UNA ESCENA COLABORATIVA Y SIN MIEDO: ASÍ FUE EL ART WEEKEND DE GUADALAJARA
Durante el fin de semana del arte en Guadalajara, GDL ART WKND, la ciudad se convirtió en un espacio de encuentro. Gran parte de las exposiciones, intervenciones y conversaciones pusieron en el centro las voces de resistencia y denuncia históricamente silenciadas: las de las víctimas de la violencia generalizada, las heridas aún abiertas del colonialismo, y las consecuencias funestas de un capitalismo que atraviesa cuerpos, territorios y memorias. En ese cruce de posturas y sensibilidades, se hizo visible una comunidad artística dispuesta a levantar la voz, sostenida por una camaradería palpable entre artistas que compartieron no solo espacios y procesos, sino también una urgencia común por nombrar lo que duele y hacerlo visible desde lo colectivo.
Un ejemplo de ello es la exposición Lenguas domesticadas, presentada en Alma Colectiva, curada por Milo Medina y producida por Rubén Méndez. La muestra se suma al fin de semana del arte como un espacio de reflexión crítica sobre la manera en que los lenguajes del dolor y la exclusión han sido absorbidos por la vida cotidiana. Con obras de Joaquín Segura, Regina José Galindo, Reynier Leyva Novo, Cynthia Gutiérrez, Jorge de León, Darío Escobar, Luisa Mendoza, Hellen Ascoli, Carlos Martiel, Edgar Calel, Milo Medina, Tercerunquinto, Raúl Rebolledo, Teresa Margolles y Santiago Sierra, esta colectiva examina cómo la violencia, el daño y la exclusión se vuelven legibles, e incluso tolerables, a través de dispositivos sociales, simbólicos y burocráticos, convirtiendo imágenes, cifras y discursos en materiales desgastados que ya no producen conmoción y que, precisamente por ello, ponen en tensión aquello que asumimos como normal.
A través de instalaciones, video y obra objetual se generan fricciones en lo cotidiano, haciendo visibles presencias, gestos y signos que desestabilizan los relatos dominantes y cuestionan las lenguas del poder que hemos aprendido a domesticar. La exposición abre así un espacio de observación crítica que trasciende lo local para dialogar con problemáticas de alcance global, invitando a repensar nuestra habituación a la violencia, la migración y la desaparición.


En una de las capillas del Museo Panteón de Belén, Isa Carrillo (Guadalajara, 1982) presenta Regina, un proyecto que, en sus propias palabras, “no es una exposición, sino un conjuro para invocar a nuestras muertas”. En diálogo directo con el espacio funerario, la obra activa la memoria, el duelo y la ausencia como fuerzas vivas, apelando a rituales íntimos y colectivos que desafían el olvido y confrontan la normalización de la violencia, transformando la capilla en un lugar de invocación, resistencia y escucha.
El personaje de Regina está entre nosotras como recuerdo vital y como fantasma inscrito en la masacre estudiantil de 1968 en Tlatelolco. Como una grieta en el tiempo, el espacio se abre para hablar con los muertos, no para consolarnos, sino para buscar justicia a través de la memoria, en un presente donde el poder sigue administrando el olvido y donde Jalisco encabezó en 2025 las cifras de desaparición forzada.
Como sugiere Walter Benjamin, aquí se intenta capturar el peligro relampagueante del pasado en el instante de su reconocimiento. No hay una historia única ni cerrada, sino fragmentos y resonancias en constante reescritura, un palimpsesto donde el arte, a través de la numerología y sus símbolos, desestabiliza el sentido y abre la vida como un campo de potencialidades que persisten incluso después de la muerte.

A su vez, la exposición Orden salvaje, de Rocío Sáenz (Chihuahua, 1971), presentada en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA), articula dentro de su propio cuerpo de obra una reflexión sobre el caos, la muerte y la construcción que emerge de la destrucción, a partir de los casos de desaparición de personas y de los movimientos de búsqueda que surgen como respuesta a esta violencia.
Varias de las piezas aluden de manera directa al colectivo conocido como “las madres buscadoras”, así como a los procesos de profesionalización de la búsqueda, basados en el aprendizaje y la aplicación de metodologías y saberes criminalísticos que estas mujeres han desarrollado para localizar a sus familiares desaparecidos.


