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LUCRECIA LIONTI: GRAFISMOS DESTERRADOS

La tensión entre arte moderno y artesanía, y el textil como dispositivo político y afectivo desde el noroeste argentino, define la práctica de Lucrecia Lionti (Tucumán, 1985), artista textil argentina que hoy reside en Buenos Aires. Además de su trayectoria individual, integra desde 2018 el colectivo feminista La Lola Mora – Trabajadoras de las Artes de Tucumán, aspecto clave para comprender la dimensión política y colectiva de su trabajo.

Su obra, desarrollada durante más de quince años, se sitúa en el cruce entre la historia del arte moderno, la cultura popular y las técnicas artesanales. Lo interesante es que Lionti no aborda el textil desde una reivindicación nostálgica o identitaria de “lo artesanal”, sino como herramienta crítica para desmontar jerarquías históricas del modernismo, como la autonomía de la obra, la pureza formal, la separación entre arte y trabajo manual, o entre alta cultura y cultura popular.

En este sentido, se apropia de lenguajes asociados a la retórica heroica de la abstracción moderna, pero los desplaza hacia materiales y medios de construcción vistos como “impuros” o socialmente cargados, ligados a lo doméstico y lo popular. Hay también una fuerte dimensión vinculada al trabajo, tanto material como simbólica. El título Fabril la mirada de su reciente exposición en MALBA no fue una elección aleatoria, ya que respondía a las relaciones entre cuerpo, trabajo y economía presentes en la hechura de muchas de las piezas expuestas.

Vista de la exposición Lucrecia Lionti: Grafismos desterrados. Sorondo Projects, Barcelona, España, 2026. Cortesía de la galería
Lucrecia Lionti, Nota ocre and Nota roja, 2026. Lana, tela y bastidor de madera (Tejido a dos agujas y ganchillo), 88 x 65 x 4 cm c/u. Cortesía: Sorondo
Lucrecia Lionti, Nota Rosa, 2026. Lana, tela y ojales de acero (Tejido a dos agujas y ganchillo. Confeccionado a mano), 64 x 37 x 3 cm. Cortesía: Sorondo

Y es que su obra abreva de labores históricamente feminizadas y de movimientos políticos subalternos. No debe leerse solo desde la tradición textil latinoamericana, sino también desde el collage, la gráfica política y la cultura mediática. Uno de sus giros más potentes es que no busca “elevar” la artesanía al estatuto del arte (como en ciertos discursos institucionales de legitimación), sino contaminar el lenguaje moderno con formas de sensibilidad, trabajo y afectividad que ese mismo modernismo intentó excluir. De ahí la fuerza de sus fricciones: entre abstracción y precariedad, geometría y cuerpo, diseño y protesta, pedagogía y deseo.

Uno de los núcleos centrales de su actividad es el tratamiento del lenguaje no como sistema de representación, sino como materia, textura y estructura. Las palabras se comportan como fibras que se anudan, se tensan o se deshilachan en el campo visual. El tejido se convierte así en una escritura expandida, donde leer y ver dejan de ser acciones separadas.

Lucrecia Lionti, Firma con nudo, 2026. Lana, arpillera y ojales de acero (Tejido a dos agujas y ganchillo. Confeccionado a mano), 24 x 60 x 3 cm. Cortesía: Sorondo

En Grafismos desterrados, su primera individual en Sorondo, esta aproximación llega a su propio límite. Si en trabajos anteriores el lenguaje aparecía como consigna, aquí se despliega como llamados urgentes marcados por sensaciones de pérdida y exilio. Las piezas se sitúan entonces en un umbral movedizo entre escritura y dibujo. Lionti teje grafismos que rozan la frase sin llegar a constituirse del todo como enunciados. Los textiles que ocupan la galería están inscritos con trazos ilegibles que evocan tanto la caligrafía infantil como el automatismo del doodle. Hay algo de esa escritura que se desvía hacia el cuerpo, como si la mano recordara antes que la palabra.

