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Tino Sehgal en la Pinacoteca:performance Sin Registro

Tino Sehgal, The Kiss, performance en la Pinacoteca do Estado de São Paulo. Imagen vía Veja Sao Paulo


 

La primera vez que vi algunas de las perfomances de Tino Sehgal me sorprendí. Pero no en el sentido crítico de la palabra, no por todas las estratificaciones de significado que se le puede y debe añadir a su obra, sino, literalmente, casi con susto, por experimentar lo inesperado en un contexto, los museos y las galerías, donde la mirada de cada uno llega ya educada, ya preparada a ver algo en el setting apropiado y en la forma correcta según las reglas canonizadas del espacio tiempo del arte contemporáneo.

Ese espacio sagrado que la tradición de la performance de los años sesenta y setenta, la de Fluxus y de Gina Pane, construyeron entre el espectador y el artista: aurático, de distanciamiento irreducible, ontológico, donde el actor parece investido de una autoridad divina, que siempre me recordó mis lecturas de colegio sobre las Pithias griegas y el oráculo de Delfi.

En las performance coreografiadas por Tino Sehgal, ese espacio se quiebra por completo, hasta el punto de no reconocer más la diferencia entre el espectador, el trabajador del museo y el artista, creando una liberadora sensación de confusión y extrañamiento. Aunque esta vez iba preparada y bien informada, tuve la oportunidad de experimentar nuevamente, en el imponente marco de la Pinacoteca do Estado de São Paulo, la divertida e inquietante sorpresa de los camuflajes humanos exhibiéndose en coreografías improvisadas. Es la primera vez que el artista inglés presenta su trabajo en Brasil y la elección de la Pinacoteca no fue casual, siendo la institución más representativa del arte decimonónico brasileño y que, por esa misma razón, es la plataforma perfecta para añadir más extrañamiento y radicalismo a sus performances.

Son cuatro las representaciones actuadas a lo largo de los meses de abril y mayo: The Kiss, This is good, This is propaganda, This is new. Casi todas, excluyendo The Kiss, que es un ballet clásico que reproduce los besos más famosos de la historia del arte, hacen hincapié en las condiciones de los trabajadores del arte; los protagonistas son los guardias del museo, que en cualquier momento empiezan a cantar o a declarar frases emblemáticas y sin sentido frente de los espectadores. Una feroz ironía que denuncia la nebulosa bien representada y muchas veces mal pagada que constituye el mundo del arte contemporáneo. Una denuncia que está dirigida también al sistema económico que soporta y mueve, desde el renacimiento por lo menos, una parte consistente del mundo del arte: el coleccionismo, que ya Walter Benjamin con la llegada de la fotografía teorizó como acabado hace casi cien años, equivocándose paulatinamente.

Sus coreografías no son de ninguna manera coleccionables y lo que se vende son gestos que no perduran, efímeros, o el derecho a representar y producir su obra en los museos y galerías. Tino Sehgal niega el derecho a hacer videos o fotografías de sus performance, evadiendo así la forma en que los demás artistas de la performance lograron ser coleccionados, convirtiendo el momento experimentado entre los actores y el espectador en el único registro de su obra.

Su León de Oro ganado en la última Bienal de Venecia confirmó que el tema de la democratización del mercado del arte contemporáneo, que la crisis económica europea impulsó, es la frontera hacia donde trabajar para buscar un nuevo equilibrio sustentable. El reto está en la búsqueda de un nuevo modelo que se replantee la posesión y la distribución de las obras de arte, que no sea tan manipulado por las especulaciones financieras y que sea más horizontal, y en un país como Brasil, donde las cotizaciones de los artistas en los últimos años se dispararon, el trabajo de Tino Sehgal es más que nunca significativo.

 


N.d.E: Como el artista no permite la documentación de sus obras porque quiere que el público viva el presente sin distracciones ni mediaciones -algo relevante en tiempos de redes sociales, cuando nada parece legítimo (o legitimarse) si no está registrado-, la que acompaña este texto ha sido tomada libremente de Internet, citando su fuente.

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Mariagrazia Muscatello

Crítica de arte, Licenciada en Filosofía por la Universidad de Parma (Italia), Magister en Comunicación y Crítica de Arte (Gerona-España). Ha sido responsable de prensa para la firma de diseño industrial Kartell en Milán, y asistente editorial para Gustavo Gili, en Barcelona. Ha publicado para diversos catálogos y revistas nacionales e internacionales, como “Flash Art”, “Artribune” y “Etapes”, entre otras.

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