Maracaibo es una ciudad ubicada al noroeste de Venezuela, capital del estado Zulia, con una población de casi dos millones de habitantes. Se le conoce como la “segunda capital” de Venezuela y por su clima extremo –a veces de hasta 40 grados a la sombra- todo el año. Es además popular por su gran riqueza petrolera, por el humor -“demasiado colorido” para el gusto de los capitalinos- de sus habitantes, por su música -la gaita zuliana-,por ser la cuna de muchos grandes ligas del beisbol y, en general, por una rica cultura, en la que las artes visuales han tenido gran preponderancia.

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En el contexto del arte contemporáneo, Maracaibo está llamando la atención por su reciente “camada” de artistas jóvenes cuya obra está aportando un discurso sustancial a las artes visuales del país. Pero como suele suceder en muchas partes, estos artistas no han contado con un sistema institucional o privado lo suficientemente abarcador como para sustentar su ritmo de producción y exhibición de obras. La situación, sin embargo, está empezando a cambiar. Como también suele suceder en muchas partes, son los mismos artistas quienes encuentran las soluciones practicando aquello del “hazlo tú mismo” (“do it yourself”, DIY).

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Así lo hicieron Juan Pablo Garza, Camilo Barboza y Armando Rosales. En diciembre del 2010 crearon Al Borde, un espacio ubicado en una antigua residencia familiar construida a principios de los años setenta y abandonada durante mucho tiempo. La muestra inaugural acogió el trabajo más reciente del artista zuliano -radicado actualmente entre Londres y Berlín- Marco Montiel-Soto, titulada “La historia del ojo izquierdo”. Hasta mediados de febrero, bajo la curaduría de sus co-directores, se presentó una colectiva, titulada Una vez once. Conversamos con Juan Pablo Garza sobre qué significa este nuevo enclave artístico marabino.

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¿Cómo se gesta Al Borde?

Al Borde nace de la necesidad absoluta de espacios que promuevan el arte contemporáneo en la ciudad de Maracaibo. Usamos la palabra absoluta precisamente porque nos encontramos en un momento donde más allá de las grandes “instituciones” (que actualmente viven un momento de crisis), prácticamente no hay otras instancias donde los artistas tengan la oportunidad de exhibir sus propuestas y de desarrollar proyectos completos que busquen nuevas y diversas maneras de interpretar o no la realidad.

Tomando todas estas cosas en consideración y cansados de quejarnos, decidimos crear Al Borde. Nos tocó entonces buscar una sede, tarea nada fácil no sólo por nuestras exigencias, sino también por los costos que requiere un espacio como éste. En ese buscar nos topamos con esta antigua residencia, prácticamente abandonada, que llenaba nuestras expectativas tanto desde el punto de vista económico (ya que nos fue cedido en comodato), como desde el punto de vista museográfico.

Todo este trabajar en el espacio físico y buscar ayuda económica fue aclarando nuestras intenciones, pues en ese acercarnos a la gente, en escribir algunos textos donde definíamos nuestro propósito, fue que vinimos dándole una forma más clara al proyecto. Luego de un año de encontrar la casa, un año de trabajar poco a poco en la medida en que conseguíamos lo recursos, inauguramos Al Borde.

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¿El programa de exhibiciones se limitará a artistas nacidos y/o que viven en Maracaibo o está abierto a otras ciudades/regiones/países?

El programa de exhibiciones no tiene limitaciones en ese sentido. Nos interesa generar vías de encuentro entre los artistas que trabajan en Maracaibo y aquellos que son de otras partes del país o del mundo. La idea es mover el trabajo, la información y estimular el diálogo. En este sentido, otra de las intenciones o metas de Al Borde es despertar un interés fuera de Maracaibo por los artistas locales.

De igual manera, buscamos que las muestras no se queden sólo en sala, sino también generar una dinámica cultural a través de charlas, talleres, entrevistas, publicaciones, fanzines.

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La línea curatorial es bastante definida. ¿Quién selecciona a los artistas y cura las muestras? ¿Trabajan en eso los tres como co-directores de forma conjunta?

Desde un principio hemos trabajado juntos (por suerte estamos en sintonía en este sentido). Ciertamente tenemos que discutir todos los proyectos y a ratos convencernos los unos a los otros de algunas ideas, pero hasta ahora, tanto las muestras que se han hecho como las que están por venir han sido manejadas entre los tres. Al mismo tiempo, Al Borde es un espacio vivo que deja un lugar para lo posible, por ello no intentamos delimitar de sobremanera nuestras dinámicas de trabajo, lo cual implica que puede cambiar en cualquier momento. Actualmente están en discusión varios proyectos donde invitamos a hacer curadurías a otros artistas, como tambien contamos con el apoyo – dentro y fuera de Maracaibo – de investigadores y curadores como Félix Suazo y Susana Quintero-Borowiak, o escritores como Martha Durán, entre otros.

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El espacio es inédito en Maracaibo y además sigue la línea de otros en Venezuela dirigidos por artistas, como Oficina #1, en Caracas, con quien creo mantienen un estrecho vínculo. Dirigir ustedes mismos este espacio les brinda muchas libertades, pero a la vez muchos desafíos de financiamiento. ¿Cómo lidian con esto? ¿Han pensado en financiamiento privado, quizás?

Con Oficina #1 mantenemos una estrecha relación en varios sentidos. Han sido de gran apoyo y estímulo para nosotros, no sólo en lo que refiere a Al Borde, sino también como artistas hemos tenido la oportunidad de trabajar con ellos.

