Skip to content

LEONARDO NIEVES: LA NOCHE ROTA. PAISAJES EMOTIVOS

Por Norma Morales

Uno de los elementos de la composición que direcciona puntos de vista de lo representado es la retícula. Conocida también como cuadrícula o red de tensión, la retícula es un elemento simple compuesto por líneas tangibles o intangibles que se cruzan, generando un sistema de coordenadas.

Aunque de la retícula destacan ciertas propiedades que le han conferido a través de la historia un valor simbólico, lo que ahora nos interesa es su configuración maleable. Esta característica le permite funcionar como mapa, cartografía, conexión o diagrama; en fin, una red de linderos expandidos hacia escenarios que se mueven de lo espacial a lo temporal. Estas cualidades son percibidas por artistas como Leonardo Nieves, quienes las incorporan con acierto en su pensamiento visual.

Además de la retícula, que ha sido abordada por Leonardo en forma de ventana, caja de luz, autorretrato o poema visual, el archivo es otro recurso compositivo que se ha mantenido con cierta rigurosidad y constancia en sus cuerpos de trabajo.

El archivo, como recurso que compendia diversos objetos, entre estos el libro en su concepción estética, la acción menuda de rastrear a diario y dar con elementos encontrados -facturas, baldosas de la calle o trozos de material con figuras de troquelado industrial- da pistas sobre los modos en que Leonardo se relaciona con el territorio y el espacio que transita.

Vista de la exposición “La noche rota. Paisajes emotivos”, de Leonardo Nieves, en ABRA, Caracas, 2024. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

Luego nos encontramos con el rigor de lo gráfico, la imagen fotográfica, la fotocopia o la transferencia como necesidad de dejar una impronta, un rastro de la tinta y su desgaste. En esta atmósfera, la mácula es observada no como un error sino como un recio eslabón, un vestigio. Cada medio con el cual Leonardo construye su discurso lo convierte en un registrador que toma de su tiempo la memoria y su trascendencia. 

Sumergida en este inventario de procesos, guiada por los apuntes de lo conversado con Leonardo y habiendo colaborado con él en la elaboración de esquemas y la disposición de tres de sus muestras para entender sus enlaces, recordé un artículo de prensa que alguna vez me compartió, titulado El arte de mapear.

Es a partir de las descripciones de ese artículo que pude constatar que esta triada de exposiciones –Fuera de Sitio (2017), Inestable (2021) y La noche rota. Paisajes emotivos (2024)- responden a una clasificación que las sitúa en lo cartográfico, y que ubica a Leonardo como un observador de su territorio y como un ejecutante de la obra desde tres distintos puntos de vista.

Leonardo Nieves, La noche rota: lluvia-piel, 2024. Libro de artista: serigrafía y monedas de metal, 40 x 30 cm -cerrado- (c/u). Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA
Leonardo Nieves, La noche rota: lluvia-piel, 2024. Libro de artista: serigrafía y monedas de metal, 40 x 30 cm -cerrado- (c/u). Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

Punto de vista 1. Fuera de Sitio (2017) – cartografía del territorio, fuera del mapa.

Elevado como quien mira en un atlas y distribuye a la distancia con ojo fino y precisión matemática, Leonardo nos mostró esta serie en una suerte de arqueología del deterioro. En una aproximación lúdica a ciertos objetos de la serie Vandalismo artístico, realiza una intervención en el espacio, ordenando y confiriendo a esas retículas, mallas y baldosas el poder del objeto digno y apreciable, una forma de enaltecer la belleza contenida por el paso del tiempo. Acá la noche sirvió para el recorrido, la reflexión y el ordenamiento; acá, en una percepción abstracta y remota, su autorretrato es una dupla de retículas. Sobre Fuera de Sitio (2017), Thelma Carvallo expresó: «Una vez más mapear es la herramienta en la construcción del discurso de Leonardo Nieves».

Vista de la exposición “La noche rota. Paisajes emotivos”, de Leonardo Nieves, en ABRA, Caracas, 2024. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

Punto de vista 2. Inestable (2021) – cartografía del cuerpo, dentro del mapa.

Los acontecimientos vividos como país en ese tiempo que antecedió al 2021 colocaron a Leonardo en el rol de quien vive a diario la escasez; la observa e intenta con mucho esfuerzo la denuncia. Acá la ciudad se hizo penumbra, se desmoronaron estructuras físicas y morales. A pesar de eso, aunque estremecido por la incertidumbre, Leonardo recogió entre los escombros las formas rotas, fragmentadas, quemadas y dolidas, y creó un cuerpo de trabajo desde el azar poético.

Aquí la noche se hizo recorrido, se hizo pensamiento, y el ordenamiento tiene la marca trémula de la pérdida. Aquí su autorretrato es un fotoperformance; una dupla marcadamente personal y vehemente. En ocasión de esa muestra, María Luz Cárdenas afirmó: «Inestable es un proyecto tan frágil como poderoso, tan sutil como crítico; tan laborioso como delicado, exquisitamente trabajado y ferozmente planteado».

Leonardo Nieves, La noche rota, 2024. Vaciado de cemento en marco de madera. Medidas variables. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

Punto de vista 3. La noche rota. Paisajes emotivos (2024) – cartografía de las emociones, ser el mapa.