Otros ejes de exploración se desplazaron hacia los fenómenos geológicos como una vía para cuestionar nuestro entendimiento del mundo que habitamos y las formas en que nos relacionamos con él. Un ejemplo de ello es la exposición Toda erupción es un nosotrxs, de Hiram Constantino, presentada en Palma Galería, donde el volcán aparece como metáfora y materia: energía acumulada, presión, tensión y fuerza contenida. A partir de este proceso, Constantino (Guadalajara, 1987) propone imaginar otras prácticas de existencia colectiva, material y compartida, en las que lo geológico se convierte en un lenguaje para pensar lo común, lo latente y la posibilidad de transformación.

Ahí mismo se presenta también la exposición Una palabra se asienta en el paisaje, de Ana Paula Santana (Guadalajara, 1985). En palabras de la artista, “esta es una exhibición sonora, sin embargo, nada suena”. Santana, creadora experimental tapatía, centra su práctica en la exploración del sonido y sus interacciones con diversos formatos, desde la gráfica y la cerámica hasta instalaciones. En esta muestra, la artista indaga en la comunicación de los “cuerpos de tierra”, cuestionando si los minerales y las formaciones geológicas, como pedreras o lajas, poseen una voz o un canto propio al ser extraídos o desplazados, transformando el paisaje en un espacio donde lo inerte se convierte en un interlocutor silencioso.
Desde la perspectiva ambiental, Norberto Miranda presenta Tiempo de Híbridxs en Galería Adentro, una muestra donde trabaja con residuos plásticos e industriales para reflexionar sobre su uso y transformación en la cultura contemporánea. El artista considera el residuo como materia activa: objetos que, al salir de circulación, recuperan aquí presencia y carga simbólica, cuestionando la relación entre producción, consumo, tecnología y materialidad en la era moderna.

Otro de los hitos del fin de semana fue la edición CAL 10, Agentes Líquidos V. La Cooperativa de Agentes Líquidos (CAL), liderada por Ana Alcantar, Virginia Jáuregui y Adriana Torres, presentó un ejercicio expositivo que combina flexibilidad y colaboración en un espectacular edificio antiguo de estilo Bauhaus, que en el pasado albergó una fábrica de costura. Cada edición, breve pero intensa, reúne entre 30 y 40 artistas emergentes y consolidados, generando un diálogo entre obras que invita a múltiples lecturas y experiencias.
En esta ocasión, participaron artistas como Carlos Ranc, Gabriel Rico, Ana Saldaña, Margarita Velázquez, Luis Alfonso Villalobos, Cristian Franco y Jose Dávila, entre otros. Su enfoque líquido permite adaptar cualquier espacio a las necesidades del proyecto, mientras que la confianza construida con artistas, coleccionistas e instituciones crea un ambiente de creación compartida, visibilidad y descubrimiento, consolidando a CAL como un lugar abierto a la experimentación y al encuentro artístico.

En un tono afín de exploración y diálogo, otra colectiva destacó por su apuesta por la escultura en un contexto igualmente cargado de historia: el antiguo cine Roxy, hoy transformado en espacio cultural. La exposición Mosca, Gallo, Pluma, Ligero reúne a artistas clave de la escena contemporánea local —entre ellos Cynthia Gutiérrez, Gabriel Rico, Alejandro Almanza Pereda, Alejandro García Contreras y Mónica Leyva— en una propuesta colectiva de producción escultórica.
Curada por la arquitecta Miriam Villaseñor y Patrick Charpenel, actual director del Museo del Barrio en Nueva York, la muestra explora materiales, formas y la relación del objeto con el espacio, generando un diálogo entre obras que invitan al público a experimentar la dimensión táctil y tridimensional de la escultura, al mismo tiempo que conversa con la historia y arquitectura del lugar.

Plataforma, espacio dedicado al arte contemporáneo, desplegó durante esos días una programación expositiva distribuida en sus tres niveles, consolidándose como uno de los puntos clave del recorrido. En la planta baja se presenta la muestra colectiva Here, Now, centrada en pintura y fotografía, bajo la curaduría de Sacha Craddock, donde las obras dialogan con la inmediatez del presente y las múltiples formas de representación de lo cotidiano.
El segundo nivel alberga la exposición Forma, Deforma, Reforma, Contrarreforma, Transforma, de Cristóbal Gracia (Ciudad de México, 1987), una reflexión en torno a los procesos de transformación material y conceptual, acompañada por una instalación realizada in situ por Luis Felipe Manzano como parte del proyecto La Esquina, que activa el espacio desde la intervención directa y el diálogo con la arquitectura.

