El pasado 16 de abril se lanzó en la Cineteca Nacional el libro Visiones Laterales: Cine y video experimental en Chile (1957-2017), escrito por Claudia Aravena e Iván Pinto, una revisión exploratoria y analítica sobre las formas audiovisuales de carácter experimental realizadas en Chile desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. En este trabajo, los autores entienden el estatuto de «lo experimental» “no como un género dentro de la familia audiovisual, sino como una actitud que revisa y pone en cuestión los límites y sus formatos; lo entendemos como una vocación de subversión que impide la fosilización estética, y abre posibilidades de exploración” (p. 253). El libro, publicado por Ediciones Metales Pesados, tiene como antecedente el ciclo de cine y video experimental homónimo llevado a cabo en la Cineteca Nacional durante los años 2013 y 2014.

Con motivo de su publicación, el pasado 11 de mayo se realizó en el Centro de Documentación de las Artes Visuales (CeDoc), ubicado actualmente en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos, la jornada Curatoría y Coloquio. Visiones Laterales, dedicada a la discusión del video experimental en Chile y la región. Según Pinto, esta actividad de extensión perseguía “darle al libro una existencia más allá del objeto cerrado”, ya que la idea de la publicación “siempre fue la de un libro abierto a la discusión”.

El coloquio contó con la participación de Wolfgang Bongers, Sebastián Vidal, José Miguel Palacios, Sebastián Valenzuela, Claudio Guerrero, Alejandro de la Fuente y Elisa Cárdenas, así como de la directora de Cerrillos, Beatriz Salinas, y los autores del libro, Claudia Aravena e Iván Pinto.

Considerando la ausencia casi generalizada del video experimental dentro de los espacios propios de las artes visuales, buscar lugares donde situar la emergencia de estas instancias dentro del contexto de la escena artística actual se vuelve una tarea de gran complejidad. A pesar de la proliferación del soporte por excelencia de la imagen en movimiento, la pantalla, dentro de museos y galerías, estas se ven limitadas a la reproducción de registros de performances, happenings o acciones artísticas. De esta manera, y a nuestro pesar, el video experimental como lugar de producción artística continúa siendo un marginado de estos espacios. Y si resulta complejo encontrar una participación —por más escasa que esta sea— en espacios artísticos como los mencionados, la labor se vuelve imposible si buscamos su presencia dentro de la academia. La Universidad de Chile, que por largos años fue el lugar que albergó a artistas y productores de video experimental, hoy ha dejado de serlo. Basta con recorrer los lugares que en el pasado se establecieron como enclaves de producción del video experimental (ICEI, Cineteca de la U. de Chile, Facultad de Artes) para encontrarse con la vigente ausencia creativa y de enseñanza, quedando todo limitado a los destellos tanto reflexivos como productivos de académicos y estudiantes motivados por iniciativas personales. A pesar de esto, es común encontrarse ocasionalmente con actividades que dialogan de manera tangencial con el video arte en estos espacios (como la charla magistral Beyond Resolution, realizada el año pasado en el marco del Festival Proceso del Error en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile) pero, una vez apagadas las luces, vuelve el silencio. Es por esto que la realización de actividades con las características de la recientemente llevada a cabo en Cerrillos, y en vistas de la falta de articulación efectiva con espacios que trabajen sobre el video experimental, se aproximan de manera peligrosa al riego de caer en el cliché de la conmemoración nostálgica de antiguas glorias.

El coloquio se enmarcó en el contexto de la inauguración del ciclo 2018 de la sala de visionado Cabina Audiovisual del CeDoc, que desde el 11 de mayo y hasta el 1 de julio presentó una selección de obras de Carlos Altamirano, Gloria Camiruaga, Lotty Rosenfeld, Eugenio Dittborn, Néstor Olhagaray, Carlos Flores y Andrea Goic, entre otros. Organizado por Aravena y Pinto, este ciclo audiovisual estuvo acompañado de un texto curatorial escrito por los autores del libro. Además, gran parte de los archivos audiovisuales discutidos en el libro puede encontrarse en el acervo documental perteneciente a CeDoc que, según su coordinador, Ignacio Szmulewicz, “en sus inicios puso un fuerte énfasis en la colección de video arte, que era de muy difícil acceso y se encontraba en manos de artistas, investigadores o gestores culturales que habían desarrollado proyectos en la década de los 80 y 90, y hoy en día todo ese material es de acceso público”.  De este modo, CeDoc alberga una de las colecciones de video arte más importantes a nivel nacional.

No obstante, ya sea por desinterés u otro motivo más bien fortuito, CeDoc no ha conseguido realizar una verdadera movilización investigativa de la gran cantidad de material audiovisual que ha acumulado a lo largo de los años. Sin ir más lejos, al revisar los diversos ensayos escritos en los cinco volúmenes de Ensayos Visuales publicados hasta hoy —una de las apuestas más ambiciosas de CeDoc en cuanto el estímulo de la investigación—, encontramos la ausencia absoluta del video experimental como objeto de estudio. Esto, a pesar del ya mencionado gran acervo audiovisual encontrado en CeDoc, que en vistas del peligro de la inactividad corre el riesgo de caer al olvido, elemento que Derrida en Mal de Archivo (1996) presenta como término constitutivo del «archivo» “El concepto de archivo abriga en sí, por supuesto, esta memoria del nombre arkhé. Mas también se mantiene al abrigo de esta memoria que él abriga: o, lo que es igual, que él olvida” (p. 10). Ante esta amenaza y la dificultad de movilizar los archivos en grandes investigaciones, no está de más sacudirlos desde actividades que los interpelen.

