VIVIAN SUTER: I AM GODZILLA
Por primera vez en Suecia, el Moderna Museet Malmö presenta una gran exposición dedicada a la artista Vivian Suter (Buenos Aires, 1949), figura clave del arte contemporáneo guatemalteco que en sus telas desdibuja las fronteras entre la premeditación artística y el accidente natural.
Bajo el título I Am Godzilla, la muestra reúne más de 350 obras —muchas de ellas inéditas— desplegadas libremente en la imponente Turbine Hall del museo. Colgadas del techo, apoyadas contra las paredes, esparcidas sobre el suelo, esta instalación sin recorridos prefijados crea una suerte de ecosistema envolvente y sin jerarquías.
La exposición es también una aproximación al singular universo creativo de una artista que, desde hace más de cuatro décadas, vive y trabaja en Panajachel, un pueblo ubicado a orillas del lago Atitlán, en Guatemala.


Panajachel: pintura como hábitat
Suter nació en Argentina, creció en Suiza y vivió en Basilea entre 1962 y 1982, ciudad en la que se formó como artista y donde comenzó a desarrollar sus primeras obras dentro de una escena marcada por la abstracción y el informalismo europeo. Sin embargo, es en Guatemala donde su práctica adquiere una dimensión profundamente vital, inmersa en la naturaleza y atravesada por sus elementos.
En 1982, mientras viajaba por Norte y Centroamérica, Suter llegó a Panajachel y decidió establecer allí su residencia permanente. Construyó su estudio en el terreno de una antigua plantación de café, rodeada de aguacatales, mangos y gravileas, desde donde se divisa el lago y los volcanes que lo custodian.
Desde entonces, el entorno natural no solo ha sido escenario de su producción, sino parte activa de ella. Sus lienzos —a menudo sin bastidor— se exponen a la intemperie y absorben trazos del mundo que los rodea: barro, hojas, ramas, marcas del andar de perros e insectos, agua de lluvia y humedad tropical, como grandes sábanas manchadas de vida.
Dos momentos críticos marcaron este giro orgánico en su obra: las tormentas Stan (2005) y Agatha (2010), que devastaron su taller y cubrieron de lodo muchas de sus pinturas. Pero, en vez de considerarlas pérdidas y resistirse al deterioro, la artista decidió incorporar esas alteraciones naturales azarosas como parte del proceso creativo. “Me empezó a gustar cómo la naturaleza pintaba sobre ellas”.


Su obra puede calificarse de pintura paisajística tanto en el sentido literal como conceptual del término, ya que la naturaleza se integra en sus pinturas tanto como motivo como material.
Andreas Nilsson
Pintura sensorial y afectiva
En I Am Godzilla, el conjunto de obras exhibidas se comporta como un organismo vivo, cuyas partes dialogan entre sí como fragmentos de un mismo paisaje emocional. Sus resonancias aluden a ciclos naturales, condiciones climáticas y estados de ánimo. Aunque cada pieza conserva autonomía formal, en conjunto construyen una experiencia inmersiva y atmosférica que involucra no solo la mirada, sino también la corporalidad del espectador.
Las pinturas cuelgan del techo o de estructuras metálicas similares a las que Suter utiliza en su propio taller, y también se extienden sobre el suelo, desafiando el formato expositivo tradicional del lienzo enmarcado y puesto en la pared. La muestra incluye además una gran estructura de madera que invita a los visitantes a cambiar la perspectiva del cuerpo y la mirada, permitiéndoles, por ejemplo, observar desde lo alto las obras dispuestas en el piso.
Los motivos pictóricos de las obras remiten a formas vegetales, cuerpos de agua, frutas tropicales —como una suerte de paraíso reinventado—, pero también a gestos intuitivos, trazos gestuales, veladuras cromáticas y manchas que nunca ocultan del todo su condición de materia en proceso.
“Hay una espontaneidad y fisicidad tangible en las pinturas de Vivian Suter”, dice el curador de la muestra, Andreas Nilsson, quien también recuerda que la artista ha descrito su manera de pintar como un trance: “Soy consciente de mi cuerpo, por supuesto, pero al mismo tiempo, como si estuviera en otro lugar”.
A medio camino entre lo abstracto y lo reconocible, la pintura de Suter rehúye la representación para afirmar su presencia. Colores brillantes y terrosos, líneas enérgicas y zonas más diluidas conviven en composiciones abiertas, sin orientación fija. Muchas de sus obras pueden rotarse, reconfigurarse o colgarse de manera distinta en cada montaje. Esto refuerza su carácter mutante y situacional, y sugiere una poética del tiempo como continuidad: Suter define su práctica como una “pintura de toda una vida”, una obra que no se clausura, sino que se prolonga y se transforma.


Entre mundos: una práctica transnacional
Aunque Suter lleva más de cuatro décadas alejada de los grandes centros artísticos, su obra no puede leerse únicamente desde la noción de aislamiento o retiro. Por el contrario, su trayectoria encarna una forma de cosmopolitismo alternativo, más afectivo que institucional, más vinculado al entorno que al mercado. En sus lienzos convergen saberes occidentales y cosmovisiones locales; su método de trabajo traduce formas de vida mestizas, al margen del exotismo pero en sintonía con la experiencia del lugar.
El trabajo de Suter ha ganado creciente visibilidad internacional en los últimos años, con exposiciones en el Kunstmuseum Luzern, el Camden Arts Centre de Londres, la Documenta 14 en Kassel y Atenas, y el ICA de Boston. Sin embargo, I Am Godzilla representa un hito por su escala y por la manera en que permite a los visitantes experimentar de forma directa su poética de la inmersión. En palabras de la propia artista, esta forma de instalación refleja su modo de vida y de trabajo: una convivencia cotidiana con lo imprevisto, con el clima, con lo vivo y lo cambiante.
El título de la muestra, tomado de un juego con su nieto, introduce un componente lúdico y afectivo. Pero también evoca, en palabras de Nilsson, una criatura ambigua —a la vez monstruo y defensor de su territorio— que se manifiesta sin pedir permiso. Así, como Godzilla, la obra de Vivian Suter irrumpe en el espacio institucional con una fuerza telúrica, indómita, sin voluntad de domesticación. Sus telas no buscan ser contenidas ni explicadas: simplemente están ahí, abiertas al mundo, como extensiones sensibles de un paisaje en perpetua mutación.


VIVIAN SUTER: I AM GODZILLA
Moderna Museet Malmö, Turbine Hall
Del 22 de marzo al 31 de agosto, 2025
Curaduría: Andreas Nilsson
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