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DESDE EL KAUKA, COLOMBIA, EL 47 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS SE REINVENTA

El 47 Salón Nacional de ArtistasKAUKA, asamblea de mundos posibles – marca un punto de inflexión en la historia del programa estatal más longevo del arte en Colombia. Por primera vez, se concibe y despliega desde y para el Cauca, no como una mera itinerancia, sino como una reconfiguración profunda de sus fundamentos, que desplaza los lugares de enunciación: el territorio entendido como cuerpo vivo —Kauka, “madre de los bosques” en lengua Misak—; la curaduría asumida como práctica comunitaria; y la creación entendida como ejercicio de autodeterminación. Desde lógicas situadas y modelos colaborativos, esta edición cuestiona las formas centralizadas, jerárquicas y racializadas que han operado históricamente en gran parte del sistema del arte contemporáneo.

Durante más de dos meses, KAUKA hizo converger prácticas artísticas, saberes ancestrales y procesos de resistencia que históricamente han sostenido la vida en una región atravesada por múltiples violencias y disputas territoriales. Más de cien artistas, sabedorxs, colectivos comunitarios y proyectos pedagógicos provenientes de distintas zonas del país y de territorios como Perú, México, Brasil, Guatemala, Bolivia, Argentina, Venezuela y República Dominicana participaron en una programación que recorrió Popayán, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Villa Rica, Guapi y el territorio Misak, revelando la densidad cultural y política del departamento.

Obra de Gerson Vargas en Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto: 47SNA

Curada por Carolina Chacón Bernal, Catalina Vargas Tovar, el Consejo Ancestral Willka Yaku, Eblin Grueso Cuero y Laura Campaz Minota, esta edición se aparta con claridad de la estructura clásica del Salón. En un giro deliberado, desplaza la autoridad centralizada, amplía el campo de enunciación y cuestiona los privilegios que históricamente han definido la legitimidad en el arte colombiano. Más que un encuentro expositivo orientado a los circuitos metropolitanos, KAUKA se configuró como un proceso polifónico y de raíz comunitaria, sostenido en prácticas de cuidado y en modos situados de relacionarse con el territorio.

A diferencia de muchos otros encuentros a escala global, el 47 SNA no buscó domesticar saberes ni convertir identidades en mercancía simbólica, sino restituir la potencia política y afectiva de las comunidades afro, indígenas, campesinas y disidentes del Kauka. Afirmó sus mundos ya existentes y abrió espacio para aquellos que están por venir.

En su 85º aniversario, el Salón Nacional de Artistas se replantea desde una escala local que es, al mismo tiempo, profundamente translocal: una red de voces del Pacífico, los Andes, la Amazonía, el Caribe y diversas diásporas que dialogan con Latinoamérica y el Sur Global. De este modo, KAUKA evidencia que descentralizar va más allá de reorganizar recursos o equilibrar cuotas: implica una reconfiguración epistemológica que descoloca el centro para que otras maneras de saber, crear, luchar e imaginar puedan reescribir la historia del arte contemporáneo en Colombia.

Luz Adriana Vera, Estructura para hacer montaña, 2025. Tejido Sonoro. Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto: EPIGRAMA. Cortesía: 47SNA
Obra de Daniela Tobar en Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto: EPIGRAMA. Cortesía: 47SNA

EXPOSITIVO EXPANDIDO

Notablemente, el componente expositivo del 47 Salón Nacional de Artistas no se limita a reunir obras en un conjunto de salas: los procesos de creación —sus misterios, silencios, resistencias, fabulaciones y corporalidades— se despliegan como extensiones del territorio y de las comunidades que lo habitan. Las nociones de “obra” como objeto autónomo y de “arte” como categoría desligada de las cosmogonías indígenas son desestimadas para afirmar, en su lugar, un entramado de relaciones, autorías múltiples, memorias en disputa y modos de hacer forjados en contextos atravesados por la persistencia de la colonialidad.

Las sedes que alojaron las exposiciones —el Museo de Arte Moderno de Popayán (MAMPO), la Secretaría de Educación y Cultura de Santander de Quilichao, la Escuela Taller de Puerto Tejada y otros espacios adaptados o intervenidos— están cargadas de historias y tensiones que condicionaron la experiencia y permitieron que las obras dialogaran con las formas de vida del Kauka. En muchos casos, las salas devinieron espacios mestizos donde convergieron prácticas experimentales, procesos pedagógicos, cosmovisiones ancestrales y colaboraciones con colectivos locales.

La propuesta curatorial integra exposiciones en sala, intervenciones in situ, contrarrelatos institucionales, colaboraciones con organizaciones comunitarias, acciones performáticas e incursiones en el espacio público. En conjunto, componen un paisaje visual y político que ensaya otras maneras de narrar, cuidar, resistir y reimaginar.

