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ANTÜ ÑI KURAM. SEBA CALFUQUEO EN EL MUSEO DE ARTE MODERNO DE BOGOTÁ

I

Aunque Seba Calfuqueo nació en Santiago en 1991, no se identifica como chilena. Su identidad se enraíza en su ascendencia mapuche y, desde una perspectiva situada en los saberes de los pueblos originarios del continente, su práctica artística propone un diálogo entre las cosmovisiones indígenas y los estereotipos fundacionales del pensamiento occidental.

Su obra denuncia la barbarie de las estructuras impuestas por el colonialismo y la evangelización, y abre un espacio para imaginar nuevas formas de habitar el mundo. A través de diversos medios, investiga y reflexiona críticamente sobre la relación entre territorio y pertenencia, entrelazando narrativas personales con experiencias colectivas que atraviesan cuestiones de raza, disidencias sexo-genéricas y problemáticas ambientales.

Una antología de performances, instalaciones, pinturas, esculturas en cerámica y videos, de un
cuerpo de trabajo de más de setenta obras producidas durante la última década, conforma Antü ñi kuram, la primera exposición institucional de Seba Calfuqueo. El título, en mapudungun —la lengua mapuche—, proviene del término antü kuram, que significa “huevo sin embrión” y que ha sido usado de forma despectiva para referirse a la homosexualidad o a aquello que se desvía de la reproducción.

La artista recupera esta expresión —que rastreó en un texto de 1995 de la lingüista María Catrileo— y le añade el posesivo ñi (“de”), en un gesto de reapropiación que resignifica el término como huevo del sol. Con ello, transforma un símbolo de exclusión en una afirmación de orgullo disidente y de resistencia frente a las fracturas ideológicas impuestas por la colonización.

Si bien la Real Academia Española estipula que los nombres de los pueblos indígenas deben escribirse con minúscula por considerarse sustantivos comunes, los textos que acompañan esta muestra panorámica —presentada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá bajo la curaduría de Eugenio Viola y Juaniko Moreno— se escriben con mayúscula, al igual que los nombres de sus lenguas, como un gesto de reivindicación política y simbólica.

Seba Calfuqueo forma parte del Colectivo Rangiñtulewfü —cuyo nombre significa “entre ríos”— y, junto a Ange Cayuman, periodista, escritor y curador, se ha sumergido en los registros históricos para escudriñar, desde el idioma mapuche, las posibilidades de una ancestralidad que permita trazar una genealogía de las disidencias sexuales. “Hemos tenido que mirar los archivos coloniales para rastrear denominaciones de otras formas del deseo y tomar el registro escritural u oral como fuente de memoria. Estas siempre fueron interpretaciones que otros hicieron sobre los cuerpos mapuche. Tenemos pocas fuentes que directamente nos hablen de una experiencia encarnada. Por lo tanto, muchos de estos conceptos cargan con interpretaciones mediadas por un ojo colonial”, señalan Calfuqueo y Cayuman.

II

Aunque la muestra se despliega en la arquitectura del museo como un panorama abierto, con una morfología circular que no impone un recorrido predeterminado, hay una obra que Seba Calfuqueo sugiere como punto de partida: Nunca serás un weye, un video performance de 2015 recientemente exhibido en la última edición de la Bienal de Venecia, curada por Adriano Pedrosa.

En ese momento, Sebastiana tenía 24 años y atravesaba su transición de género. En el video, aparece vistiéndose, en un gesto cargado de intimidad y resistencia, mientras busca la reapropiación de una identidad históricamente negada —silenciada por la religión, el patriarcado y los discursos hegemónicos de la historia. Antes de la llegada de los españoles al territorio suramericano, existía el término machi weye, que designaba a personas con la capacidad de transitar entre la feminidad y la masculinidad, en una concepción del género no binaria y espiritual.

La contundencia de esta obra, que dura casi cinco minutos, radica en su íntima conexión con el propio recorrido vital de la artista. Nunca serás un weye marca un punto de partida en su trayectoria profesional, en la que el arte y la experiencia encarnada se cruzan. “Yo estudié artes [realizó el pregrado y la maestría en Artes Visuales en la Universidad de Chile], pero nunca tuve formación en performance. Siento que me llegó sola, por experiencia de vida, por ser una persona trans, por tener que salir todos los días a la calle y pensar que este cuerpo tiene muchas capas. Mis primeras obras como artista de performance tienen que ver con mi adolescencia y la búsqueda de mi identidad. Y también tienen que ver con la resistencia en torno a eso”, explica Calfuqueo.

Según Eugenio Viola, el cuerpo en resistencia y performático de Calfuqueo “es un cuerpo que reivindica sus raíces mapuche y su alteridad transgénero. Son los motores principales de su investigación. En términos holísticos, es su recurso artístico existencial”.