Adentrarse en la obra de Leonardo Nieves es responder a un llamado de la perceptibilidad. Bajo esa premisa, el artista nos despliega La noche rota. Paisajes emotivos, cuerpo de obras que puntualiza una tríada de exposiciones junto a Fuera de Sitio (2017) e Inestable (2021), donde la noche rota se nos anuncia desde la cartografía emotiva.

En un escenario cromático austero que invita al sosiego, Leonardo nos presenta esta serie de obras desvistiendo su posición ante el tema del duelo. El silencio, los desencuentros y la ruptura son los detonantes en las obras que levitan sobre este escenario profundo de la nostalgia.

La noche, esa extensión copiosa e interminable, asociada con las sombras y el misterio, punto de inspiración para la poesía, la pintura y la música; la noche con su carga evocadora, ya no solo es el tiempo en el que Leonardo recorre ávido en la búsqueda de aperos para la construcción de la obra. Ahora la noche es sujeto y mensaje, camino y morada, fortuna y derrota. Es un mapa en el que a su vez se dibuja, se estampa y se moldea todo lo que está por verse; es un latido ahogado.

Como un grito detenido que emerge del piso se levanta la palabra <NOCHE>. Se nos muestra vaciada como encofrado; es roca, cemento, madera. La he visto en la penumbra extendiendo su sombra.

Leonardo Nieves, Ventanas de agua (a la der.), 2024. Shibori de acrílico sobre liencillo, 158 x 148 cm. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

En una suerte de archivo se nos muestra Arqueología del fragmento. Es aquí la materia moldeable de la arcilla el refugio de las sensaciones, y el cuerpo de obras para el cual Leonardo tomó delicadamente la huella de una baldosa desgastada, intervenida por la impredecible fuerza del fuego. Esa energía acompañó su intención, convirtiendo cada fragmento en un paisaje, cortes de una montaña, que inevitablemente es como una herida.

Un manto como sudario se descuelga; ha sido bañado de azul en sus linderos. Es una pieza que recoge el arrojo de cada forma en la obra de Leonardo: es cuadrícula, soporte de la mácula, objeto modulable, maleable, traslúcido; es un tapiz tejido por el agua que recoge en un solo cuerpo la desnudez del tiempo.

Así, con el ímpetu de esa pulsión, nos encontramos con Nublado. La nube pasó de ser esa presencia limpia suspendida en el espacio a una acumulación de lo sellado y desgastado. El sello nube se reimprime una y otra vez en un gesto casi obsesivo, que se desplaza de fuerte y repetitivamente impreso hasta el desvanecido rastro de unos caracteres.

En este proceso, tanto la sombra como las obras resultantes son beneficiadas por el perdurable estado de la contemplación que las envuelve.

Leonardo Nieves, Nublado I & II, 2024. Monotipo sobre papel, 63,5 x 43,5 cm c/u. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA
Leonardo Nieves, Tus ojos tristes, 2024. Monotipo sobre papel, 76 x 57 cm. Foto: María Teresa Hamon. Cortesía: ABRA

En el rigor de la gráfica, pero en contraste con Nublado en una economía de medios, están Tus ojos tristes y La casa que no olvida, piezas trabajadas en impresión y gofrado donde el uso de la palabra es fundamental, una expresión determinante cargada de ausencia; es un réquiem a ese espacio vacío al que se es convocado y en el que no se desea estar. Rescato de la frase protagonista en cada obra aludida su cuerpo latente, una predicción que, aunque fugaz, en su extensión contiene la fuerza insaciable de un trazo de lumbre.

En un rebote luminoso, la palabra se hace breve; es como un poro en el pozo azul de la noche. Ese tapiz de cielo nocturno con apariencia de terciopelo, y que Leonardo le asigna la presencia potente de un libro, se convierte en la extensión de los cielos nocturnos en su lenta aparición para formar la noche en su tañir de Lluvia-piel, lluvia-piel, lluvia-piel, donde apreciamos ese destello metálico que nos habla del instante vivido. La noche, una vez más, nos tiende una trampa, porque su belleza y profundidad nos seducen al hacernos habitar lugares insostenibles.

Es un autorretrato el que simbólicamente cierra este ciclo, como una exploración de la fuerza que se desborda en la forma del cincel de martillo. Es la forma primitiva del hacer. En un gesto irascible y constante, he de tocar el metal con la palabra “piel” tallada y golpear hasta desaparecer la marca: serán golpes temblorosos, profundos y arrasantes, que quizás me lleven hasta la noche, pero que al amanecer habrán valido la pena.


Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.

Alejandra Pizarnik


La noche rota. Paisajes emotivos, de Leonardo Nieves [Caracas, 1977], se presenta del 11 de mayo al 23 de junio de 2024 en ABRA, G6+G9 Centro de Arte Los Galpones, Av. Ávila con 8va Transversal, Los Chorros, Caracas

También te puede interesar

JUNTOS APARTE. ARTE ENTRE Y SOBRE FRONTERAS

La crisis humanitaria que se despliega en la frontera colombo-venezolana es uno de los temas abordados en la exposición “Entre nosotros y los otros: Juntos Aparte”, que se presenta hasta el 15 de marzo...

JUAN CARLOS PORTILLO: SERÁ MEJOR QUE AYER

"Será mejor que ayer" es una exposición en la que se une la extrañeza del recuerdo cuando entra en consciencia con el presente. En gran medida, en cada uno de estos trabajos del artista...