María Isabel Rueda, El Pacto, 2025. Mural, 42 fotografías impresas en riso, video (duración 7’15’’). Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto: EPIGRAMA. Cortesía: 47SNA
Colectivo Amapola, Odio su guerra. Vista de instalación en Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto: EPIGRAMA. Cortesía: 47SNA
Obra del PAI (Procesos Autónomos de Investigación y Creación). Casa Arte MAMPO, Popayán, Colombia, 2025. Foto cortesía del 47SNA
Resultados de Residencias Artísticas Popayork en Minga. Karol Guasaquillo, de la comunidad Nasa de Kite Kiwe, e Irene Pardo, de la Asociación de Trabajadores de Zonas de Reserva Campesina de Corinto (ASTRAZONAC), estuvieron a cargo de realizar una exposición retrospectiva del trabajo que, desde hace tantos años, vienen sembrando en el territorio del Kauka. Cortesía: 47SNA
Obras de Joyce Rivas en la Capilla Santa Bárbara de Dominguillo, Santander de Quilichao, norte del departamento del Cauca, Colombia, 2025. Foto cortesía del 47SNA
Obras de Alejandra Sánchez en la Capilla Santa Bárbara de Dominguillo, Santander de Quilichao, norte del departamento del Cauca, Colombia, 2025. Foto cortesía del 47SNA

Las exposiciones se articularon a partir de núcleos curatoriales que no funcionan como compartimentos estancos, sino como fuerzas que se superponen, se contaminan y se activan mutuamente en las distintas sedes del Salón. Misterios, secretos y la imaginación radical; Corporalidades; Resistencias y re-existencias; Territorio y cuidados mutuos son líneas de trabajo que enlazan lo espiritual, lo onírico, lo oscuro y lo imaginado con formas de resistencia política, memorias encarnadas y relaciones de cuidado que rehúyen los marcos hegemónicos del arte contemporáneo. En estos núcleos se insertan obras nacidas de procesos comunitarios, de ficciones reparadoras, de lenguajes que sobreviven y de territorios que piensan y sienten.

A lo largo de las muestras emergen relatos transmitidos en clave de misterio y protección; corporalidades que desestabilizan estructuras de poder; relecturas críticas de monumentos, violencias y autonomías territoriales; y modos de creación que conciben la vida como una red de interdependencias, donde humanos y no-humanos cohabitan un mismo cuerpo-territorio.

En este paisaje expositivo, la imaginación radical y la memoria ancestral conviven con prácticas performativas, ejercicios de archivo no lineal y colaboraciones con organizaciones comunitarias. Las formas de representación se tensan, redistribuyendo lo visible y lo sensible para permitir la aparición de otras temporalidades, otros cuerpos, otros mundos posibles.

(…) si en nuestras lenguas la palabra ‘arte’ no existe, entonces lo que hacemos, ¿cómo se llama? Ese ha sido uno de los retos: pensarlo desde los territorios (…). Esta no es una asamblea de mundos posibles, es una asamblea de mundos reales; los mundos posibles son los que tenemos que comenzar a construir mirando lo que ya se ha hecho.

Adolfo Albán Achinte, Asambleario del 47 SNA

Marilyn Boror Bor, El futuro que nunca fue, 2025. Acción en el Panteón de los Próceres en la que la artista maya-kaqchikel golpea paneles de cemento para revelar, bajo su superficie, retratos ocultos de mujeres indígenas. La intervención confronta las narrativas oficiales del heroísmo republicano y alude a los impactos sociales y ambientales de la expansión cementera que afecta a su comunidad. Fotos cortesía del 47 SNA.


VIVENCIAL

El componente Vivencial del 47 Salón Nacional de Artistas se sostuvo en las Asambleas y los Encuentros de Mundos Posibles, un recorrido de seis días por Popayán, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Villa Rica y el territorio Misak de Wampia. Más que un programa paralelo, operó como una extensión móvil del propio Salón: un espacio donde la palabra, el cuerpo, la comunidad y la memoria territorial se articularon como prácticas políticas y estéticas, trazando un ritmo que desbordó cualquier formato expositivo.

Concebido desde metodologías como la minga, el comadreo, la uramba o el palabreo alrededor del fuego, Vivencial apostó por una escucha profunda y un intercambio intercultural que situó en el centro a las comunidades afro, indígenas, campesinas y disidentes del departamento. “Los Encuentros plantean preguntas que resuenan fuertemente en el Kauka sobre autonomía territorial, resistencia, restitución —de tierras y de obras— y cuerpos en disidencia”, afirmó Alejandra Sarria, coordinadora de Artes Visuales del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, subrayando el espesor político del proceso.

