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Por Olivia Ardui

¿Cómo acercarnos a un tiempo irremediablemente pasado? Es fácil perderse en la fascinación de la textura vintage y en sus contornos históricos que sólo el paso de los años puede delinear. Resulta tentador, también, considerarlo como un posible espejo para leer e incautar el presente, y el futuro tal vez. Entre fantasías anacrónicas y una búsqueda de experiencias y diálogos presenciales, el trabajo de Felipe Mujica (Santiago de Chile, 1974) se sitúa entre la actualización y la idealización, en una constante relectura del modernismo. Un trabajo-testigo de su inclinación por las experimentaciones formales, el potencial crítico y político de la abstracción geométrica de Rusia de los años 1920, así como de las vanguardias y movimientos sociales latinoamericanos de los años 1960 y 1970. El artista se apropia no solamente de las referencias visuales de ese pasado reciente, sino que también incorpora métodos colaborativos en su proceso de trabajo.

La filiación voluntaria del trabajo de Mujica con esas propuestas experimentales se hace visible en dos exposiciones individuales realizadas en 2017. Se trata de Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario, realizada entre el 20 de mayo y el 24 de junio en la Casa Triángulo en São Paulo, y Dedicated To The Bird We Love, entre el 30 de julio y el 9 de septiembre en la galería von Bartha, en S-chanf, Suiza, en las que expuso un conjunto similar de obras. Ambas abarcaron una amplia selección de trabajos de Mujica que –desde su serie de cortinas, pasando por sus serigrafías, hasta sus libros de artista– traen a luz esa constante oscilación entre ruptura y continuidad, pasado y presente, lo individual y lo colectivo.

Una de las series más representativas de esa participación de terceros en su trabajo tal vez sea el conjunto de Cortinas. Desde 2006 Mujica trabaja en paneles de tela decorados con motivos geométricos que unas veces se repiten, otras se reflejan, otras se contraponen. El punto de partida siempre serán sus dibujos, los que realiza en gran número, como los bosquejos que desfilan, página a página, en el vídeo Cuaderno n°3 (Ecos). A partir de esas composiciones de su autoría, el artista abre un camino de decisiones para los individuos con quienes ha colaborado en determinado momento, ya sean alumnos de un taller, estilistas o los propios costureros, como es el caso de la cooperativa Bordadeiras do Jardim Conceição, en São Paulo, con cuyos integrantes Mujica produjo las piezas de las exposiciones mencionadas.

De esta comunión de muchas manos y toma de decisiones sobre colores y materiales a ser utilizados, resultan paneles que remiten al imaginario de la pintura abstracta y que también establecen un diálogo con la arquitectura de la sala de exposición. Raras veces estas cortinas están dispuestas contra una pared. Además, como sucedió en Casa Triángulo y en la galería von Bartha, suelen valorizar el espacio con sus superficies suspendidas y flotantes que se mecen lentamente con la brisa o con el propio movimiento del visitante de la muestra. Esos muros efímeros, banderas pivotantes, arquitecturas participativas, generan una nueva percepción del espacio y de las otras obras que lo ocupan, orientando una especie de coreografía del espectador en torno de las mismas.

 

Vista de la muestra "Dedicated to the bird we love", de Felipe Mujica, en Galería von Bartha, S-chanf, Suiza, 2017. Foto cortesía de von Bartha, Basel / S-chanf

Frente a estas Cortinas, las paredes de las galerías fueron recubiertas por un conjunto de serigrafías con imágenes recolectadas de carteles, dibujos, cubiertas de libros e ilustraciones provenientes de diversos contextos, en su mayoría de los años 1960 y 1970. El conjunto presenta repeticiones y juegos de permutaciones que desafían sus orígenes y diluyen los sentidos e ideologías contenidas – carteles con reivindicaciones socio-políticas, imágenes psicodélicas, publicitarias e incluso dibujos de arte cinético, entre otros. La impresión que permanece es la de estar frente a un caleidoscopio enigmático de signos familiares pero que, visualmente, parecen pertenecer a otro tiempo.

