Instituto de Visión, en Bogotá, presentó recientemente la última muestra de Nicolás Consuegra (Colombia, 1976), junto a una selección de obras de Pedro Terán y Santiago Rebolledo, como parte del programa Visionarios de la galería, curado por María Wills.

Como en proyectos anteriores, Nicolás Consuegra emplea elementos de uso cotidiano para abordar temas que le interesan sobre el espacio, las relaciones entre lo funcional y lo no-funcional, así como la percepción visual. Estos temas a su vez le permiten responder a inquietudes que tiene en torno al trabajo (como actividad simbólica y material), y valores socioculturales como la unidad y la colectividad.

Un espejo con la figura de una malla entrelazada —y que da el título a esta exposición, Óptica Mióptica—, nos indica la tensión entre nuestra especular y una pieza que también nos sugiere la posibilidad de mirar a través.

En Planta libre, Consuegra recuerda el paradigma arquitectónico del mismo nombre en una situación donde el modelo y la mano (que le da forma) se entrelazan para cuestionar la dimensión simbólica de cada uno. Los dedos-pilotes, sugieren cierta estabilidad constructiva, sin embargo, la disposición de los planos nos hace reflxionar sobre el movimiento orgánico de los dedos. Para Nicolás, esta situación intenta señalar el orden y la disciplina que ha ejercido el modelo (moderno) en los espacios geográficos en los que que se ha implementado y cómo son estos últimos, han acogido o resistido a dicho modelo.

En El principio del trabajo se observa una mesa de comedor que se prolonga para proyectarse a manera de palíndromo o de antípoda de sí misma. ¿Son los individuos/fuerza de trabajo (las sillas) quienes soportan el sistema/capital (la mesa), o es el sistema quien soporta a los individuos?. Cerca de esta pieza hay otra que también está compuesta de elementos similares pero ligada a referentes distintos (la “metáfora paterna”, según Lacan, entre otras): en La muerte del padre, las sillas crecen a manera de rizomas de una mesa que indica una posición cesante.

En Mirada sin nombre, el artista plantea una serie relaciones en torno al acto de observar y ser observado, así como la posibilidad del desplazamiento espacial de la mirada. Por la disposición espacial de estas piezas, también reflexiona en torno a la formalidad o informalidad del negocio inscrito en un ámbito artístico.

La presencia de dos búhos que descansan sobre su palo, y titulados Naturaleza muerta, reviven la marca de Colcultura, entidad creada en 1968 y que dejó de existir para dar paso al actual Ministerio de Cultura en 1997. Las dos versiones, diseñadas por Marta Granados (figura elongada, 1968) y Carlos Duque (figura triangular, 1983), respectivamente, señalan la tendencia de ciertas instituciones por emplear esta ave como parte de su identidad visual. El búho, que también se asocia con la figura de una lechuza (y más estrictamente un mochuelo), tiene un antecedente en occidente de ser el ave que acompaña a Atenea, diosa de la sabiduría y las artes, entre otras. Pero su uso no ha sido constante desde la antigüedad. Hegel por ejemplo, la trae de nuevo a la luz, citando la lechuza en el prefacio de sus Fundamentos de la filosofía del derecho (1820), y Ortega y Gasset la utiliza como sello de la emblemática Revista de Occidente (1923). En nuestro contexto, este búho —o mejor dicho— estos búhos, marcaron una época de la cultura en Colombia y fueron una suerte de figuras tanto vigilantes y enigmáticas como perdurables, aún cuando Colcultura dejara de existir.

En La esquina flaca, Nicolás señala el punto donde los planos de las paredes y el suelo se juntan, pero al hacerlo, se funden las unas con el otro. Esta es una pieza que recuerda un trabajo previo suyo, en el que dio una presencia primordial a un fondo sinfín, dispositivo utilizado en el campo de la fotografía y cuya condición es no ser visible.

Nicolás Consuegra. Planta libre, 2016. Impresión giclée sobre papel de conservación. 120 x 80 cm y Mirada sin nombre , 2016. MDF. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Vista general de la exposición Óptica mióptica, de Nicolás Consuegra. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Nicolás Consuegra, Óptica mióptica, Cristal espejo, 180 x 90 cm. 2016. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Nicolás Consuegra, La esquina flaca. Fibra de vidrio, yeso y madera contrachapada, 47.5 x 47.5 x 47.5 cm, 2016. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Nicolás Consuegra, Naturaleza muerta. MDF y madera. 34 x 80 x 2,5 cm. 2016. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016

POSDATA: ES ARTE

Dentro del programa Visionarios de Instituto de Visión se presenta el trabajo de los artistas Pedro Terán y Santiago Rebolledo, reunidos bajo el título Posdata: es arte.

Pedro Terán (Barcelona, Venezuela, 1943) es un artista cuyo trabajo redefine los parámetros del arte venezolano en la década de los setenta al introducir prácticas conceptuales que buscaban plantear la pregunta de qué tan posible es que la vida misma sea arte. A la par que artistas en otras latitudes, involucrar la cotidianidad desde sus objetos y actividades fue fundamental para Terán, quien salió a la calle a realizar sus obras, buscando que el arte estuviera en el deambular. Así, puso sellos con la palabra arte en los cuerpos de transeúntes y en el espacio público, o dispuso huellas en los andenes para introducir nuevas maneras de caminar.

En esta muestra se presentan varios de sus Polagramas, composiciones realizadas con múltiples polaroids como parte de una serie continua o como fragmentos de una estructura casi siempre abstracta. Las piezas parecen querer dar movimiento a lo fotográfico de manera completamente cinética.

Santiago Rebolledo (Bogotá, 1951) es un artista que perteneció al mexicano grupo Suma, que trabajó bajo el anonimato para protegerse de las arbitrariedades del estado ante sus actos de protesta. Este grupo buscó redefinir el arte acercándose de una manera diferente al público, construyendo su práctica sin depender de las instituciones. Incorporaron en su obra el reciclaje, usando carteles arrancados de paredes y otra serie de desechos. Santiago Rebolledo utiliza el vocabulario urbano -los objetos encontrados, recortes de revistas, sobres, estampillas, afiches de políticos- para hacer collages y plissages que combinan y superponen recortes y que hacen uso de manera pionera de la mimeografía y fotocopia.

Pedro Terán, Arte y los elementos,1970. Impresión fotografía sobre cibachrome, 88 x 60 cm. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Pedro Terán, Arte en la calle, 1971. Evento público, fotografía en blanco y negro vintage. 38 x 30.5 cm. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Pedro Terán, 0-1 Polagramas, 1988-1989 Polaroid SX70. Vintage. 37 x 102 cm. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Pedro Terán, Pologramas (loop), 1977. Polaroid. Vintage. 51 x 81.5 cm. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Santiago Rebolledo, Sin Título, técnica mixta (collage a partir de diversos papeles y pintura), 39 x 23 cm., 1978. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016
Santiago Rebolledo, Sin Título, Xerografía. 52 x 42 cm., 1978. Cortesía: Instituto de Visión, Bogotá, 2016