Los ojos serán lo último en pixelearse concluye un largo proceso de investigación que Patricia Domínguez inició en 2015 en busca de establecer relaciones entre dos mundos aparentemente separados: el de los grandes cambios que ha sufrido la cultura y sabiduría indígena americana con la llegada de los conquistadores, y aquellos trastornos que padecemos como sociedad con la incorporación de nuevas tecnologías y los distintos lenguajes digitales con los que nos comunicamos.

En el presente, compartimos un cierto desequilibrio de nuestros procesos biológicos naturales. En conversaciones cotidianas coincidimos en la aparición de nuevos síntomas vinculados al estrés, la contaminación, la repentina relación que tenemos con aparatos electrónicos como teléfonos u ordenadores, la calidad de nuestra alimentación y, sobretodo, la distancia que hemos tomado de la naturaleza, en especial con el conocimiento que la naturaleza nos otorga y transmite. La mayor parte de las veces observamos estos nuevos síntomas de manera aislada y tendemos a curarlos de manera superficial.

Por otro lado, desde que comenzó la conquista de América un enorme volumen de sabiduría ancestral contenida en la flora, fauna, y los diferentes elementos que componen el universo indígena ha sido escondido e incluso prohibido por la idiosincrasia occidental. Mucho de ese saber se perdió, o bien se extinguió junto con ciertas especies, especies que además desaparecieron en el intento conquistador por aminorar la fuerza de los pueblos originarios. Otros conocimientos, en cambio, fueron intencionalmente desaparecidos por los mismos indígenas para evitar que los poderes de esos elementos cayeran en manos foráneas. Sin embargo, con el paso del tiempo, estos conocimientos han vuelto a emerger con fuerza,  como si desde una agencia mayor se hubiese decidido liberar toda la información contenida en las diferentes capas de realidad que componen el mundo y, paulatinamente, ésta comenzara a entrar en nuestro campo de percepción y transformar nuestra visión. Y es que nuestra temporalidad lineal nos dice que no hay vínculo entre la sabiduría indígena y las enfermedades actuales, sin embargo, así como se actualizan los conocimientos tecnológicos día a día, también se actualiza la información transmitida por nuestros ancestros a las nuevas generaciones de maestros sanadores, dando origen a nuevos métodos como el PraNeoHom, un sistema de sanación a través de símbolos que alinea las ondas electromagnéticas y se comunica de manera no verbal con las plantas, animales, lugares y humanos.

En el video Los ojos serán lo último en pixelearse, que da origen al título de la última exposición de Patricia Domínguez en la Galería Patricia Ready, podemos ver cómo se intercalan diferentes situaciones en las cuales aparecen los símbolos de esta terapia. Todas las imágenes son una ficción creada por la artista para situarnos en un mundo lleno de códigos extraños, en algunos casos de actos aparentemente sin sentido: por ejemplo, al inicio del video, el fantasma de un caballo en movimiento se va mezclando con la imagen de una persona, que cubierta con una máscara de luces, cocina una receta combinando verduras con el teñido de la cola de un caballo blanco —que nos recuerda la tradición del Rari—. Luego visualizamos a un hombre que acaricia a un caballo con unos guantes y una máquina, elementos que parecen limpiar su energía y prepararlo para algún rito. En un corte hacia otros ministerios, el ojo comienza a navegar por una fotografía en la cual poco a poco se va completando la imagen de una situación de violencia en la que aparece un caballo montado por un policía antidisturbios; todo se ve muy pixeleado, sin embargo, se puede deducir la magnitud del enfrentamiento. Al terminar el video tenemos una visión frontal de la cordillera y del personaje visto al inicio, desde cuya máscara luminosa nacen los símbolos del PraNeoHom. Al final, solo queda la imagen de un avión que cruza el cielo y desaparece.

Los elementos que integran el universo holístico del video están distribuidos en la sala de la exposición: patas y colas de caballo, floreros, biombos pintados con plantas enormes, espadas, objetos de limpieza, que sumados al sonido ambiente de unos tambores, crean un estado de confusión y desconcierto.

En el trabajo meticuloso —y aparentemente inconexo— de Patricia Domínguez, hay una crítica orientada específicamente a eso que lo hace tan difícil de definir: a la desconexión que padecemos como sociedad y como seres humanos del universo al cual pertenecemos,  a nuestro desentendimiento de lo simbólico y de aquello que está más allá del lenguaje conocido, a la falta de libertad y a los condicionamientos que bloquean nuestra intuición. Todo el universo explorado y ofrecido por ella en su obra contiene un enorme esfuerzo por hacer visible la fragmentación de nuestro conocimiento, de la relación directa que hay entre nuestro desarrollo tecnológico e intelectual, las formas de comunicación que hemos creado, y el poder del conocimiento ancestral, sobre todo en la unión de las diferentes agencias que conforman la existencia. Domínguez busca llevarnos a explorar las diferentes capas superpuestas que construyen la narrativa del presente donde se entrecruzan la ciencia, la ficción, la magia, la televisión, los videojuegos, la santería, la salud y la enfermedad, el enfrentamiento —aún vigente— entre la cultura del hombre blanco y el indígena.

The following two tabs change content below.

Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y candidata al título de Doctora en el Departamento de Historia del Arte de la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.
UA-20141746-1