En ese marco, el lanzamiento del mapa de la Red de Museos Campesinos y el almuerzo performativo dirigido por Sofía Olascoaga, junto a las cocineras de la Galería del Barrio Bolívar y el colectivo Nomasmetáforas, marcaron algunos de los hitos del programa. Tanto ellxs como el Semillero de Litoralidades impulsan el componente de Pedagogías y Mediaciones del 47SNA, un eje que entrelaza arte, pedagogía y territorio para propiciar encuentros, talleres, residencias y recorridos con colectividades, artistas, universidades y organizaciones locales.

Asambleas y Encuentros de Mundos Posibles, componente Vivencial del 47 Salón Nacional de Artistas, Cauca, Colombia, 2025. Foto: 47SNA
Edición “Drogas” de la revista Gaceta, con serigrafía en tinta de coca. Cortesía: 47SNA
Almuerzo performativo dirigido por Sofía Olascoaga, junto a las cocineras de la Galería del Barrio Bolívar y el colectivo Nomasmetáforas. Foto cortesía del 47SNA

Diversos encuentros abordaron la educación desde la comunalidad y el pensamiento relacional: desde las huertas del cuidado en Puerto Tejada hasta las reflexiones sobre autonomía alimentaria en Puracé. Sabedorxs, docentes y comunidades recordaron que el conocimiento nace del territorio y se fortalece a través de la transmisión intergeneracional y la práctica colectiva.

Las conversaciones sobre la hoja de coca devolvieron a esta planta su dimensión espiritual y política, mientras el equipo curatorial del 47SNA compartía públicamente los ejes metodológicos que orientaron el proceso. En paralelo, distintas sesiones abordaron modelos de autogestión, cooperación y resistencia frente a la precarización cultural. Allí, la noción de autonomías políticas en el arte evidenció cómo prácticas como la olla colectiva o la organización barrial desafían las rigideces institucionales y expanden la idea misma de lo artístico.

Los recorridos con sabedores Nasa, Misak y campesinos, por su parte, abrieron conversaciones sobre memoria, espiritualidad y cuidado territorial. En Wampia, el Palabreo de Kampa Wam se centró en las arqueologías propias, la rematriación y la posibilidad de imaginar museologías comunitarias. En Popayán, Elvira Espejo Ayca profundizó en el concepto de yanak uywaña —la crianza mutua de las artes— como un paradigma indígena capaz de desestabilizar las nociones coloniales del conocimiento.

Shirlene Malambo Luna, OYÁ — Guardiana del Umbral, 2025. Cuadro vivo. Vista de la acción en la Escuela Taller de Puerto Tejada, Colombia. Foto cortesía del 47 SNA.
Lukas Avendaño, Réquiem para un alcaraván. Performance en el Teatro Municipal Guillermo Valencia, Popayán, Colombia, 2025. Foto: 47SNA
Polifonías Indóciles es un proyecto artístico y sonoro que activa el espacio público en el Cauca (Colombia) a través de una moto-valla itinerante, dando voz a narrativas diversas y promoviendo la escucha colectiva en el marco la Asamblea de Mundos Posibles/47 SNA. Foto cortesía del 47SNA.

El diálogo con otras geografías del sur global amplió este horizonte. Espacios universitarios y comunitarios debatieron sobre extractivismo, colonialidad de género y luchas por la emancipación, mientras una conversación situada sobre el genocidio palestino conectó violencias y procesos de despojo en distintos territorios. En esa misma línea de imaginación política, Jota Mombaça y Mikaelah Drullard discutieron la imaginación radical afrocuir como la capacidad de sostener mundos posibles desde el territorio y la resistencia afectiva. Y en un momento de alto impacto emotivo, el artista muxe Lukas Avendaño presentó la performance Réquiem para un alcaraván, conjugando corporalidades en duelo, colonialidad de género y memorias en disputa.

Hacia el cierre, las prácticas rituales y celebratorias condensaron el pulso del Vivencial. En Santander de Quilichao, la acción de Edgar Calel —una ofrenda a la piedra— articuló gesto, silencio y espiritualidad maya-kaqchikel en diálogo con el territorio caucano. En Villa Rica, un arrullo colectivo convirtió las calles en un tejido sonoro de afecto y resistencia, clausurando los Encuentros con la certeza compartida de que los mundos por venir se gestan en la reciprocidad y la fuerza creativa de los pueblos.

Edgar Calel realizó una acción centrada en una ofrenda a la piedra que conectó la espiritualidad maya-kaqchikel con el territorio caucano. Capilla Santa Bárbara de Dominguillo, Santander de Quilichao. Foto: EPIGRAMA. Cortesía: 47SNA
Arrullo por las calles de Villa Rica. Foto: 47SNA

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