LUCRECIA LIONTI: FABRIL LA MIRADA
En su primera exposición individual en un museo, Fabril la mirada, presentada en el MALBA, Lucrecia Lionti activa una operación crítica que no solo interpela la historia del arte moderno argentino, sino que también cuestiona sus formas de legitimación cultural, sus jerarquías materiales y su distancia afectiva. Desde una perspectiva situada en el noroeste del país, la artista tucumana teje —literal y simbólicamente— una genealogía propia, donde la tradición artesanal y la cultura popular convergen con la abstracción y el conceptualismo.
Lionti propone un terreno de fricción entre arte y artesanía. En sus obras, el trabajo manual y la precariedad material se convierten en herramientas políticas que tensionan los valores instituidos por el canon moderno: la autonomía de la obra, la economía formal, la pureza del medio. La artista se apropia de aquellas nociones tan estimadas por el concretismo argentino para desarticularlas desde una práctica anclada en la pedagogía visual de la escuela pública, en las economías domésticas del norte argentino y en los saberes tradicionalmente vinculados a lo femenino. Su obra se configura así como una crítica a las narrativas hegemónicas del arte moderno en nuestra región, desde una perspectiva situada y atenta a los márgenes.


La instalación que da título a la muestra, Fabril la mirada, condensa muchas de estas tensiones. Compuesta por diez piezas textiles colgantes que evocan moldes de costura y mangas extendidas —brazos en reposo o cuerpos fragmentados—, la obra activa no solo el vínculo con las labores históricamente asociadas a las mujeres, sino también con los movimientos políticos subalternos, mediante consignas sociales diseminadas en la superficie del textil.
La segunda instalación, Pizarrón en caída, profundiza la tensión entre lo moderno y lo cotidiano. A través de un panel de 12 metros confeccionado en gabardina negra, la artista activa el imaginario gráfico de la educación pública como campo de producción simbólica, de formación política y sensibilidad colectiva. En su superficie textil se inscriben bocetos, anotaciones, citas veladas y fragmentos de obras presentes en la muestra, componiendo un diario abierto que articula intuiciones, errores y hallazgos como si fueran parte de un pensamiento en proceso.
Este “pizarrón” continúa una serie clave en el imaginario de Lionti, donde la escuela no solo es un tema, sino también una fuente infinita de materiales y recursos: letras de molde, cartulinas, abecedarios y calendarios habituales en el ámbito educativo que la artista tensiona a partir de operaciones como el collage o referencia a la actualidad.

La obra Hollín de caña (2025), por su parte, condensa con nitidez la apuesta política de Lionti. En esta pieza, que dialoga abiertamente con el arte concreto argentino, el “hollín” no es solo un título, sino una materia que remite a una economía regional específica: la caña de azúcar en Tucumán, cuyas partículas suspendidas en el aire forman parte de un paisaje contaminado y visceral. El polvo negro funciona aquí como signo de una historia no dicha, un residuo que se infiltra en la imagen, como también lo hacen los materiales sintéticos, la lana de oveja, la pintura acrílica. Todo el aparato visual moderno es así expuesto a una contaminación simbólica que lo vuelve poroso, impuro, inestable.
En el trabajo de Lionti no hay voluntad de reconciliación, sino de confrontación. Sus obras no celebran la identidad regional ni la herencia artesanal; las examinan, las tensan, las exponen a sus propias contradicciones. En ese sentido, su práctica se inscribe en una historiografía crítica del arte latinoamericano contemporáneo que busca reescribir sus marcos de referencia sin caer en el exotismo ni en la mímesis institucional.
Como señala Carla Barbero, curadora de la exposición: “Si para el arte moderno la autonomía era una virtud —la idea de que el arte debía existir por una voluntad lo más lejana posible de una realidad que osara volver útil al objeto estético—, Lionti retoma esa premisa, pero para desplazarla hacia los lenguajes populares, la artesanía, la educación escolar y la cultura mediática. En esos desplazamientos, sus imágenes se cargan de una fuerza vociferante y a la vez sentimental”.
Y es justamente en esa fuerza sentimental donde radica gran parte del poder de su obra: en la capacidad de hilvanar memorias fragmentadas, cuerpos anónimos, residuos materiales y signos culturales en una forma visual que, aun cuando se articula desde la crítica, no renuncia al afecto, al deseo ni a la emoción.



LUCRECIA LIONTI: FABRIL LA MIRADA
Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), Av. Figueroa Alcorta 3415
Del 14 de marzo al 16 de junio de 2025
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