Que vivas en tiempos interesantes (May You Live in Interesting Times) es el tema central de la 58° Bienal de Venecia, propuesto por el curador de esta edición, Ralph Rugoff. Junto con la exposición central que aborda esta premisa, a través de una selección de obras que se ocupan -con mayor y menor éxito- de cuestiones urgentes como los neo-colonialismos, el intervencionismo neoliberal, las políticas extractivistas, las catástrofes ambientales y migratorias, la necropolítica o la xenofobia, se encuentran los tradicionales Pabellones de las representaciones nacionales, un modelo expositivo cuestionado por su caduco centralismo geopolítico, pero que, aún, puede funcionar para tomar el pulso de cómo los artistas, en diferentes puntos del planeta, se hacen cargo –o no- de las contingencias antes mencionadas, pertenezcan estas a sus propios territorios como a nivel global. Los Pabellones representan “una pluralidad de voces”, como bien lo ha afirmado Paolo Baratta, el presidente de la Bienal, y en este post recogemos las más altisonantes y estimulantes de ellas.

GHANA

Vista del Pabellón de Ghana, Ghana Freedom, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Ghana, Ghana Freedom, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Ghana, Ghana Freedom, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Ghana, Ghana Freedom, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella

Elogiado por la crítica especializada internacional, el Pabellón de Ghana debuta en la 58° Bienal de Venecia con un proyecto titulado Ghana Freedom, inspirado en la canción homónima compuesta por E.T. Mensah en la víspera de la independencia de ese país del África Occidental en 1957. La propuesta curatorial de Nana Oforiatta Ayim examina el legado que ha dejado esa libertad en el trabajo de seis artistas ghaneses pertenecientes a tres generaciones.

Arraigada tanto en la cultura ghanesa como en sus diásporas, la exposición del pabellón incluye tapices a gran escala de El Anatsui; una instalación de Ibrahim Mahama que emana aroma de pescado ahumado, típico del país; obras de la destacada fotógrafa Felicia Abban –reconocida como la primera fotógrafa profesional mujer de Ghana-; pinturas de Lynette Yiadom-Boakye; una proyección cinematográfica de tres canales de John Akomfrah; y una video escultura de Selasi Awusi Sosu.

Las obras se integran perfectamente a la estructura diseñada por el arquitecto David Adjaye, una serie de espacios interconectados de forma elíptica que se inspiran en estructuras clásicas de Ghana, y que están cubiertos con tierra extraída del país.

El Pabellón de Ghana está dedicado a su asesor estratégico, el recientemente fallecido curador nigeriano Okwui Enwezor.

INDIA

Vista del Pabellón de India, Our time for a future caring, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de India, Our time for a future caring, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de India, Our time for a future caring, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de India, Our time for a future caring, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella

Gracias a una nueva asociación entre los sectores público y privado, India regresa a la Bienal de Venecia tras su única y última presentación en el 2011. Esta vez lo hace celebrando el 150° aniversario de Gandhi con el proyecto Our Time for a Future Caring, una muestra colectiva que se involucra críticamente con las muchas facetas de Mahatma Gandhi, considerando sus ideas filosóficas y su lugar en el complejo mundo de hoy, en el que la violencia y la intolerancia siguen prevaleciendo.

La muestra reúne a grupo intergeneracional de artistas que abarcan desde el siglo XX hasta nuestros días, y quienes a través de obras en diversos medios -pintura, escultura, video-instalaciones y fotografía- exploran temas como la historia, la memoria y la identidad indias.

La exposición comienza con los Paneles de Haripura de Nandalal Bose, que se exhiben por primera vez en Europa a través de un préstamo de la Galería Nacional de Arte, y continúa con la conmovedora instalación de video de Jittish Kallat, Covering Letter, que también se muestra en Europa por primera vez. Se trata de una carta escrita por Gandhi a Hitler proyectada en la niebla.

Ashim Purkayastha y Atul Dodiya presentan trabajos relacionados con momentos específicos de la historia de Gandhi (este último se refiere a Gandhi como «un artista de la no violencia»), mientras que GR Iranna, Rummana Hussain y Shakuntala Kulkarni abordan otros aspectos del legado de Ghandi, como la verdad y la tolerancia.