El Museo Cabañas inauguró Las cosas cuando nadie las ve, de Alicia Ayanegui (Ciudad de México, 1994), curada por Lorena Peña Brito. La exposición propone un recorrido poético por la relación entre los objetos cotidianos y la vida que les atribuimos, mostrando cómo pequeñas escenas y utensilios pueden revelar mundos enteros desde la intimidad de la noche o la penumbra.
A partir de momentos ordinarios, la luz que atraviesa una ventana o la forma cambiante de un muro, Ayanegui cuestiona la agencia de los objetos y su capacidad de contener memoria y afecto. Sus pinturas nocturnas superponen tiempos y luces, transformando lo familiar en un espacio de descubrimiento y evocando un animismo sutil: la sensación de que los objetos y los espacios que habitamos poseen una vida propia que dialoga con nuestra experiencia y sensibilidad.

Por otra parte, destacan dos exposiciones relevantes presentadas por el Museo Raúl Anguiano (MURA), ambas curadas por Marco Valtierra. Venganza en flor, de Milena Muzquiz (Tijuana, 1972), desplegó una investigación visual en torno a la violencia, el cuerpo y la memoria, utilizando materiales y gestos que oscilan entre lo orgánico y lo simbólico, donde la fragilidad y la resistencia conviven en tensión.
Por su parte, Ischýs, de Berenice Olmedo (Oaxaca, 1987), abordó el cuerpo desde una perspectiva crítica y política, cuestionando las nociones de normalidad, capacidad y autonomía a través de piezas escultóricas que transforman prótesis y objetos funcionales en extensiones sensibles, cargadas de ambigüedad y potencia poética.


Otras exposiciones que destacaron durante el fin de semana fueron La mala educación de la piel, presentada en Armada Galería, una muestra colectiva de Edgar Cobián, Chelsea Culprit, Bayrol Jiménez y Lucía Vidales, que exploró el cuerpo y la piel como territorios simbólicos y políticos. En Guadalajara90210 se expone Ecos de alma cautiva, un dúo show de Cosa Rapozo (1987) y Hernán González (1992), donde ambos artistas exhibieron obras recientes que dialogan en torno a lo intangible inscrito en la materia, partiendo de la pregunta por aquello que permanece cuando las fuerzas vitales se disipan y solo queda su contenedor.
La galería Tiro al Blanco acoge tres exposiciones: Sentimientos Económicos, de Marek Wolfryd, curada por MS Yániz; Duo Show, de Kiah Celeste e Iván Estrada; y Tittibhasana, de Scott Galván, curada por Baby Solís.
La productora Quadrante presentó, durante un único día, Entornos Habituales, una exposición que reúne obras de artistas que exploran conexiones inesperadas y significados por descifrar. Aitor Lajarín-Encina combina naturaleza muerta, paisaje y arquitectura en pinturas axonométricas de colores mesurados que cuestionan la representación de lo cotidiano. Juan Bastardo, por su parte, reflexiona sobre historia y memoria a través de su versión de la “Grizzly-Bear Chair”, integrando imágenes y mapas de California que dialogan con pasado y presente. Entre enigmas visuales y asociaciones libres, la muestra invita a la interpretación, recordando que “no se puede tapar el sol con una bandera”.

La apertura al público de los talleres de artistas (open studios) y el alto número de exposiciones colectivas reflejan algunas cualidades de la escena de Guadalajara: colaboración entre artistas, reflexión sobre problemáticas actuales y un nivel artístico de proyección global. Las generaciones anteriores de artistas que compartieron espacios sin divisiones establecieron un modelo de trabajo comunitario que persiste en las nuevas generaciones como tradición local. Esta forma abierta y horizontal de habitar el arte se hace evidente para los visitantes y sigue siendo una de sus marcas distintivas. En este contexto, GDL ART WKND crece año tras año, consolidándose como el lugar donde el arte no solo se exhibe, sino que también se construye de manera colectiva, se platica y se comparte generosamente a solo unos días de que la atención global se desplace hacia la Semana del Arte en la Ciudad de México.
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