CECILIA FLORES ARACENA. ANACRONÍAS DOMÉSTICAS
Al llegar a la exposición Silencio amplificado en el MAC, nos recibe una pequeña advertencia titulada IMPORTANTE. En ella se indica que estamos siendo grabados y transmitidos en vivo, y que, por tanto, nuestro ingreso implica aceptar esas condiciones. Además, se proporciona un código QR que nos permite acceder al canal de YouTube donde se registra la sala y, en consecuencia, también nuestra visita. El texto de muro, escrito por el filósofo Sergio Rojas, ofrece otras claves antes de entrar. Habla de distintos órdenes de temporalidad y menciona términos como violencia doméstica, técnica ancestral prehispánica y redes sociales.
Una vez en la sala, nos recibe una oscuridad recortada por haces de luz que iluminan siete plintos de madera que me recuerdan a los muebles de edificios como el Ex-Congreso Nacional o el Palacio de la Moneda, edificios en los que se fundó la República. Sobre ellos, hay piezas de cerámica que, en una mirada rápida o distraída, podrían identificarse como cerámicas Diaguita o Moche. Me acerco y descubro que, en lugar de representaciones indígenas, me encuentro con objetos comunes que forman o formaron parte del cotidiano. Por ejemplo, vemos un teléfono con disco de marcar, una tecnología que estuvo vigente en Chile hasta los años noventa y que fue reemplazada por las teclas.
También hay una plancha antigua de ropa conocida como plancha a carbón o de campo. El resto son utensilios como un exprimidor, un jarro para jugo, una lámpara, una cafetera francesa, un rallador, un rociador, una regadera y un macetero con su planta, además de una olla y una tetera que también tienen una estética antigua.
Cabe destacar que todos estos objetos van en pareja sobre el plinto y se encuentran inclinados, desafiando la lógica de la gravedad. Al aproximarnos aún más, vemos que en cada plinto hay una placa inscrita con un # y las siguientes siete palabras o conceptos: ni una menos, violencia de género, violencia machista, maltrato infantil, maltrato psicológico, violencia intrafamiliar y femicidio.


Mientras leo detenidamente la placa que dice #femicidio, ocurre algo inesperado: la base del plinto se mueve y genera un silbido, un sonido que corta el ruido constante que se escucha al ingresar a la sala. La base se balancea varias veces con un ritmo pausado, y en algunas de esas ocasiones se vuelve a escuchar el silbido. Pareciera que ese pitido anuncia algo o tal vez es un llamado de atención para nosotros, los espectadores, mientras de fondo oímos un ajetreo permanente. «Es como si alguien estuviera afanando», pienso.
Cuando reflexiono sobre esa impresión, me doy cuenta de que «afanar» es un término que siempre he escuchado de mi abuela. Ella solía decir: «aquí estoy afanando» o «he estado todo el día afanando», para describir su día cargado de tareas domésticas. Busco «afanar» en la RAE, ya que creo que nunca lo he escuchado de otra persona.
La primera acepción es «hurtar», y en ese momento recuerdo que los argentinos usan esta palabra en ese sentido. La tercera acepción es la que utiliza mi abuela: “Entregarse al trabajo con solicitud congojosa”, es decir, con sacrificio y de manera abnegada, como se espera de toda mujer madre y dueña de casa. Vuelvo a pensar en todos los hashtags y lo inminente se vuelve evidente: cada pitido es un pequeño grito que busca hacernos conscientes de las violencias cotidianas que afectan a mujeres, cuerpos feminizados e infancias.

