CLAUDIA GONZÁLEZ GODOY: HIDROSCOPIAS. ECOLOGÍAS CRÍTICAS DEL AGUA
Hidroscopia / Biobío es un proyecto interdisciplinario de la artista Claudia González (Chile, 1983) que explora las transformaciones socioambientales y culturales del río Biobío, uno de los cuerpos de agua más intervenidos de Chile. Esta iniciativa forma parte de la serie Hidroscopias, que la artista ha desarrollado desde 2016, y que combina arte, tecnología y ecología crítica para abordar el impacto de las actividades humanas en los ecosistemas fluviales y las memorias bioculturales de las comunidades cohabitantes.
Durante dos años, la artista, junto a un equipo conformado por Bárbara Molina Vega, Susana Chau Ahumada, Andrés Morales Durán, Arturo Barra Henríquez, y la curadora Carolina Castro Jorquera, han investigado y visitado distintos puntos del río Biobío desde su nacimiento en el Lago Galletué, región de la Araucanía, hasta su desembocadura en Concepción, región del Biobío.
Centrándose en la observación del río, la investigación se despliega en la creación de instalaciones que integran tecnologías como la electrónica y el registro sonoro, así como cerámica, textil y materiales recolectados del territorio, como tierra y agua. Hidroscopia / Biobío pone el foco en aquellos lugares donde el río ha perdido su cualidad fluida, los embalses Ralco, Pangue y Angostura, y su encuentro con el mar, dando cuenta de la fragilidad de este ecosistema y sus constantes amenazas.
Las acciones llevadas a cabo por la artista en cada lugar no solo documentan las alteraciones en el paisaje y su biodiversidad, sino que también proponen una resignificación de la agencia del río, como un cuerpo de agua capaz de generar diálogos entre seres humanos y otros más que humanos.
A lo largo de la conversación entre artista y curadora se desentraña el enfoque metodológico del proyecto, que articula trabajo de campo, interacción con comunidades locales y observación científica. Esta estrategia permite situar el arte como una herramienta activa de reflexión crítica y de generación de conocimiento interdisciplinario. Al mismo tiempo, visibiliza las complejas interacciones entre cultura, tecnología y medio ambiente, y promueve un modelo de investigación y colaboración que reconoce la memoria biocultural como un componente esencial para la sostenibilidad tanto ambiental como cultural.

Carolina Castro Jorquera: Me gustaría que me cuentes sobre el primer pensamiento que recuerdas sobre la creación de la serie Hidroscopias… ¿qué fue lo que te hizo pensar este proyecto? ¿Siempre lo imaginaste como una experiencia en varios ríos de Chile?
Claudia González Godoy: Todo partió cuando investigaba sobre la búsqueda de las aguas subterráneas. Recuerdo que estaba preparando una postulación a una residencia en el norte de Chile, para ser desarrollada en el pueblo de Quillagua, “el lugar más seco del mundo”. En esa ocasión estuve leyendo un libro de Héctor Morel sobre la radiestesia, y allí me encontré con la palabra hidroscopia, que se refiere al «arte de descubrir las aguas subterráneas”. Me quedé atesorando ese término y lo trasladé a la dimensión más política de las aguas ocultas, aquellas que son intervenidas y desaparecidas.
Esta idea, entonces, la desarrollé en la primera de la serie, Hidroscopia / Mapocho, en el 2016. La experiencia de viaje consistió en un intento por seguirle el curso al río, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Maipo. Pensaba en cómo la ciudad va determinando el flujo del río y cómo lo acorrala. La reflexión también se planteaba respecto a la relación que como habitantes de Santiago tenemos con este río, y que la mayoría del tiempo no podemos vincularnos afectivamente con él.
En ese momento no me imaginé el alcance que iba a tener esta metodología de trabajo, pero luego del montaje en el Museo de Arte Contemporáneo y de observar el sistema que se había construido me di cuenta de que podría ser aplicado a otros ríos.

