KENNY LEMES: MARIPOSAS QUE VUELAN DE NOCHE
Los retratos del fotógrafo cubano autodidacta Kenny Lemes, centrados en la identidad y la belleza desde una perspectiva queer, constituyen una audaz declaración contra las normas impuestas por el patriarcado, la heteronormatividad y la blancura. Esta «policía de la normalidad», como la denomina él, es confrontada en sus poderosas imágenes que visibilizan cuerpos situados en los márgenes de la hegemonía cultural.
Lemes busca una “otra” belleza en el caos, la decadencia, el dolor, la soledad, los suburbios y la muerte. Descubrir y celebrar esa belleza que la sociedad prefiere ocultar o negar es, para el artista, una “revancha política”. Es una afrenta directa al sistema binario que, durante años, ha moldeado nuestra percepción de lo estéticamente bello, relegando a lo «feo» todo aquello que no se ajusta a los estándares dominantes.
Su trabajo desafía esta visión dualista, proponiendo una perspectiva más auténtica y diversa de la belleza corporal. En su obra, cada cuerpo es digno de ser fotografiado y celebrado con el mismo amor y cuidado. Expandir la mirada sobre los cuerpos es para él un acto político que reivindica la existencia orgullosa en las fronteras del pensamiento heteropatriarcal.



Lemes busca «hacer aparecer mundos», como ha señalado en varias entrevistas, refiriéndose a la idea de que no existe un único mundo en el que todos seamos iguales. Hay sutilezas, hay matices. Existen infinitos pequeños mundos donde las personas viven historias diversas. Su fotografía se dedica a visibilizar y empoderar estas realidades: disidencias, trabajadoras sexuales, personas trans y neurodiversas. Las retrata con profundo respeto, manteniéndose a raya del extractivismo, casi como un mantra inquebrantable.
De hecho, él mismo se sitúa en esos márgenes. Es tartamudo, no es blanco, es inmigrante, puto. Trabaja desde su subjetividad, enfrentando sus propios prejuicios y heridas personales. Su labor con los demás es una extensión de su trabajo interno, proyectado hacia el exterior.
Al retratar a otras personas, utiliza el mismo espejo en el que desearía verse reflejado. Sus imágenes capturan tanto lo que él es como lo que aspira a ser; en cada fotografiadx encuentra ecos de su propia existencia, lo que explica su atracción hacia aquellxs en medio de la tribulación, aquellxs que tienen una historia que contar.
Para Lemes, la piel y las marcas del cuerpo son una expresión esencial de la identidad. En sus fotografías, los tatuajes y cicatrices revelan los conflictos internos y las decisiones personales de quienes los llevan. La piel se convierte en el espacio donde se manifiestan los tormentos internos.



En las imágenes que conforman su libro Mariposas que vuelan de noche, lanzado recientemente por el sello editorial Tres Olas, Lemes nos presenta dos tipos de belleza. La primera es la belleza visible y luminosa, fácil de admirar y reconocer. La segunda, mucho más sutil, es una belleza oculta y efímera, que requiere paciencia y esfuerzo para ser percibida. Según el fotógrafo, esta belleza se manifiesta en momentos raros y casi accidentales, como cuando «una luz fuera del bosque choca de repente con el filo plateado del ala abierta de una mariposa que corre de un árbol a otro».
«Este libro es mi manera de hablar sobre ese bosque. Este trabajo se trata de mirar de frente la sombra y de esperar la mariposa que busca refugio, convulsa de pudor».
El texto introductorio de Mariposas que vuelan de noche fabula un universo donde los valores tradicionales y las normas sociales se desmoronan, dando paso a un nuevo mundo. En este escenario, el arte y la vida se fusionan en una celebración de la marginalidad y la resistencia. Lo que antes se consideraba inaceptable, abominable e in-mundo, se transforma en una afirmación de existencia e identidad:
«Y en la noche del nuevo mundo prevalecerá la huella imborrable de aquellos que fracasaron, de los expulsados de sus casas, de los que le dieron vergüenza a su sangre, de los nunca elegidos, de los derrotados, los por siempre rechazados y bailarán y alzarán la bandera de este nuevo ser revolucionario vocero de su propia desgracia, artista limosnero, ominoso y muerto de hambre».
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