Eduardo Navarro (Buenos Aires, 1979) atribuye al arte la capacidad de producir nuevas posibilidades de percepción del mundo que nos rodea. En su obra se enfrenta a una diversidad de organismos, estudiándolos de manera empírica, es decir, a partir de la experiencia sensible. Al tiempo que realiza estas aproximaciones, Navarro recurre a diversos especialistas (científicos, arqueólogos, deportistas, espiritualistas) con la intención de alterar conductas y comportamientos prestablecidos.

Navarro aborda cada proyecto como un nuevo estudio de caso que le permite investigar formas de pensamiento y expresiones ajenas a la percepción humana, y trabaja con el profundo interés de indagar cómo otros organismos y elementos piensan, sienten y perciben. El gran desafío en la práctica del artista es convertirse en aquello que se investiga. De esta forma, propone cambios de situación, supuestamente absurdos, pero que propician transformaciones de estado, posibilitando así nuevos entendimientos de lo ya conocido.

Octopia, un proyecto desarrollado para el Museo Tamayo, es el resultado de una investigación del pulpo, un animal cuya inteligencia deriva del complejo sistema nervioso que se extiende por sus tentáculos. Para este proyecto, Navarro ha convocado a 80 participantes –coreógrafos, bailarines y aficionados al baile– con el fin de generar una estructura que se asemeja a un pulpo, con una cabeza operada por ocho personas y nueve personas más extendiéndose con cada tentáculo. Al reunir a estos participantes se busca una transformación colectiva para tomar temporalmente el estado de este animal mediante una exploración de movimiento y sensibilidad corporal. A su vez, Octopia es un sistema de pensamiento para un pulpo que ocupa a manera de escultura las salas del museo; se activa en el interior y exterior del edificio, por medio de presentaciones programadas.

Las activaciones, además de ser un estudio de expresión que omite el habla como medio principal de interacción, brindan a los participantes una experiencia de comunicación integral en la que por medio de la cancelación de la individualidad y la investigación de la sociomotricidad se alcanza otra forma de conocer al mundo.

En este trabajo participan voluntarios, así como la coreógrafa Andrea Chirinos para la creación de movimiento y Mariana Arteaga para la activación colectiva.


Hasta el 3 de julio de 2016

Video cortesía del Museo Tamayo, Ciudad de México