En la primera mesa de la jornada participaron Wolfgang Bonger, José Miguel Palacios y Sebastián Vidal, quienes discutieron y reflexionaron en torno a las implicancias del libro Visiones Laterales, y el estado del video experimental en la actualidad. Uno de los elementos a destacar de la conformación de esta mesa es la uniformidad y articulación lograda entre las ponencias, consiguiendo no solamente entregarle una consistencia teórica, sino que también —haya sido de manera imprevista o no— una linealidad correlativa al desarrollo de esta, partiendo con las reflexiones estructurales sobre la imagen de Bongers, pasando por el analisis de Visiones Laterales de Palacios, para llegar finalmente a la discusión de algunos casos puntuales por parte de Vidal.

En primera instancia, Wolfgang Bonger realizó una aproximación a las trayectorias de la imagen y el arte dentro de la era digital. Así, refiriendo a Serge Daney —quien, dando un giro a la sociedad del espectáculo, entiende que la condición sine qua non para que haya una imagen es la alteridad—, indicó que dichas tensiones propias de la imagen “pueden encontrarse en los proyectos y experimentaciones de los que habla el libro de Claudia e Iván, imágenes experimentales que reflexionan junto a espectadores emancipados sobre su propia construcción entre lo simbólico, lo imaginario y lo real en un mundo entregado al capitalismo salvaje, digital y fuera de control”. En estos términos, las imágenes producidas por los artistas referidos en el libro llegan a establecerse como dispositivos de resistencia ante las visualidades fugaces y de consumo características del capitalismo tardío. La presentación del académico de la Universidad Católica, a pesar de tornarse por momentos una reflexión demasiado abstrusa sobre la relación entre la imagen en la era digital y el video arte, fue sin dudas la ponencia que consiguió de mejor manera estimular una verdadera reflexión sobre el video experimental, a través una propuesta reflexiva propia sobre sus repercusiones en el campo del arte actual.

El coloquio continuó con la presentación de José Miguel Palacios, quien pensando el territorio intermedio entre cine y video experimental en el que se sitúa el libro —ya desde su mismo título— desde una perspectiva al menos bidimensional, se aproxima a «lo expandido». Así, propuso que más allá de la vocación subversiva propia del video experimental, y gracias a su posición intermedia, estas imágenes en movimiento consiguen reunir diferentes disciplinas, materialidades, lenguajes y tecnologías, logrando hacer de sus propios medios de producción y circulación parte de su reflexión. Es decir, una puesta en crisis de los mismos medios que lo hacen posible.

Luego fue el turno de Sebastián Vidal, quien a partir del rescate de un ensayo personal escrito durante el 2011 en el marco de un curso dictado por Andrea Giunta en la Universidad de Texas, habló de las influencias que significan las experiencias de vida en la elaboración de las obras, y viceversa. Esto, tomando como referencia las obras audiovisuales Popsicle de Gloria Camiruaga, y La comida de Magaly Meneses con Sybil Bintrup. “Quería vincular algo que me parece interesante entre la percepción de dos video artistas del periodo que utilizan el alimento como un recurso significativo, simbólico, estructural para poder generar la denuncia y el acto de dislocación respecto al contexto”, comentó Vidal. Un contexto que leído desde la perspectiva de Nelly Richard —teórica citada por el mismo Vidal— se muestra regido por una dominancia masculina, a la que estos videos rivalizan, buscando un descentramiento del desarrollo hegemónico-masculino de la historia del arte.

Hacia el final de la primera mitad de esta jornada, Iván Pinto y Claudia Aravena realizaron algunos comentarios y precisiones sobre el libro y el video experimental en Chile, manifestando las inquietudes que finalmente los llevaron a publicarlo. Para Aravena, “se hacía necesario producir una publicación que diera cuenta de una trayectoria y tipo de producción de imagen que no había visto, y me generaba ruido ver que sí se hacía en países vecinos”. Además, enfatizaron la necesidad de continuar desarrollando búsquedas, investigaciones, y análisis sobre el video arte, entendiendo la inmensa cantidad de material disponible aún no trabajado.

El bloque de la tarde continuó con tres presentaciones que, a partir de investigaciones en desarrollo, se aproximaron al estado actual del video arte y el video experimental. De esta manera, entendiendo que los límites propuestos para esta segunda mesa se trazaron para proponer una aproximación al video experimental desde los resultados de investigaciones, esto llegó a cumplirse solamente de manera parcial. Si bien las investigaciones de Sebastián Valenzuela, Claudio Guerrero y Alejandro de la Fuente respondieron de forma certera a lo propuesto, lo expuesto por Elisa Cárdenas no consiguió articularse con las presentaciones previas, ni dar de manera clara con su verdadero tema de interés; ni siquiera respondió a la temática de la mesa, limitándose a una serie de aproximaciones preliminares a una investigación futura y algunas memorias del Festival Franco-Chileno de Video Arte.

