En la era pre-internet, la pornografía provenía de revistas, cómics, imágenes pin-up, o de la renta de video-films en la sección especial para adultos de las tiendas de películas. Ese primer mercado vino de la mano con el surgimiento de subculturas que permitieron catalogar y derivar el contenido pornográfico, lo cual facilitaba la búsqueda de acuerdo con los gustos del consumidor. Con el tiempo, estas plataformas se convirtieron en símbolos de una expectación dedicada a la difusión y al esparcimiento del sexo como entretenimiento. Digo pre-internet, porque actualmente el consumo de información ha cambiado de manera drástica: la expansión de la tecnología a la red acabó por modificar lo que vemos y cómo lo vemos. En consecuencia, los algoritmos virtuales se han encargado de ordenar la información a partir de nuestras búsquedas, sumado a lo que decimos en voz alta; a los “me gusta” o a lo que compartimos en nuestras redes sociales diariamente. El contenido está ahí, se organiza y crece con nosotros, y desde él, la manera de relacionarnos y acercamos a los asuntos referentes a la sexualidad en la contemporaneidad.

Basada en una investigación sobre el cuerpo, María Niño (Táchira, Venezuela, 1988) desafía la experiencia erótica convencional y nos presenta en Señoras Online un conjunto de obras que parten del análisis de dos categorías del porno: el erotismo de la tercera edad y el culto al ano. Aquí, las obras sirven en el espacio como elementos de un proceso que traza y describe el recorrido de la artista a través de esas subculturas en la red, desde las cuales no solo cuestiona la relación del sujeto con el sexo en la actualidad, sino que también nos remite a nuestra experiencia como espectadores y usuarios.

En su mayoría, las pinturas que conforman esta exhibición en Abra Caracas están protagonizadas por personajes que continuamente nos esperan, nos miran, nos incitan y provocan, nos invitan a participar y a formar parte de su juego. Contienen la expectativa que gira en torno a las cosas que queremos conocer y a las cuales, sin embargo, nos cuesta acceder por múltiples razones. Abuelas desnudas, viejos promiscuos, pinturas realizadas a partir de capturas de pantalla de resultados de búsquedas en la web, espacios de censura. Podríamos preguntarnos: ¿a cuál de estas imágenes accederíamos si tuviésemos tales búsquedas en nuestro teléfono?, ¿a qué otros vínculos nos llevarían?

Vista de la exposición "Señoras online", de María Niño, en Abra, Caracas, 2019. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición "Señoras online", de María Niño, en Abra, Caracas, 2019. Foto cortesía de la galería

Junto a ellas, encontramos anos prolapsados como rosas que florecen. Estas imágenes, en suma, se nos revelan similares a identidades que han dejado caer toda máscara [1] y se han dispuesto a disfrutar para disfrutarse. Es así como lejos de explicarlas dentro de un espacio formal y decisivo, nos disponemos a observar cómo emergen, lo que sugieren, lo que aspiran, lo que revelan y las preguntas que traen en torno a los paradigmas de estas áreas de la sexualidad.

La obra consigue una salida del molde [2] habitual, investida en los procesos que atañen al soporte pictórico: Niño elabora dos siluetas que están sentadas y retoma –desde un plano tridimensional– los cuestionamientos que han girado en torno al lienzo. De tal forma, haciendo uso de un –ars combinatoria- de imágenes y vínculos populares en Internet, utiliza stickers de emojis de flores y los sitúa como pines, elaborando un juego de interacciones que permite la entrada del espectador al soporte. Con esto, amplía la experiencia y nos sitúa en el lugar del usuario, al proponer una breve e irónica relación en torno a cómo los recursos virtuales han pasado a formar parte de nuestra cotidianidad. ¿Somos lo que vemos y vemos lo que somos?

Vista de la exposición "Señoras online", de María Niño, en Abra, Caracas, 2019. Foto cortesía de la galería

Las esculturas que la artista presenta en esta exhibición son materialmente didácticas y provocadoras, nos introducen al acto directo de comer y defecar. Desde allí, sugiere una nueva apertura al gesto de tocar un ano con el dedo; al quebrantamiento del tabú; a la observación de los cuerpos envejecidos. La invitación de la obra es el replanteamiento de lo que nos separa de los actos vitales del cuerpo, una búsqueda a su naturalidad en el presente. Sin embargo, el acto de comer o de observar los cuerpos como espejos digitales son apenas algunas de las formas de repensar nuestro entorno. Por ello, Niño crea un inflable en forma de flor, del cual pudiéramos extraer las semejanzas más comunes: la flor como emblema del romance y la belleza en contraposición a la figura del ano en tanto lugar de censura.

La artista describe su práctica creativa a partir del humor, juega con estas ideas y con los temas que surgen alrededor de ellas. Nos permite cuestionar los aspectos más básicos de la pintura por medio de preguntas habituales que giran alrededor del cuerpo y la sexualidad, realizando vínculos entre los temas que trata y el soporte que los contiene. Mostrándonos todo eso que está ahí, esperando ser leído y activado por nosotros.

 


[1] Rigel García: “María Niño. Anito penetrable inflable” en Premio Eugenio Mendoza #15. Caracas, Sala Mendoza, 2019, p.72

[2] Rigel García: “María Niño. Anito penetrable inflable” en Premio Eugenio Mendoza #15. Caracas, Sala Mendoza, 2019, p.72

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Paola Nava

Nace en Maracaibo, Venezuela, en 1994. Es periodista egresada de la Universidad Rafael Belloso Chacín, Maracaibo. Actualmente cursa el Magíster en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Directora de la revista literaria independiente INSILIO.

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