CECILIA VICUÑA: LA MIGRANTA BLUE NIPPLE
«Si queremos sobrevivir a la violencia y la deshumanización que asedian al mundo, y construir una paz inclusiva, debemos migrar hacia un nuevo estado mental y emocional». Con esta premisa, la artista visual, poeta, cineasta y activista chilena Cecilia Vicuña nos invita a transitar por La Migranta Blue Nipple, su segunda exposición individual en Nueva York, presentada por Lehmann Maupin.
Vicuña despliega en esta muestra nuevas pinturas, esculturas «precarias» y dibujos, distribuidos a lo largo de las tres plantas de la galería. El corazón de la exposición lo ocupa NAUFraga (2022), su monumental quipu, visto por última vez en la 59ª Bienal de Venecia, que se presenta aquí por primera vez en Estados Unidos. A esta obra se suma una nueva película que rescata material inédito de su participación en Documenta 14, en Atenas, Grecia.
El concepto de «Arte Precario», desarrollado por la artista, estructura y atraviesa toda la muestra. Este sistema estético autónomo abraza lo efímero, lo intangible y aquello que parece destinado a desaparecer, invitando al espectador a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y de los sistemas que habitamos. En un mundo marcado por la inestabilidad política y el deterioro ambiental, la precariedad de Vicuña no es un lamento, sino una herramienta poderosa para abordar temas como la migración, la destrucción ecológica y la deshumanización social.
El título La Migranta Blue Nipple evoca tanto la experiencia personal de Cecilia Vicuña con la migración como la brutalidad infligida a las comunidades migrantes e inmigrantes que la artista ha presenciado durante su vida en Estados Unidos. Mediante un vocabulario visual sincrético, Vicuña no solo nos conecta con lo ancestral, sino que imagina futuros posibles donde la reparación política, feminista y ecológica deja de ser utopía para convertirse en horizonte. A través de la materialidad precaria y la fuerza poética de sus quipus, la artista teje narrativas que se mueven entre la pérdida y la esperanza, ofreciendo un espacio para la reflexión crítica y la reconfiguración imaginativa.


En esta exposición, los visitantes son recibidos por una serie de nuevas pinturas en las que Vicuña reinterpreta, en óleo sobre lienzo, dibujos que realizó en 1978 y que, con el tiempo, se han perdido o destruido. Estas obras, que sobreviven únicamente en la memoria de la artista y en una escasa documentación fotográfica, están dotadas así de un aura de reconexión y resurgimiento.
El trasfondo de estas piezas se remonta a 1975, cuando Vicuña, autoexiliada tras el golpe militar en Chile, dejó Londres para instalarse en Bogotá. Dos años después, emprendió un viaje desde Bogotá hasta Río de Janeiro a través del Amazonas, una travesía que marcó profundamente su obra. Durante ese tiempo, la artista entró en contacto con los rituales y cosmovisiones sagradas de los pueblos indígenas y mestizos afrobrasileños. Como respuesta a esta experiencia transformadora, Vicuña creó una serie de 30 dibujos en tiza y pastel sobre papel de embalar marrón. Estas piezas originales, cargadas de simbolismo, integran referencias a los Orixás —deidades de la religión yoruba— junto a imágenes extraídas de sus sueños, canciones populares y expresiones vernáculas chilenas.
En La Migranta Blue Nipple, Vicuña reencarna esos dibujos originales en pinturas que revitalizan las figuras híbridas de los Orixás: las sirenas representadas por Iemanjá, la Pachamama como madre de la tierra, del espacio y del tiempo en la cosmovisión incaica, Santa Bárbara como protectora del hogar, y las diosas que encarnan la música latinoamericana y la fertilidad.
A este panteón se suma San Martín de Porres, patrono de la justicia social, la armonía racial y los mestizos. Vicuña reimagina al santo peruano como un hombre negro con un afro, vestido con una camiseta del Che Guevara. Lo acompaña una escoba, símbolo de su labor humilde y de limpieza espiritual, mientras está rodeado de animales callejeros, reforzando su vínculo con los marginados y la naturaleza.
En 1977 decidí cruzar el Amazonas por tierra. Vivía en Bogotá y quería visitar a mi prima Bárbara, exiliada en Río de Janeiro. Viajé en aviones bimotor, barcos, autobuses, balsas y camiones, cualquier medio que encontrara para atravesar los ríos gigantes y una Carretera Transamazónica a medio construir. Durante ese viaje de dos meses, algunas de las personas más pobres de Brasil me abrieron sus casas y me ofrecieron su hospitalidad. Aprendí sobre el mundo sagrado que habitaban y sobre los rituales que practicaban y que les ofrecían protección frente a la violencia colonial.
Las pinturas reunidas en esta exposición recrean, al óleo, los dibujos originales que realicé sobre papel de embalar marrón, con tiza y pastel, a mi regreso a Bogotá en 1978. Que yo sepa, sólo han sobrevivido cinco de esos dibujos originales y un puñado de fotos. El conjunto original incluía unos 30 dibujos de gran tamaño.
Hoy, cuando la selva amazónica está ardiendo y sus habitantes y animales sufren, traigo de vuelta mi propia versión de las diosas Orixás del panteón afrobrasileño que conocí a orillas del río Solimões en 1977, para invocar su ayuda en la lucha por restaurar la selva.