CCJ: Siento que en tu trabajo hay una clara intención por revincularnos con estos cuerpos de aguas que son los ríos, y curiosamente lo haces a través de la tecnología. ¿Cómo las hidroscopias profundizan en la relación entre tecnología y naturaleza?
CGG: Las hidroscopias analizan el fenómeno del extractivismo hídrico, es decir, cómo los ríos están siendo intervenidos para la extracción y utilización de sus aguas, principalmente en la industria minera e hidroeléctrica. Entonces, la relación entre tecnología y naturaleza emerge desde la violencia que genera la intervención humana sobre estos cuerpos de agua a través del uso de tecnologías extractivas. Y, en este sentido, ya sabiendo el gran impacto que produce la industria sobre los ríos y sus ecosistemas, comienzo a preguntarme cuál es la dimensión sensible a partir de la cual los artistas podemos convocar una reflexión. Ahí pienso que la tecnología no tiene por qué ser invasiva: igualmente podemos desarrollar vínculos entre naturaleza y tecnología de formas no complejas.
Me refiero principalmente al uso de tecnologías en el ámbito de las artes mediales o artes sonoras, pues muchos y muchas artistas desarrollamos artefactos con los cuales podemos generar vínculos con el entorno. Estos dispositivos son mediadores: entre geografía, espacio, objeto, artista creador y público. Es interesante pensar cómo el artefacto, en su interacción con otros cuerpos (biológicos y no biológicos), propicia el análisis de un fenómeno o problemática.
En las hidroscopias la tecnología es analizada y desarrollada, por un lado, como un mecanismo de reflexión, y por otro, como un medio para dialogar con el entorno, especialmente con el río, el agua y la tierra.
Es importante relevar la relación existente entre agua y tecnología; y, en el caso de las hidroeléctricas, esta relación es desbordante: la escala del volumen de agua, en la infraestructura como también en la cantidad de electricidad que se genera, es algo que debe ser puesto en tensión, debe ser analizado y cuestionado. En ese sentido, los dispositivos tecnológicos que se desarrollan en estas obras se conforman desde lo pequeño y lo simple, buscando apelar a una sensibilidad material que logre conectar con la problemática y plantee formas de imaginar cómo reconectar física y emocionalmente con el río.
CCJ: ¿Crees posible definir qué es un río?
CGG: Es una pregunta difícil de responder; la respuesta implica muchas formas de definir un río. En un principio, lo definía formalmente como un órgano geográfico. Me gusta la idea de pensarlo desde lo vivo. No se trata de ponerle ojos al río, sino de entender su dimensión vital y simbiótica dentro del ecosistema. Somos especies dependientes unas de otras, y es en esta trama donde se desarrolla la vida.

CCJ: Hidroscopia / Biobío es tu última obra, y llevamos ya más de dos años trabajando en torno a este gran y emblemático cuerpo de agua, uno de los más intervenidos de Chile. ¿Qué elementos nuevos han aparecido en esta hidroscopia y en qué se diferencia de las anteriores?
CGG: Aunque podría entenderse que estos proyectos replican el modelo, la verdad es que todos se han caracterizado de distinta forma. Todos los ríos que he investigado, Loa, Mapocho, Maule, y ahora Biobío, nacen en la Cordillera de los Andes, y terminan en el Océano Pacífico. Sin embargo, sus realidades ecológicas son muy diversas. De manera muy sintética podría decir que con Hidroscopia / Mapocho pude elaborar una aproximación metodológica hacia el río y sistematizarla en una instalación sonora, dando voz al agua recolectada en una especie de orquesta. La participación de la comunidad se hace muy potente en el proceso del viaje, entendiendo cómo la contaminación afecta a las comunidades que dependen directamente del río.
Luego, con Hidroscopia / Maule, hay un giro muy interesante hacia la memoria y cómo ésta es incorporada en un documental, y también en las intervenciones situadas en el embalse Colbún, explorando la noción de retribución al río. Finalmente, en Hidroscopia / Biobío se da lugar a contemplar el río como protagonista y, desde la egofonía, entender cómo el sonido se ve afectado por las transformaciones ecosistémicas.