Seba pertenece a la primera generación de la familia Calfuqueo nacida en Santiago. “Lo chileno, para mí, es muy cuestionable. Mi origen tiene que ver con lo mapuche, y siempre supimos que éramos diferentes. Tener un apellido indígena inmediatamente te pone en otro lugar dentro de la sociedad. Me crie con la sensación de estar afuera, de no formar parte de la chilenidad como tal”, recuerda la artista.

Seba Calfuqueo, El reflejo del lago (de la serie Natura), 2023. Impresión digital (inyección de tintas pigmentadas de archivo en papel FineArt Baryta Hahnemühle, 315 grs). Registro: Diego Argote
Vista de la exposición Antü ñi kuram, de Seba Calfuqueo, en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote
Vista de la exposición Antü ñi kuram, de Seba Calfuqueo, en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote

III

Algunas personas han calificado a Calfuqueo como activista, dado que su trayectoria artística ha estado vinculada a diversos movimientos sociales. Las luchas medioambientales aparecen de manera recurrente en su obra, donde la identidad mapuche no se plantea como una categoría fija, sino como una premisa abierta, en constante construcción, que se entrelaza con experiencias territoriales, vínculos con la naturaleza y geografías específicas.

En 2023, presentó la serie Natura, en la que, por medio de fotografías capturadas por Diego Argote, establece una relación metafórica y simbiótica entre su cuerpo y el paisaje. La artista se funde sutilmente con elementos sagrados para su cultura ancestral —como el volcán Llaima y la araucaria—, se sumerge parcialmente en el agua como una espora y se acomoda entre la vegetación como lo harían los hongos. Este contexto biológico, que desborda lo humano, desdibuja los cánones de la “normalidad hetero y binaria”, convocando presencias híbridas que desafían las taxonomías coloniales del cuerpo y la identidad.

“El talento de Seba radica en que ella entiende que los seres humanos no podemos cambiar nuestra genética, pero sí podemos abrazarnos a la tierra del mismo modo en que el hongo y el alga se unen para dar origen a un nuevo organismo. No se trata de transformar la genética para cambiar las secreciones de la tierra o de los cuerpos —incluida la cultura—, sino de reconocer que en esa simbiosis surgen nuevas formas de existencia”, apunta la bióloga e investigadora colombiana Brigitte Baptiste, autora del libro TransEcología.

En sintonía con esta aproximación simbiótica, Calfuqueo insiste en que su obra no busca ofrecer respuestas cerradas, sino abrir interrogantes. Le interesa cuestionar nociones como “lo natural” o “lo biológico”, y desestabilizar categorías que presentan lo femenino y lo masculino —o lo hembra y lo macho— como únicas posibilidades. Ejemplifica esto con especies vegetales como la quila —presente en la exposición—, planta endógena del Wallmapu, hermafrodita y bisexual, capaz de florecer y autorreproducirse, desafiando así los parámetros binarios. Para la artista, esta muestra se configura como un espacio híbrido que invita a pensar más allá de las preconcepciones en torno a la naturaleza, el cuerpo y el deseo.

En la sala contigua, el sonido de una cascada de Palguín, en la región de La Araucanía, evoca un espacio vital y sagrado dentro de la cosmología mapuche. Este video performance, Tray Tray Ko (2022), presentado en la Bienal de Whitney, se erige como una crítica contundente a los efectos de la dictadura de Augusto Pinochet, que mediante el Código de Aguas de 1981 privatizó la distribución hídrica, entregándola a sectores privilegiados y poderosos, y arrebatando un derecho fundamental al pueblo mapuche. Envuelta en una tela azul —color sagrado para esa cultura—, la artista actúa como un conducto entre lo tangible y lo espiritual, reafirmando su resistencia frente a las fuerzas dominantes que amenazan los ríos y territorios indígenas con fines comerciales.

Seba Calfuqueo, KANGECHI (Lo otro), 2019. Resina epóxica, escarcha negra y pelo sintético sobre muro. Dimensiones variables. Vista de instalación en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote
Vista de la exposición Antü ñi kuram, de Seba Calfuqueo, en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote
Seba Calfuqueo, Cuerpos en resistencia, 2020. Performance en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote
Seba Calfuqueo, Cuerpos en resistencia, 2020. Performance en el MAMBO, 2025. Registro: Diego Argote

IV

El lenguaje táctil y visual de Seba Calfuqueo se articula a partir de un cortocircuito entre lo natural y lo artificial. El pelo sintético y la cerámica son la materia prima de algunas esculturas e instalaciones que forman parte de esta exposición panorámica. “Trabajo con materiales a los que yo misma denomino ‘travestis’, porque se maquillan, se falsean, se travisten para parecer otra cosa”, explica la artista. La cerámica esmaltada, concebida por Seba como un embellecimiento de la tierra, destella un brillo que homenajea la resiliencia del pueblo mapuche frente a la barbarie de la colonización, que con su codicia desmedida destruyó bosques enteros en busca de madera.

