BLANCA DE LA TORRE Y EL “MUSEO ANFIBIO”: “A MÍ ME INTERESA EL PÚBLICO, NO NECESARIAMENTE LAS MASAS”
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[lectura breve]
De cara al Día Internacional de los Museos continuamos esta serie de entrevistas con directoras y directores de instituciones culturales de Iberoamérica para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan hoy los museos. A partir de un mismo cuestionario, cada conversación ofrece una perspectiva situada sobre las transformaciones institucionales, sociales y políticas que atraviesan al museo contemporáneo.
En esta segunda entrega, conversamos con Blanca de la Torre, directora del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), cuya práctica curatorial y de investigación se sitúa en la intersección entre artes visuales, ecologías políticas y ecofeminismos. Desde el concepto de “Museo Anfibio”, De la Torre propone pensar el museo como una institución relacional, capaz de activar vínculos entre territorios, memorias, comunidades y ecosistemas.
[En esta serie: entrevista a Nicolás Gómez Echeverri, director de la Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco de la República de Colombia]

— Dada la presión por responder a demandas de representación y crisis sociales, ¿dónde crees que están hoy las oportunidades, los límites —o riesgos— de la acción del museo?
En un mundo atravesado por una policrisis, repensar los museos como espacios de cultivo común no es una opción, sino una necesidad ética y política. La raíz etimológica latina colere implica cuidado, labor y convivencia, un concepto que se aleja de la idea de acumulación de objetos y conocimientos para acercarse a la noción de cultura como un proceso vivo, situado y colectivo.
En el contexto actual de crisis ecológica, transformación social y redefinición institucional, los museos enfrentan el reto de revisar sus vínculos con los territorios, las comunidades y los ecosistemas que los rodean. En el IVAM pensamos el museo como un anfibio, utilizando la metáfora de estos organismos capaces de habitar y transitar entre el agua y la tierra, desempeñando un papel crucial en la transferencia de materia y energía. Esta condición simbólica permite trasladar su significado al ámbito cultural, donde los museos pueden actuar como mediadores entre distintos territorios físicos y simbólicos, facilitando el intercambio de nutrientes y vida, memorias y saberes.
El Museo Anfibio no se concibe como una mera línea programática; se trata de una parainstitución o un museo dentro del museo, un espacio de investigación, producción y acción cultural expandida que atraviesa los distintos departamentos del IVAM, articulando también redes con otros territorios valencianos, estatales e internacionales.
Y aquí, volviendo a tu pregunta, es donde se abren nuevos marcos de acción. En un momento en que la redefinición de las funciones museísticas constituye una exigencia ética y cultural, esta propuesta se configura como una vía para articular memorias ecosistémicas y relatos culturales situados, transitando, como los anfibios, entre distintos territorios físicos y simbólicos, y activando conexiones vivas a través de las artes.
La propuesta se estructura en torno a dos ejes interrelacionados: Territorios-Tierra y Entornos Acuáticos. La iniciativa pretende consolidar un modelo de museo territorial y relacional, capaz de activar patrimonios materiales e inmateriales y producir memorias ecosistémicas. Se trata de un modelo que responde a la necesidad de adaptar las instituciones culturales a contextos sociales en permanente cambio, favoreciendo relaciones horizontales, dinámicas y situadas desde una perspectiva relacional y ecosistémica.

— Ante la necesidad de ampliar y diversificar audiencias, ¿cómo se negocia hoy en el museo la tensión entre accesibilidad y profundidad de los contenidos?
Los museos están repensando la manera en que invitan a la gente a sentirse parte del espacio, del edificio y de las condiciones en las que se experimenta el arte, con la idea de crear un entorno más habitable y confortable. Son museos que respiran y donde los públicos respiran con ellos. En el IVAM estamos en un proceso de optimización del espacio partiendo de que el museo es, ante todo, una arquitectura social.
Me interesa reactivar y dinamizar espacios como los vestíbulos y las terrazas. Siempre soy más de rehabilitar espacios, tanto desde lo físico como desde lo simbólico, antes que construir ex novo. En este sentido, la institución y quienes la visitan deben dialogar en condiciones de horizontalidad, de tú a tú, desde una reflexión democrática.
Desde el IVAM proponemos una programación diversa que se inscribe en un debate imprescindible: cómo construir culturas comunitarias que fomenten saberes compartidos, territorios afectivos y memorias vivas. La participación de colectivos como els Grans de l’IVAM, las abuelas/abuelos con nietas y nietos de la Escuela de Bellas Artes o el grupo Extraordinari evidencian esa voluntad de desdibujar las fronteras entre quien observa y quien crea, entre quienes se consideran especialistas y quienes están en proceso de aprendizaje.
Otra de las decisiones que hemos tomado ha sido horadar las entrañas del IVAM y abrir al público algunas áreas tradicionalmente reservadas —como almacenes, muelles de carga, cámaras acorazadas y talleres de restauración—. Estas iniciativas invitan a pensar en pedagogías que no buscan demostrar, sino mostrar y compartir. Un museo debe ser un espacio de debate y reflexión donde cada persona que entra pueda reconocer la complejidad del mundo en el que vivimos.
También me interesa ralentizar la experiencia para que quienes vienen a habitar el IVAM dispongan de tiempo para la reflexión, evitando que la propia morfología de la exposición obligue a recorrer cada sala con prisa. Para muchas personas jóvenes, la visita a un museo se reduce a una selfie, y eso debe transformarse. Estamos implementando nuevos diseños expositivos: las paredes blancas, las obras a la altura de los ojos y la iluminación fría y funcional no siempre conectan con los públicos del siglo XXI. Desde hace décadas, gran parte de las obras hablan de identidad, de género, de multiculturalidad, y las audiencias se han diversificado; por tanto, el montaje también debe actualizarse. Las cartelas, vitrinas, gráfica y mobiliario son elementos que median entre quienes nos visitan, el edificio y las colecciones, y que los museos utilizamos para favorecer una experiencia de contemplación lo más plena posible.

— ¿Hasta qué punto crees que el modelo económico actual de los museos condiciona —o limita— sus decisiones curatoriales y programáticas?
El modelo económico no determina directamente las decisiones curatoriales, pero sí establece un marco de posibilidades. Los museos operamos en un equilibrio constante entre sostenibilidad y misión crítica: necesitamos atraer públicos y recursos, pero también preservar nuestra independencia intelectual. La clave está en gestionar esa tensión sin renunciar a la complejidad ni al riesgo. Una cosa es que el museo sea sostenible económicamente y otra es que se convierta en un artefacto estrictamente economicista. A mí me interesa el público, no necesariamente las masas.

— ¿Qué aspectos del funcionamiento institucional del museo —sus ritmos, estructuras o formas de trabajo— te parecen hoy más difíciles de sostener o repensar?
El período que comenzó con la Transición está llegando a su fin, y se cuestionan los modos de relación, la herencia recibida y los procedimientos administrativos de las instituciones. En museos como el IVAM todo sucede lento, la administración es lenta en general porque debe garantizar seguridad jurídica. No estoy en contra de esos tiempos, pero considero que estamos en un momento en que los museos deben transformarse estructuralmente y reorientarse hacia nuevas formas más ágiles de funcionamiento.
Trabajar en red y colaborar con otras instituciones responde a una concepción ligada al principio ético y político de que el museo debe colaborar en la construcción de ecosistemas culturales y sociales alrededor suyo. Los museos del siglo XXI deben encaminarse a una nueva ecología, también en términos materiales. Estas nociones para transformar el museo no son solo deseables sino literalmente vitales para un futuro institucional más saludable.
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