordón umbilical cósmico. Un llamado a reimaginar antiguos ritos menstruales que explotan de alegría. Tengo la intención de dedicar el resto de mi vida a este fin, creando gestos imposibles de amor, actos que desaparecen, dando un giro a la destrucción del mundo».

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