Lehmann Maupin presenta hasta el 6 de julio La India Contaminada, exposición con la que Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948) debuta en la galería neoyorquina. Esta representación de la obra de la artista marca un nuevo hito en su trayectoria, que ha venido ganando la debida y merecida visibilización a través de varias exposiciones alrededor del mundo en los últimos cuatro años.

Si bien Vicuña ha exhibido ampliamente en Estados Unidos y otros países durante más de tres décadas y vive desde hace tiempo en Nueva York, esta es la primera exposición panorámica de su trabajo en esta ciudad. En ella se incluyen una instalación de su serie Quipus, varias esculturas de medios mixtos de su serie Precarios, así como videos y pinturas que abarcan desde 1969 hasta 2017.

La India Contaminada se presenta simultáneamente con la exhibición de su instalación monumental Disappeared Quipu, en el Brooklyn Museum, donde también se exponen algunas obras suyas como parte de la colectiva Radical Women: Latin American Art, 1960 -1985.

Disappeared Quipu, una instalación inmersiva compuesta por grandes hebras de lana anudada colgantes y una proyección de video, es presentada por el Centro de Arte Feminista Elizabeth A. Sackler del museo, y se ubica en el gran hall de la institución. Otro trabajo de esta serie se presentará a partir de octubre de este año en el Museum of Fine Arts, Boston (MFA), junto a colecciones históricas de quipus.

Vista de la exposición “La India Contaminada”, de Cecilia Vicuña, en Lehmann Maupin Gallery, Nueva York, 2018. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York/Hong Kong.

Poetisa y artista multidisciplinaria, Cecilia Vicuña aborda temas críticos de la modernidad y la contemporaneidad -destrucción ecológica, feminismo, derechos humanos y homogeneización cultural- a través de proyectos que unen poesía, performance, pintura e instalaciones site-especific desarrollados a lo largo de más de 40 años.

Sus Quipus (en quechua, “nudo”) reinventan el antiguo sistema andino para registrar estadísticas y narrativas mediante el anudado de hilos de colores. Históricamente, el quipu ha sido considerado como un simple dispositivo burocrático, pero las investigaciones recientes demuestran que representaban un complejo sistema de conocimiento con dimensiones simbólicas y virtuales de enorme valor existencial y social que conectaban a las comunidades. Abordando este más amplio paradigma, Vicuña construye sus Quipus como poemas en el espacio, incluyendo a menudo activaciones rituales en las que se desplaza -sola o con otros- entre las largas columnas de lana anudada.

Estas representaciones táctiles de la interconexión expansiva de los ámbitos cosmológico y humano relacionan su trabajo con el movimiento de la Poética Cuántica, que busca describir una realidad que no se ajusta a la percepción estándar. Para Vicuña, la Poética Cuántica está alineada con la cosmovisión indígena de las Américas.

Vista de la exposición “La India Contaminada”, de Cecilia Vicuña, en Lehmann Maupin Gallery, Nueva York, 2018. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York/Hong Kong.

En esencia, el trabajo de Cecilia Vicuña es más poético y filosófico que antropológico. Su empleo de lana teñida, cruda y sin procesar, y que dispone enrollada en la obra Caracol Azul (2017) o suspendida del techo en Quipu Visceral (2017), crea una meditación visual sobre los espacios liminales entre la vida y la muerte, los humanos y la naturaleza, el pasado y el presente, representados en los difusos y fibrosos hilos de lana. “El quipu es una metáfora de la unión de todos. Un cordón umbilical cósmico que nos conecta entre nosotros y las galaxias donde nace la vida”, señala la artista.

Ahora que nos aventuramos en el Antropoceno, los Quipus de Vicuña sirven como un recordatorio de la arrogancia que separa a la humanidad de la naturaleza, pidiéndonos que reconsideremos nuestros orígenes e interconectividad. Esta conexión cosmológica es evidente en otra serie escultórica, Lo Precario. Cada componente –“basuritas”, como las llama Vicuña- de estos pequeños y precarios objetos ha sido seleccionado por su potencial formal y de representación. Esto le da a cada objeto una complejidad infinita por sí mismo, una sinécdoque de la gran instalación en su conjunto, destinada a ser interpretada como una constelación.

Vicuña comenzó a componer estos pequeños objetos en costas oceánicas alrededor de 1966, con la intención de que se desintegraran y desaparecieran con las altas mareas inmediatamente después de su creación. La artista continúa realizando este ritual en canales fluviales de todo el mundo, al tiempo que lleva sus precarios al espacio expositivo, presentándolos en las paredes, el piso o en vitrinas, donde la fragilidad de la composición y los materiales advierten sobre su precariedad.

En la muestra también se incluye Noche de las especies (2009), una video animación presentada como una instalación envolvente que remite al cosmos y a cuerpos etéreos, realizada por Robert Kolodny tomando como referencia dibujos de la artista.

Vista de la exposición “La India Contaminada”, de Cecilia Vicuña, en Lehmann Maupin Gallery, Nueva York, 2018. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York/Hong Kong.
Cecilia Vicuña, Camilo Torres, 1978, óleo sobre tela de algodón, 139.4 x 118.7 cm. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York/Hong Kong

Vicuña ha ganado reputación como activista a través de sus obras de carácter multidimensional, sus performances, filmes y escritos que confrontan el patriarcado, la supremacía blanca, los gobiernos violentos y totalitarios y el saqueo ecológico. Esto se hace visualmente evidente en sus pinturas creadas durante la década de los 70, que encarnan y describen la ruina de siglos de adoctrinamiento y dogma.

Como sus Quipus, las pinturas de Vicuña hacen referencia a la historia de América Latina, en este caso, a los primeros puntos de contacto entre los españoles y los indígenas, cuando los artistas incas fueron convertidos por la fuerza al catolicismo y alistados para pintar y adorar iconos religiosos europeos. Sin embargo, encontraron formas de subvertir a sus nuevos gobernantes incorporando en las representaciones su propia cosmovisión e iconografía cultural. Estas primeras pinturas cristianas sudamericanas son una visualización tangible del mestizaje que definió el período colonial, en el que se requería fusionar un modo de vida originario con otras formas alienígenas impuestas para sobrevivir.

De manera similar, Vicuña adopta este método al usar un estilo representativo colonial para crear estas imágenes, pero incorporando una iconografía revolucionaria. Pinturas como Leoparda de Ojitos (1976) ponen en evidencia este modo de pensar “contaminado”, atreviéndose a posicionar la perspectiva de una mujer indígena, descolonizada, presentada a los espectadores a través de La India Contaminada, como un emblema de la historia y el potencial humanos. Un regreso al pasado para comprender y transformar el futuro.

“Cecilia Vicuña: Disappeared Quipu”, vista de la instalación en el Brooklyn Museum, Nueva York, 2018. Foto: Jonathan Dorado. Cortesía: Brooklyn Museum
“Cecilia Vicuña: Disappeared Quipu”, vista de la instalación en el Brooklyn Museum, Nueva York, 2018. Foto: Jonathan Dorado. Cortesía: Brooklyn Museum

CECILIA VICUÑA. LA INDIA CONTAMINADA

Lehmann Maupin, Nueva York

Del 19 de mayo al 6 de julio de 2018

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CECILIA VICUÑA: DISAPPEARED QUIPU

Brooklyn Museum, Nueva York

Del 18 de mayo al 25 de noviembre de 2018

Imagen destacada: Vista de la exposición La India Contaminada, de Cecilia Vicuña, en Lehmann Maupin Gallery, Nueva York, 2018. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York/Hong Kong.