Las cerámicas y su aspecto ancestral me recuerdan que el patriarcado es el régimen más antiguo y duradero. Aunque sus manifestaciones puedan variar con el tiempo, en su esencia siempre encontramos la subyugación de las mujeres y de aquello que no se ajusta a la norma: «el UNO / masculino-blanco-adulto-heterosexual-occidental», como bien señala la antropóloga Eliana Largo en su libro Calles Caminadas (Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2014). Es decir, las infancias o las disidencias sexo-genéricas también son parte de aquellos grupos oprimidos frente a un ideal masculino.
Los objetos representados en cerámica nos proporcionan otras claves para adentrarnos en la exposición. La plancha a carbón evoca una época remota en la que ni siquiera había luz eléctrica, pero la ropa debía estar correctamente planchada. El teléfono con disco representa un avance tecnológico que revolucionó la vida doméstica, ya que permitió la comunicación a distancia y se convirtió en una válvula de escape, al permitir dar aviso en caso de que algo sucediera en el hogar.
El resto de las piezas son parte de una cotidianeidad que alude a la cocina, al living o al jardín, es decir, el hogar. Son objetos que parecen atemporales, pues su carácter manual y utilitario hace que siempre hayan estado y estén presentes.

Vuelvo entonces sobre los distintos órdenes de temporalidad, o sobre los tiempos que se superponen, ya que estos se encarnan en los distintos elementos que conforman la exposición, como hemos visto. Los plintos, por ejemplo, ponen en escena otro tiempo, ya que emulan los muebles que forman parte de todas las instituciones vinculadas a la República. Inscritos en placas, que refuerzan la solemnidad del plinto, encontramos los hashtag. Este elemento de Twitter/X nos devuelve al presente, ya que los conceptos que recogen pertenecen también a las últimas décadas.
Reflexiono sobre la importancia del término #femicidio, que recién en el año 2010 fue incluido en nuestra legislación. A pesar del avance que representó, esta definición solo tipifica el asesinato de una mujer cometido por un hombre con el que mantenía una relación sexo-afectiva. Otro de los hashtags seleccionados es #niunamenos, una consigna que clama contra el femicidio y que desde 2015 ha puesto en la escena pública que el problema de la violencia contra las mujeres excede al espacio de lo doméstico.
Gracias a movimientos como estos dentro de los feminismos, es que la ley de 2010 es promulgada y en el 2020 se amplía su alcance al considerar el género como móvil suficiente para juzgar un crimen, independientemente de la existencia de un vínculo entre las partes. Hablar de maltrato y violencia no es algo nuevo, pero pareciera que actualmente hay una mayor conciencia al respecto.
Esta obra puede ser enmarcada en la necesidad de insistir sobre la desnaturalización de la violencia como método para sostener relaciones afectivas o como acción para educar y corregir. Desde que la ley fue promulgada en 2010, el promedio anual de femicidios ha rondado los 40, y en 2023 se registraron 221 femicidios frustrados. A partir de estos números podemos ver que la existencia de leyes es necesaria, pero no suficiente; se requieren cambios culturales y la creación de espacios de discusión y reflexión sobre los efectos de vivir en un régimen patriarcal.

Cecilia Flores Aracena dispone un complejo entramado para construir Silencio amplificado. La experiencia en la sala, al ser transmitida en vivo vía YouTube, nos permite acceder a la exhibición desde una nueva dimensión a través de la pantalla. Además de ver la sala y el detalle de las piezas, podemos ver a quienes la visitan, a quienes ingresan a ese silencio que cada tanto se ve interrumpido.
En esta construcción es fundamental el sitio web del proyecto, donde se nos informa que mediante una programación se monitorea el uso de los hashtags, lo que permite que las vasijas se muevan. Así, el sonido emitido proviene de manifestaciones realizadas por usuarios en redes sociales; cada pitido es la traducción de un tweet. Esta traducción distorsiona las palabras, convirtiéndolas en alarmas o chillidos cuando la base se desestabiliza.
La desestabilización funciona como metáfora de lo que cada uno de estos hashtags representa en la vida real. La violencia, a pesar de estar naturalizada, sigue siendo una perturbación, una alteración de lo cotidiano. Acá más que una amplificación del silencio, lo que encontramos es un silencio transformado en ruido, en cerámica, en plintos y streaming; un silencio que se hace evidente y se expande, al igual que las demandas para erradicar lo que cada uno de estos hashtags denuncia.
CECILIA FLORES: SILENCIO AMPLIFICADO
Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Parque Forestal, Ismael Valdés Vergara 506, Santiago, Chile.
Hasta el 23 de junio de 2024
Horario de transmisión: de 11:00 a 18:00 hs. Martes a domingo.
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