ULISES BEISSO: MI MUNDO PRIVADO
Mi mundo privado, la exposición dedicada a Ulises Beisso (Montevideo, 1958–1996) en el MALBA, representa un acto de restitución y la apertura de una nueva etapa crítica para la historiografía del arte rioplatense. Por primera vez, el artista uruguayo —fallecido prematuramente y con una obra conservada durante décadas en el ámbito doméstico— se presenta en una institución de resonancia continental fuera de su país.
Esta muestra, que sigue a su retrospectiva Rara Avis en el Centro de Exposiciones Subte (Montevideo, 2022) y a su participación en la Bienal de Mercosur (Porto Alegre, 2025), confirma el creciente interés que su producción empieza a suscitar en la región. No es casual: el canon latinoamericano, tan dado a descubrir tardíamente aquello que no encajó en sus relatos dominantes, encuentra en Beisso un caso paradigmático.
Psicólogo de formación, diseñador gráfico e ilustrador en los Cuadernos de Marcha, Beisso conjugó estas prácticas con una producción artística vibrante, híbrida y profundamente personal. Su obra convoca la mitología, la historia del arte, la cultura visual popular, la artesanía y el deseo. El amor, la identidad y la sexualidad aparecen como fuerzas que desbordan la experiencia individual para devenir, en sus imágenes, alegorías de libertad.
En poco más de una década de trabajo, Beisso produjo más de trescientas piezas entre pinturas, ensamblajes, esculturas, mobiliario y objetos. La mayor parte de ellas permaneció durante décadas en resguardo de su pareja y su madre, sin circulación pública; menos de un tercio de esa producción había sido expuesta hasta ahora. La visibilidad que ofrece el MALBA reconfigura, por tanto, el alcance de una obra que resistió —y resistió desde la intimidad— a la norma y a la moral dominante.


Entre 1990 y 1994, Ulises Beisso produjo una serie de esculturas en madera de complexión humana y condición estética clásica. Estas siluetas, recortadas con reminiscencias renacentistas, gozan según su parecer de un festivo pasar. Se encuentran llenas de ornamentos y vestimentas elegantes. Según las anotaciones de Ulises, son semidiosas en la tierra.
Concebidas con delicada pasión, resultan una oda a las formas decorativas que buscan desde lo nuevo hacer algo viejo. Un cortejo que se propone activar un imaginario contra la moral dominante.
Figuración, deseo y mito personal
La curaduría de Martín Craciun organiza la exposición en dos capítulos: los llamados mundos fantásticos de los Rituales Dorianos y la serie más tardía Imágenes de lo (mí) escondido. En los primeros, Beisso imagina un panteón propio compuesto por semidiosas —las “Doras”—, ángeles sexuados, figuras arquetípicas, Adanes y Evas reinventados. Allí despliega una figuración exuberante que contraviene la hegemonía de la abstracción y el minimalismo que dominaban buena parte de la escena uruguaya de los años ochenta. Su apuesta es narrativa, simbólica, profundamente plástica; una celebración del cuerpo y del deseo como potencias de creación.
En Imágenes de lo (mí) escondido, en cambio, la atmósfera se densifica. La enfermedad, el miedo y la identidad se vuelven materia plástica. El gesto se repliega, la paleta se oscurece. Lo íntimo adquiere la forma de un combate estético. La tensión entre ambos núcleos propone una lectura compleja de la obra de Beisso, en la que lo vital y lo crepuscular conviven sin jerarquías, revelando un artista consciente de la fragilidad que atraviesa toda búsqueda de libertad.



Lo privado como política de la visibilidad
El título Mi mundo privado proviene de uno de los cuadernos del artista, pero también resuena con la película My Own Private Idaho (1991) de Gus Van Sant, obra de culto de la cultura queer de los noventa que Beisso registró explícitamente como referencia. Esta doble inscripción no es menor: marca el paso de lo íntimo a lo político, de la privacidad al acto público de mostrarse, de ser visto. La exposición convierte un archivo personal de cuadernos, bocetos y pinturas guardadas durante décadas en una escena de visibilidad, y con ello interroga las formas en que la historia del arte latinoamericano ha relegado ciertas sensibilidades, temas y estéticas al margen.
En un Uruguay que salía lentamente de la dictadura, cuando la disidencia sexual apenas comenzaba a afirmarse, Beisso construyó un lenguaje visual que desafiaba la culpa y reescribía el imaginario del cuerpo queer desde la mitología personal. Sus “rituales” no buscaban ocultarse: proponían una ética del placer y la afirmación, un espacio simbólico para la experiencia disidente en tiempos en que esa afirmación podía costar demasiado.

Un rescate necesario, pero no ingenuo
La irrupción de Beisso en el circuito institucional latinoamericano plantea preguntas críticas. ¿Cómo leer su obra sin reducirla al gesto del rescate tardío? ¿De qué manera evitar la narrativa del “artista olvidado” que aparece por azar, como si la invisibilidad fuese accidental y no estructural? La muestra del MALBA ofrece un punto de partida para articular una lectura más profunda: Beisso no es un descubrimiento, sino una línea de fuerza que permaneció latente, esperando condiciones de posibilidad que recién hoy parecen abrirse. Su formación en diseño, su condición en parte autodidacta y su trabajo desde los bordes del sistema artístico uruguayo lo situaron fuera de ciertos marcos tradicionales; pero esa misma condición liminal es la que vuelve su obra urgente en el presente.
En un momento en que la región revisa sus relatos sobre el arte queer, la obra de Beisso —a veces barroca, a veces festiva, a veces melancólica— dialoga con debates contemporáneos sobre la vulnerabilidad, la memoria y la construcción del deseo como fuerza histórica. ¿Qué nuevas historiografías podemos construir si atendemos a los márgenes? La presencia institucional de Beisso en Montevideo, Porto Alegre y ahora Buenos Aires marca un giro todavía en construcción, y abre una conversación pendiente sobre la complejidad del arte uruguayo y rioplatense de fines del siglo XX.
Al mirar de frente estos cuerpos y estas imágenes que durante años permanecieron ocultos, la exposición nos recuerda que el deseo, incluso en su versión más frágil, puede ser una forma de belleza, de política y de memoria. Y que, en ocasiones, el rescate de una obra es también el rescate de una sensibilidad histórica que el presente, sin saberlo, necesitaba.

Ulises Beisso: Mi mundo privado se presenta del 22 de agosto al 10 de noviembre de 2025 en el MALBA, Buenos Aires.
Esta exposición es una colaboración entre Malba y el Institute for Studies on Latin American Art (ISLAA), que actualmente preserva el Archivo Ulises Beisso. Un catálogo coeditado por ambas instituciones incluye un ensayo curatorial de Martín Craciun que revisa el recorrido del artista y la construcción de la muestra, así como un texto de la artista y escritora uruguaya Magela Ferrero que analiza el contraste entre la obra de Beisso y el contexto sociocultural de la Montevideo de los años ochenta y noventa.
El libro reproduce más de cien obras —dibujos, pinturas y objetos— e incorpora por primera vez el Manifiesto Doriano, un texto manuscrito e inédito que pertenece al Estate Ulises Beisso. Asimismo, dedica un apartado especial a documentos seleccionados del Archivo Ulises Beisso – ISLAA, presentado por Agustín Díez-Fischer, donde se incluyen tapas de los Cuadernos de Marcha ilustradas por el artista, bocetos e instructivos de su “Fábrica de Imágenes Dorianas” y fotografías de su acervo personal.
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