El artista venezolano Elias Crespin (Caracas, 1965) presenta hasta el 6 de mayo en la Maison de l’Amérique Latine de París Slow Motion, una exposición con 15 móviles cinéticos realizados entre el 2010 y el 2016 que adquieren movimiento gracias a un sistema digital motorizado que él mismo diseña.

Sus móviles son como una versión cinética de las esculturas de alambre de la artista Gego (Gertrud Goldschmidt, 1912 – 1994), su abuela. De padres matemáticos y con formación en informática, las obras de Crespin –en particular las diversas composiciones geométricas que genera el movimiento del móvil- son precisamente el resultado de esta conjugación entre la matemática y la informática. Sorprendentemente, su práctica artística comienza a los 37 años de edad, cuando después de haber trabajado en diversas empresas de software y en su propia consultoría desarrolla su primera escultura “electrocinética”, como él las denomina. Hoy, reúne casi un centenar de ellas.

Elias Crespin, Circular inception, 2016. Plexiglas (9 Circuconcéntricos de 60 cm ø c/u), instalación 2,5 x 2,5 m. Cortesía del artista
Elias Crespin, Circular inception, 2016. Plexiglas (9 Circuconcéntricos de 60 cm ø c/u), instalación 2,5 x 2,5 m. Cortesía del artista

Enmarcándose en el característico arte cinético venezolano, la obra de Crespin no se destaca ni por el color como en Carlos Cruz-Diez, ni por el juego óptico que genera la ilusión de movimiento, como en Soto. En cambio, sus piezas tienen vida propia, se mueven por sí mismas, manipuladas por finos hilos se desplazan sin cesar en una coreografía aérea que no deja nada al azar. Cada elemento geométrico del móvil (línea, cuadrado o círculo) está pensado para ser desplazado matemáticamente en relación a su par, es decir, el movimiento de cada figura está precisamente controlado para generar múltiples formas en cada uno de los móviles. Estas formas, que van cambiando según la posición de sus figuras, parecen conectarse con las formas de otro móvil, creando la ilusión de tener una especie de conversación entre ellas (por ejemplo, mientras una se expande, la otra se contrae).

A la vez, cada uno de los móviles se comunica con el espacio alrededor: del resultado del movimiento y de luces intencionalmente dirigidas se proyectan sombras y reflejos hacia las paredes. Entonces, mientras las figuras se interconectan para crear diversas formas, las paredes son dibujadas por líneas que, a veces, parecen tener una vida independiente. Se genera, entonces, un sistema de interrelaciones que se aprecia como espectáculo múltiple donde actúan, por un lado, las sombras como dibujos y, por otro lado, las formas que cada móvil crea a partir de la relación entre sus figuras internas. Dibujos, formas y figuras se codean por igual en diálogos íntimos de los que somos testigos.

Elias Crespin, Solitons cubiques cuivre, inox, laiton, 2016, cobre, acero inoxidable, latón, 20 x 20 x 380 cm cada uno. Cortesía del artista
Elias Crespin, Solitons cubiques cuivre, inox, laiton, 2016, cobre, acero inoxidable, latón, 20 x 20 x 380 cm cada uno. Cortesía del artista
Elias Crespin, Solitons cubiques cuivre, inox, laiton, 2016, cobre, acero inoxidable, latón, 20 x 20 x 380 cm cada uno. Cortesía del artista

Con Slow Motion sucede algo similar a cuando en un planetario quedamos atónitos e hipnotizados al observar los planetas y satélites moviéndose infatigablemente en un sistema perfecto, donde cada elemento se sincroniza mágicamente con otro, donde pareciera que el azar no existe. Este sistema de interrelaciones de Crespin es un mundo cósmico, un universo perfecto de seres celestes que dialogan moviéndose ligeramente, y en el que cada pieza depende de la otra, repitiendo una y otra vez una serie de coreografías mágicamente sincronizadas.

Circular Inception (2016) es la obra que mejor representa este sistema cósmico. Consiste en una gran instalación de nueve grandes círculos rojos, y cada uno posee cinco círculos interiores de diferente tamaño que se van moviendo sincronizadamente con los demás, generando una danza que va acompañada de la música de Jacobo Baboni, creada especialmente para la ocasión.

Esta instalación, así como el resto de los móviles presentados, conducen al espectador a un estado hipnótico parecido a aquel del planetario, al de la intimidad con las estrellas que logra por un momento sacarnos de la cotidianidad para hacernos contemplar maravillados las idas y venidas, los desencuentros y las coincidencias, las composiciones espaciales y los dibujos de este sistema cósmico-mágico que habitamos.

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Carolina Matamala

Estudió arquitectura y luego realizó un Magíster en Historia y Teoría del Arte en la Universidad de Chile, durante el cual formó parte de la dirección de la Revista Despliegue. Actualmente está haciendo un Máster en Mediación del Arte Contemporáneo en la Universidad Paris 8 en París. Ha enfocado sus estudios en la teoría e historia del arte contemporáneo en Latinoamérica. Su tema central de estudio son las ambientaciones de los artistas contemporáneos brasileros. Realizó la traducción al español del libro «Mallarmé: La politique de la sirène», de Jacques Rancière, editado por LOM. Colabora con artículos para la revista Artishock y con el sitio web Lupita sobre actividades de artistas latinoamericanos en Europa.