ENRIQUE HERNÁNDEZ: TRASPASAR UN JARDÍN (EL EDÉN ENMARAÑADO)
La pintura de Enrique Hernández (Guadalajara, Jalisco, 1975) no es representación de algo, sino un cuestionamiento sobre su creación. En ella hay una presencia arquitectónica que no sustituye la experiencia física y sensorial de la arquitectura en sí, pero genera la materialidad de un complejo estructural que encuentra en su experiencia la reflexión y la conexión. La pintura es un ente completo, no representa, es ella misma.
Traspasar un jardín (el edén enmarañado) es el nombre de su actual exposición en el Museo Cabañas (Guadalajara, México), en la que se despliega parte de su trayectoria y piezas tridimensionales creadas exprofeso para la exposición.


A manera de jardín imaginario, lugar donde se cultivan plantas y flores para el goce estético y deleite de los sentidos, las pinturas de Hernández, además de ser un buqué de imágenes en sí mismas, un híbrido de diversos ambientes físicos y tecnológicos que producen tensión entre sí, hacen un desdoblamiento al reverberar pinceladas que se materializan en esculturas, las cuales se recorren como quien pasa por un árbol que deja ver entre sus ramas un fondo que agrega a la vista otros colores y texturas.
La arquitectura es un elemento fundamental en el trabajo de Hernández. Para el artista, su función en la modernidad es una estructura fallida del proyecto social, por lo que al llevarlo al lienzo y hacerlo interactuar con otras figuraciones cancela el sentido original e instala el lugar de reflexión actual.
Asimismo, entabla conexiones con ideas de Steven Holl sobre la fenomenología de la arquitectura y la experiencia enmarañada, que basa su fundamento en la fusión entre objeto y campo. En palabras de Hernández, “más allá de la cualidad física de los objetos arquitectónicos y de los detalles prácticos del contenido, la experiencia enmarañada no es únicamente un lugar de acontecimientos, cosas y actividades, sino algo más intangible que surge a partir del despliegue continuo de espacios, materiales y detalles superpuestos”.


Además de la imagen superpuesta y el barrido que agrega movimiento, en su obra hay una idea de palimpsesto, o de soporte que precedió a otras imágenes para dar lugar a la imagen electrónica. El paisaje actual que delinea el imaginario colectivo se está cargando desde los dispositivos electrónicos, los cuales han traspasado la función de extensión del cuerpo, aludiendo a McLuhan con la relación humano/rueda, para convertirse en una relación ontológica entre lo virtual y lo real. Un lugar que Hernández recoge para materializar la experiencia virtual.
La pintura de Enrique Hernández es así un punto de encuentro entre la percepción de imágenes de diferente origen y el soporte con sus fallas incluidas, el “glitch” transportado del dispositivo luminoso al lienzo, y la relación asimétrica entre la pintura y lo representado al proponer reflexiones sobre la pintura como medio en la actualidad, pero también sobre la forma en que nos involucramos y consumimos imágenes, la manera en que éstas repercuten en la historia y la cultura. Más allá de todo, Hernández encuentra el arte en el proceso de la pintura (más que en la pintura en sí). De ahí que “la pintura no representa, es ella misma”.

Traspasar un jardín (el edén enmarañado), de Enrique Hernández, se podrá ver hasta el 20 de agosto de 2023 en el Museo Cabañas, Guadalajara, México.
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