En su texto de sala, Clàudia Flores Colominas relata cómo Lionti llegó a este conjunto de obras de grafismos erráticos y pulso tembloroso. La artista le comentó: «Ah, Clau, me he quedado sin palabras, ahora solo tejo garabatos». Pero el lenguaje, tan central en su obra, no desaparece sino que se repliega, se vuelve rumor, interferencia, materia opaca. “Tejer garabatos” implica aquí una forma de resistencia mínima, donde la ausencia de palabras no clausura la significación, sino que la redistribuye en el espacio como textura, como adivinanzas y códigos captcha que se repiten sin descanso.

Lucrecia Lionti, Carta para Masotta, 2026. Tela, lana, grafito (tejido a dos agujas y ganchillo, costura a mano y a máquina), 120 x 140 x 10 cm. Cortesía: Sorondo
Lucrecia Lionti, Me he quedado sin palabras, 2026. Lana, arpillera y ojales de acero (Tejido a dos agujas, tejido en telar y ganchillo. Confeccionado a mano), 64 x 41 x 3 cm. Cortesía: Sorondo

Notas, firmas, sobres, y una Carta para Masotta (2026) arman la constelación expositiva. Esta última pieza surge de un encuentro en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona con las cartas de Óscar Masotta a su madre, en las que alude a la pérdida progresiva de la voz. La voz en retirada, o la fragilidad del lenguaje emergen aquí como motivo conceptual en estas piezas recientes de Lionti.

El título de otra obra es elocuente en este sentido: Me he quedado sin palabras (2026). El enunciado, tejido en una suerte de post-it de lana, es como un recordatorio para sí misma y, a la vez, un grito para el mundo, algo que ella insiste en decir y que ya no puede decir.

Lucrecia Lionti, Carta para mí, 2026. Lana, telas de diferentes tipos y fieltro (tejido de punto y ganchillo, costura a mano y a máquina), 92 x 126 x 10 cm. Cortesía: Sorondo
Lucrecia Lionti, Ventana, 2024. Lana natural y sintética, hilo de algodón, tela y lámina metálica (tejido a mano con dos agujas y ganchillo), 139 x 96 cm. Cortesía: Sorondo

Pocas piezas se alejan de este registro lingüístico. Carta para mí (2026) luce un patrón gráfico ya usado antes por la artista en un par de carteras. Se trata de varios LL (Lucrecia Lionti), un monograma que, en su reiteración sobre la superficie, ostenta como motivo decorativo, como en cualquier marca de diseño de lujo.

También hay una Ventana (2024) hacia el mundo de la música. Con sus notas musicales y arabescos, esta pieza parece hablar de la relación estructural entre el sonido y el lenguaje, toda vez que ambos se organizan como sistemas de repetición y de variación. Así, la pieza sugiere que, cuando las palabras se retraen, el sentido no desaparece, sino que encuentra otras formas de vibración, otras maneras de insistir en el espacio.

Lionti no abandona el lenguaje, sino que lo destierra para observar qué formas de sentido sobreviven cuando las palabras dejan de organizar la experiencia.

Lucrecia Lionti, Abrazo, 2026. Lana, tela y bastidor de madera (Tejido a dos agujas y ganchillo), 48 x 62 x 4 cm. Cortesía: Sorondo

Lucrecia Lionti: Grafismos desterrados se presenta del 9 de abril al 12 de junio de 2026 en Sorondo Projects, Trafalgar, 32, Barcelona, España.

Sorondo es un espacio que entiende la exposición como un acto de hospitalidad: un lugar donde las identidades en tránsito, los cruces culturales y la experimentación material encuentran un contexto de escucha, cuidado y proyección. Su fundadora, Juliana Sorondo (Venezuela), ha convertido su propia experiencia migrante en una ética de trabajo basada en el acompañamiento sensible de artistas latinoamericanos y en la construcción de comunidad.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es periodista, fundadora y editora de Artishock.

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