ELLIOT & ERICK JIMÉNEZ: EL MONTE
La exposición El Monte, presentada en el Pérez Art Museum Miami (PAMM), marca el debut museístico de Elliot Jiménez y Erick Jiménez, fotógrafos gemelos nacidos en Miami en 1989 y criados en el seno de una familia cubano-estadounidense profundamente vinculada a la tradición espiritual Lucumí.
La muestra toma su título del libro homónimo de la etnógrafa cubana Lydia Cabrera, publicado originalmente en 1954 y considerado un texto fundamental para el estudio de las religiones afrocubanas. La reciente traducción al inglés del libro en 2023 ha contribuido a catalizar su circulación y a ampliar el alcance de sus reflexiones sobre las cosmologías espirituales del Caribe.
La investigación de los hermanos Jiménez no se limita, sin embargo, a una simple referencia bibliográfica. El Monte da estructura conceptual e inspira el diseño expositivo, articulado en torno a una gran instalación que evoca una capilla y un bosque simultáneamente. Esta arquitectura simbólica remite al monte cubano —el territorio salvaje asociado al misterio, la transformación y los encuentros espirituales—, al tiempo que dialoga con los espacios rituales del catolicismo en una suerte de santuario híbrido.

La exposición invita a una inmersión en el universo de la tradición Lucumí —también conocida como Santería o Regla de Ocha—, una religión sincrética surgida en Cuba entre los siglos XVIII y XIX a partir del encuentro entre las tradiciones yoruba de África occidental y el catolicismo colonial español. En la obra de los hermanos Jiménez, estas cosmologías se despliegan a través de una serie de fotografías escenificadas protagonizadas por figuras enigmáticas a las que los artistas llaman “shadow figures”.
Cubiertos con pintura, máscaras o trajes elaborados, los cuerpos de estas figuras permanecen deliberadamente anónimos. Esta estrategia visual remite a la historia de ocultamiento que han vivido durante siglos las prácticas religiosas afrocaribeñas, perseguidas o estigmatizadas en contextos coloniales y poscoloniales.
Sin embargo, los artistas invierten la lógica tradicional de la sombra, ya que, en lugar de sugerir ausencia o marginalidad, se convierte en una presencia poderosa, cargada de dignidad y misterio. Al despojar a los personajes de identidad individual, las imágenes adquieren una dimensión arquetípica que permite leerlas como encarnaciones de fuerzas espirituales universales.


En este universo visual, las divinidades de la cosmología Lucumí —los orishas— aparecen como protagonistas silenciosos. Una de las piezas que recibe al visitante es El pequeño gigante (The Little Giant), instalada en la entrada de la exposición como una referencia a Elegguá, el orisha de los caminos, los comienzos y los umbrales. Para esta obra, los artistas transformaron un tabernáculo francés del siglo XIX en un portal simbólico que alude a las múltiples capas de sincretismo presentes en la espiritualidad afrocubana. Ángeles con túnicas roja y azul —colores asociados a los Ibejí, divinidades gemelas de la tradición Lucumí— y querubines duplicados refuerzan la iconografía de la dualidad, uno de los ejes conceptuales de la exposición.
La condición de gemelos idénticos atraviesa todo el proyecto. Para Elliot y Erick Jiménez, esta experiencia genealógica se convierte en una metáfora de la identidad diaspórica: una existencia marcada por la simultaneidad de pertenecer y no pertenecer del todo a un lugar. Esta tensión aparece de forma explícita en obras dedicadas a los Ibejí, que encarnan el principio de lo doble, o una sola esencia dividida en dos cuerpos. En El Monte (Ibejí), un cordón amarillo conecta a las figuras aludiendo tanto el vínculo umbilical entre hermanos como a la presencia de Oshún, orisha asociada a la maternidad y a las aguas dulces.
La exposición también incorpora esculturas y ensamblajes que expanden la práctica fotográfica de los artistas hacia una dimensión instalativa. Entre ellos destaca Ibejí Altar, un conjunto que funciona como núcleo emocional del recorrido y que alude al relato mítico según el cual los gemelos fueron abandonados por Oshún y criados por Yemayá, deidad del mar y de la maternidad. Nuevamente, los colores rojo y azul —tradicionalmente vinculados a los Ibejí— estructuran visualmente la pieza, convirtiéndola en una meditación sobre el cuidado, la pérdida y la interdependencia.




La tensión entre sacrificio, poder y memoria histórica aparece en otra obra central, Who is the Ram and Who is the Knife?. Aquí, los artistas invierten los roles del ritual: el carnero —animal sacrificial en ceremonias dedicadas a Changó, orisha del trueno y la justicia— sostiene el cuchillo, desplazando la pregunta sobre quién ejerce realmente el poder. La hoja en forma de cruz evoca simultáneamente los instrumentos rituales y la violencia colonial, recordando que la supervivencia de las religiones afrodescendientes implicó sacrificios culturales: la pérdida de lenguas, nombres y prácticas visibles, transformadas y camufladas en nuevas formas de espiritualidad.
Desde el punto de vista formal, las obras de los Jiménez se sitúan en un lugar ambiguo entre pintura y fotografía. Utilizando técnicas realizadas directamente con cámara, escenografías elaboradas y vestuario —incluyendo piezas del diseñador Willy Chavarría—, los artistas construyen imágenes de atmósferas densas y oscuras que remiten tanto al dramatismo del barroco como a las experimentaciones de la fotografía contemporánea. Esta estética híbrida dialoga con la propia lógica del sincretismo religioso que inspira la muestra, un sistema de creencias construido a partir de superposiciones culturales, desplazamientos y adaptaciones históricas.
El Monte no solo revisita el legado del libro de Cabrera, sino que lo desplaza hacia una dimensión autobiográfica. Lo que comienza como una exploración de la espiritualidad afrocubana termina revelándose como una investigación íntima sobre la identidad, la herencia cultural y las complejidades de crecer entre mundos. Como señalan los propios artistas, su obra surge de esa condición intermedia: la experiencia de habitar simultáneamente varias tradiciones, varios lenguajes y varias historias.
La exposición propone una experiencia sensorial y simbólica que invita a perderse —como en el monte— entre capas de historia, mito y recuerdos. En ese bosque construido dentro del museo, las fotografías, esculturas y ensamblajes de Elliot y Erick Jiménez se alzan como umbrales, puntos de acceso a una narrativa caribeña que, durante demasiado tiempo, permaneció relegada a los márgenes de la historia del arte occidental.


Elliot & Erick Jiménez: El Monte, una exposición organizada por Maritza M. Lacayo, curadora asociada del PAMM, estará abierta al público del 28 de agosto de 2025 al 22 de marzo de 2026.
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