El Pabellón ha sido organizado conjuntamente entre el Ministerio de Cultura y la Confederación de la Industria de la India (CII). Está curado por el Museo de Arte Kiran Nadar y es comisariado por el Director General de la Galería Nacional de Arte Moderno.

ESTADOS UNIDOS

Vista del Pabellón de Estados Unidos, Liberty/Libertà, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Estados Unidos, Liberty/Libertà, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Estados Unidos, Liberty/Libertà, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Estados Unidos, Liberty/Libertà, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli

Por primera vez en la historia, el Pabellón de Estados Unidos en la Bienal de Venecia ha sido organizado por una institución cuyo programa de artes visuales se enfoca exclusivamente en arte público: Madison Square Park Conservancy. En cooperación con la Oficina de Asuntos Educativos y Culturales del Departamento de Estado, presentan Liberty/Libertà, un conjunto de piezas recientes de Martin Puryear, que con una trayectoria de más de cinco décadas es considerado uno de los escultores vivos más grandes de ese país.

“Cuando Puryear se enteró de que representaría a nuestro país en la Bienal de Venecia su respuesta fue que lo haría como artista y como ciudadano. Esta postura no es nueva para aquellos que conocen a Puryear y su obra escultórica. Ciudadanía, lealtad, democracia, libertad y responsabilidad son nociones que lo han impulsado durante mucho tiempo”, señala la curadora y comisaria del Pabellón, Brooke Kamin Rapaport, directora adjunta y curadora del Madison Square Park Conservancy, en Nueva York.

Su presentación en Venecia es una meditación sobre la libertad como un tema humano esencial y, específicamente, cómo este concepto es interpretado y aplicado tanto en Estados Unidos como en las narrativas históricas mundiales.

La libertad, la retención de la libertad, la explotación de la libertad, la justicia moral y la responsabilidad son explorados aquí por Puryear a través de objetos en madera, bronce, hierro y otros materiales nobles. Sus formas, aunque sutiles y a la vez poderosas y cargadas de simbolismo, desafían categorías y expectativas de cómo se puede cuestionar la historia, modificar la conciencia e investigar la libertad.

FRANCIA

Vista del Pabellón de Francia, Deep See Blue Surrounding You, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Francia, Deep See Blue Surrounding You, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Francia, Deep See Blue Surrounding You, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Francia, Deep See Blue Surrounding You, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli

Francia es representada en la Bienal de Venecia por Laure Prouvost, artista ganadora del prestigioso Premio Turner en 2013 que reside entre Londres, Amberes y una caravana en el desierto croata. La piedra angular de su proyecto, Deep See Blue Surrounding You, es una película de ficción que toma la forma de un viaje iniciático, una saga alegre filmada en el transcurso de un periplo por las carreteras de Francia, desde los suburbios parisinos hasta el norte del país, desde el Palais du Facteur Cheval hasta el mar Mediterráneo, y finalmente hasta Venecia.

La película, que está llena de diálogos y expresiones idiomáticas que son representativos del trabajo de Laure Prouvost, está protagonizada por una docena de personajes encontrados a lo largo del viaje, de diferentes edades y orígenes, con habilidades performáticas específicas, como magia, danza y música.

Una instalación escultórica in situ enriquece y desarrolla los temas de la película, dentro y fuera del Pabellón, utilizando los procesos típicos de la práctica de la artista, como objetos descartados usados en el film, resina, arcilla, vidrio, plantas y vapor de agua.

Varios performers van dando vida al pabellón, interactuando con la arquitectura y los objetos expuestos. El estado líquido es una fuente de inspiración para el concepto de Deep See Blue Surrounding You que ofrece una inmersión metafórica en el estómago de un animal tentacular, y se hace eco del contexto de Venecia, una ciudad flotante construida sobre agua y por el agua.