CCJ: En los últimos años, en Chile y en el mundo, han cobrado fuerza iniciativas que buscan dar personalidad jurídica a los ríos. El Biobío es uno de ellos. Durante estos años has ido conociendo a muchas organizaciones que trabajan por el cuidado y la defensa de los ríos ¿De qué manera tu trabajo artístico y poético dialoga con estas acciones, con el activismo y las visiones territoriales?
CGG: Me parece que las iniciativas de estas organizaciones han sido una fuente importantísima de inspiración para llevar a cabo las Hidroscopias. Los estudios y acciones que realizan permiten que se conozcan y, sobre todo, se comprendan las problemáticas socioambientales.
En el año 2017, participé en un taller que dictaron miembros de Modatima en Puerto Natales. Ellos fueron invitados por Red Liquenlab a dar un taller sobre cartografía del agua. En esa experiencia, conversamos sobre derechos de agua y sequía; mediante la revisión de datos, pudimos visualizar cómo el conflicto medioambiental por el agua se va caracterizando a lo largo de todo Chile, de acuerdo con el tipo de industria extractiva. Luego de esta experiencia, Camilo Mansilla me apoyó en la recolección de datos para estudiar el río Loa. Este trabajo conjunto se materializó en la secuencia de funcionamiento de la instalación en Hidroscopia / Loa.
El caso del río Maule es más difuso… si bien no estuve vinculada a una organización activista o de defensa medioambiental, las entrevistas realizadas en el marco del proyecto incluyeron las historias de vida de mujeres afectadas por la inundación del embalse Colbún. En particular, la historia de una familia que vive frente a las torres del sistema de conexión central. El padre de esa familia se encuentra en un caso legal contra la empresa.
Actualmente, para el desarrollo del proyecto Hidroscopia / Biobío, la Fundación Manzana Verde ha colaborado con nosotros en dos oportunidades. La primera fue en una entrevista que sostuvimos junto a miembros del equipo de Toda la Teoría del Universo, en medio de una de las salidas a terreno a los embalses. Esta conversación fue crucial para entender el flujo de vitalización del río desde que nace hasta que desemboca. En una segunda oportunidad, nos llevaron a la desembocadura del río, acompañándonos en la grabación de la intervención sonora y mostrándonos cómo realizan el monitoreo del agua.
Durante todo este proceso, la presencia de las organizaciones locales como Andes Residencia, Toda la Teoría del Universo, Fundación Manzana Verde ha sido fundamental. Su apoyo contribuye a que estos proyectos puedan materializarse de manera vinculada con el territorio, comprendiendo diversas áreas de logística, producción e investigación.

CCJ: El sonido se ha vuelto central en esta última obra. Como sabemos, tu recorrido por el Biobío ha significado estar atenta al sonido de su caudal, al “rumor” del río, el que cambia considerablemente de las zonas más correntosas a las zonas embalsadas, donde se vuelve casi inaudible. ¿Me podrías contar sobre el gesto de llevar sonido al río a través de tus acciones?
CGG: El gesto de llevar el sonido al río es una operación que surgió en Hidroscopia / Maule. En esa instancia, los recuerdos relatados por las mujeres fueron transmitidos mediante resonadores al suelo del embalse. En esta experiencia aparece la idea de devolver a la tierra la memoria de quienes habitaron allí, para mediante la resonancia de las voces lograr activar la materia y el agua estancada.
Esta misma operación es llevada a cabo en los embalses Ralco, Pangue y Angostura en Biobío, ya no desde los relatos humanos, sino del registro sonoro del río fluyendo libremente por su cauce. Esta propuesta se basa en la observación satelital del cauce del río, en la cual se evidencian segmentos donde no se visualiza el curso del río, es decir, tramos vacíos. Allí se ubican los embalses, donde el agua ingresa, el movimiento se detiene y la materia viva que el río trae consigo decanta en sedimento en el fondo del embalse. En este sentido, devolver el sonido al agua es una forma de restituir algo que se ha perdido.
Hace poco escribí un artículo donde me pregunto: ¿Qué relación existe entre las transformaciones sonoras del río y las formas de violencia ecosistémica del extractivismo hídrico? Lo que ahí planteo es que la detención del flujo del río altera la geografía del paisaje en su dimensión vital y sonora. Esta alteración afecta la experiencia sensorial del entorno y provoca un silenciamiento ecosistémico por la pérdida de diversidad biológica. En ese sentido, cuando el río fluye, su sonido del río se entiende como un signo de su libre manifestación, mientras que, al estar detenido en los embalses, su sonoridad característica se pierde radicalmente.