Sebastián Valenzuela presentó una investigación basada en un fragmento de su tesis de magister —próxima a ser publicada de manera íntegra por Metales Pesados—. La presentación, denominada Mediaciones del cuerpo a través del soporte audiovisual, fue una aproximación al lugar que ocupa el video-performance dentro del video arte. La presentación de Valenzuela situó al primer auge del video-performance en Chile a comienzos de los 70, en una bifurcación entre el desarrollo del performance y las nuevas tecnologías capaces de generar registros. Otros antecedentes relevantes fueron la realización del Festival Franco-Chileno de Video Arte y el Concurso de la Colocadora Nacional de Valores. Así, a partir de registros de Mario Fonseca, Soledad Fariña y Marcela Serrano, articuló un trayecto entre las tensiones que suponen los vínculos de la imagen, el cuerpo, la plástica y los soportes, lo que lo llevó a concluir, entre otras cosas, la ausencia investigativa de reflexiones plásticas sobre el montaje y la utilización del soporte audiovisual, y la existencia de una sincronía temporal del video-performance chileno, europeo y norteamericano.

La jornada contó también con la participación de la Directora de Cerrillos, Beatriz Salinas, quien expuso a los asistentes sobre el lugar del CeDoc dentro de las proyecciones del Centro Cultural. “El CeDoc es una pieza clave dentro del proyecto que tenemos en el Centro Cerrillos, que busca ser un espacio de difusión sobre el arte contemporáneo y todas sus prácticas, dentro de las cuales el proceso de investigación es una parte sumamente importante”.

Avanzada la tarde, Claudio Guerrero y Alejandro de la Fuente presentaron parte de una investigación realizada para la Cineteca Nacional sobre el Grupo Proceso, acervo que en su momento fue donado, prácticamente de manera íntegra, a la institución por uno de sus miembros. El grupo se desarrolló durante la primera mitad de la década de los 80 al calor de las protestas urbanas bajo la dictadura. Estos micro-documentales se caracterizaron por registrar de manera directa a sus protagonistas: obreros, campesinos, dueñas de casa. De esta manera, el enfoque no estaba centrado en los hechos de violencia callejera —ampliamente extendido durante el periodo— sino en dar cuenta de otras experiencias cotidianas de rearticulación social que les permitiera imaginar una realidad alternativa a la presentada, todo esto gracias a la masificación de tecnologías de registro y reproducción de video en las clases populares chilenas.

El coloquio concluyó con la presentación de Elisa Cárdenas, que expuso su experiencia personal en el Festival Franco-Chileno de Video Arte durante la década de los 80, situándolo como un hito cultural dentro del campo artístico santiaguino. Según Cárdenas, el festival se presentó como un espacio «colorido» dentro del panorama gris del Chile dictatorial, consiguiendo articular a una gran variedad de artistas (fotógrafos, pintores, dramaturgos, poetas, entre otros) que participaron e hicieron de este un enclave de la producción creativa de la escena artística del periodo. El espíritu del festival le permitió configurarse como un lugar único para el desarrollo de lenguajes artísticos aislados, vetados y prohibidos en los espacios oficiales, llegando inclusive —desde las perspectivas más optimistas— a generar una poética propia. La falta de consistencia de esta presentación, a diferencia de las dos anteriores, debido en gran medida a lo incipiente de la investigación, hizo que la dinámica se fuera tornando en una amena conversación de sobremesa, más que en las reflexiones propias que las circunstancias exigían.

Finalmente, si es que hay un destino común hacia el que todas las presentaciones transitaron, fue el de continuar expandiendo los estudios sobre el video experimental en Chile, en razón del gran volumen de material disponible a la espera de ser rescatado e investigado y, asimismo, la necesidad de ser puesto en tensión con la actual producción de imágenes. Una expectativa que también es presentada como hoja de ruta por parte de los autores del libro: “Esperamos que todo esto abra posibilidades analíticas para nuevas indagaciones. Cuando comenzamos a investigar nos encontramos con escasos materiales enfocados a abordar estas expresiones” (p. 255).

Si por largo tiempo la ausencia de trabajos de carácter antológicos como el presentado en el libro sobre el video experimental fue una tónica, hoy ya no lo es tanto, y la posibilidad de generar discusiones, conversaciones y debates, como las desarrolladas durante el coloquio Visiones Laterales, es finalmente una de las formas de hacer de los archivos, objetos dinamizadores de la investigación y partícipes —o no— del diálogo actual sobre las artes.

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Roberto González Encina

Nace en Santiago de Chile. Tesista en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Diplomado en Literaturas del Mundo (UCH). Desde el 2017 es miembro del Equipo Editorial de la Revista Punto de Fuga. Actualmente es parte del Centro de Documentación de las Artes Visuales (CEDOC).

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