JOSÉ LERMA: RELATOR CON AMARGURA
Hace muchos años, cuando José Lerma (1971) visitó el Musée d’Orsay en París y se encontró con Reception of the Grand Condé by Louis XIV de Jean-Léon Gérôme, quedó fascinado con los personajes de fondo. Gérôme, célebre por su meticuloso realismo, los había reducido a simples pinceladas. Esa decisión pictórica ha influido en la obra de Lerma durante casi dos décadas.
Inspirado por este hallazgo, Lerma lleva la técnica al extremo en su propia pintura. Sus retratos emergen de amplias franjas de acrílico, aplicadas con grandes brochas y escobas. La textura empastada, gruesa y densa, domina sus lienzos de gran formato, donde el gesto pictórico se impone sobre el detalle. Estos rostros hieráticos, edulcorados y sintetizados hasta lo esencial, no buscan capturar la psicología del personaje, sino destilar la idea misma del retrato en lo que el artista denomina “el resumen de un rostro”.
Nacido en España, criado en Puerto Rico y con residencia entre Nueva York y Chicago, Lerma es conocido por estos retratos juguetones e intrincados de personajes históricos olvidados. En un sentido más amplio, su trabajo explora la relación entre la historia del arte y el poder. Sus retratados incluyen figuras políticas como John Kerry y el economista Milton Friedman, pero también personajes de la cultura pop como Julio Iglesias y sujetos anónimos: burócratas, banqueros y familiares. En sus obras, lo heroico se funde con lo patético: los grandes relatos se trivializan y lo mundano adquiere una dimensión casi épica.


Un lenguaje pictórico entre la historia y la biografía
El artista ha desarrollado un lenguaje singular, donde el exceso matérico cobra forma en una iconografía que oscila entre la caricatura y la abstracción lúdica. Aunque sus obras parten de referentes históricos solemnes, su aproximación es irónica y desenfadada. “Por lo general, el contenido que me interesa es muy seco, triste o incluso trágico”, explica Lerma. “Por eso trato de darle una estética amigable y accesible. La idea es que un niño pueda disfrutar de mis obras, pero que un adulto las aprecie por razones completamente distintas”.
Su proceso pictórico es inmediato y vertiginoso. La mayoría de sus obras se crean en una sola sesión, utilizando una mezcla pesada de materiales de construcción y acrílicos que secan rápidamente, dejando poco margen para el error. Este método está íntimamente ligado a su intención de capturar la espontaneidad de un boceto. Aunque hoy es una de sus señas de identidad, Lerma confiesa que la técnica nació por necesidad: «Comencé a hacerlo cuando era estudiante porque era una opción económica. Pero también tiene la ventaja de estar más conectada con la vida real y con los materiales que nos rodean».
La materialidad de la pintura se convierte en un campo de exploración: superficies vibrantes que, de lejos, parecen gestos expresionistas, pero que al acercarse revelan minuciosos collages de silicona o capas infinitas de dibujo. Este juego entre lo inmediato y lo detallado genera una experiencia sensorial inusitada. Su fascinación por el empasto lo conecta con la tradición pictórica de artistas como Bram Bogart, cuyas gruesas capas de material sirven de referencia para su propio lenguaje visual.


La pintura en el campo expandido
Lerma también juega con la escala para alterar la percepción del espectador. «La idea es ampliar el gesto tanto como sea posible para que la obra parezca un trabajo pequeño hecho enorme, de modo que el espectador se sienta más pequeño a su vez, sumergido en un estado mental infantil».
Del mismo modo, sus exposiciones institucionales suelen desplegarse como instalaciones envolventes. De hecho, su práctica pictórica, que tomó forma tras abandonar la instalación, el video y la fotografía en 2002, se expande constantemente hacia lo instalativo mediante la incorporación de materiales no tradicionales, como telas reflectantes, alfombras industriales, teclados eléctricos, sintetizadores y paracaídas militares. Así, su obra dialoga tanto con las condiciones materiales y sociales de los lugares donde trabaja como con los relatos históricos, en muchos casos aquellos que los museos construyen a través de sus colecciones.