AUSTRALIA

Vista del Pabellón de Australia, Assembly, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Assembly, de Angelica Mesiti, still de video. Pabellón de Australia en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Cortesía de la artista
Assembly, de Angelica Mesiti, still de video. Pabellón de Australia en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Cortesía de la artista
Assembly, de Angelica Mesiti, still de video. Pabellón de Australia en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Cortesía de la artista

Australia presenta Assembly, de Angelica Mesiti, un nuevo trabajo audiovisual proyectado en tres canales dentro de un anfiteatro especialmente construido. Los videos que muestran cada pantalla, filmados en las cámaras del Senado de Italia y Australia, viajan por los pasillos, salas de reuniones y parlamentos, mientras que los performers, representando la multitud de ancestros que constituyen la Australia cosmopolita, se reúnen, dispersan y vuelven a reunir como para demostrar la fuerza y creatividad de una comunidad en evolución.

En Assembly, una reunión comunitaria es un negocio precario, un correctivo necesario y un medio para que las personas con autoridad reconozcan el poder colectivo de «la gente». «A través de la metáfora de la traducción y el acto en sí, exploro la necesidad muy humana y cada vez más urgente que tenemos de reunirnos de manera física, en un espacio físico, en estos tiempos complejos», señala la artista.

La obra utiliza y personifica las energías exílicas de quienes buscan pertenecer a la comunidad: los jóvenes, las mujeres, los indígenas, los recién llegados, los exiliados, los esperanzados, los refugiados y los artistas. Angélica Mesiti ilustra la recolección gradual de acciones e ideas que conforman una democracia que se aleja de una jerarquía tiránica para volverse más horizontal e incluso circular.

ARGENTINA

Vista del Pabellón de Argentina, El nombre de un país, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Argentina, El nombre de un país, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Argentina, El nombre de un país, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella
Vista del Pabellón de Argentina, El nombre de un país, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Italo Rondinella

Por primera vez en la historia de los envíos argentinos a la Bienal de Venecia, la cancillería -a través de la Dirección de Asuntos Culturales- hizo una convocatoria pública y abierta para seleccionar a el/la representante de Argentina. Tras recibir 68 propuestas de artistas argentinos de diferentes puntos del país, la seleccionada fue Mariana Telleria (1979), artista de Santa Fé que vive y trabaja en Rosario. Junto a Florencia Battiti, historiadora del arte y docente, presentan el proyecto El nombre de un país, que según la curadora condensa los sedimentos del mundo operacional y conceptual de la artista, particularmente, el uso de iconografía religiosa y objetos encontrados.

El proyecto consta de siete esculturas monumentales que, a modo de un bestiario punk frankensteineano, se presenta como el soporte de intuitivas transformaciones sobre las cosas, como un archivo de sentidos desacralizados, donde la iconografía religiosa comparte con los objetos producidos por la cultura popular, la moda, los desechos, el espectáculo y la naturaleza, una misma jerarquía horizontal.

“En estas esculturas me interesa trabajar a partir de la forma de cada una de las cosas y señalar, de alguna manera, que lo único natural es, en realidad, la convivencia caótica entre objetos vivos e inertes, entre cultura y naturaleza, entre orden y destrucción. Cada cosa tiene su alma, su impronta formal y su historia material. Hay tragedia en todo, pero en todo también hay algo de vida”, señala la artista.

Así, en palabras de la curadora, “cuando las obras de Telleria ponen las cosas (y sus imaginarios) en relación con otras cosas (y con otros imaginarios) trazan conexiones insospechadas entre los diversos significantes de nuestra cultura (lo sagrado, lo doméstico, lo urbano, lo natural) encendiendo por fricción, por contacto, nuevos destellos de significación”.

BRASIL

Bárbara Wagner & Benjamin de Burca, Swinguerra, 2019, still de film. Cortesía: Fundação Bienal de São Paulo
Vista del Pabellón de Brasil, Swinguerra, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Bárbara Wagner & Benjamin de Burca, Swinguerra, 2019, still de film. Cortesía: Fundação Bienal de São Paulo
Vista del Pabellón de Brasil, Swinguerra, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli

Bárbara Wagner & Benjamin de Burca (Brasilia, 1980 / Múnich, 1975) llevan al Pabellón de Brasil su nuevo film Swinguerra, bajo la curaduría de Gabriel Pérez-Barreiro. Presentada a modo de videoinstalación en dos canales, la película condensa años de investigación de los artistas sobre el fenómeno cultural recifense de la swingueira, en donde grupos de danza de 10 a 50 personas entrenan rigurosamente para presentarse en competiciones anuales.

