Seguramente la pieza más controvertida de Manifesta 11, la Bienal Europea de Arte Contemporáneo, se debe a la artista griega Georgia Sagri, que involucró tanto a miembros de la banca privada como a la propia institucionalidad de este importante evento artístico.

“Yo no soy una artista con un determinado estilo. No estoy concentrada en hacer determinada clase de objetos de forma repetitiva y que a través de distintas formulaciones vuelvo a presentar. Lo que hago es trabajar con conceptos. Necesito tener una base y realizar un análisis si quiero hacer la pieza. Sin esa investigación no puedo ni tengo ninguna razón para realizar una pieza”. Es la declaración inicial de Georgia Sagri (Atenas, 1979), una artista normalmente reconocida por su creación en el género de la performance. Eso la ha llevado a realizar una muestra individual en el Kunsthalle Basel en Suiza (2014) o a participar en distintas colectivas, entre ellas, la Bienal de Estambul y la de Whitney (2012).

Para Manifesta 11, que se celebra en Zurich hasta el 18 de septiembre, Sagri siguió la consigna levantada por el curador Christian JankowskiQué hace la gente por dinero—, pero buscó expandir la forma de comprender la performance a través de una pieza escultórica. Empleando materiales de construcción, Georgia ha simulado un refugio precario cubierto por un toldo amarillo sobre una base de concreto enmarcada por tablones de madera. Una estructura mínima de refugio que se parece a las que se reparten por la ciudad junto a los sitios en construcción.

“De cierta forma, creo que también esta pieza es una performance”, aclara Georgia. “Aunque no responde a una forma única de entender la performance como una interpretación que la gente viene a ver y luego aplaude. En general, mi idea no es hacer performance per se. Mi práctica toma forma a partir de la escultura, la instalación, el texto, el trabajo con computadores. No hago performance en base a un evento. Necesito construir cierto sustrato para hacer la performance. Y en este caso se trata de todos los movimientos que permitieron llegar a levantar esta pieza”.

A un costado de la obra, sin embargo, un monitor reproduce el video del encuentro que la artista sostuvo con Josephine Varnholt, banquera perteneciente a la reconocida y acaudalada compañía de banca privada Julius Baer. Junto a esa mujer de gran estatura, Sagri desarrolla una coreografía que les permite crear una relación de confianza entre dos desconocidas. Así se empieza a perfilar el tema performativo de Sagri. En realidad, más que una actuación conducida por la presencia corporal o por un gesto histriónico, la artista griega ha llevado su trabajo al campo de la crítica institucional. De hecho, el concepto de simulación es el que domina en esta pieza titulada Documental de intercambios de comportamiento (Documentary of Behavioral Currencies), donde su refugio precario realizado con materiales provisorios quiere dar una impresión.

“Trabajé con una estructura ilegal. Es importante saber que se trata de materiales de construcción que parecen usados. Incluso aquellas partes que no son usadas, al menos tienen que parecer que lo han sido, de tal manera que parezca que han sido encontradas. Conceptualmente, es una estructura casi habitable que se encuentra al exterior como un microespacio de vida. Eso es muy importante para mí porque me permite combinar las cosas que están ocurriendo y que no son visibles en la pieza”.

La parte invisible se refiere a una serie de negociaciones que forman parte de la obra y que le dan su radicalidad como montaje conceptual y performativo. En paralelo a la realización de su trabajo, Sagri se dedicó a negociar su posición como artista participante en esta exposición. ¿No se trata de saber qué es lo que hacemos por dinero? ¿Qué valor darle, entonces, a la aparición de su trabajo en Manifesta como objeto promocional? En realidad su pieza escultórica simula una situación que implica toda una serie de tensiones de precariedad respecto al papel de un artista contratado por una gran institución.

Georgia Sagri. Documentary of Behavioural Currencies. Vista de la instalación. Manifesta 11, Zúrich, Suiza, Bank Julius Baer. Foto: Flavio Karrer, 2016

La artista lo explica. “Todas las decisiones sobre el aspecto que toma esta pieza están contenidos en los acuerdos que estaba negociando con el equipo curatorial. Era como un evento paralelo. No son cosas separadas. Lo que trato de decir es que la estructura llega a ser lo que es, se debe a todo un proceso que seguí tanto de manera metafórica, como real y práctica”.

Sagri se refiere a la prolongada negociación que, como parte de su performance, la hizo entrar en un “tira y afloja” con la propia organización institucional de Manifesta para definir su aparición y uso de la imagen de su obra. Para eso, la artista redactó dos acuerdos que le permitieran, por una parte, negociar con la gran institución que representa Manifesta y, por otra, poner en juego el lema que el propio curador designado, Christian Jankowski, había dado a la muestra en su 11ª edición: Qué hace la gente por dinero.

“Dividí el contrato en dos grandes partes”, explica Sagri. “En primer lugar, no quería ser filmada en el proceso. La otra es que no quería estar representada en una película o documental hecho para Manifesta sin contar con mi autorización y control sobre el material registrado. Por esa razón tuve que firmar un primer acuerdo en el que decía que si yo iba a actuar en representación de Manifesta, tenían que pagarme como si fuera una actriz, por hora de trabajo. Pero esto no ocurrió. Y la segunda parte del contrato decía que yo debía tener completo control de todo el material grabado. Es decir, no sólo el trabajo que forma parte de la escultura sino también las fotos usadas para promover Manifesta. Eso llevó su tiempo, por supuesto. Después, cuando firmé el acuerdo general con Manifesta pude crear un registro con el mismo personal que supuestamente sólo estaba destinado a hacer las grabaciones de promoción de la bienal que se muestran en el Pabellón de los Reflejos. Con ellos hice el video que está en la escultura y también conseguí que ellos grabaran una reunión que tuve con las personas que trabajan en Manifesta. Este último video no sé si va a ser proyectado”. (Finalmente, tras largas conversaciones, el video de la negociación de Georgia Sagri con los distintos departamentos institucionales de Manifesta fue exhibido como parte de la muestra, un mes después de su inauguración).

