Donde se curva el horizonte es el título de una muestra que reflexiona sobre los cruces simbólicos de lo contemporáneo y lo originario, haciéndose cargo de revisar la poética del desplazamiento y asentamiento en sus múltiples dimensiones, a través de las creaciones de cuatro artistas y sus identidades móviles. Identidades en permanente crisis y movimiento, en donde simbólicamente se pierde y, a la vez, se lleva la casa a cuestas, la lengua, el paisaje y la memoria.

La presente muestra se instala como el lugar de convergencia física, imaginaria y simbólica, de las miradas de artistas que viven, viajan y recorren el paisaje chileno. Se evidencian, en las operaciones de sus trabajos, los cruces en la percepción y los choques culturales. De esta manera, el discurso sobre lo originario es cuestionado como marca de un común denominador.

En la primera sala se encuentra la obra de la artista Rosell Meseguer (España), quien traza una cartografía del paisaje chileno. La artista asienta su casa (simbólica) en Quintay, tal y como nos señala: “para desaguar en alguna parte los ríos o corrientes, vaciar en los mares del sur, sobre olas de sal y agua: el Pacífico como fin y principio de la tierra. El “Finisterre”, que algunos creyeron profundidad de tinieblas y que convirtió el plano en esfera, su sur en nuestro norte; un punto y final de la historia sobre la industria ballenera y su decadencia en el lugar durante mucho tiempo llamado la nada.”

En este mismo recorrido, como contrapunto y frontera, se encuentra la instalación del artista Pedro Tyler (Uruguay), producción en donde la palabra se torna obra, como significante de los cruces del lenguaje. La lengua como gesto de inscripción y como material de evocación poética. De hecho, su obra titulada Donde se curva el horizonte dona también su nombre a la presente muestra. Una propuesta que, utilizando sólo tres elementos, ofrece una relación de lugar y desplazamiento: una ampolleta, agua y texto inscrito en el muro.

Donde se curva el horizonte. Vista de la muestra. Centro Cultural de España, Santiago de Chile, 2016. Imagen cortesía de los artistas.

En la performance Que hago con tanta memoria, de la artista residente en Antofagasta Dagmara Wyskiel (Polonia), se evidencia lo femenino como sujeto de memoria. De esta manera, la artista se exhibe llevando una maleta cargada “de origen” —literal y simbólicamente— confrontada a un paisaje aplastante; la imagen de una recién desembarcada en un país de tradición patriarcal. Por ello pareciera que la mujer en la puesta en escena se aferra a su maleta, pues en ella se encuentra su identidad y la de los suyos. Por otro lado, en su obra Sana Fe(menina), se dejan apreciar un rosario y píldoras anticonceptivas. Ambos elementos, en efecto, tienen mucho en común y no solamente por su forma: protegen contra lo no deseado, entregan la convicción de estar a salvo. Igualmente, introducen un rito diario, exigiendo un cumplimiento riguroso del ciclo, un periodo que al terminar inicia nuevamente. Y si bien con el paso de las generaciones pareciera que los rosarios fueron reemplazados por las pastillas, así como los sacerdotes por los médicos, la esencia del acto cíclico quedó intacta. Pues el fenómeno del real funcionamiento del sistema implementado no debe ser la preocupación de la mujer. En ambos casos, tanto el místico como el científico, no se exige a la mujer entender, solamente aplicar.

Finalmente en El cuerpo de lo sagrado, de la artista Karen Pazán (Ecuador), dos cervatillos emergen como personajes fantásticos y sincréticos, cuestionando lo originario y lo contemporáneo. De tal suerte, la obra se presenta como una revisión de la historia de la globalización y del colonialismo, con fuentes que abarca desde piezas precolombinas del arte olmeca, a personajes animados de Walt Disney. En su obra, se reflexiona también la identidad, como un lugar de múltiples convergencias o contradicciones, derivado del colonialismo, el barroco latinoamericano y el Pop, como vestigios de una antropología de un pasado in-memorial.

DONDE SE CURVA EL HORIZONTE

Centro Cultural de España, Santiago de Chile.

Hasta el 22 de octubre de 2016.