En una serie de pinturas con acrílico y pigmentos sobre tela, Calfuqueo sintetiza Historias coloniales de Chile con ornamentos mapuche que reivindican el valor simbólico de la plata como elemento de protección. A su vez, estas obras resumen la imposición de la fe católica e introducen la compleja temática de la evangelización.

La performance Cuerpos en resistencia, presentada por Seba en la noche de inauguración de la muestra, revela el horror de la erradicación de identidades no heterosexuales, crímenes que avergüenzan a la humanidad y que fueron perpetrados por miembros de la iglesia. Esta obra condensa todos los registros escriturales que Seba investigó sobre cuerpos no binarios.

“Para mí, el pelo es una forma de escritura. Está vinculado a la connotación mapuche, a la extensión del pensamiento y a la manera en que el cuerpo se enraíza en la tierra… El pelo es un indicio de identidad. Incluso, en la cultura occidental, es un estereotipo asociado a lo femenino y al cuidado, mientras que para los hombres se asimila con cortarlo. Pero son ideas que no necesariamente se trasladan al mundo indígena”, explica la artista.

Seba Calfuqueo, Imagen país, 2023. Cerámica esmaltada azul y con lustres de azules y plata. Dimensiones variables. Registro: Diego Argote
Seba Calfuqueo, Destellos, oro retornado, 2025. Cerámica. Registro: Diego Argote

V

En el marco de esta exposición, con un conjunto de piezas producidas en 2025 bajo el título Destellos, oro retornado, Seba Calfuqueo realiza una repatriación simbólica en territorio colombiano, donando esta obra al Museo de Arte Moderno de Bogotá. En un acto de devolución cultural, entrega a las comunidades zenú, tayrona y calima tres cerámicas doradas, réplicas delicadas y fieles de figuras sagradas en oro que fueron extraídas y que actualmente forman parte de la colección del Museo Chileno de Arte Precolombino.

En el contexto de su generoso acto, presenta el video ¿Para qué guardar?, que explora diversos registros visuales y narrativos para cuestionar las prácticas del coleccionismo. Aunque las culturas originarias americanas difieren en sus climas y geografías, la empatía que anima esta acción trasciende lo local y establece un diálogo profundo entre los pueblos.

“Esta exposición encuentra una gran resonancia en Colombia, donde se fortalecen los procesos en torno a las prácticas artísticas contemporáneas desde los pueblos originarios. Es pertinente porque contribuye a fortalecer los lazos en el sur del continente, donde, si bien existen múltiples diferencias contextuales, emergen luchas y preguntas comunes”, señala Elías Doria, antropólogo e historiador del arte y miembro del equipo de curaduría del Museo Nacional de Colombia.

“La fuerza de la práctica artística de Seba Calfuqueo radica en las conversaciones que logra articular dentro de un diálogo profundamente poético, en la contundente intersección que establece entre las nociones de género y los despojos epistémicos y estéticos heredados del colonialismo en los pueblos originarios sometidos”, añade Doria.

Seba Calfuqueo, Historias coloniales de Chile, 2024. Acrílicos irisdiscentes sobre lienzo. Registro: Diego Argote

En sus más de 60 años de historia, el Museo de Arte Moderno de Bogotá dedica por primera vez un ciclo expositivo a la resistencia de los pueblos originarios y ancestrales. En paralelo, se presentan Namui nu pirꝋ [Nuestro territorio], de la artista colombiana Julieth Morales, perteneciente a la cultura Misak, y Memórias de Alagamento [Recuerdos inundados], de la artista amazónica UÝRA.

“Vivimos tiempos inciertos: cada día estamos más interconectados, pero, lamentablemente, también más intolerantes. La obra de Seba nos recuerda que el arte siempre está del lado de la coexistencia de todas las posibles diferencias —ya sean de raza, género, política o cultura—. El arte es un espacio para la convivencia pacífica, para tender puentes en lugar de levantar barreras”, concluye Eugenio Viola.


Antü ñi kuram, de Seba Calfuqueo, se podrá visitar hasta el 1° de junio de 2025 en el MAMBO – Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Soraya Yamhure Jesurun

Bogotá, 1985. Periodista independiente y actriz. Directora de comunicaciones y prensa de la Galería El Museo. Ha escrito para publicaciones internacionales como El País y Relatto.

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