Relator con Amargura: Una retrospectiva no convencional
La exposición Relator con Amargura, recientemente presentada en el Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), reunió más de 60 obras de José Lerma en diversos formatos, técnicas y etapas estilísticas. Lejos de una estructura cronológica tradicional, la muestra se concibió como una gran pintura en sí misma, donde las piezas dialogaban entre sí, tejiendo un relato que abarca dos décadas de producción del artista.
“Es una especie de retrospectiva, pero no organizada por años. La exhibición en sí es como una obra, con una lógica visual más que conceptual. He utilizado este tipo de planteamiento en varias exposiciones, ya que mi trabajo cambia de manera radical de una muestra a otra. Cuando tienes que reunir 20 años de obra, con estilos tan distintos, necesitas otra metodología. Si lo haces cronológicamente, simplemente no funciona visualmente”, explica Lerma.
El proceso de selección y montaje de Relator con Amargura se convirtió en una experiencia personal intensa para el artista. “Cuando empezamos a abrir las cajas con obras que venían de Europa, Chicago y Nueva York, me reencontré con piezas que no había visto en 15 o 20 años. Fue como ver un familiar que ha crecido. Algunas que recordaba como excelentes no lo eran tanto, y otras que consideraba menores me sorprendieron”, comenta. Durante el mes de preparación de la muestra, Lerma también creó nuevas piezas in situ, trabajando con materiales disponibles en el museo.
El título de la exposición surge de un recuerdo de infancia en Sevilla, donde Lerma pasó sus primeros años. Más que un lugar determinante en su desarrollo creativo, el cruce de las calles Relator y Amargura quedó grabado en su memoria por la carga poética de sus nombres. En esta muestra, esa evocación personal se entrelaza con la revisión de su carrera, configurando un relato retrospectivo que, en palabras del artista, le permite “revisitar asuntos del pasado”.

Pintura expandida, escalas heroicas
Lerma trabaja con una diversidad de escalas, pero siente especial afinidad por la monumentalidad. “Me interesa porque habla de psicología, sin caer en el retrato psicológico tradicional. Al ver una obra de gran escala, el espectador cambia su relación con ella, evocando cierta sensación infantil”, explica. “Tengo la tendencia de mezclar lo personal con referencias históricas y de la historia del arte, creando un tejido donde conviven distintos tiempos y narrativas”.
Una de las obras de mayor impacto en la exposición es la instalación basada en el retrato de Carlos II de España, conocido como ‘El Hechizado’. Esta pieza monumental está confeccionada con cortes de alfombras de hoteles, materiales que, para Lerma, evocan una nueva forma de conquista. “Carlos II fue el último de los Habsburgo y su historia es trágica: problemas genéticos graves por la endogamia lo incapacitaron casi por completo. Su muerte puso fin a la dinastía y dio inicio a los Borbones. En cierta medida, su figura sigue resonando en la historia de Puerto Rico”, explica Lerma.
La organización de la muestra responde a una lógica de composición pictórica. En lugar de un recorrido lineal, Lerma dispuso las piezas según intensidades cromáticas y armonías visuales. “Las cosas están colgadas de manera no ortodoxa porque, para mí, tiene más sentido visual. Así se pueden experimentar las obras de una forma más inmersiva”, dice el artista.
Otras piezas significativas de la exposición son los enormes bustos en papel creados junto a su colega Héctor Madera, en homenaje a sus respectivos padres. “Ambos murieron jóvenes, en circunstancias trágicas. Decidimos conmemorarlos con estos bustos, un formato que solemos usar en exhibiciones para representar personajes olvidados”, comenta Lerma.

Un regreso a Puerto Rico
Relator con Amargura forma parte de Regresos / Homeward Bound, una iniciativa del MAPR que busca reconectar a artistas puertorriqueños con su país de origen. Iniciada en 2023, la serie invita a creadores con carreras consolidadas en el extranjero a presentar su trabajo en la isla. Aunque la obra de Lerma es reconocida internacionalmente, su producción ha sido poco exhibida en Puerto Rico, por lo que esta muestra representó una oportunidad crucial para acercar su práctica a nuevas audiencias locales.
“Es bueno que esto esté ocurriendo en Puerto Rico. Aprecio la oportunidad que me ha dado el museo, sobre todo porque está permitiendo que artistas con carreras consolidadas fuera de la isla presenten su trabajo aquí”, concluye Lerma.
Con Relator con Amargura, Lerma no solo revisita su propio recorrido, sino que reafirma la pintura como un espacio de resistencia frente a la hegemonía de la imagen digital. En una época donde la visualidad se consume en pantallas, su obra apuesta por la fisicidad del gesto, el peso de la materia y la densidad del tiempo. La exposición, como su trabajo mismo, es una negociación constante entre la historia y lo personal, entre lo monumental y lo efímero, recordándonos que, en su exceso y materialidad, la pintura sigue siendo un lenguaje irreductible.
Fuentes
Prensa MAPR
Marcos Del Valle, “Relator con Amargura”, exhibición panorámica de José Lerma en el Museo de Arte de Puerto Rico, El Adoquín Times, agosto 29, 2024.
Alexandra Acosta Vilanova, Historia y retrospección en Relator con Amargura en el MAPR, El Vocero, septiembre 6, 2024.
Entrevista en video por El Nuevo Día.
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