Cecilia Vicuña, La Pastusa, 2024. Óleo sobre lienzo. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin, Nueva York, Seúl y Londres. ©2024 Cecilia Vicuña/Artist Rights Society (ARS), Nueva York. Foto: Daniel Kukla.
Otra pintura, La Migranta (2024), presenta una mariposa gigante de la especie Vanessa carye que emerge de las oscuras aguas del Río Grande, llevando bajo sus alas a migrantes de todas las edades. En esta escena imaginada, Vicuña evoca el amor y la compasión, proponiendo una visión utópica de solidaridad entre aquellos que, al llegar a Estados Unidos, suelen enfrentarse al rechazo y la violencia. La mariposa, símbolo de transformación y fragilidad, se convierte aquí en un emblema de esperanza colectiva y resiliencia.
Las figuras que habitan estas pinturas entablan un diálogo entre sí y con el espacio expositivo, tejiendo una mitología visual que celebra las historias migrantes y los lazos invisibles que conectan a las comunidades a través del tiempo y el espacio. Cecilia Vicuña adopta un vocabulario pictórico profundamente sincrético, donde raíces indígenas, mestizajes culturales y espiritualidades populares convergen con iconografía de religiones monoteístas y politeístas. De este crisol emergen seres fantásticos e híbridos, viajeros históricos cuyas cualidades de compasión y comprensión —como especula juguetonamente la artista— podrían guiar a la humanidad hacia una nueva conciencia, alejándola del individualismo exacerbado que domina la sociedad contemporánea.

La instalación NAUfraga (2022), concebida originalmente para su presentación en la 59° Bienal de Venecia y ahora desplegada en el espacio de doble altura de la galería, sintetiza dos fundamentos esenciales en la obra de Cecilia Vicuña: el quipu y el precario. Los quipus, cuyo nombre deriva del quechua y significa «nudo», eran sistemas andinos ancestrales que registraban estadísticas y narrativas mediante hilos anudados y coloreados. Este dispositivo tenía un profundo valor existencial y social, funcionando como un complejo sistema de conocimiento con dimensiones simbólicas y virtuales. Inspirada por esta tradición, Vicuña reimagina el quipu como un poema espacial, un tejido que explora las intersecciones entre lo cosmológico y lo terrenal, sugiriendo realidades que desbordan las limitaciones de la percepción convencional y evocan conexiones invisibles que trascienden tiempo y lugar.
Por otro lado, la serie de precarios, iniciada en 1966, redefine la escultura desde un enfoque antimonumental. Estas obras, construidas con materiales encontrados e instaladas de manera frágil, desafían las nociones occidentales de permanencia y estabilidad. En NAUfraga, esta poética adquiere una nueva dimensión a través de un quipu compuesto por 83 objetos precarios: 40 plantas secas y fragmentos de madera, junto a 36 restos de redes de pesca y sacos de yute, suspendidos por delicados hilos blancos que los mantienen flotando en el espacio.
Los materiales que componen esta obra fueron recogidos en la laguna veneciana, en un gesto que rinde homenaje tanto a la tradición pesquera local como a la fragilidad de su ecosistema. Como explica la curadora Madeline Weisburg en el texto del catálogo de la 59° Bienal de Venecia, NAUfraga combina las palabras latinas navis (barco) y frangere (romper), evocando tanto el colapso ecológico como el hundimiento gradual de Venecia en el mar. La obra, en su totalidad, se presenta como un comentario profundo sobre la explotación ambiental y la interdependencia entre las historias humanas y la vulnerabilidad del planeta.

En la galería del nivel inferior, Cecilia Vicuña presenta su nueva película, Quipu Womb (2024), que recoge imágenes inéditas filmadas en Atenas, Grecia, durante su participación en la Documenta 14. En ese contexto, la artista instaló su Quipu Womb (La historia del hilo rojo de Atenas) (2017) y llevó a cabo una serie de rituales públicos y privados que se extendieron por el paisaje ateniense. Combinando poesía, performance, sonido y una profunda conexión con los entornos natural y construido, Quipu Womb narra el origen de esta obra monumental, entrelazando mitologías de dos territorios: Creta y los Andes.
A través de estos rituales, Vicuña busca restaurar la memoria herida del mundo. Sus ofrendas actúan como un intento de «dar la vuelta a las olas del sistema» que nos conduce hacia la destrucción. El hilo rojo, o la historia de las mujeres, se convierte en un símbolo central en la película, reforzando el vínculo entre las culturas que la artista invoca y el propósito de su práctica, que busca sanar y reconectar los elementos rotos de la historia.
Con La Migranta Blue Nipple, Vicuña invita a una reflexión profunda sobre la crisis contemporánea, presentando su práctica multidimensional como una vía para cuestionar y replantear las narrativas dominantes. El retorno al universo espiritual de los Orixás, simbolizado en la obra, ofrece una posible vía de entendimiento y, quizás, una semilla de esperanza para un futuro en el que la migración, el sincretismo cultural y la espiritualidad puedan ofrecer claves para enfrentar los retos globales del presente.

Cecilia Vicuña: La Migranta Blue Nipple se presenta del 21 de noviembre de 2024 al 11 de enero de 2025 en Lehmann Maupin, Nueva York.
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