MANILA, LA FIBRA QUE CONECTA. OBRAS RECIENTES DE LUCÍA BALBOTÍN
Lucía Balbotín (Santiago, 1990) siempre ha encontrado su motivación artística en la naturaleza, cautivada por su infinita riqueza en formas y significados. Su intención ha sido capturar y trasladar a otras dimensiones esta abundancia. Los viajes y experiencias en contacto directo con el paisaje han despertado en ella una profunda admiración y un impulso constante para crear y explorar.
A lo largo de su obra, la artista ha recreado texturas orgánicas utilizando diversos materiales: inicialmente el papel, luego la cerámica, los alambres y el plástico. Actualmente, Lucía se encuentra inmersa en el mundo de las fibras naturales. Esta última etapa nace de los recuerdos de un viaje, hace aproximadamente cuatro años, que realizó con su madre por la región del Maule, en busca de artesanos y nuevas materialidades.
Allí, tuvo la oportunidad de conocer la pita en su estado más bruto, observar su proceso de transformación en materia prima y descubrir las diversas formas en que los artesanos la emplean, siguiendo sus tradiciones técnicas. Este encuentro marcó su primer acercamiento a la manila.




Durante mucho tiempo, Balbotín había estado en búsqueda de un material natural que le permitiera explorar la espacialidad y la luz, similares al alambre y el plástico que había utilizado en años recientes. Sin embargo, descubrió que esta fibra natural le ofrece la posibilidad de jugar con el color, teñirlo y sentir que los colores se fusionan perfectamente con el material, sin parecer una adición forzada, sino más bien como una característica inherente de la manila.
Esta fibra ha sido utilizada durante miles de generaciones, tanto para el arte como para lo utilitario. Sus hojas largas y delgadas tienen una enorme capacidad de metamorfosis y diversas apariencias.
Balbotín trabaja la manila en su estado tosco; la peina y la ablanda. A veces, la mantiene en su color natural, otras veces la tiñe. Junta, envuelve y enrolla la pita, ayudada por alambres de bronce o cobre. Estos se tornean y unen, consolidan y conectan las fibras, aportando un equilibrio estético y luminosidad a la obra.




El resultado son texturas que atraen, provocan, se iluminan y equilibran. Suspendidas en la Galería Artespacio, estas obras se elevan como cuerpos de apariencia liviana, de materialidad orgánica y rugosa, que invitan a ser tocadas. En conjunto, crean un espacio inmersivo, una experiencia sensorial que desafía las normas perceptuales tradicionales.
«Estos objetos son formas que expresan libertad, sin leyes ni obras incorrectas, solo el empuje y las ganas de crear», expresa la artista. Desde su perspectiva, el arte debe actuar como un puente hacia la naturaleza, en una época en la que estamos cada vez más conectados a la tecnología y menos conectados con este vínculo esencial. El arte, para Lucía, «tiene la capacidad de traducir la complejidad y la simplicidad de la naturaleza de maneras que el lenguaje convencional no puede».




Fibra, de Lucía Balbotín, se presentó del 3 de abril al 4 de mayo en la Galería Artespacio, ubicada en Alonso de Córdova 2600, Vitacura, Santiago de Chile.
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