La necesidad de un espacio como éste en Maracaibo es compartida, y a pesar de que la iniciativa de crear Al Borde es de nosotros, hay muchas personas en la ciudad que nos ha apoyado en este momento tan importante de fundación y consolidación, que han estado directamente involucrados tanto económica como creativamente. Con esto queremos decir que el financiamiento privado ha estado presente desde los inicios del proyecto, financiamiento que se ha dado de manera un tanto informal o más bien personal.

Cabe decir que nos encontramos ahora en un momento donde buscamos que Al Borde se mantenga a sí mismo, enfocándonos en la calidad, originalidad y difusión como mecanismos que garanticen la autogestión y el crecimiento del espacio.

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SOBRE LA MUESTRA

Al Borde presenta su segundo proyecto expositivo este domingo 30 de enero de 12:00 m a 6:00 pm. Una vez once es el titulo de esta muestra que reúne las obras de los artistas zulianos: Camilo Barboza, Juan Pablo Garza, María Fernanda Guevara, José Gabriel Hernández, Ernesto Montiel, Marco Montiel-Soto, Armando Rosales, Armando Ruiz, José Perozo, Osvaldo Pontón, Christian Vinck.

En esta oportunidad, Al Borde intenta construir una suerte de parada de los diversos trayectos que cada uno de estos artistas han recorrido en los últimos años, cuyos trabajos han tenido tanto direcciones como dimensiones disímiles, y en muchos casos aisladas. Una vez once se refiere a la fortuita confluencia de estos trayectos que han sucedido en épocas diferentes, sin dirigirse hacia un objetivo común, y que ahora se reúnen bajo una mirada curatorial para construir un nuevo discurso que atenúa las posibles diferencias generacionales e incluso conceptuales, generando diálogos, convergencias y puntos de encuentro entre estas once propuestas. Esta curaduría es producto del trabajo colectivo de los directores de Al Borde: Camilo Barboza, Juan Pablo Garza y Armando Rosales, y cuenta con un texto crítico de la curadora Susana Quintero-Borowiak. Ella propone un ejercicio lúdico al establecer conjuntos categoriales para definir el trabajo de estos artistas. La selección nos abre al juego de encontrar creadores que pueden ser: geógrafos, historiadores, agrimensores, politólogos, sociólogos, exorcistas, dibujantes, escultores y compositores; todos actuando en un tránsito hacia el borde, hacia el límite, en perfecta coherencia con las nociones contemporáneas de arte. Porque como afirma la misma escritora, hoy día “lo que sucede, en el arte, sucede cada vez más en la zona de osmosis, de intercambio, en el margen que se abre a la relación”

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TEXTO DE SALA

Pensar el arte actual es pensar un entramado de relaciones en las que las definiciones y los límites son cada vez más inaprensibles. No es que el arte agonice, no. Ni que la obra apueste a la disolución. El arte es una institución viva y las obras siguen concretándose en objetos, ideas, acciones, sonidos, gestos. El desplazamiento de la noción de arte, en nuestro tiempo, tiene que ver más bien con un descentramiento del signo que con una desaparición de lo concreto. Ese movimiento es un tránsito hacia el borde, hacia el límite. Lo que sucede, en el arte, sucede cada vez más en la zona de osmosis, de intercambio, en el margen que se abre a la relación.

Es imposible hoy en día imaginar una obra autónoma y un creador tocado por la mano de los dioses. Toda obra es un punto de encuentro y apertura, configura el mundo y es configurada por él, está contaminada de realidad, pero además contamina a la realidad. Un artista es alguien que modela signos para producir “algo” que mostrar.

Una vez Once reúne a once artistas zulianos asociables bajo esa premisa, producen obras (para mostrar) que surgen de una transacción liminar con la realidad. Ninguna de las piezas expuestas pueden adscribirse a un género o medio específico, ni siquiera lo intentan, su intención más bien es producir sentidos, pero sentidos multívocos y relacionales que se enlazan con distintas disciplinas o construcciones del mundo.

Geógrafos, historiadores y agrimensores. Ernesto Montiel se dedica laboriosamente a producir topografías ficticias a partir de bellos papeles que revelan su vínculo con la arquitectura y su preocupación por el paisaje. Mientras que Christian Vinck relee la historia regional a través de una pintura  con fuertes rasgos referenciales. Oswaldo Pontón documenta la cotidianidad aparentemente pacifica con la que nos va cercando la violencia diaria. Y María Fernanda Guevara propone un paisaje que no es paisaje a partir de rastros de una memoria que no es memoria sino acción calculada.

Politólogos, sociólogos y exorcistas. Camilo Barboza se ampara en lo lúdico para representar una situación política que a veces parece alcanzar dimensiones atmosféricas ineludibles. Armando Ruiz dota de ascendente antropomórfico explícito a las armas que sólo los hombres saben construir. José Perozo apela al oficio textil para mostrar el registro poético de una parafilia. Mientras que Armando Rosales construye una maquina que habla de la imposibilidad de relacionarse.

Dibujantes, escultores y compositores. El sonido llena el espacio y el soporte físico de ese sonido se hace materia de dibujo en la obra de José Gabriel Hernández. Juan Pablo Garza interviene la realidad y analiza los puntos de vista para producir escultura desde sus fotografías bidimensionales. Marco Montiel-Soto dibuja con las letras, con el ritmo del teclear.

Susana Quintero-Borowiak

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.