EL ORDEN IMPOSIBLE DEL MUNDO. ENTRE MONUMENTALIDAD Y ECONOMÍA DE MEDIOS
Fundación Proa presenta El orden imposible del mundo. Arte contemporáneo, curada por Francisco Lemus, una exposición que asume la inestabilidad como condición del presente. A través de obras de 26 artistas que oscilan entre monumentalidad y fragilidad, la muestra explora la tensión entre permanencia y cambio en un paisaje expositivo que propone otra forma de atención frente a la saturación de imágenes contemporáneas.

La exhibición parte de una paradoja propia de nuestro tiempo: todo intento de ordenar el mundo resulta necesariamente parcial y momentáneo. Imágenes, objetos y experiencias parecen resistirse a cualquier estructura estable, como si habitaran un territorio donde lo múltiple y lo inacabado fueran la norma. Ese desajuste —más que un problema— se vuelve aquí una oportunidad para mirar lo contemporáneo desde su propia inestabilidad.
A lo largo de la exposición dialogan dos energías complementarias: la monumentalidad, que reorganiza el espacio y resiste la volatilidad contemporánea, y la urgencia material, donde la economía de recursos revela que la intensidad no depende de la escala. En palabras del curador, “la monumentalidad no está al servicio del impacto sino de una lectura crítica sobre cómo circulan los objetos en la cultura”, mientras que “la economía de medios no es una limitación, es un método: lo esencial puede adquirir una potencia inesperada”. Ambos registros, añade, “responden a la misma pregunta: cómo dar forma a un mundo inestable”.
El recorrido no se organiza en categorías fijas sino en afinidades que aparecen y se disuelven. Funciona como una secuencia permeable de capítulos que invitan a repensar el tiempo, lo cotidiano y la materialidad. En lugar de un trayecto lineal, el visitante encuentra un entramado de relaciones que se activa a medida que las obras trazan vínculos inesperados: la solemnidad del archivo convive con lo lúdico, los recuerdos privados se cruzan con imágenes heredadas del patrimonio cultural, y lo íntimo se mezcla con lo colectivo.


Clasificar para volver a mirar
Cada sala propone un eje sin limitar las interpretaciones posibles. La primera reúne obras de Martín Legón y Valeska Soares centradas en el tiempo y el archivo, entendido no como depósito fijo sino como un espacio en movimiento capaz de habilitar nuevas lecturas del pasado y del presente.
La gran instalación de Soares reúne 365 tapas de libros montadas sobre lienzos, una por cada día del año. Organizada en cuatro secciones que remiten a las estaciones, propone un recorrido por títulos de distintos géneros, lenguajes y geografías, desde clásicos literarios hasta narrativa popular. Al separar tapas y títulos de su soporte original, la artista desmaterializa el libro y despliega asociaciones dependientes del recorrido de cada espectador. La lectura —real o imaginada— se convierte así en una experiencia en permanente desplazamiento.
Similarmente, Legón explora la construcción y circulación de imágenes, archivos y sistemas de conocimiento mediante montajes, collages e instalaciones que incorporan herramientas de la investigación histórica y la crítica literaria. La fenomenología (2013/2025), presentada por primera vez a escala monumental en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires, reelabora la lógica del archivo burocrático para construir una instalación que evoca un memorial funerario. Cada caja guarda —según indica la inscripción en la “lápida” del piso— un fragmento mínimo de la existencia: un objeto trivial, una palabra o incluso el vacío. Con humor e ironía, la obra invita a mirar de otro modo aquello que constituye nuestra vida cotidiana.


Barreras permeables
La segunda sala se configura como un entorno urbano a partir de la instalación de Rivane Neuenschwander, en diálogo con las obras de Amalia Pica, Elena Dahn y Juane Odriozola, que incorporan gestos y objetos ordinarios para introducir una dimensión subjetiva en ese entorno. En conjunto, las piezas revelan la trama de acciones mínimas que estructura la experiencia común.
At a Certain Distance (Public Barriers) (2010) parte de la investigación de Neuenschwander sobre cercas públicas utilizadas para delimitar obras en construcción y propiedades privadas en Brasil. Construidas con materiales simples e improvisados, rara vez cumplen la función protectora para la que fueron diseñadas. La instalación reúne objetos encontrados, enfatizando el azar como principio constructivo y una estética lúdica de formas elementales.
En Eavesdropping (2010), Pica transforma un gesto doméstico —escuchar con un vaso a través de la pared— en un dispositivo público que reorganiza la relación entre espectador, obra y espacio. Al multiplicar los vasos sobre el muro, la artista sugiere líneas acústicas invisibles y produce una tensión perceptiva: el público intenta escuchar, pero a menudo sólo percibe sus propios susurros o el ruido ambiente. La obra expone así el límite entre lo público y lo privado.