«La swingueira es una especie de actualización de un conjunto de tradiciones como la cuadrilla, la escuela de samba y el trío eléctrico, practicada de forma autónoma e independiente por jóvenes que se encuentran regularmente en canchas deportivas en la periferia de Recife», explica Bárbara Wagner. «Es un fenómeno que nace de la necesidad de integración social, pasa por la experiencia de identidad y llega al escenario y al Instagram como una forma de espectáculo alimentado por el mainstream, pero que sobrevive absolutamente fuera de él», añade.

Así como en las obras anteriores del dúo, Swinguerra toma la forma híbrida de un documental musical que crea un espacio ambiguo en la medida en que las dimensiones ficticias y documentales se encuentran, instaurando un tercer territorio de lenguaje. «Los artistas presentes en nuestras películas son personas que conocemos de cerca y con quienes colaboramos para el guion. En las filmaciones, ante la cámara, ellos se personifican a sí mismos, pues es ese tipo de conocimiento traído en el cuerpo el que queremos analizar junto con ellos «, afirma la artista.

Según Pérez-Barreiro, «Swinguerra presenta un panorama profundo y empático de la cultura brasileña contemporánea, en un momento de significativa tensión política y social. Los cuerpos en la pantalla, predominantemente negros (muchos de ellos de género no binario), están de muchas formas en el centro de disputas contemporáneas sobre visibilidad, derecho y autorrepresentación. Como en las demás películas del dúo, cuestiones de género, raza, poder y clase son abordadas de forma compleja, sin tomas de posición simplistas o reduccionismos por parte de los artistas. Los flujos económicos que acompañan el surgimiento de estos fenómenos culturales, así como los conflictos personales enfrentados por los bailarines, atraviesan toda la película. Sin embargo, estos no configuran una narrativa, sino que constituyen el telón de fondo de lo que es comunicado por los cuerpos en escena, sus movimientos y la tradición que comparten”.

ESPAÑA

Vista del Pabellón de España, Perforado por, de Itziar Okariz y Sergio Prego, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Claudio Franzini
Vista del Pabellón de España, Perforado por, de Itziar Okariz y Sergio Prego, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Claudio Franzini
Vista del Pabellón de España, Perforado por, de Itziar Okariz y Sergio Prego, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de España, Perforado por, de Itziar Okariz y Sergio Prego, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli

El Pabellón de España es ocupado por el proyecto Perforado por, de los artistas vascos Itziar Okariz y Sergio Prego, y curado por Peio Aguirre. Concebido específicamente para el espacio de Venecia, fue elegido entre otros proyectos por un comité asesor presidido por el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, contando con la conformidad de la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas de la AECID y de Acción Cultural Española (AC/E).

Partiendo de una economía de medios, Itziar Okariz y Sergio Prego realizan una obra austera y contundente, compleja a través de la simplicidad. Sus obras se caracterizan por elaborar formas e imágenes despojadas que participan de aquella voluntad de transgresión, de resistencia, que Susan Sontag definiera como estilo radical.

“El gesto y trazo principal en esta exposición consiste en abrir, ensanchar el espacio desde una ocupación que en realidad es su contrario, una desocupación o vaciamiento”, apunta el curador.  Así, agrega, “perforar es agujerear parcialmente algo, una cosa, imagen o espacio, atravesándolo pero dejando entrever lo que había en primer lugar, alterándolo en el acto de la perforación. Esta exposición de Sergio Prego e Itziar Okariz se propone como una perforación – en un sentido metafórico y literal – a través de performance, sonido, imagen, escultura y arquitectura”.

Cada uno a su manera, tanto Okariz como Prego trazan este vínculo entre la subjetividad, la sexualidad y los entornos cada vez más construidos por el poder, o el biopoder, en una tradición artística que encuentra en el performance, el body art y el posminimalismo sus precedentes históricos más inmediatos.

En Las estatuas (2018-2019), Okariz presenta conversaciones en voz baja y careos que ella mantiene con figuras y objetos de arte. Estos careos se extienden durante el periodo que dura la Bienal, por lo que la obra va cambiando y el espectador tiene la impresión de encontrarse ante algo vivo, en proceso y no acabado. Dos esculturas presentes en el pabellón, una estatua de Jorge Oteiza de 1948 y una pieza contemporánea del artista peruano Armando Andrade-Tudela, sirven a la artista para continuar con estas conversaciones. Okariz indaga en el carácter ontológico de los objetos y en el antropomorfismo de las formas en el arte.