La sensación de déjà-vu frente a este conjunto de serigrafías puede extenderse al trabajo de Mujica si se considera en toda su extensión. Con reminiscencias, repeticiones y ecos, el artista insiste en declinar en su obra iguales soportes y referencias. Generalmente trabaja con series que desarrolla a largo plazo, en diversos contextos, con pequeñas variantes debido a las diferencias de huso horario y latitudes. Cada exposición es, en parte descubrimiento, en parte reencuentro. ¿De qué manera estas imágenes datadas pueden proyectarse en el presente y en el futuro más allá de perpetuar fórmulas preestablecidas o incluso esa condición de nostalgia?

Una vez más, parece que es en la experiencia presencial, en el contacto con lugares y personas, que el trabajo de Mujica se actualiza. Es el caso de Línea de hormigas, serie de esculturas efímeras realizadas entre 2007 y 2015 cuyos registros fueron recopilados en el libro que constituye el tercer componente de estas exposiciones. Esos arreglos inestables resultan de finas varillas de madera atadas entre sí con cinta aislante eléctrica. Lo que cambia son los participantes del juego, la manera como aplican las reglas o la decisión de subvertirlas: otra vez el proceso de realización de estos trabajos es colaborativo y abierto, como resultado, muchas veces, de talleres en los que los participantes confeccionan las piezas o elaboran instrucciones a ser seguidas por el artista. Las frágiles estructuras abstractas se vuelven un pretexto para generar encuentros en torno a una acción colectiva, aunque la misma persista sólo en forma de registro. Si una vez más la dimensión afectiva de los métodos colaborativos heredados del modernismo aparece como alternativa a la nostalgia en el trabajo de Mujica, resta saber si de cualquier modo no sería el resultado de una inclinación y admiración casi fetichista por el espectro de un pasado estetizado.

 


Traducción al español por Gabriela Petit

 

Vista de la muestra "Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario", de Felipe Mujica, en Casa Triângulo, São Paulo, 2017. Foto: Edouard Fraipont. Cortesia de Casa Triângulo, São Paulo
Vista de la muestra "Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario", de Felipe Mujica, en Casa Triângulo, São Paulo, 2017. Foto: Edouard Fraipont. Cortesia de Casa Triângulo, São Paulo

SOMBRAS IMAGINÁRIAS OU A TENTATIVA DE RESSIGNIFICAR A NOSTALGIA. SOBRE AS EXPOSIÇÕES RECENTES DE FELIPE MUJICA

Por Olivia Ardui

 

Como aproximar um tempo irremediavelmente passado? Fácil perder-se no fascínio por sua textura vintage e contornos históricos que só o recuo de alguns anos pode delinear. Parece tentador, também, considerá-lo como como um possível espelho para ler e apreender o presente e o futuro, quem sabe. Entre fantasias anacrônicas e uma busca por experiências e diálogos presenciais, o trabalho de Felipe Mujica (Santiago do Chile, 1974) oscila entre atualização e idealização, uma constante releitura do modernismo. Um trabalho-testemunho de sua inclinação pelas experimentações formais, o potencial crítico e político da abstração geométrica da Rússia dos anos 1920, assim como das vanguardas e movimentos sociais Latino Americanos dos anos 1960 e 1970. O artista se apropria não somente das referências visuais desse passado recente, como também incorpora seus métodos colaborativos no seu processo de trabalho.

A filiação voluntária do trabalho de Mujica com essas propostas experimentais transparece em duas exposições individuais realizadas em 2017. Sombras imaginárias vienen por el caminho imaginário, realizada entre 20 de maio e 24 de junho na Casa Triângulo em São Paulo, e Dedicated to the Bird we love, entre 30 de julho e 9 de setembro na galeria von Bartha, S-chanf, na Suíça, reuniram um conjunto similar de obras. Ambas contemplaram um amplo leque de trabalhos do artista que – desde sua série das Cortinas, passando por suas serigrafias, até os seus livros de artista – trazem à tona essa constante hesitação entre ruptura e continuidade, entre passado e presente, entre individual e coletivo.