CCJ: Tu presencia en esos lugares se ha vuelto fundamental en cada proyecto, y en relación con eso, la práctica del performance ha tomado un carácter bien ritual. En Hidroscopia / Maule la acción central era realizada por una habitante del territorio que se cubría con un textil de cobre, pero en las siguientes Hidroscopias tu fuiste tomando un rol más protagónico. ¿Cómo te sientes en ese lugar? ¿Sientes que las acciones que has estado realizando en el río se vinculan con acciones de cuidado hacia él?
CGG: Al momento de pensar de qué forma me puedo vincular con el río, más allá de visitarlo y conocerlo, surge la idea de considerar a la naturaleza como una interlocutora de la obra y, en ese sentido, las acciones en los embalses se consideran como un gesto que repara una desconexión vital entre el agua del río y su sonido. De alguna manera, mediante la resonancia y vibración del agua, producida por la señal electromecánica, el volumen de agua detenido vuelve a vibrar en consonancia con el registro de su sonido natural.
Me pregunto, ¿qué efecto tiene esto en medio de una masa inconmensurable de agua embalsada? Y lo cierto es que no tengo una respuesta científica al respecto, pero sí me gusta la idea de creer que en esa porción de agua estimulada por la vibración se activa una memoria material, que da curso a una forma de reponer y de sanar el daño provocado por las intervenciones.
Ese sentido ritual que mencionas tiene una cierta influencia de artistas como Cecilia Vicuña, cuya obra ha sido tremendamente inspiradora y a la vez liberadora. La potencia de la serie de obras TALA de Meliza Luna Venegas y la sensibilidad de los ensamblajes de Mónica Bate y Cristina Collazos Moyano. Admiro profundamente la seriedad del trabajo de estas artistas.

CCJ: Los montajes de tus obras tienen una estética que combina el uso de tecnología con materiales que provienen directamente de la naturaleza como barro, arcilla, madera, agua, pita, entre otros elementos. ¿Cómo logras traducir estas experiencias en terreno en un montaje en sala, en especial, en el montaje de Hidroscopia / Biobío en la Casa de la Cultura de Chiguayante?
CGG: El montaje de esta obra es una reconfiguración pequeña, íntima y sonora del río Biobío. A partir de una serie de ocho estructuras de madera, cuencos con agua y canastas resonadoras se distribuye el sonido de manera sincronizada en bucle. De esta forma, el registro sonoro del río va recorriendo cada estructura. Frente a estas piezas se proyecta un documental-ensayo que registra el trayecto realizado por el río, desde la Laguna Galletué, su origen, hasta la playa en Hualpén, su desembocadura.
El relato que acompaña estas imágenes es un texto de Victoria Maliqueo, quien propone una mirada hacia el río intervenido a partir de las aves que anidan en los campos, los tregueles, que han ido cambiando sus formas de habitar producto de las intervenciones en el río. Finalmente, un lienzo con el trazado del rico entrecortado por los embalses se instala en el muro contiguo frente a las estructuras sonoras.
Materialmente, las hidroscopias han ido cambiando entre sí, cada una respecto de su versión anterior (Mapocho, Loa, Maule y Biobío). De a poco, cada obra, en su momento, va determinando funcionamientos, procesos, materiales y referencias a las localidades por donde circulan los ríos. Si en Hidroscopia / Loa la presencia del cobre es significativa, en Hidroscopia / Maule el uso del cobre se aplica en textiles, tejidos y bordados con hilos de cobre. En ese sentido, la materialidad rígida de la placa de cobre se amolda al pliegue y lienzo del textil para transmitir el diálogo con el grupo de mujeres mayores. Finalmente, en Hidroscopia / Biobío las canastas, vasijas y estructuras de madera a la altura de los juncos en los ríos, intentan darle el protagonismo al Biobío y a su vocalización.
Por otra parte, las instalaciones implican la existencia de un funcionamiento… son estructuras que, en su ensamblaje, se articulan un sistema que permite la lectura de la obra y su activación. De alguna u otra forma, caracterizan al río y su condición vulnerada.


CCJ: Una pregunta que me hago a menudo, y que ha surgido también en el proceso de acompañar tu trabajo a lo largo de estos años, es si las prácticas y/o acciones artísticas tienen alguna posibilidad de activar procesos de recuperación, como ya mencionaste antes, ecosistémicos. Quiero decir, las naciones indígenas en Sudamérica practican con fuerzas sus rezos porque estos, como dice Ailton Krenak, ayudan a restaurar el equilibrio planetario ¿Crees que el arte puede también llegar a operar de este modo?
CGG: Totalmente, pero aún no sé de qué forma. Pienso que estas acciones están germinando en nuestros contextos artísticos y sociales y, en paralelo, están contribuyendo significativamente a generar consciencia, sensibilizando y ampliando el rango de acción de los proyectos artísticos.
Algo que me parece crucial es que hoy en día abundan proyectos artísticos que desarrollan temáticas en torno al agua o que evidencian las prácticas del extractivismo en diversas partes del mundo. Y creo que además es fundamental no sólo revelar esta problemática, sino también poder proponer formas de relacionarse con los paisajes alterados y vivir en esta realidad. De esta manera, creo que los gestos restauradores aportan perspectivas afectivas que van más allá del efecto inmediato y visible.
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