En Respiración oceánica (2018-2019) el espacio físico de la exposición y el público devienen una caja de sonido y resonancia. La artista y otra performer ejecutan una serie de ejercicios de respiración a intervalos delante de un micrófono que propaga su sonido por todo el espacio. Este performance, junto a otras acciones, tuvieron lugar en los días de inauguración.

Junto a estas obras, presenta un video inédito de la serie Mear en espacios públicos y privados (2001-2006) que cuestiona el uso de las convenciones de género y el performance de la masculinidad, que interroga críticamente el régimen de lo normativo, el uso del espacio público y privado, lo que está permitido y lo que no, a partir de una elaboración de un imaginario feminista y queer.

Sergio Prego, en tanto, redefine las relaciones entre arte y espacio expositivo, objeto artístico y experiencia estética. La escultura ha sido tradicionalmente el medio más propicio para indagar en la naturaleza del cuerpo y su relación con el espacio y el tiempo. Prego interviene la arquitectura del Pabellón instalando en el jardín o fachada trasera una escultura site-specific donde se muestra la capacidad de fluidez del agua y otros materiales. A esto se añade una investigación formal sobre el principio de “plasticidad” y lo orgánico mediante un conjunto escultórico que conforma un jardín “extrañado” y a la vez en armonía con el paisaje veneciano, su vegetación y el carácter fluido del agua. Esta investigación sobre la forma se complementa con dibujos que ilustran especímenes botánicos y naturales, órganos corporales y otras formas intersticiales, biológicas y sexuales.

URUGUAY

Vista del Pabellón de Uruguay, La casa empática, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Uruguay, La casa empática, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Uruguay, La casa empática, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli
Vista del Pabellón de Uruguay, La casa empática, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Francesco Galli

La Casa Empática, proyecto de Yamandú Canosa (1954) curado por Patricia Bentancur y David Armengol, es una síntesis discursiva y dramática que abarca la poesía visual del artista uruguayo. Según el texto curatorial, el título elegido por el artista proporciona dos incentivos iniciales que conectan su carrera profesional con su biografía. En primer lugar, una alusión simbólica a la casa u hogar, borrosa y reinterpretada como resultado de movimientos migratorios, tráfico, anhelo y afiliación mestiza. En segundo lugar, la noción de empatía, abordada aquí como la relación ideal con el otro, una relación que es necesaria para definir nuestra identidad dentro de las complejidades culturales y raciales que conforman el mundo contemporáneo.

Por lo tanto, La Casa Empática alude a la inestabilidad de la realidad social y política global desde una posición de complicidad y diversidad. La obra de Canosa es una invitación a resolver un enigma lleno de significados cruzados. Wittgenstein creía que los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro propio lenguaje, y en estas instalaciones inmersivas Canosa nos ofrece un paisaje narrativo construido y habitado por el lenguaje y por la experiencia cognitiva y emocional de la mirada. La instalación entabla un diálogo con la propuesta del curador de la Bienal, Ralph Rugoff, Que viva en tiempos interesantes, una declaración que habla de la incertidumbre, la crisis y la agitación en que vivimos.

Las pinturas, dibujos, fotografías y obras murales en La Casa Empática se organizan como un «territorio-paisaje» del mundo, un «paisaje total» inclusivo y empático. Conceptos como territorio, frontera, mestizaje, pertenencia, inestabilidad y diferencia se expanden a partir de la poética de la mirada aguda del artista, crítica y esencial. En este paisaje del mundo, el horizonte articula la iconografía de las cuatro paredes de la galería: el Muro Sur, el Muro Este, el Muro Norte y el Muro Oeste, que colocan el Pabellón del Uruguay en el mapa de los Giardini. A La Casa Empática se ingresa desde el sur. El paisaje total se completa con la intervención en la fachada y el cielo estrellado instalado en el techo del pabellón y su reflejo en el suelo. El horizonte sugerido por Yamandú Canosa es nuestro vínculo común y ejemplifica la belleza de nuestra igualdad y nuestra diferencia. La Casa Empática es la casa de las fronteras rotas.