Uma das séries mais representativas dessa participação de terceiros em seu trabalho talvez seja o conjunto de Cortinas. Desde 2006, Mujica desenvolve painéis de tecido ornados com padrões geométricos que ora se repetem, ora se espelham, ora se contrapõem. O ponto de partida sempre serão seus desenhos, que realiza em grande número, como os esboços que desfilam, página por página, no vídeo Caderno n°3 (Ecos). A partir dessas composições autorais, ele abre o campo de decisões para os indivíduos com quem colabora em um dado momento, sejam eles alunos de uma oficina, estilistas ou os próprios costureiros, ou ainda a cooperativa Bordadeiras do Jardim Conceição, em São Paulo, com quem Mujica produziu as peças dessas duas exposições.

Dessa sobreposição de muitas mãos e tomadas de decisões sobre as cores e materiais a serem utilizados, resultam painéis que remetem ao imaginário da pintura abstrata, mas que também estabelecem um diálogo com a arquitetura da sala expositiva. Raras vezes essas cortinas são dispostas contra a parede. Como no caso da Casa Triângulo e da Galeria Von Bartha, elas costumam investir o espaço com suas superfícies suspensas e flutuantes que movem-se lentamente com a brisa ou o próprio movimento de um visitante da mostra. Esses muros efêmeros, bandeiras pivotantes, arquiteturas participativas, geram assim uma nova percepção do espaço e das outras obras que o ocupam, direcionando uma espécie de coreografia do espectador em torno delas.

Diante dessas Cortinas, as paredes das galerias foram recobertas com um conjunto de serigrafias cujas imagens foram apropriadas de cartazes, desenhos, capas de livros e ilustrações provindos de contextos distintos, em sua maioria dos anos 1960 e 1970. Tais peças apresentam repetições e jogos de permutações que desafiam as proveniências e aplanam os sentidos e ideologias que eles já carregaram – cartazes com reinvindicações sócio-políticas, passando por imagens psicodélicas, publicidade e até desenhos de arte cinética. A impressão que permanece é a de estar diante de um caleidoscópio enigmático de signos familiares mas que, visualmente, parecem pertencer a um outro tempo.

A sensação de déjà-vu diante desse conjunto de serigrafias pode se estender ao trabalho de Mujica se considerado por extenso. Atravessado por reminiscências, repetições e ecos, o artista insiste em declinar e explorar os mesmos suportes e referências. Geralmente trabalha com séries que desenvolve a longo prazo, em diferentes contextos, com pequenas variantes devido às diferenças de fuso horário e latitudes. Cada exposição é em parte descoberta, em parte reencontro. De que maneira essas imagens datadas podem então se projetar no presente e no futuro para além de perpetuar fórmulas pré-estabelecidas ou ainda essa condição de nostalgia?

Mais uma vez, parece que é na experiência presencial, no contato com lugares e pessoas, que o trabalho de Mujica se atualiza. É o caso de Linha de formigas, série de esculturas efêmeras realizadas entre 2007 e 2015, e cujos registros foram compilados no livro que constitui o terceiro componente dessas exposições. Esses arranjos instáveis resultam do agenciamento de finas varetas de madeira amarradas entre si com fita isolante. O que muda são os participantes do jogo, a maneira como aplicam as regras ou a escolha de subvertê-las: mais uma vez o processo de realização desses trabalhos é colaborativo e aberto, resultando muitas vezes de oficinas em que os participantes confeccionam as peças ou elaboram instruções a serem seguidas pelo artista. As frágeis estruturas abstratas tornam-se um pretexto para gerar encontros em torno de uma ação coletiva, mesmo que ela persista apenas na forma de um registro. Se, mais uma vez, a dimensão afetiva dos métodos colaborativos herdados do modernismo aparece como alternativa à nostalgia no trabalho de Mujica, resta saber se ela também não resultaria de uma inclinação e admiração quase fetichista pelo espectro de um passado estetizado.