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OLGA DE AMARAL EN LA FUNDACIÓN CARTIER

A sus 92 años, Olga de Amaral nunca había disfrutado de un momento de visibilidad internacional como el que está experimentando ahora. Un nuevo reconocimiento llega gracias al impulso de la Fundación Cartier en París, que presenta, hasta el 16 de marzo, la riqueza del trabajo de esta artista, pionera en el arte textil.

La obra de esta destacada figura del arte colombiano ha trascendido el estigma que la consideraba un mero producto de la ‘alta sociedad’ vinculado a las bellas artes, para revelarse como un elemento clave en una insurrección silenciosa que anuncia un posible giro decolonial en la modernidad de América Latina.

Bajo la curaduría de Marie Perennès, la exposición reúne alrededor de 80 obras realizadas desde la década de 1960 hasta la actualidad, muchas de las cuales nunca han sido exhibidas fuera de Colombia. Entre estas se encuentran las vibrantes creaciones en pan de oro que catapultaron a la artista a la fama, así como la impactante serie Brumas.

Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Cyril Marcilhacy

Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage
Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage

Sus tejidos monumentales, que ocupan la triple altura de la Fundación Cartier, nos sumergen en un profundo instante de esplendor. Sin embargo, como ocurre con toda obra significativa, el encanto es seguido por un momento de duda, más cuando tu mirada está familiarizada con el cinetismo.

Cuando descubres la densidad del azul en la obra de Soto que cuelga en el Cubo Negro de Caracas, o el amarillo casi dorado vibrando entre los cubos blancos de luz que flotan como el “cielo de Jesús Soto” sobre el foyer del Teatro Teresa Carreño, la serie Brumas, iniciada en 2018 por el estudio de Olga de Amaral, pareciera una descarada apropiación de las artes triunfales de Venezuela. La de Amaral es una geometría “sucia” o arcaica, donde los volúmenes virtuales son reconstruidos con delgadas cuerdas de fibra vegetal pintadas a mano. Pero los tiempos han cambiado y las apropiaciones estéticas no representan ningún problema ético, mucho menos al ser orquestadas por una mujer. 

Detrás de ese “cinetismo orgánico” hay mucho más que una posible apropiación implementada por el estudio Amaral. Las nuevas dinámicas del circuito del arte, centradas en estéticas marginales y en reconocer el trabajo de las mujeres artistas han permitido que, al revisitar esta obra, se develen potentes capas discursivas, donde las tecnologías ancestrales corrompen las ansias globales e industriales de la abstracción geométrica y el cinetismo latinoamericano.

Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage
Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage

Inclasificable, el arte de Olga de Amaral se inspira tanto en los principios modernistas, que descubrió en la Academia de Artes de Cranbrook en Estados Unidos, como en las tradiciones vernáculas de su país y en el arte precolombino. Eso quiere decir que, hace más de 50 años, cuando ser indígena era un verdadero estigma y los artistas más sofisticados del continente hacían eco de la efervescencia europea o neoyorquina, ella decide quedarse en Colombia dejándose impregnar por la herencia textil de su país y por una tradición prehispánica de siglos en la región, donde el oro es utilizado como material ritual.

Olga de Amaral describe sus obras como “presencias” y en ellas evoca el poder espiritual de los materiales. Así, desde los años 60, ha superado los límites del medio textil, dando autonomía al tejido más allá del muro, la cobija o el mantel para multiplicarlo como una obra de arte experimental que levita en el espacio, casi como una arquitectura ritual dispuesta para un momento de intimidad.

Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage
Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage
Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage
Vista de la exposición de Olga de Amaral en la Fundación Cartier, París, 2024. Foto: © Olga de Amaral Picture © Marc Domage

En los años de juventud de esta artista, Colombia era un país que se sostenía sobre la base de una economía agrícola. Las visitas que hizo a ferias y mercados rurales junto con su madre crearon un lazo afectivo con la artesanía, con los campesinos y los artesanos que elaboraban recipientes cerámicos y cestería, que hilaban y hacían ruanas y mantas.

A diferencia de la intelectualidad que acompaña al arte abstracto, sus investigaciones son el resultado de un contacto intuitivo con la materia, con elementos como el lino, el algodón, crin, yeso, pan de oro o paladio. Olga de Amaral teje, anuda, trenza, entrelaza los hilos para crear inmensas obras tridimensionales donde el tejido es mantra y alfabeto al mismo tiempo.

Definitivamente, más allá de cualquier exploración formal, la profundidad de esta obra la eleva como un referente y abre un portal para repensar al tejido como un lugar de reconciliación entre la espiritualidad, el inconsciente y las fuerzas del paisaje.

Rolando J. Carmona

Venezuela/Francia. Curador independiente. Su trabajo se centra en teorías y prácticas artísticas que cuestionan visiones del mundo antropocéntricas y binarias desde una perspectiva interseccional, con énfasis en el arte basado en medios derivados de la cultura post digital. En esta línea, sus proyectos actuales reflexionan sobre IA, ecosistemas híbridos y arte queer latinoamericano. También está preparando la publicación “CUELPA Rebelde”, una revisión de la contemporaneidad en Venezuela desde la lógica queer.

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