REPÚBLICA DOMINICANA

Vista del Pabellón de República Dominicana, Naturaleza y biodiversidad en la República Dominicana, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Miguel Ramírez. Vista del Pabellón de República Dominicana, Naturaleza y biodiversidad en la República Dominicana, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Hulda Guzmán. Vista del Pabellón de República Dominicana, Naturaleza y biodiversidad en la República Dominicana, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Alessandra Casciotti. Vista del Pabellón de República Dominicana, Naturaleza y biodiversidad en la República Dominicana, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù

Aun cuando la República Dominicana ya ha participado en varias ediciones de la Bienal de Venecia con artistas dentro de lo que fuera el Pabellón Latinoamericano –auspiciado por el IILA-, por primera vez en esta edición muestra en un Pabellón propio dentro del Palacio Abrizzi a un grupo de cinco artistas unidos por la noción de lo «caribeño», así como por aspectos en sus obras que definen las condiciones actuales de la naturaleza y la biodiversidad en la República Dominicana.

De los cinco participantes nacidos en la República Dominicana, dos viven en Santo Domingo –Hulda Guzmán y Miguel Ramírez-, mientras que los otros tres –Julio Valdez, Ezequiel Taveras, Darío Oleaga– viven y trabajan en Nueva York, sin perder el contacto con sus orígenes: de hecho, tanto los que aún viven en la isla como los que no, se comprometen a reflejar su identidad a través de sus respectivas obras. La muestra incluye, además, un grupo de artistas italianos invitados: Rita Bertrecchi, Nicola Pica, Annalaura di Luggo y Alessandra Casciotti.

El grupo de artistas seleccionados “integran en sus obras, con extrema facilidad, elementos biológicos, antropológicos, vegetales y zoomorfos. Conscientes y orgullosos de su identidad nacional y regional, los artistas imitan, representan, reinventan la naturaleza, en ambientes que a veces son inusuales, suspendidos entre la realidad y la imaginación. En las obras observamos el deseo de comunicarnos con el universo y la vida, afirmando el papel clave de la naturaleza y la biodiversidad, según lo establecido en el tema elegido para la Bienal de Venecia”, según un comunicado de prensa.

CUBA

Vista del Pabellón de Cuba, Entorno aleccionador, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Vista del Pabellón de Cuba, Entorno aleccionador, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Vista del Pabellón de Cuba, Entorno aleccionador, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù
Vista del Pabellón de Cuba, Entorno aleccionador, en la 58° Bienal de Venecia, 2019. Foto: Andrea Avezzù

El Pabellón de Cuba en la Bienal de Venecia, con sede en la isla San Servolo, ha sido comisionado en esta edición por Norma Rodríguez Derivet, con la curaduría de Margarita Sánchez Prieto. La muestra, Entorno aleccionador, reúne los trabajos de Alejandro Campins, Ariamna Contino, Alex Hernández y Eugenio Tibaldi, quienes comparten la idea de que las acciones individuales nos importan a todos y afectan múltiples lugares y áreas.

“Este proyecto incluye obras interdisciplinares, así como pinturas e instalaciones”, dice la curadora. “Nos enseñan varias lecciones ambientales: mostrar cuánto se le ha quitado a la naturaleza para crear una obra de arte; retratar bunkers erigidos en paisajes y alegorizar amenazas ocultas; exponer la falsa creencia de que podemos manipular fácilmente el mundo natural con sus propias estructuras e inteligencia; y volver a considerar los lugares de importancia simbólica para promover los ideales sociales a fin de repensar globalmente estas políticas en el tiempo presente”.

Los artistas abordan las relaciones entre el hombre y el medio ambiente. Campins retrata las tierras donde los bunkers simbolizan amenazas ocultas. Contino reflexiona sobre cómo los recursos del medio ambiente han contribuido al desarrollo de la humanidad, y propone devolver lo que se ha tomado de la naturaleza para crear una obra de arte. Alex Hernández está decidido a explotar el espacio tanto como pueda, descubriendo, en tal intento, que la inteligencia humana tiene un rival poderoso en el mundo natural. Finalmente, Tibaldi se enfoca en los lugares simbólicos donde progresaron los ideales sociales.