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JONATHAN BALDOCK: AÚN APRENDO

La Casa Encendida presenta Aun aprendo, de Jonathan Baldock (Reino Unido, 1980), el tercer episodio del ciclo Un rastro involuntario, comisariado por This is Jackalope. La obra del artista británico a menudo adopta una forma biográfica, abordando temas como el trauma, el estrés, la sensualidad, la mortalidad y la espiritualidad, a través de nuestra relación con el cuerpo y el espacio que habita.

Su trabajo rebosa humor e ingenio, así como una cualidad extraña y macabra que canaliza su interés por el mito y el folklore. En sus piezas, mantiene el foco de atención en el contraste entre las cualidades materiales de la cerámica y los tejidos. Preocupado por simular la desaparición de los aspectos funcionales de los materiales que emplea, Baldock trabaja de una manera performativa a través de conjuntos escultóricos, llevando al espectador, el objeto y el espacio, en el que ambos se encuentran, a formar parte de un posible acto teatral o ritualístico. Su trabajo abarca múltiples técnicas, incluida la escultura, la instalación y el performance.

Para esta exposición, Baldock crea una realidad alternativa desde la que recuperar la habilidad de conectarnos con los elementos, de sincronizarnos de nuevo con el entorno natural y, por extensión, con el planeta. La muestra refleja una clara intención de conectar con la tierra y sus tiempos a la vez que replantea nuestro lugar en el mundo.

Baldock toma como punto de partida el dibujo de Goya del mismo nombre (Aun aprendo), que muestra a un anciano que camina a duras penas sostenido por dos muletas. En primera instancia, la imagen sitúa ante la voluntad y necesidad de seguir aprendiendo frente a las carencias de la vejez, pero la interpretación que interesa a Baldock es el sentimiento de humildad que transmite, que, en la situación de crisis humano-céntrica del mundo actual, acentúa la urgencia de adoptar una posición de escucha frente a la Naturaleza.

Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis

Las piezas expuestas han sido realizadas artesanalmente con materiales naturales -arcilla, arpillera, cera de abeja, agua, vidrio soplado a mano, madera- con el ánimo de facilitar la experiencia expositiva a través de los cinco sentidos y los cinco elementos. En la filosofía ayurvédica, los sentidos se relacionan con los elementos (espacio=tacto, aire=oído, fuego=vista, agua=gusto, tierra=olfato) y, en la medicina tradicional china, los cinco elementos se vinculan con cinco órganos vitales.

En ambas creencias el cuerpo humano sana al recuperar su equilibrio, en sintonía con la naturaleza. Ese espacio de sanación y espiritualidad es también al que llevan las piezas de Baldock: un abanico de fieltro representa el aire; una marioneta de vidrio soplado sostiene el agua; una vela encendida escucha con un par de orejas humanas fundidas trayendo el fuego al espacio; cinco taburetes de arcilla aluden a la tierra; dos grandes ojos dorados observan la interacción entre las obras y el espectador, representando el éter, el quinto y más poderoso elemento muchas veces representado como una deidad.

El artista también ha fabricado cuatro pilares textiles que rinden un homenaje escultórico a los árboles. Los “troncos”, que a su vez son huecos, permiten que el espectador se asome a su interior a través de una serie de agujeros que emiten luz y crean formas sugerentes que aluden a ese interior/exterior, y trastocan así las nociones binarias de la ecología y nuestras conexiones con el mundo natural.

Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis
Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis

La sala expositiva queda bañada también por un paisaje sonoro diseñado por Luke Barton que reproduce murmullos y zumbidos abstractos que dan voz a objetos y materiales orgánicos. Alex Margo Arden, por su parte, ha diseñado una suave sombra de olor compuesta por la mezcla de 42 productos químicos sintéticos, basada en relatos encontrados en foros de internet dirigidos a la comunidad interesada en lo paranormal.

El espacio también ha sido activado con un performance interpretado por Baldock y el artista Rafał Zajko Polonia, 1988). Ataviados con trajes ceremoniales y tocados que agrandan y distorsionan las proporciones humanas, asumen los roles de cuidadores de los seres elementales congregados en la sala. Una serie de movimientos ritualizados hacen resucitar a los seres que encuentran, transportándolos al presente para que residan en el espacio durante la exposición.

Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis
Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis

Las corrientes sobre las que se asientan estas piezas son las que apelan a un rechazo del mundo guionizado y excesivamente simplista y racional que nos condiciona. Reivindica la búsqueda de una manera alternativa de conocimiento, trazando nuevas trayectorias entre el pensamiento antiguo y la creación contemporánea. Esta potencialidad o posibilidad de explorar otras realidades y mundos alternativos conecta con lo queer (Queer Ecologies: Sex, Nature, Politics, Desire, de Catriona Mortimer‐Sandilands y Bruce Erickson; Cruising Utopia: The Then and There of Queer Futurity, de José Esteban Muñoz) y con un deseo de explorar la idea de lo “roto abierto” (The Broken Open, de So Mayer).

El artista se pregunta “¿de qué manera menos narcisista y simplista podemos relacionarnos con la naturaleza?” Desde Occidente se ha estructurado nuestra realidad a partir de un interés por la extracción y la explotación, del que la agricultura es un buen ejemplo. La historia de las estaciones tiene su origen en Deméter, la diosa mitológica griega de las cosechas, cuyos estados de ánimo determinaban su éxito o fracaso. El número de estaciones cambia según la cultura. Por ejemplo, el antiguo calendario japonés reconoce 24 estaciones, o sekki, compuestas por periodos de 15 días que pueden dividirse a su vez en 72 variantes, mientras que, en Mesopotamia, el año solar se dividía en dos estaciones y en Asiria en tres. Incluso los meteorólogos y los astrónomos entran en conflicto y las organizan de diferentes maneras.

Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis

“¿Cómo plantear una nueva relación con nuestro planeta, más allá de la marcada por los usos y abusos generados para el disfrute y el empoderamiento humanos?” En Plant-Thinking: A Philosophy of Vegetal Life, Michael Marder—filósofo ligado al pensamiento medioambiental—exhorta a revisar el concepto de objetividad, acercándonos al pensamiento vegetal, y propone la noción de “fito-centrismo” para abordar la vida en relación con lo inorgánico, atendiendo a las “comunidades de crecimiento” trans-especie y/o trans-reino. En La vida de las plantas, Emanuele Coccia propone aprender de ellas, sobre todo en lo relativo a su capacidad para adherirse al mundo que las rodea.

No solo se da una reivindicación de la naturaleza sino también de otros ritmos y otras temporalidades, más allá de las marcadas por la productividad y la eficiencia o por un desarrollo lineal propulsado hacia un futuro marcado por un supuesto crecimiento infinito. Trabajar lentamente durante largos periodos de tiempo no solo lleva a una estrecha afinidad con los propios materiales sino también a una sanación íntima y comunitaria. La socióloga Silvia Rivera Cusicanqui reclama un mirar atrás (al futuro, lo que no vemos y no conocemos) y adelante (al pasado) para poder caminar en el presente futuro. Es decir, propone una celebración anacrónica del tiempo desbordado, expandido y maleable.

Donna Haraway habla a su vez de cómo el bordado de calado indígena típico de Cartago (Colombia), realizado de forma lenta y a mano, desempeña un papel esencial “en estos tiempos difíciles y se convierte en un ejercicio clave para la sanación personal e íntima, para reconstruir comunidades destruidas y para contar las historias de la tierra, el agua, el desplazamiento y los futuros aún posibles”.

Según This is Jackalope, “todo el tiempo dejamos rastros, siendo conscientes o no de ello. Podría decirse que ‘somos’ en tanto que dejamos un rastro, existimos (o hemos existido) en tanto a las huellas que dejamos. Nuestra presencia es perceptible más allá de si buscamos ser percibidos o no. Nuestro rastro involuntario dice mucho más de nosotros que aquellas señales que dejamos a propósito. Los rastros involuntarios guían a otros, aportan información sobre nuestra identidad, aunque no estemos presentes”.

Vista de la exposición «Aún aprendo», de Jonathan Baldock, en La Casa Encendida, Madrid, 2021. Foto: Bego Solis

This is Jackalope es una organización independiente dedicada a la creación, producción y difusión de las prácticas artísticas contemporáneas fundada y dirigida por Cristina Anglada y Gema Melgar. Es una plataforma con vocación de actuación internacional desde la cual producir proyectos culturales que experimenten con los formatos y discursos, generando así una vía de intercambio y difusión entre los discursos vigentes en distintas comunidades artísticas.


JONATHAN BALDOCK: AÚN APRENDO

La Casa Encendida, Ronda de Valencia 2, Madrid.

Hasta el 26 de septiembre de 2021

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