El teatro de la desaparición
La investigación curatorial identifica afinidades entre artistas y sensibilidades atravesadas por tensiones contemporáneas. En ese marco, El orden imposible del mundo incorpora obras que, por su complejidad material y logística, rara vez ingresan en circuitos expositivos públicos, varias de ellas provenientes de las colecciones privadas Balanz, Oxenford y Cherñajovsky.
Entre estos casos se encuentra The Theater of Disappearance, un paisaje escultórico monumental realizado en 2017 para la terraza del Museo Metropolitano de Nueva York por Adrián Villar Rojas. Trabajando con colecciones de distintas épocas —desde arte egipcio y griego hasta objetos contemporáneos— el artista produjo esculturas híbridas compuestas por cuerpos, fragmentos y utensilios. Integrado a la Colección Balanz, el conjunto se exhibe aquí por primera vez completo en un espacio expositivo.
El proyecto implicó la colaboración con distintos departamentos del museo para seleccionar más de un centenar de piezas del acervo. Mediante escaneo digital, impresión 3D y fundición, el artista creó réplicas reorganizadas en un ambiente cargado de tensión simbólica. La instalación adopta la forma de un banquete escultórico: mesas sobre un piso ajedrezado, figuras detenidas en gestos ambiguos, objetos híbridos, vegetación y mobiliario que remiten a un ritual suspendido.


Materiales simples, gestos mínimos
La última sala introduce una variación en el dispositivo curatorial: el artista Diego Bianchi asume la curaduría y el diseño del montaje. La decisión propone el encuentro entre dos modos de mirar —el del curador, que organiza relaciones, y el del artista, que reorganiza el espacio desde la lógica del taller— generando un paisaje final donde el montaje no solo acompaña las obras, sino que produce otra forma de habitarlas.
A partir de objetos descartados, esta sección de la muestra presenta esculturas que interrogan los excesos del mundo contemporáneo. En Lying Down Muscled, de Bianchi, un tanque de combustible recubierto de arcilla epoxi sostiene fragmentos musculados de maniquí ensamblados a una silla con ruedas, exponiendo la fragilidad del cuerpo, la prótesis y la dependencia de la maquinaria como parte de un sistema agotado.
La sección incluye también obras de Andrés Bedoya, Pablo Accinelli, Paula Castro, Mariana López y Fabián Marcaccio, entre otros. En Dólares – Rapto Paintants (2007), Marcaccio aborda el secuestro extorsivo de los hermanos Born (1974–1975) reproduciendo los 61 millones de dólares del rescate como un bloque monetario en transformación: un objeto entre pintura y escultura cuya materialidad concentra tensiones entre valor, forma e inestabilidad.


Por su parte, Paula Castro presenta una silla plástica Monobloc lijada hasta despojarla de su función, convirtiéndola en un esqueleto frágil que conserva rastros de su identidad original. El resultado oscila entre lo cómico y lo inquietante, criticando el consumo y mostrando una forma mínima y esencial.
“El orden imposible del mundo es una exhibición en la que las obras no ilustran un concepto ni responden a una lectura única, sino que abren conexiones que cada visitante puede construir a su manera. En ese movimiento aparece una forma de pensar el presente, no como un sistema cerrado, sino como un territorio en permanente interrogación”, concluye Lemus.
La exposición, que se presenta en PROA del 13 de diciembre de 2025 al 8 de marzo de 2026, reúne a los artistas Pablo Accinelli, Nicanor Aráoz, Patricia Ayres, Andrés Bedoya, Diego Bianchi, Paula Castro, Federico Cantini, Eduardo Costa, Elena Dahn, Jimmie Durham, Dolores Furtado, Fernanda Gomes, Kati Horna, Estefanía Landesmann, Martín Legón, Lynn Hershman Leeson, Mariana López, Tomás Maglione, Fabián Marcaccio, Rivane Neuenschwander, Juane Odriozola, Damián Ortega, Dan Perjovschi, Amalia Pica, Marcelo Pombo, Valeska Soares, Adrián Villar Rojas.
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