LOS ENSAMBLAJES PERFORMÁTICOS DE DONNA HUANCA
La obra de Donna Huanca (Chicago, EEUU, 1980, de padres bolivianos) se mueve entre el performance, la escultura, la pintura corporal y la pintura-pintura. Como en sus recientes exposiciones, su debut en España, en la galería Travesía Cuatro de Madrid, articula eficazmente esta práctica multidisciplinaria, que ha evolucionado con suma conciencia y fineza a lo largo del último año, despertando un profundo interés en espacios de Europa y Nueva York.
Huanca presenta hasta el 29 de abril en Madrid Lengua de Bartolina Sisa, una muestra compuesta por una serie de esculturas, pinturas y vestigios de performances que encarga a sus modelos, con quienes colabora estrecha y frecuentemente. Las acciones de los intérpretes consisten en poses estáticas –bajo una suerte de trance o hipnosis- que dialogan con la arquitectura del espacio. En la sala, suben a escaleras y pedestales, como esculturas vivas pero inmóviles, sus cuerpos desnudos pintados con arcilla, pigmentos y productos orgánicos. Sus movimientos, casi imperceptibles a lo largo de la inauguración y en otras acciones realizadas durante la muestra, han dejado en las paredes manchas de color que evocan tanto a la pintura rupestre como a las huellas que acontecimientos violentos han dejado en los muros citadinos.
Y es que en la obra de Huanca emergen las tensiones entre lo arcaico y lo futurístico, lo terrenal y lo etéreo. Estas contradicciones son más palpables cuando se mira la exposición como un todo, y no cada una de sus partes (en cualquier caso, una vez los modelos se han marchado, el componente inerte y periférico –las obras que permanecen en la exposición- funcionan por sí solas). Las tensiones en la obra de Huanca vienen, también, de su biografía: de su serie de viajes de una ciudad como Chicago a las fiestas folclóricas en Bolivia cuando era niña, desde donde –presumimos- proviene mucho de su imaginería fantasiosa y la carga expresionista y ritualista de sus performances.
Así como el cuerpo es usado como soporte pictórico y como elemento crucial de una gran puesta en escena, las pinturas y las esculturas de Huanca son receptáculos de capas matéricas con elaborados acabados táctiles. En las pinturas, la acumulación de pigmentos conforma una topografía que simula tanto la superficie terrestre como la del mismo cuerpo. En las esculturas, el ensamblaje de objetos, tejidos de fibra natural y sintética conforman figuras totémicas que bien pueden mimetizarse con los cuerpos pintados que a ratos las acompañan. Huanca recurre a lo procesual, a formas estéticas como el camuflaje, la simulación y la fusión para regalarnos una rica experiencia esotérica, poética y sensorial.
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