Georgia Sagri. Documentary of Behavioural Currencies. Vista de la instalación. Manifesta 11, Zúrich, Suiza, Upstate. Foto: Flavio Karrer, 2016

Pedro Donoso: Pero, ¿no entienden que es parte de tu obra?

Georgia Sagri: Ha sido muy difícil. Es evidente que no quieren proyectar el video de un artista negociando con ellos las condiciones de exhibición de su obra. Y por eso continuamos negociando. El asunto, claro, se refiere a entrar en un modelo corporativo de funcionamiento entre las instituciones de arte. Al mismo tiempo, tienen una separación muy establecida entre los distintos departamentos. Es muy difícil. Incluso si una parte del equipo entiende la relevancia de exhibir ese trabajo, conseguir el acuerdo de la totalidad de los departamentos es muy complejo.

P.D.: Y hablando de ponerle precio a tu trabajo, sobre todo en relación con la temática general de la Bienal como parte de tu obra… en uno de los acuerdos con Manifesta hablas de que te paguen por hora como actriz. ¿Qué significa eso? ¿Cómo ponerle precio a tu trabajo?

G.S.: Bueno, hay un precio de mercado, es decir, el promedio que se paga aquí a una actriz en la industria audiovisual. Estamos hablando de 150 euros por hora. Ahora, esta es una nueva pieza y su existencia depende de haber sido comisionada por una institución. Y de la posición que tengo respecto a mi propio trabajo. Esto no puede ser separado, no por mi parte, al menos. Yo no trabajo como un obrero en una fábrica sin saber quién es el encargado de pagarme y sin tener responsabilidad sobre el concepto en el que estoy involucrada. Eso es decisivo. Para mí es muy importante cómo creo el sustento de mi obra con las implicaciones políticas, económicas e ideológicas que forman la base de su existencia. Yo no puedo trabajar así no más, desligada, concentrada en algo que no le presta atención a las condiciones de origen de la obra, sobre todo cuando se trata de una exposición que tiene como tema las cosas que hacemos por dinero. Por otra parte, eso es algo que la propia comisión de Manifesta sabía al invitarme.

Georgia Sagri y un empleado de M11 en las oficinas de M11. ©Georgia Sagri. Manifesta 11, Zúrich, Suiza. 2016

La lucidez de Sagri consiste, precisamente, en poner en cuestión su propia participación en un evento de esa naturaleza, intentando, por una parte, no ser parte de un espectáculo y buscando, al mismo tiempo, la forma de reafirmar la posición del artista como un agente incómodo que busca sacar a la luz las contradicciones del sistema del arte.

“Ellos estaban al tanto de que soy muy particular sobre este tipo de asuntos”, aclara Sagri. “Tengo una posición política y no puedo simplemente participar de esta bienal así como así. Imposible. Por eso he entrado en esta situación donde expongo las diferentes partes involucradas en un trabajo así dentro de una institución: la gestión, la parte económica, el catálogo, el diseño. Incluso el texto que acompaña la obra fue editado por mí. Todo pasa por mí para que el trabajo sea como yo quiero y no sea una pieza que habla por una gran institución para ganar dinero. Al final, todos estamos trabajando para ellos para que vendan entradas y monten sus fabulosas exposiciones en distintos lugares de Europa. Bueno, eso está muy bien pero yo necesito preservar mi integridad y defender lo que hago y lo que soy. Como artista debo saber dónde se posiciona mi obra”.

P.D.: ¿Crees que lo conseguiste en este caso?

G.S.: La exposición tiene lugar en Zürich y decidí trabajar con un banquero, decidí adoptar una posición específica muy delicada para referirme a un tema que es bastante obvio y en el que nadie quiere meterse, ninguno de los demás artistas. Pero fue mi decisión. Los otros artistas también podrían haber decidido trabajar con un banquero pero no lo hicieron. La persona que te hace un encargo, básicamente te comisiona para que realices un trabajo tuyo aunque no te pertenece. Lo que quieren es que representes algo que es muy específico, algún supuesto. Yo tengo que recordarlo una y otra vez. Si permitimos que las instituciones nos inviten y que nos hagan encargos para estas grandes exposiciones y nosotros no hacemos nada para trabajar con lo que nosotros queremos y nos limitamos a aceptar cualquier cosa entonces consigues exposiciones realmente pobres y tienes instituciones realmente malas porque nadie les presenta ningún desafío, ni analiza cuál es su posición. Así terminamos donde nos encontramos ahora mismo: nadie desafía nada y nos tragamos la situación sin más. Yo no soy parte de eso. Creo que cuando alguien te invita a tomar parte sabe que te está invitando a ti, con tu forma de trabajo, sin tratar de controlar lo que él cree que debes hacer. Lo otro sería llegar a un extremo de violencia.

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Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.